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El Renacer de la Flor Marchita
El Renacer de la Flor Marchita
Penulis: Nieves G.D.

Capítulo 1 — Cumple tu papel

Penulis: Nieves G.D.
last update Tanggal publikasi: 2026-08-07 12:41:50

«Madre, padre… ¿De verdad esto es lo que ustedes hubieran deseado para mí? ¿Está vida? ¿Este destino? ¿Esta soledad?», sopesaba Elena Valer al tiempo que observaba el amanecer desde el enorme ventanal de su habitación.

Ella amaba detallar como salía el sol en el horizonte e iluminaba los jardines de la grandiosa mansión de la familia DeLuca, la familia de su esposo, Adrián.

Últimamente, Elena solía preguntarse a sí misma sobre su vida, su destino, porque está no era la vida feliz que ella esperaba.

Desde hacía algún tiempo, Elena había empezado a sentirse mal, mareos constantes, inapetencia, náuseas, malestar general, hubiera pensado felizmente que se trataba de un embarazo, de no ser porque su esposo ya no la tocaba desde hacía meses.

De hecho, ellos ya dormían en habitaciones separadas y Elena solo veía a su esposo, para ocasiones especiales como eventos públicos, porque Adrián siempre decía que estaba ocupado.

Elena suspiró pesadamente con algo de fatiga, cuando sonó un pequeño golpeteo en la puerta de la habitación y alguien entró.

— Señora DeLuca… — Una joven del servicio se inclinó ligeramente ante Elena. — El desayuno está servido…

— ¿No me lo mandarán a mi habitación como siempre? — Preguntó Elena, extrañada.

— No, su esposo, ha solicitado personalmente que hoy usted acompañe a la familia en el comedor… — Avisó la joven.

Y aunque esa noticia debió haber alegrado a Elena, la expresión de la muchacha le decía que esa invitación no traería nada bueno.

Sin embargo, como la obediente y buena esposa que Elena había sido todos estos años, ella bajó hasta el comedor.

Adrián DeLuca ocupaba la cabecera de la mesa como el cabecilla de la familia desde que falleció su padre, hacía muchos años.

A su derecha, estaba su madre, Justina DeLuca, una mujer orgullosa y prepotente, y a la izquierda de Adrián, en el lugar que le correspondía a Elena, había otra mujer.

Elena se detuvo en el umbral del comedor, viendo la escena con dolor y rabia.

— Hasta que por fin bajas, Elena, te estamos esperando, ¿Qué haces ahí parada? — Voceo Adrián apenas la vio, volteando los ojos con hastío.

— Espero por mi lugar… Está ocupado… — Elena dio un paso hacia él, arrugando el entrecejo.

— ¡¿En serio vas a decir eso?! — Voceo Adrián con una expresión indignada. — ¡¿No ves que es una invitada?! ¡¿Cómo vas a irrespetarla de esa manera?!

— Yo… — Elena dio un paso hacia adelante, apretando los puños con impotencia, usando fue interrumpida.

— Ay, ya Elena, deja el espectáculo, hace mucho que ya ni ocupas ese lugar…— Refunfuño Justina, la madre de Adrián. — Ve y toma asiento al final del comedor, de ahora en adelante, ese será tu lugar…

Elena fue a decir algo, cuando sintió un mareo, algo bastante usual últimamente y antes de caerse, obedeció y caminó hacia la otra punta del comedor, en donde su plato ya estaba servido con una comida fría.

¿Quién sabe desde cuándo estaría servido su plato? Porque la comida de Adrián, Justina y la invitada, seguía humeando calientita.

Elena apretó la cucharilla en su mano, sintiendo como se le iba el apetito, las náuseas se arremolinaban en su estómago y la garganta le dolía.

Ella dejó la cucharilla a un lado y levantó la vista, comenzando a detallar la mujer que estaba sentada junto a Adrián.

Ella era hermosa, muy hermosa, parecía una modelo, delgada, pero con curvas definidas, fracciones delicadas, un largo cabello color miel, piel blanca y delicada como cerámica y labios rojos, seductores y provocativos, ella era perfecta.

Erika, la asistente de Adrián, una mujer que con el paso del tiempo, Elena la había visto cada vez más pegada a su esposo.

Y Adrián no dejaba de sonreír con ella, se acercaban, se susurraban como confidentes, se tocaban con supuesta inocencia, como si intentarán disimular, pero necesitaran el contacto entre ellos.

Y lo peor era que Justina, la suegra de Elena, una mujer de carácter que siempre predicó principios, lejos de escandalizarse por ese comportamiento de su hijo, parecía complacida.

Erika sintió la mirada de Elena sobre ella y de inmediato se acercó sutilmente a Adrián para susurrarle algo.

— Elena, eso es irrespetuoso… — Voceo Adrián molesto.

— ¿Qué cosa? — Preguntó Elena.

— Mirar a nuestra invitada fijamente de esa manera… Es grosero. — Contestó Adrián arrugando más el entrecejo.

— En realidad, lo que me parece irrespetuoso y grosero es como tratas a esta mujer frente a mí… Yo soy tu esposa, Adrián, no una extra en mi propia casa. — Replicó Elena, dolida.

— Oh, lo siento tanto, Elena… No quise ser irrespetuosa. — Erika se tapó el rostro con ambas manos.

Después de todo lo que esa mujer estaba haciendo con Adrián tan descaradamente, ¿Ahora sentía vergüenza? Sopesó Elena.

— ¡Ya basta! — Adrián manoteo el tope de la mesa, levantándose de golpe. — ¡Erika es una amiga muy preciada para mí, quien me ha ayudado mucho en la empresa y no permitiré que le hables así! — Gritó furioso, sorprendiendo a Elena.

— Adrián, hijo, cálmate… — Intervino Justina, con solemnidad. — No queremos que Erika piense mal de ti.

— Lamento tanto todo esto, señora DeLuca. — Esta vez, Erika comenzó a disculparse con Justina. — Quizás debería retirarme de aquí…

Erika comenzó a levantarse, cuando Adrián la sostuvo por la muñeca con delicadeza, acercando su rostro exageradamente al de ella.

— Tú no te vas a ninguna parte, tú no has hecho nada malo, Erika… La que se tiene que ir de aquí, por grosera, es Elena… — Gruñó Adrián, volteando una vez más hacia Elena con una expresión tenebrosa.

Y Elena no lo soportó más, se levantó tan rápido, que se cayó la silla en la que había estado sentada, luego tiró la servilleta sobre el plato de comida frío.

— ¡Erika! ¡Erika! ¡Erika! ¡¿Es que solo piensan en Erika?! ¡¿Y qué hay de mi?! ¡Que soy la verdadera esposa de Adrián! — Rugió Elena.

— ¡Cállate! — Gritó Adrián con todas sus fuerzas, dejando a todos pasmados.

Hubo un momento de silencio, en el que solo se escuchaba la respiración agitada de Adrián.

— No entiendo para qué me mandaste a llamar… ¿Para humillarme? — Murmuró Elena, sintiendo todo su cuerpo temblaba de rabia e indignación.

— Ahora que lo mencionas, salgamos de esto… — Contestó Adrián de mala gana. — Te mandé a llamar porque está semana empieza la temporada de galas de las empresas de tecnología, así que necesito que te olvides de esos malestares que te vives inventando para llamar la atención y te prepares… Como presidente de una de las empresas más importantes, tengo que estar presente y como mi esposa, tienes que está presente…

— ¡¿Malestares que me invento?! — Repitió Elena, indignada, notando como Adrián y Justina, la miraban con desprecio. — ¡Quizás si estuvieras conmigo como tu esposa, te darías cuenta de que no se trata de ningún invento!… ¡Y si tanto te molesta eso, lleva mejor a tu amante, Erika, y no a mí, para que te sientas más cómodo!

Y ahí estalló todo, Adrián caminó hacia Elena como un toro y en un instante le soltó una bofetada que le volteó la cara, haciéndole saborear sangre.

— ¡¿Cómo te atreves?! — Gruñó Adrián.

Y de nuevo, solo hubo silencio, todo lo que se escuchaba está vez, era el quejido de Elena mientras se sostenía la mejilla caliente.

— ¡Bueno, ya es suficiente! — Está vez fue Justina quien intervino, levantándose de su lugar con la autoridad de una matriarca. — ¡Elena, deja de actuar como una niña malcriada y egoísta! Adrián nunca te molesta para nada por tus malestares y cuando te necesita como su esposa, ¿Le sales con esto? ¿Qué tan malagradecida puedes llegar a ser?

Elena solo la pudo mirar desde su lugar, con el cuerpo encorvado por el malestar y aún sosteniéndose la mejilla adolorida, al tiempo que intentaba recuperar el aliento.

— Cumple tu papel como su esposa de alguna forma, ya que no has podido cumplir como se debe como mujer… — Concluyó Justina, dejando a Elena fría.

Y sí, era cierto, Elena no había cumplido como debía en su mundo, dejando un heredero, ella no había podido darle un hijo a Adrián.

Elena uso toda la fuerza que le quedaba, se enderezó como pudo y con los puños apretados a los costados, respiró profundo, se dio la media vuelta y salió del comedor sin decir una sola palabra.

Debía salir de ahí antes de que la vieran derramar una lágrima, ella no iba a permitir que la vieran quebrarse, ni llorar.

Y al salir, Elena escuchó una última frase a su espalda.

— Qué fastidio con esa mujer… Algunos cuerpos solo sirven para adornar… Pero Elena hasta para eso falla… — Comentó Justina con malicia y junto a ese comentario, se escucharon las sonrisas de Erika y Adrián.

Elena apresuró el paso, sintiendo como todo dentro de ella se hundía, su cuerpo temblaba, la garganta le ardía como nunca, se sentía mareada, las náuseas se fortalecían.

Entró en su habitación y corrió a su baño privado para agacharse junto al inodoro sintiendo como algo se le devolvía del estómago.

Terminó vomitando y cuando miró, sus manos se le pusieron frías y su piel palideció, ella había vomitado sangre.

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