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Capítulo 6 — Las sombras

Author: Nieves G.D.
last update publish date: 2026-08-01 12:24:50

La noche lo cubría todo al tiempo que Roth avanzaba entre los árboles sin hacer ruido, siguiendo ese aroma que lo perseguía desde hacía horas, desde hacía días, desde que la conoció.

Sándalo, tierra húmeda y algo más, algo dulce, adictivo, algo que no encajaba en él, algo que lo irritaba, pero al mismo tiempo, algo que lo llamaba, que enloquecía a su lobo interno.

Él se detuvo, cerró los ojos un segundo, a solo unos pasos más adelante, agachada junto al arroyo al tiempo que miraba la luna en lo alto, ahí estaba ella.

—     ¿Para qué has venido? — La voz de Liana rompió el silencio que envolvía la oscuridad.

Aun cuando ni siquiera había volteado para verlo, ella sabía que era él, había percibido el olor desde metros, un olor inconfundible para su loba interior, que enloquecía por Roth.

El tono de voz de Liana no temblaba, no huía, era firme e incluso sonaba incómodo, eso lo tensó más.

Roth abrió los ojos, ella se levantó de la orilla, girándose para quedar frente a él, con sus brazos cruzados sobre el pecho, con la cubeta a un lado.

—     No deberías estar sola… — Alegó Roth, acercándose lentamente.

—     ¿Ahora te importa? — Liana soltó una risa baja, vacía.

Roth no respondió, siguió avanzando, paso a paso, midiendo la distancia, midiéndola a ella.

—     Me importó antes, cuando te salve de Eros… — Roth la miró de arriba para abajo.

Liana recordó aquel momento, cuando ella fue ataca por el monstruo de Eros, un alfa sin alma, su antigua pareja, quien la había tomado para vengarse, para acabar con ella, y fue Roth quien la salvó.

—     Porque no estaba Lyra, ¿No? — Replicó Liana con cierta acidez en sus palabras. — Pero con ella por delante, yo no soy lo suficientemente importante…

—     No te metas donde no te corresponde… — Gruñó Roth tomando a Liana por un brazo con algo de fuerza.

Liana alzó la barbilla, desafiante, pero sus ojos, no lo eran del todo.

—     ¿Y dónde es eso, Roth? — Preguntó Liana, en voz baja, con algo de ironía. — ¿Detrás de Lyra? ¿En su sombra? ¿O en tu camino solo cuando nadie te mira? Cómo ahora…

Hubo un momento de silencio peligroso, Roth dio un último paso hacia ella, mientras apretaba la mandíbula, ahora estaban cerca, demasiado.

Su lobo estaba enloquecido, gritaba desesperado por reclamarla, por marcarla, por formar el vínculo, pero la mente de Roth se mantenía firme.

Aunque su lobo la había reconocido antes como su pareja destinada, Liana no era para él, ella no podía ser su destino, no cuando el deseo de Roth iba mucho más alto: ser el líder de todas las manadas junto con Lyra.

—     Ten cuidado… — Murmuró Roth. — No sabes con qué estás jugando.

—     No… — Susurró Liana. — El que no sabe eres tú.

Esa respuesta fue el error de Liana, o el detonante.

Roth reaccionó sin pensarlo, la tomó por la muñeca, la empujó contra un árbol, presionando su cuerpo contra el de ella, fuerte, dominante, con su respiración chocando.

—     ¿Siempre fuiste así? — Gruñó Roth cerca de su boca. — ¿Tan orgullosa…? Incluso cuando no tienes nada.

Liana no apartó la mirada, pero su respiración se quebró apenas.

—     Sí, pero tú eres peor… — Respondió Liana luchando por mantenerse impasible. — Un alfa que necesita aplastar para sentirse grande.

Eso le dolió a Roth, más de lo que debería.

—     Podría hacerte desaparecer… — Roth apretó más la mano de Liana, susurrando con un tono amenazante. — Nadie preguntaría por ti.

—     Entonces hazlo. — Liana tragó saliva, pero no retrocedió.

De nuevo hubo silencio, Roth la miró y por un segundo, algo cambió, porque no quería hacerlo, porque no podía.

Porque lo que sentía no era solo rabia, era otra cosa, algo más oscuro, más profundo, más peligroso, era impotencia, era frustración, era el dolor de su lobo por no poder poseerla.

—     No. — Soltó Roth finalmente, con un tono más bajo, como si se estuviera rindiendo. — No todavía.

Lentamente, él soltó la mano de Liana, se apartó de su cuerpo, dio un paso hacia atrás sintiendo como cada músculo temblaba, como su piel seguía tensa.

Liana respiró profundo, sintiéndose libre y entonces, de repente él volvió a abalanzarse sobre ella y la besó.

No fue suave, no fue lento, fue un beso brutal, fuerte, apasionado, fue un beso necesario, uno que Roth había estado conteniendo demasiado tiempo.

Liana se tensó al instante, aunque su loba se derretía mentalmente, sus manos se alzaron para empujarlo.

Pero él no se apartó, la sostuvo, se aferró a ella, tomándola por la muñeca con una mano, presionándola por la cintura con la otra, empujándola contra el árbol.

La fuerza de Roth la obligó a quedarse y por un segundo, solo un segundo, Liana no lo rechazó.

Ese fue el problema, ese fue su error, porque cuando reaccionó, cuando ella se dio cuenta de que estaba cayendo justo en dónde no quería, fue peor.

Liana lo empujó con fuerza, usando incluso la falta de voluntad de su loba, sacando una energía de dónde ella misma no sabía, pero logró romper el contacto y apartar a Roth, quien la miró confundido, viendo como ella respiraba agitada, con los ojos brillando.

—     No vuelvas a tocarme así… — Soltó Liana, con la voz rota pero firme.

Roth la observó, agitado, su pecho subía y bajaba, su mirada no era tranquila.

—     No mientas… — Murmuró él. — Lo sentiste, sentiste lo mismo que yo…

Error.

Liana sonrió, pero no era una sonrisa bonita, era amarga.

—     Claro que lo sentí… Lo mismo que sentí el primer día que nos vimos, cuando supe que eras mi pareja destinada y me rechazaste… — Respondió Liana con un tono lleno de rabia y desprecio. — Sentí exactamente lo que eres… Y ya no quiero nada de eso… Ya no quiero nada de ti.

Eso golpeó a Roth, directo a su orgullo, directo a su lobo.

Roth no respondió, no podía, porque algo dentro de él acababa de romperse un poco.

Liana pasó junto a él y tomó la cubeta para irse, avanzando de regreso al campamento sin dudar, sin detenerse, sin mirarlo ni una sola vez.

—     No vuelvas a buscarme… — Añadió Liana, mientras se alejaba. — Porque la próxima vez, no voy a dudar en destruirte también… Como lo hice con Eros.

Y se fue.

Roth se quedó ahí, solo, con la respiración pesada, con el cuerpo tenso y con algo nuevo creciendo dentro de él.

Un sentimiento, una sensación de inestabilidad.

Minutos después, Roth ya no parecía el mismo que Liana había dejado en el bosque.

Cuando volvió a la caravana, su rostro estaba controlado, su postura volvía a ser perfecta, su voz era firme, como si nada hubiera pasado, como si no llevara aún el sabor de Liana en la boca.

Se detuvo frente a la carpa de Lyra, dudó un segundo, luego llamó suavemente.

—     Lyra.

Luego de un momento, hubo movimiento dentro de la carpa, la tela se abrió y Lyra apareció, aún inquieta, aún pensativa.

—     ¿Roth? — Lyra arrugó el entrecejo, extrañada.

—     ¿Puedo pasar un momento? — Roth suavizó ligeramente la expresión, lo justo.

Lyra dudó, pero al final asintió.

Roth entró, el espacio era pequeño, cerrado, una pequeña colcha individual, una maleta a un costado y un par de metros para caminar.

Lyra sintió el cambio al instante, Roth estaba demasiado cerca para su gusto o comodidad.

—     ¿Pasó algo? — Preguntó Lyra de inmediato, retrocediendo, incómoda.

—     Nada que no pueda manejar. — Roth negó con la cabeza.

Luego se acercó un paso, Lyra intentó retroceder otro más, pero ya no había más espacio y entonces, Roth sacó algo de su mano.

Era una flor, pequeña, silvestre, de pétalos claros, casi plateados.

Lyra la miró, sorprendida, estática, sin saber qué hacer, decir o como moverse.

—     La vi antes… — Explicó Roth. — Y me recordó a ti.

Lyra se quedó en silencio por un momento, eso la descolocó.

—     ¿A mí? — Preguntó ella, incrédula.

—     Si… — Roth asintió. — Porque crece en lugares donde nada más lo hace… y aun así, sobrevive.

Lyra no supo qué decir, tomó la flor y sus dedos rozaron los de él un segundo, ella sintió una especie de estática.

—     Gracias… — Murmuró Lyra.

Roth la observó y por un instante a Lyra le pareció sincero, eso era lo peligroso, pues ella aún no sabía si podía confiar en él.

—     Descansa… — Dijo Roth finalmente y salió.

Leo ya estaba ahí, afuera de la carpa de Lyra, esperando en las sombras, había visto suficiente, de hecho, había visto demasiado.

Roth lo notó al instante, pero no se detuvo, intentó pasar a un lado de Leo como si no sucediera nada.

—     ¿Vas a decir algo? — Preguntó Leo, dando un paso al frente.

—     No tengo nada que decirte… — Roth lo ignoro y siguió.

—     Te vi. — Soltó Leo.

Roth se detuvo en seco.

—     ¿Ah, sí?

—     Liana salió del bosque… — Continuó Leo. — Luego, tú saliste por el mismo camino.

Leo dio otro paso, acercándose lentamente a Roth, con los puños apretados a los costados y una mirada amenazante.

—     Y ahora sales de la carpa de Lyra.

Hubo un momento de silencio, Roth giró lentamente la cabeza y lo miró, directo.

—     ¿Y?… ¿Acaso pretendías que dejara a Liana sola de noche en el bosque después de lo que sucedió con Lyra está tarde? — Se excusó Roth.

—     Solo tengo que decirte una cosa, no sé qué estás intentando hacer con Lyra… — La voz de Leo bajó, pero se volvió más firme. — Pero ella no es alguien que puedas mover como una pieza más en tu juego… No intentes jugar con ella.

—     No lo hago. — La respuesta de Roth fue inmediata. — ¿Por qué me interesaría una loba condenada como Liana?

—     Te lo advierto, ten cuidado… — Añadió Leo, más bajo.

—     ¿Qué? — Roth sonrió. — ¿Me lo advierte un simple beta como tú?

—     Llámame lo que quieras… — Leo le sostuvo con la mirada. — Pero cuando Lyra se rompe… No es a ti a quien busca.

Roth arrugó el entrecejo de inmediato, ya había visto el acercamiento que había entre Lyra y Leo, pero no estaba dispuesto a rendirse.

Le dio a Leo una última mirada de desprecio y se marchó.

Mientras tanto, desde la distancia, Liana también los observaba en silencio, en la oscuridad, con los labios aun temblando y con una decisión formándose en su pecho.

“¿Por qué me interesaría una loba condenada como Liana?”, eso había dicho Roth después de besarla.

Entonces…

Si Roth quería jugar en las sombras, ella iba a aprender a dominarlas.

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