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Capítulo 2

last update Data de publicação: 2025-08-01 23:12:30

Verdades que Quiebran

A la mañana siguiente, la lluvia había cesado, dejando un aire fresco y húmedo que se filtraba por las ventanas entreabiertas del hospital. Bianca Lancaster no había pegado ojo en toda la noche. Seguía sentada en un banco del pasillo, con las manos apretadas sobre su regazo, el corazón latiendo con una mezcla de ansiedad y furia contenida. Su vestido de diseñador, arrugado por las horas de espera, contrastaba con las ojeras que marcaban su rostro, normalmente impecable.

—Ya llegó el informe —dijo Cassian Thornhill en voz baja, de pie junto a ella, aunque manteniendo una distancia que a Bianca le pareció un abismo. Sostenía un sobre en la mano, pero no se lo entregó de inmediato, como si temiera la reacción que provocaría.

Bianca tembló ligeramente al extender la mano para tomar el documento. Era una simple hoja de papel A4, pero pesaba como si cargara el destino de su familia. Con dedos temblorosos, desdobló la hoja y leyó las palabras que cambiarían todo:

Conclusión: Existe un 99.99% de probabilidad de parentesco entre Willow Maddox y Zachary Lancaster. Se confirma la relación biológica de padre e hija.

La hoja se deslizó de sus manos, cayendo lentamente al suelo blanco del hospital. Bianca levantó la mirada hacia su padre, Zachary, que estaba de pie al otro lado del pasillo, observándola con una expresión indescifrable. —¿De verdad…? —susurró, su voz quebrándose—. ¿De verdad abandonaste a una mujer… y dejaste una hija ilegítima?

Zachary asintió, su rostro sereno, casi frío. —Fue un error de juventud —dijo sin un ápice de culpa—. Elena ya no está, y Willow regresó. Era lo correcto hacer la prueba. Y como ves, es mi hija.

Lo dijo con tal naturalidad que Bianca sintió un nudo en el estómago. —¿Entonces... ¿qué piensas hacer? —preguntó, su voz cargada de incredulidad.

—Se mudará con nosotros; desde ahora, ella será tu hermana mayor. —respondió Zachary con firmeza—. Ha estado sola todos estos años. Es hora de compensarla.

Antes de que Bianca pudiera protestar, una voz débil se alzó desde la habitación de hospital. —Déjenla entrar —dijo Judith Lancaster, apenas audible.

Bianca corrió al interior, arrodillándose junto a la cama de su madre. —¡Mamá! ¡Despertaste! — exclamó, su voz temblando de alivio—. No sabes lo que ha hecho esa tal Willow…

Judith, con el rostro pálido pero sereno, acarició el cabello de Bianca con una mano frágil. —Lo sé, querida —murmuró—. El doctor me lo explicó todo. Willow es el error del pasado de tu padre, pero ella no tiene la culpa. No podemos castigarla por algo que no hizo.

En ese momento, la puerta se abrió con un suave clic. Willow Maddox entró, con los ojos enrojecidos y un aire de fragilidad cuidadosamente ensayado. —Perdón por interrumpir —dijo en voz baja, su mirada esquivando a Bianca—. Solo quiero recuperar la familia que nunca tuve. No tengo otras ambiciones.

Bianca apretó los labios, conteniendo una réplica mordaz. Antes de que pudiera hablar, Zachary y Judith pidieron a todos salir de la habitación. —Tenemos algo importante que discutir —dijo Judith con suavidad, aunque su tono tenía un matiz de resignación.

Bianca, inquieta, intentó escuchar desde el pasillo, pero las puertas insonorizadas del hospital apenas dejaban filtrar fragmentos de la conversación. Solo captó palabras sueltas: “Prométeme… no se lo digas a Bianca…” Su corazón se aceleró. ¿Qué estaban ocultando?

Minutos después, Zachary abrió la puerta y llamó a Bianca, Willow y Cassian para que entraran. —Voy a hacer un anuncio —dijo, su voz firme, como si estuviera cerrando un trato en la sala de juntas de Lancaster Holdings—. Vamos a modificar el acuerdo de compromiso. En lugar de Bianca, será Willow quien se case con Cassian.

Bianca sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Miró a Willow, quien fingía sorpresa, sus ojos brillando con una mezcla de culpa y triunfo disimulado. Luego miró a Judith, que permanecía en silencio, con la mirada baja. Finalmente, sus ojos se posaron en Cassian, su prometido, el hombre al que había amado desde niña, aunque sus recuerdos confusos la traicionaban.

Cassian dio un paso al frente, su expresión tensa pero decidida. —Bianca, nunca hubo amor entre nosotros —dijo, su voz baja pero cortante—. Siempre te vi como una hermana. Con Willow… es diferente. Hay sentimientos reales. Además, esto sigue siendo una unión entre las familias Lancaster y Thornhill. El acuerdo no se rompe.

Bianca sintió un dolor agudo en el pecho, como si alguien le hubiera arrancado el corazón. Miró a su padre, con una última súplica en los ojos. —Papá… este matrimonio era mi sueño desde niña. ¿Por qué estás dispuesto a abandonarme por una extraña?

¡Paf! El sonido de una bofetada resonó en la habitación. La mejilla de Bianca ardía, y las lágrimas brotaron al instante. Se quedó paralizada, mirando a Zachary, quien la observaba con una furia que nunca le había dirigido antes.

—¡Ella no es una extraña! ¡Es tu hermana! —gruñó Zachary.

Judith intentó intervenir, levantando una mano temblorosa desde la cama. —Zachary, por favor… —susurró, pero luego suspiró, dirigiéndose a Bianca con voz cansada—. Querida, ya somos adultos. No todo amor se basa en la posesión. Lo tuyo con Cassian era un arreglo. Lo de ellos es amor verdadero. Además, Willow ha sufrido mucho. Ahora que encontró su lugar, debemos darle una oportunidad. Tú encontrarás algo mejor.

El corazón de Bianca se hizo añicos. Siempre había creído que su madre, la generosa y amorosa Judith, estaría de su lado. Pero ahora, incluso ella defendía a Willow. Sin decir una palabra, Bianca salió corriendo de la habitación, las lágrimas nublándole la vista. Su figura, elegante pero rota, se alejó por el pasillo, sola y desesperada.

En el rincón opuesto del hospital, un hombre alto y de porte imponente observaba en silencio. Aldric Thornhill, con su cabello negro perfectamente peinado y sus ojos grises como el acero, vestía un traje oscuro que parecía absorber la luz del pasillo. Ella seguía siendo igual que como lo recordaba. Su rostro, frío y metódico, mostraba un destello de emociones complejas mientras seguía con la mirada la silueta de Bianca desvaneciéndose en la distancia. Él recordaba claramente que, muchos años atrás en los jardines Thornhill, aquella niña con su mascara se empeñaba en decirle que quería casarse con él. Ahora ella sigue siendo aunque mucho más hermosa.

Murmuró para sí mismo, con una voz profunda y cargada de intención: —Parece que regresé justo a tiempo.

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