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El Multimillonario que Creí que Era un Gigoló
El Multimillonario que Creí que Era un Gigoló
ผู้แต่ง: E.M.Novelle

Capítulo 1: Sustitución

ผู้เขียน: E.M.Novelle
last update วันที่เผยแพร่: 2026-07-15 16:06:18

—Ayúdame. Te pagaré lo que sea —dijo Valeria, con la expresión aturdida mientras rodeaba el cuello del hombre con los brazos, acercándose a él de manera involuntaria.

La gran mano del hombre sujetó la nuca de Valeria, obligándola a levantar la vista hacia él. Su voz grave y ronca resonó junto a su oído.

—Valeria, ¿sabes quién soy?

Ella respondió por instinto:

—Gigoló...

Al instante, los ojos del hombre se volvieron oscuros y profundos. ¡De verdad pensaba que él era un gigoló! Valeria sintió que la poca cordura que le quedaba se desvanecía, y su tono se volvió desesperado.

—¡Si tú no puedes hacerlo, buscaré a otra persona!

Las sienes del hombre latían con fuerza, y su voz salió casi apretada entre los dientes.

—¡Tú te lo buscaste!

Al amanecer, cuando el hombre abrió los ojos, ella ya se había ido hacía mucho, dejando atrás únicamente un collar de platino y una nota.

[El collar puede venderse de segunda mano. Vale unos cuantos miles. Considéralo el pago por la noche.]

El hombre se quedó sin palabras. ¡De verdad pensaba que él era un gigoló! Arrugó la nota en su mano y, por el rabillo del ojo, notó una mancha sobre la sábana.

Sus atractivos ojos se entrecerraron al instante. Sacó su teléfono y llamó a su asistente, preguntando con frialdad:

—¿La exesposa de Alejandro se llama Valeria?

—Sí, jefe. Valeria se divorció de Alejandro hace medio mes.

¿Divorciada?

—Averigua por qué se divorció de Alejandro y cómo terminó anoche en el Hotel Palacio.

Valeria regresó a su apartamento de alquiler en plena madrugada, dejando atrás su collar más valioso antes de huir. Apenas se había divorciado hacía medio mes, y su padre ya la estaba presionando para que volviera a casarse.

Al negarse, huyó de casa. Su padre le canceló todas sus tarjetas de crédito, intentando obligarla a regresar.

Por suerte, tenía trabajo y podía permitirse el apartamento más barato, pero aun así ayer no logró escapar de sus garras.

¡Su padre incluso había enviado a su futuro esposo a buscarla, usando drogas para obligarla a obedecer! Afortunadamente, reaccionó a tiempo y consiguió escapar, lo que llevó a todo lo que ocurrió después.

Su matrimonio anterior también había sido impuesto por su padre, pero nunca llegó a consumarlo con su exmarido.

Así fue como perdió su primera vez. Aunque Valeria se sentía llena de impotencia, era mejor eso que dejar que su padre se saliera con la suya.

Sin pensarlo más, inventó una excusa para tomarse el día libre, con la intención de descansar en su apartamento.

Inesperadamente, recibió una llamada telefónica.

Contestó, y la voz familiar y arrogante de Isabella llegó al otro lado de la línea.

—Valeria, ¿todavía quieres el broche de tu madre?

Valeria apretó el teléfono por instinto, con los ojos llenos de una ira contenida. Su padre se había casado con una integrante de la familia Mendoza, y hasta que cumplió diez años siempre creyó que era una niña feliz.

Hasta que su madre falleció y, en menos de una semana, su padre llevó a otra mujer y a sus hijos a la casa. Solo entonces comprendió que todo había sido una mentira. Aprovechándose de que ella aún era menor de edad, su padre se convirtió legítimamente en el presidente de Grupo Mendoza.

Después de pasar varios años transformando Grupo Mendoza en Grupo Herrera, vendió en secreto y regaló la valiosa colección de su madre. Entre todas esas pertenencias, el broche que su madre más apreciaba terminó en manos de Isabella. Como resultado, Valeria estuvo enfrentándose a Isabella durante bastante tiempo.

La caprichosa y dominante heredera de la adinerada familia Castillo disfrutaba haciéndole la vida imposible y se negaba a devolverle el broche.

Valeria preguntó con frialdad:

—¿Qué juego intentas hacer esta vez?

Isabella soltó una risita.

—Valeria, voy a darte una oportunidad. Si me ayudas a lograr una cosa, te daré este broche gratis.

La oferta era tentadora, y ella deseaba desesperadamente recuperar el broche. Sin embargo, no creía que Isabella hubiera cambiado de opinión de repente. Lo que quisiera que hiciera definitivamente no sería algo sencillo.

Con cautela preguntó:

—¿Qué es exactamente lo que quieres?

—Quiero que te hagas pasar por mí y conozcas a alguien, para ayudarme a librarme de un matrimonio arreglado.

A Valeria le pareció absurdo.

—Eso es imposible. Todo el mundo sabe cómo es Isabella. ¿Cómo podría engañarlos?

—No me importa, Valeria. Esta es la única vez que voy a mostrar misericordia. ¿No quieres el broche?

El tono de Isabella sonaba especialmente arrogante al teléfono.

Valeria se mordió el labio con fuerza. Tras un largo silencio, dijo:

—Primero quiero el broche.

—Está bien. Haré que alguien te vigile. Si no lo consigues, tendrás que asumir las consecuencias.

Con eso, Isabella colgó y le envió la dirección.

Valeria respiró hondo, se arregló rápidamente y salió.

En la cafetería, toda la segunda planta había sido reservada.

Con una mezcla de ansiedad y nerviosismo, Valeria subió las escaleras y vio a un hombre vestido con traje sentado allí.

Rápidamente recuperó la compostura y se sentó frente a él.

—Perdón por hacerte esperar.

Los largos dedos del hombre habían estado recorriendo el borde de su taza de café. Cuando vio a la mujer sentarse frente a él, sus atractivos ojos se entrecerraron ligeramente, revelando un rastro de frialdad.

Cuando Valeria vio claramente el rostro del hombre, sintió que por un instante le faltaba el aire y quedó momentáneamente atónita.

Ese hombre era increíblemente atractivo, casi como si no perteneciera a este mundo.

Le resultaba familiar, pero después de pensarlo con cuidado, no recordaba haber conocido jamás a alguien como él en Madrid.

Había tenido tanta prisa que olvidó preguntarle a Isabella sobre él.

Reprimiendo sus nervios, fingió estar tranquila mientras se presentaba.

—Soy Isabella. Mucho gusto. Yo...

—¿No me reconoces?

Al oír eso, el corazón de Valeria dio un vuelco.

Mantuvo una sonrisa educada para ocultar la inquietud que sentía por dentro.

—Claro que sí, prometido.

No se dio cuenta de que las palabras del hombre tenían un doble sentido.

Al escuchar eso, el hombre sonrió, y un destello de diversión cruzó por sus oscuros ojos.

—¿Estás segura de que soy tu prometido?

Otra pregunta retórica.

Valeria se sintió incómoda bajo la mirada del hombre.

No podía quitarse de encima la sensación de que él podía verla completamente a través de ella.

Se obligó a calmarse, concentrándose en recuperar el broche, y se forzó a decir:

—Sí, prometido.

Rápidamente cambió de tema.

—Pero no quiero casarme contigo. Hoy vine para hablar sobre la posibilidad de cancelar el compromiso.

El tono del hombre fue indiferente.

—El matrimonio fue arreglado por ambas familias. No puedes decidir simplemente no seguir adelante con él.

—Pero no sentimos nada el uno por el otro —explicó Valeria con rapidez.

—¿Qué sentimientos esperas de un matrimonio por conveniencia?

...

Eso la dejó sin palabras.

—Vamos.

El hombre se puso de pie de repente.

—Vamos a sacar nuestra acta de matrimonio.

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