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16 Un encuentro inesperado

Autor: Alicia Books
last update Data de publicação: 2024-12-20 02:56:44

Capitulo Un encuentro inesperado

Flor dejó escapar un suspiro mientras acomodaba por última vez los juguetes de Dylan y Florencia en la sala. Los niños dormían profundamente, ajenos a todo, y el silencio de la casa le permitió, al fin, bajar la guardia. Sin embargo, su mente no encontraba descanso. Volvía una y otra vez al lobby del hotel, a ese instante preciso en el que Rosa había aparecido como una sombra dispuesta a romper cualquier equilibrio.

Gabriel había propuesto pasar por el hotel antes de llevar a los niños a la guardería. Algo simple, inofensivo: recoger unos documentos. Flor jamás imaginó que ese pequeño desvío terminaría enfrentándola cara a cara con la mujer que parecía decidida a complicarles la vida.

La imagen regresó con una claridad punzante.

Rosa estaba de pie junto al mostrador de recepción, impecable como siempre. El cabello perfectamente peinado, la ropa elegante, la postura erguida. Todo en ella parecía calculado para intimidar. Y luego, la mirada. Esa mirada que la recorrió de pies a cabeza como si Flor fuera una intrusa… o peor aún, una amenaza.

Flor supo en ese instante que Rosa jamás aceptaría que alguien ocupara un lugar en la vida de Gabriel. Mucho menos alguien como ella.

—Qué coincidencia verte aquí, Gabriel —había dicho Rosa, con un tono que escondía mucho más de lo que mostraba.

Flor sintió cómo el aire se tensaba. Gabriel respondió apenas con un saludo breve, casi automático, pero ella notó el gesto rígido de su mandíbula. Esa reacción la conocía bien.

—Estamos de paso, recogiendo unos documentos —contestó él, frío, cortante.

Flor percibió entonces algo más: la intención de Rosa. No había ido hasta allí por casualidad. Estaba buscando una fisura, una reacción, cualquier debilidad que pudiera usar después.

—¿Y tú? —preguntó Gabriel, intentando cerrar el intercambio.

—Asuntos personales —respondió Rosa, con una sonrisa que no alcanzó a sus ojos. Luego, su atención volvió a Flor—. Veo que tienes compañía.

Fue suficiente.

Flor sintió cómo algo se acomodaba dentro de ella. No iba a permitir que Rosa la redujera a una presencia pasajera, ni que la hiciera sentir fuera de lugar. No esta vez.

—Sí, estamos juntos —dijo con naturalidad, acercándose a Gabriel y tomándole el brazo como si ese gesto fuera parte de su rutina diaria—. ¿Vamos, amor? Ya tenemos todo listo para la cena.

La palabra amor flotó en el aire, clara, firme.

Y antes de que Rosa pudiera reaccionar, Flor se inclinó y besó a Gabriel frente a ella.

Sintió el instante de sorpresa en su cuerpo, pero también cómo él reaccionó de inmediato, apoyando una mano en su espalda, afirmando el gesto, sosteniéndola. No fue un beso largo, pero sí contundente. Suficiente.

La expresión de Rosa quedó congelada por un segundo. Su sonrisa se tensó, apenas imperceptible, pero Flor lo vio. Vio el impacto. Vio la grieta.

En ese momento, Julia y Ricardo entraron al lobby, saludándolos con entusiasmo, como si todo fuera absolutamente normal. Como si esa escena fuera parte de una vida que ya existía.

Ahora, de regreso al presente, Flor acomodó el último juguete y se dejó caer en el sofá, cruzando los brazos. Pensar en Rosa le encendía la sangre.

—¿Quién se cree que es? —murmuró, en voz baja.

No era la primera vez que Rosa intentaba marcar territorio, pero Flor estaba cansada. Cansada de sus silencios afilados, de sus miradas cargadas de juicio, de su necesidad de control.

El recuerdo de la conversación con Julia le arrancó otro suspiro.

—No sé cómo aguantaste esa mirada de hielo —le había dicho Julia mientras regresaban a casa con los niños—. Pero lo hiciste perfecto. Creo que por fin le diste algo en qué pensar.

Flor sonrió apenas al recordarlo. Sí, había ganado una pequeña batalla. Pero sabía, en lo más profundo, que Rosa no se daría por vencida tan fácilmente.

Desde el dormitorio, Gabriel asomó la cabeza, cuidando de no hacer ruido.

—¿Todo bien? —preguntó en voz baja.

Flor lo miró y asintió.

—Sí —respondió, aunque por dentro la determinación ardía.

Rosa podía insistir, provocar, presionar todo lo que quisiera. Flor no iba a retroceder. Estaba dispuesta a luchar por su lugar, por Gabriel, por Florencia… y por lo que estaban construyendo juntos.

Nadie —ni siquiera esa mujer de mirada afilada— iba a arrebatárselo.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Dytes
te felicito
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