Inicio / Romance / El Renacer de la Flor Marchita / Capítulo 5 — En el cielo

Compartir

Capítulo 5 — En el cielo

Autor: Nieves G.D.
last update Fecha de publicación: 2026-08-07 12:43:57

El primer sonido que escuchó fue el de los pájaros, luego sintió una luz amplia que solo entra en una habitación cuando las ventanas son amplias y dan hacia un patio.

¿Podría ser que Adrián tuvo compasión y la devolvió a su antigua habitación? ¿Adrián teniéndole compasión? Pensó Elena con ironía aún somnolienta.

Y entonces lo recordó todo, fue como un flash, la imagen de Erika haciéndole tragar el veneno apareció.

El corazón de Elena dio un sobresalto y de inmediato, ella abrió los ojos, sentándose en la cama, asustada, con la respiración agitada y el pulso a millón.

¿Qué fue lo que pasó? ¿No se suponía que había muerto o alguien la salvó? Elena observó alrededor intentando encontrar una respuesta y fue peor.

Elena comenzó a detallar la habitación y entonces lo supo, reconoció dónde estaba, pero esto debía ser imposible.

Era su habitación.

No la habitación que le había asignado la familia DeLuca, si no la habitación en la casa en la que Elena nació y creció, en la casa de sus padres.

Elena se quedó completamente inmóvil, bajó la vista hacia sus manos, que aún temblaban, eran sus mismas manos, pero algo en ellas era diferente.

La piel se veía distinta, más tersa y sin esa palidez enfermiza que había empezado a notar en los últimos meses, Elena se levantó y se quedó de pie en el centro de la habitación.

Respiraba normalmente, sin pesadez, sin dolor, sin mareos, sin náuseas, sintiendo su cuerpo como si fuera algo que acababa de recuperar después de un tiempo muy largo sin usarlo.

Ella caminó hacia un espejo se observó sintiendo como todo dentro de ella se estremecía porque la mujer que Elena miraba en el reflejo era ella, pero no la Elena pálida, delgada, acabada, está Elena era más joven, sin rastros de enfermedad.

Y entonces, desde algún lugar de la casa, llegó una voz.

— ¡Elena! ¿Ya te despertaste? El desayuno está listo, se te va a enfriar.

Elena no respiró.

Esa voz.

Elena caminó hacia la puerta de la habitación, la abrió rápido, y corrió para bajar las escaleras de aquella casa que ella ya conocía de memoria, cada cuadro, cada tabla del suelo, cada rincón.

Al final del pasillo, en la cocina, su padre estaba de espaldas, con el periódico abierto mientras una muchacha del servicio le servía el café.

Estaba vivo.

Su padre, Raúl Valer, estaba vivo.

Elena se apoyó en el marco de la puerta con una mano aturdida, algo dentro de ella se abrió de una manera que dolió, ¿Acaso de verdad ella había muerto y ahora ambos estaban juntos en el cielo?

— ¿Elena? — Su padre se giró, con la taza en la mano, y le sonrió. — Ven, que se enfría.

Elena necesitó un segundo, solo uno, luego se limpió la cara, algunas lágrimas se le habían escapado y caminó hacia él.

— ¿Papá? — Gimoteo Elena cuando ya estaba a su lado.

Él arrugó el entrecejo cuando vio la expresión de Elena.

— Elena… ¿Qué te pasa? — Preguntó Raúl confundido, ¿Por qué su hija lloraba?

Elena solo se inclinó para darle un fuerte abrazo que duró más de lo que Raúl esperó, dejándolo aún más confundido.

¿Esto era un evento del pasado que su cerebro estaba recreando? Después de todo, dicen que cuando una persona muere, suele repasar eventos pasados de su vida y este podría ser uno de esos.

— Estás muy extraña… — Comentó Raúl. — Deben ser los nervios…

— ¿Qué? — Elena arrugó el entrecejo.

— No te preocupes por esto, ya lo hablamos antes… — Raúl se levantó y comenzó a acomodar su maletín.

Y entonces, Elena tuvo un presentimiento, tomó el periódico y miró la fecha, la miró una vez, la miró dos veces, si esto era un sueño, su cerebro le estaba jugando una broma muy sucia.

— Escogí al mejor hombre para que te cases, Elena, no tienes por qué estar nerviosa… — Siguió hablando Raúl, levando la vista hacia su hija. — Te lo juro, hoy cuando lo conozcas, te encantará.

Elena escuchó las palabras de su padre y rogó porque ese sueño se acabara para pasar al siguiente, uno más bonito, uno en el que Adrián no se asomara ni por nombre.

Ella dejó el periódico donde estaba, recordando el matrimonio, la mansión, Adrián, Justina, Erika, el cuarto de servicio, el veneno, todo eso que todavía no había ocurrido.

Todo eso que ahora mismo, existía únicamente en su memoria como algo que había sido real y Elena no sabía exactamente cuanto iba a durar este sueño, así que ella todavía estaba a tiempo.

Miró sus manos y pensó, si tuviera otra oportunidad, si está fuera otra oportunidad, si hubiera sabido todo esto como lo sabía ahora, las reglas serían distintas.

Entonces, Elena le respondió a su padre como debió responder en aquel momento.

— No… No voy a casarme, padre.

Raúl Valer miró a su hija, extrañado, confundido, aun dudando de si lo que había escuchado era lo correcto.

— ¿Perdón? — Raúl elevó una ceja.

— Que no… — Insistió Elena una vez más. — No voy a casarme con ese hombre.

— Elena… — Comenzó Raúl, Pero Elena no lo dejó continuar.

— Padre, escúchame tú a mí… — Elena se levantó y caminó hacía él, para mirarlo directamente. — Adrián DeLuca no es lo que parece, no es el hombre que tú crees que es.

— ¿Y cómo podrías saber tú cómo es, si todavía no lo conoces? — Preguntó Raúl escéptico.

— Porque lo conozco… — Soltó Elena sin pensar en lo que decía. — Lo sé, confía en mí, padre.

— Elena, hoy es la primera vez que vas a verlo… — Raúl frunció el ceño. — Esta noche, en la cena con su familia. ¿Cómo puedes decirme que lo conoces?

Elena abrió la boca, la cerró, Raúl tenía razón, ella venía del futuro, de alguna forma loca y extraña, así que se suponía que no debía conocer a Adrián todavía.

Desde la perspectiva de su padre, desde la perspectiva de cualquier persona, lo que ella estaba diciendo no tenía ningún sentido.

Pero si esto era un sueño, si esto era algún tipo de ilusión, entonces no tenía nada que perder siendo honesta.

— Escúchame papá… — Elena miro a su padre a los ojos. — Lo sé, porque yo ya viví esto, ya lo viví todo… Me casé con Adrián, viví años en su casa, con su familia, siendo ignorada, humillada, relegada a un cuarto de servicio mientras él paseaba a su amante por nuestra propia casa.

Elena sentía como la voz se le quebraba mientras le contaba la historia a su padre, y al mismo tiempo, Raúl abría los ojos de par en par, perplejo.

— Me enfermé, un cáncer, padre y creo que es lo mismo que mató a mamá, y ellos lo sabían, pero no hicieron nada, dejaron que me deteriorara sola… Y al final, la amante de mi esposo me envenenó en ese cuarto pequeño y morí sola, sin que nadie se diera cuenta ni le importara… Luego desperté, aquí, en el pasado, contigo, sé que suena irreal, pero tengo la teoría de que… Creo que esto es un sueño… — Concluyó Elena, con su respiración ligeramente agitada.

El silencio que se hizo en la cocina fue absoluto, Raúl la miraba con una expresión entre la confusión y preocupación.

— Elena… — Comenzó Raúl, con una voz suave.

— Sé lo que estás pensando… — Lo volvió a interrumpir Elena. — Que estoy delirando… Que me asusté… O que me volví loca…

— No, no, cariño… — Raúl acaricio la cabeza de Elena con suavidad. — Estaba pensando que quizás debería llevarte con un médico esta mañana, posiblemente te hayas golpeado la cabeza durmiendo.

— ¡No, papá! — Se quejó Elena, ¿Qué podía hacer para convencer a su padre?

— Mi amor… — Raúl intentó todo lo posible sonar comprensivo. — Lo que me estás describiendo es imposible… Volver de la muerte y regresar al pasado, eso no existe… Lo soñaste, eso es todo y fue tan realista que crees que fue real…

— Lo sé, suena imposible… Pero no lo es, es la verdad, te lo juro… Y si estoy aquí es porque ya debo estar muerta…

— ¿Qué? — Raúl se tensó, aún más confundido.

— Tú falleciste en un accidente poco después de mi matrimonio, padre… — Contó Elena, sintiendo el nudo en su garganta con solo recordar ese momento. — Así que la única forma de que esto sea posible es que esto sea un sueño, una revelación justo antes de mi muerte o que ahora estemos ambos en el cielo, en nuestro propio cielo… — Raúl se quedó un momento en silencio, tenso. — ¿Ahora me crees? — Agregó Elena, pensando que ahora sí lo había convencido.

— Elena… Lo que creo es que estás asustada… — Soltó Raúl con toda la delicadeza que pudo. — Creo… que algo te perturbó… Pero lo que me describes, Elena, no es posible y no voy a tomar una decisión tan importante, como cancelar tu matrimonio, basándome en una historia que…

— ¡Que no es una historia! — Intentó interrumpir Elena una vez más, Pero Raúl no la dejó.

— ¡…Que ningún médico ni ninguna persona razonable podría validar! — Raúl elevó ligeramente el tono con autoridad. — Elena, llevo meses trabajando en este acuerdo, he investigado a los DeLuca a fondo, he revisado sus finanzas, su reputación, su historial… Adrián es un hombre joven con algunos errores a sus espaldas, como cualquiera, pero es serio, es responsable, y tiene los recursos para…

— ¿Para qué? Para ignorarme, para humillarme, para…

— ¡Para cuidarte! — La voz de Raúl subió un tono más. — Para cuidarte cuando yo no pueda hacerlo… Cada día estoy más viejo, Elena, la empresa necesita alguien que la sostenga, alguien que esté ahí cuando yo no esté y tú, necesitas a alguien a tu lado, alguien que te proteja… Yo solo quiero que no te quedes sola.

Elena lo miró, sintiendo todo el peso de lo que él acababa de decir, era el miedo de un hombre que amaba a su hija y que no tenía manera de saber que el camino que había elegido para protegerla era exactamente el que la iba a destruir.

— Padre… — Respondió Elena, con los ojos cristalizados. — El hombre que escogiste no me va a proteger.

— No aceptaré manipulaciones, Elena, ¡Tú no eres así! — Raúl recuperó su tono firme. — Ya hice un acuerdo con la familia DeLuca y no voy a romperlo basándome en un ridículo sueño, por más real que te haya parecido… Esta noche vas a esa cena, vas a conocer a Adrián, y luego, si tienes alguna duda, lo hablaremos con calma.

— No. — Replicó Elena.

— Elena…

— Jamás… — Agregó Elena, dando un paso atrás, mientras sentía como algo dentro de ella se encendía. — Jamás volveré a cometer el mismo error… Ni en mis sueños, ni en el más allá, ni en otra vida… — Soltó Elena con rabia para luego salir corriendo.

La puerta de la salida de la casa se cerró de golpe detrás de ella, pasó la reja y corrió hacia lo que ella veía solo como su libertad, pero no miró a los lados cuando cruzó la calle y el sonido de los frenos llegó tarde.

¡Plas!

Solo se escuchó un fuerte golpe, un chirrido y en los alrededores, algunos gritos.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • El Renacer de la Flor Marchita   Capítulo extra — El brindis

    La fiesta de aniversario llenó la mansión Valer de una manera que Elena no había visto desde que era niña.Las luces cálidas iluminaban cada rincón, la música sonaba suave desde por una pequeña banda en la sala principal, y el jardín de Clara, estaba impecable como siempre.Las flores y las plantas recibían a los invitados con esa abundancia de colores que hacía que todo el mundo se detuviera un momento a mirarlo antes de entrar.Elena llevaba un vestido azul medianoche, el mismo color de siempre, el que solo ella entendía por qué.Sus hijos se habían encargado de organizar todo, con ese caos que heredaron de su padre, y sus nietos corrían entre los adultos con la energía de cualquier pequeño que todavía no entienden que las fiestas de aniversario son para los grandes pero que tampoco tienen ninguna intención de quedarse afuera.Elena los miraba desde su lugar junto a la fuente del jardín, con una copa en la mano y esa calma que ya era su estado natural desde hacía muchos años.

  • El Renacer de la Flor Marchita   Capítulo 38 — La flor que no se marchitó

    La luz del sol colándose por la ventana hizo despertar a Elena, aún era temprano, ella esperó un rato ahí, tirada sobre el pecho de Leandro, escuchando su suave respiración, sintiendo el tranquilo latido de su corazón.Este día se sentía diferente, está mañana se sentía distinta a las otras mañanas, más cálida, más tranquila, como si el corazón de Elena hubiera decidido que hoy merecía un amanecer distinto.Porque después de haber terminado con tantas mentiras, trampas y ciclos, después de haberse entregado a un hombre que la amaba y después de ese sueño con su madre, Elena sabía que desde ahora, todo sería diferente.Luego de un momento pensando y repasando todo, Elena salió de la cama despacio, sin despertar a Leandro, se puso una bata ligera y bajó las escaleras descalza, sintiendo cada tabla del suelo bajo los pies como algo familiar y nuevo al mismo tiempo.Y se fue directamente al jardín.Las plantas de su madre estaban ahí, descuidadas, sí, con algunas hojas secas y las ma

  • El Renacer de la Flor Marchita   Capítulo 37 — Tu nueva vida

    Elena despertó en el jardín de la mansión Valer.Pero no el jardín de ahora, con las plantas descuidadas y con las muchas macetas vacías que Elena había ya se había acostumbrado a ver crecer con el pasar de los años.Este era el jardín de antes, el de su infancia, lleno de esas especies que nadie más en la familia sabía nombrar y que su madre cuidaba con una dedicación que Elena siempre había encontrado misteriosa y hermosa al mismo tiempo.Clara estaba de espaldas, inclinada sobre una de las macetas, con las manos en la tierra y el cabello recogido en ese moño suelto que Elena recordaba de los domingos.Elena se detuvo en el umbral del jardín.—Mamá.Clara se levantó despacio y se dio la vuelta.Ella era exactamente como Elena la recordaba, hermosa, brillante, luminosa.Con esa sonrisa tranquila que no necesitaba ningún motivo especial para aparecer y con unos ojos castaños que eran los mismos que Elena veía en el espejo cada mañana.—Hija… — La saludó Clara, con esa voz q

  • El Renacer de la Flor Marchita   Capítulo 36 — Llegar a casa

    Sus labios se movieron apasionadamente, mientras sus cuerpos se iban acercando.Era la primera vez que se dejaban ir más allá mientras el silencio de la mansión Valer los envolvía.Las manos de Leandro la rodearon cada vez más, Elena se inclinaba cada vez más a él, palpando su fuerte pecho, sus musculosos brazos, sintiendo como se quedaba sin aliento.Elena separó los labios de los de Leandro despacio, lo miró, y en sus ojos encontró lo mismo que había encontrado desde la primera vez, atracción, ese brillo lleno de emoción.—Tú… ¿Quieres…? — Preguntó Leandro aferrado a ella.—¿Qué si quiero…? — Elena sonrió, elevando una ceja con algo de picardía. — Creo que desde la primera vez que te vi, he estado esperando un momento como este… — Respondió Elena con una voz tan baja, que sonó como un murmullo en el salón.Leandro sonrió ligeramente, con algo de alivio y luego, la besó de nuevo.Sus lenguas se entrelazaron, sus alimentos chocaron, el aroma y sabor de ambos se entrelazaron m

  • El Renacer de la Flor Marchita   Capítulo 35 — Te esperaba

    Esa noche, después del juicio, Leandro y Elena se fueron juntos a la mansión Valer.La casa estaba vacía y tranquila, desde hacía algunos días Elena se había encargado de retirar todo el personal por una temporada porque pensaba restaurar la propiedad.Solo un par de personas iban en el día para hacer labores de mantenimiento y ya se habían retirado.Las luces de la sala principal estaban encendidas dándole a la mansión algo de calidez.Aún algo cansada, Elena se sentó en el sofá con las piernas cruzadas, como cuando era niña, y Leandro se sentó a su lado, sin prisa, sin preguntas, solo acompañándola.Así había sido siempre con él.—Necesito contarte algo… — Soltó Elena repentinamente. — Algo que nunca le he contado a nadie.—Lo sé… — Respondió Leandro con seguridad.—¿Lo sabes? — Elena lo miró sorprendida.—Llevo todo este tiempo sintiendo que hay algo que no me estás diciendo… — Leandro la miró con tranquilidad. — Algo más grande que todo lo demás… — Hizo una pequeña pa

  • El Renacer de la Flor Marchita   Capítulo 34 — Justicia

    El juicio duró tres semanas.Tres largas semanas en las que Elena se sentó en esa sala todos los días con la espalda recta y las manos quietas sobre sus rodillas, escuchando cómo cada pieza de evidencia que había recolectado durante todo este tiempo se convertía en un ladrillo más de una fosa en la que ellos no tenían ninguna salida posible.Tres semanas en las que Elena aprendió que la justicia no se vivía solo en un momento, sino que también era un proceso a veces agotador, que descifraba una vida entera.Elena no esperaba que el juicio fuera rápido, los casos de esta magnitud nunca lo eran, pero tampoco esperaba que fuera tan lento y frío en la manera en que cada pieza de evidencia se presentaba ante el tribunal, todo era documentos, testimonios, fechas y números.Nadie habló de su dolor, nadie habló del dolor de su madre, nadie habló de que ambas merecían vivir una vida juntas, y nadie habló sobre la destrucción que causaba la avaricia.El juicio terminó siendo un proceso pes

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status