LOGINElla chasqueó la lengua, clavándome una mirada cargada de fastidio.
—Lo juro, será mejor que te deje hacer lo que quieras antes de que termine desollándote viva —murmuró entre dientes, antes de darse la vuelta y encerrarse en su habitación. Me quedé allí unos segundos, inmóvil, con el pecho subiendo y bajando de forma irregular. Luego me levanté y caminé con paso torpe hasta mi habitación. Cada movimiento me pesaba. Saqué mi mini portátil de la mochila y lo sostuve entre las manos. ¿Adivina qué voy a hacer? Una sonrisa torcida se dibujó en mis labios. Estoy a punto de mostrarle mi talento al mundo. Soy estilista… y una futura blogger. Estoy a punto de hacer que ese estúpido hombre se trague cada una de sus palabras. Me miró a la cara y me llamó inútil. Me hizo sentir pequeña, invisible, descartable. Pues bien, voy a demostrarle lo equivocado que está. Regresé a la sala y me dejé caer en el sofá. Encendí el portátil y me conecté. Siempre quise escribir. Siempre quise tener una voz. Hablar de la gente, contar historias, escuchar opiniones distintas. Lo intenté hace un año, pero lo dejé demasiado pronto. Aun así, los números hablaron por sí solos: 10k seguidores en cuestión de días. A la gente le gustaba lo que escribía. Me escuchaban. 10k de seguidores. Tal vez no eran mucho, pero al menos podría desahogarme de todo lo que había pasado ese día. Era ahora o nunca.Respiré hondo. Mis dedos temblaron un segundo… y comencé a escribir.
Hola a todos. Como muchos sabrán, llevaba mucho tiempo sin publicar. Espero que me hayan extrañado. Entonces… ¿adivinan de qué vamos a hablar hoy? Del todopoderoso. Del hombre que todo el mundo idolatra. Sé que muchas chicas lo admiran. Todos quieren estar con alguien como él: guapo, sexy y, sobre todo, uno de los multimillonarios más jóvenes del país. Pero… ¿adivinen qué, chicos? ¿Lo creerían si les digo que es un violador? Extraño, ¿verdad? Sí. Es un violador. Un drogadicto. Y además, tiene un temperamento horrible. Todos creen que es inteligente, pero en realidad tiene una mente retorcida y un carácter violento. Sé que muchos no me creerán. Pero yo lo atrapé con las manos en la masa. Por las noches abusa de mujeres inocentes y luego las soborna con grandes sumas de dinero para que mantengan la boca cerrada. Las amenaza. Les deja claro que, si hablan, no vivirán para contarlo. No solo es un violador. También es un drogadicto. Sé que muchos jóvenes —incluso mujeres— lo admiran, lo ven como una buena persona, como un modelo a seguir. Pero déjenme decirles la verdad: no se lo merece. No es quien todos creen que es. Hace poco lo enfrenté… ¿y saben qué hizo? ¡Me amenazó! Me dijo que arruinaría mi vida si me atrevía a revelar su secreto. Pero ya basta de tener miedo a gente como él. ¡No lo merecen! Tenemos que exponer a estos multimillonarios uno por uno, porque lo único que hacen es destruir vidas y luego pagar para comprar silencio. Yo me negué a callar. Voy a decir la verdad. Y me aseguraré de que pague por todo lo que les ha hecho a esas chicas que no pudieron defenderse. Si estás conmigo en esto, invita a más personas a seguir mi página y publicaré el video. Sé que muchos dudarán, pero no lo subiré hasta que seamos más. Les prometo que el verdadero rostro de este hombre saldrá a la luz. Sigamos exponiendo a los ricos corruptos de nuestro país. Solo así podremos estar a salvo. Con amor, Chisme entre chicas Lo releí una vez. Dos. Cinco. Diez veces. Cada palabra ardía en la pantalla. Y aun así… hice clic. —¡Sí! —grité, con el corazón latiéndome en la garganta—. ¡Eso es! Lo publiqué. Me levanté de un salto y grité con todas mis fuerzas, dejando salir toda la rabia que llevaba dentro. —¡Estoy tan feliz! ¡Aprenderá su lección! ¡Sí! ¡Sí! Di vueltas por la sala, eufórica, casi mareada por la adrenalina. Reía. Bailaba. Sentía que, por primera vez, tenía el control. Esto es exactamente lo que se merece. —¡Hermana! ¿¡Qué demonios acabas de hacer?! —escuché la voz de Jennifer gritando desde el pasillo. Eso fue lo último que oí antes de que todo se volviera negro. Desperté a la mañana siguiente con un dolor de cabeza insoportable. Gemí y me llevé una mano a la frente. Me froté los ojos lentamente y, cuando logré abrirlos, vi a mis dos hermanos sentados a ambos lados de la cama. Me observaban… raro. Demasiado serio. Me incorporé con cuidado. Mateo sostenía una aspirina y un vaso de agua. Me los apoyó contra el pecho con un gesto brusco. Lo miré confundida, pero tomé la pastilla y bebí. Dejé el vaso en la mesita de noche. Esperé a que se fueran. No lo hicieron. —No puedo evitar preguntarles… —murmuré—. ¿Qué pasa? —¿Hablas en serio cuando preguntas “qué”? —replicó Jennifer, incrédula—. ¿De verdad no sabes lo que hiciste? —¿Qué hice? Yo no hice nada —respondí, frunciendo el ceño. —¿De verdad? —insistió. —¡Basta ya con esta locura! —exclamé—. Solo díganme qué está pasando. ¿Qué hice? Jennifer suspiró y miró a Mateo. —Vamos… enséñale. Mateo sacó el teléfono del bolsillo, tocó la pantalla y me lo tendió. —Míralo tú misma. Tomé el teléfono, aún confundida. —A ustedes dos les encanta actuar como si estuvieran locos, así que supongo que quieren mostrarme algo y por eso están tan raros porque… Me quedé a mitad de la frase. Mis ojos se clavaron en la pantalla. Parpadeé una vez. Dos veces. —No… no… esto no puede ser —susurré—. No… no… ¡no! Lo leí todo. Cada maldita palabra.No conforme con eso, mis seguidores habían alcanzado los 100 mil en una sola noche. Dios mío, esto era una locura.
Y entonces todo empezó a encajar lentamente. El restaurante. La humillación. El alcohol. La rabia. El impulso. Había escrito una mentira. —Dios mío… ¿qué he hecho? —pensé, con el estómago encogiéndose. —Exactamente —dijo Jennifer—. ¿Qué acabas de hacer, hermana? —Oh… —murmuré. Lo había dicho en voz alta. Mateo pasó una mano por su cabello, claramente alterado. —No puedo creer que escribieras algo así sobre ese hombre —dijo—. ¿Lo conoces siquiera? ¿Has hablado con él alguna vez? ¿Sabes lo peligroso que es? ¡Es un multimillonario! ¿Y si nos encuentra? Porque lo hará… y cuando eso pase, no te perdonará. No solo a ti… sino a todos nosotros. El silencio que siguió fue ensordecedor. Y por primera vez… el miedo empezó a abrirse paso dentro de mí.—Estaba demasiado emocionada. No podía creer que, por fin, sería capaz de sostener a un niño en mis brazos. Un niño que sería como un verdadero hijo para mí. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él. Aunque al principio mi esposo se opuso, con el tiempo aceptó y me permitió convertirme en la madre de aquel pequeño inocente. »Llegué a amarlo como si fuera mío. Gracias a él, sentí que podía hacer cualquier cosa y enfrentarme a quien fuera en este mundo. Así fue como Sebastián llegó a mi vida… y así fue como terminé siendo su madre, aunque no biológica. —Siento preguntarte esto, pero… si no podías concebir, ¿cómo fue que diste a luz a Oliver? —pregunté, formulando probablemente la pregunta más torpe de la historia. No sé qué me pasó. Solo quería entenderlo todo, sin dejar ningún detalle fuera. —Dos años después, concebí. Para serte sincera, no sé cómo sucedió. Solo sé que quedé embarazada y di a luz a Oliver. Y… esa es toda la historia, Aria —concluyó. No supe cómo reaccionar
—Me sorprendí. Pensé que era una excusa para evitar que le presentara a otra mujer. Por eso insistí en venir contigo hoy. Quería comprobarlo por mí misma. Y ¿sabes qué? Me fui feliz. Pude ver amor verdadero en sus miradas. Soltó una pequeña risa. —Ustedes dos se aman, y eso es lo único que deseo. Que haya alguien que esté al lado de mi Sebastián en todo momento. Una mujer que lo apoye, lo cuide, lo ame y lo trate bien… Y creo que esa mujer eres tú. Eres perfecta para él. Gracias, Aria. Gracias por amar a mi hijo. Significa mucho para su padre y para mí. Terminó de hablar y, acercándose a mí, me envolvió en un fuerte abrazo. Bueno… ahora esto se está volviendo muy difícil para mí. ¿Cómo le digo a alguien que está tan emocionada que su hijo y yo no estamos realmente enamorados? No es que yo no lo ame. Claro que lo amo. Pero ¿cómo explicarle que él solo le mintió y que entre nosotros no hay nada oficial? Si digo una sola palabra negativa, arruinaré por completo su felicidad. Será me
—¿Temprano? Son las 8:47 a. m., Erica. No me digas que sigues en la cama —respondió Vee. —¿Qué crees? Claro que sigo en la cama. —Lo siento, chicas. Hemos estado muy ocupados toda la noche… Que tengan un buen día. ¡Adiós! —se escuchó la voz de Michael al fondo. —¡¿Qué?! ¡Estás loco! ¿Qué crees que haces? —protestó Erica, mientras él reía. —Te amo, nena —se oyó antes de que ella volviera a hablar. —Chicas, ignórenlo, por favor. A ver, Jess… ¿de qué trata esta conferencia? No me digas que Sebastián y Aria decidieron casarse. —¿¡Qué!? ¿Cómo… cómo lo supiste? —pregunté, atónita. —Vamos, esa broma es demasiado obvia. Sí, todas queremos que terminen juntos, pero ¿matrimonio de la nada? Ni siquiera han intentado conocerse de verdad —razonó Vee. —Bien… aún no saben por qué hice esta llamada tan temprano, y es porque es muy importante. Se trata de Aria y Sebastián. Aria me acaba de contar que Sebastián le mintió a su madre. Le hizo creer que están enamorados y que se casarán pronto. Mu
Cada vez que estoy entre sus brazos, todo parece encajar. Como si ese fuera mi lugar. El beso se volvió más intenso y me dejé llevar. Estaba a punto de perder el control, porque había empezado a desear más, cuando de repente dejó de besarme y me miró directamente a los ojos con una expresión que parecía llena de amor y admiración. Me sentí tan feliz… increíblemente feliz. Quería lanzarme sobre él y besarlo con pasión, cubrir su rostro de besos. En sus ojos creí ver cariño y ternura. En ese instante no quería hacer nada más que abrazarlo y dejar que me sostuviera con fuerza. Pero entonces, de la nada, dijo algo que jamás esperé escuchar: —Aria, quédate así unos segundos. Mi mamá está justo detrás de ti y podría descubrir que estoy mintiendo si dices algo. —¿Qué… qué? —quise girarme para comprobar si era verdad, pero me detuvo antes de que pudiera hacerlo. —Dije que no te des la vuelta, loca. Mi mamá está mirando —susurró entre dientes. ¿De qué está hablando este hombre? Enton
—¿De qué decisión estás hablando? Mira, si viniste a amenazarme otra vez, ya no me importa. No es la primera vez que me amenazas o me obligas a hacer cosas que no quiero. Pero esta vez no voy a caer. No me importa si me haces daño o no… no voy a caer en tu juego. Me mantuve firme. No volvería a romperme frente a él. Me hice esa promesa ayer por la mañana, cuando me dijo que no quería volver a verme nunca más. —¿Puedes hablar de una vez? Tu silencio me está matando. Necesito saber qué está pasando por tu cabeza —dije, levantando el dedo índice y tocándole la frente. Genial, Aria. ¿De dónde sacaste este valor de repente?, pensé para mí misma. —Estoy seguro de que esto es lo que también querías. Has estado deseándolo… y ahora te estoy haciendo ese favor. —¿Me estás haciendo un favor? —repetí, soltando una risa incrédula—. Bien, ¿de qué favor estás hablando? Porque se me está acabando la paciencia. Me sostuvo la mirada. —Quiero que seas mi esposa. Y lo juro… en ese instan
—Espera… ¿¡qué!? ¿Acabas de llamarme su chica? —¿Por qué? ¿Hay algo malo en eso? —preguntó ella, confundida. —Todo está mal. O sea, ¿de dónde salió eso de “su chica”? Quiero decir, no es que nosotros seamos… —Vamos, nena —me interrumpió Sebastián antes de que pudiera terminar—. Lo sé, todavía estás enojada conmigo por no contestar tus llamadas anoche, pero ya te pedí disculpas… ¿sí? Mira, hagamos algo: te lo compensaré. Haré lo que me pidas, pero no te enfades conmigo… ¿eh? Añadió con voz dulce mientras rozaba suavemente mi labio con un beso fugaz. No pude evitar llevar mi mano a su frente para comprobar su temperatura. Necesitaba asegurarme de que estaba bien. Este no era el Sebastián que yo conocía. —Sebastián, ¿qué está pasando…? —Vamos, Aria —intervino Alice—. Ya lo sé todo. Me contó cómo ambos se dieron cuenta de que se aman y se confesaron sus sentimientos. Pero dejemos eso por ahora. ¿Cómo está tu mamá? Escuché que su condición empeoró. ¿Cómo está ahora? Quería pa







