INICIAR SESIÓNTariqLa llamé varias veces antes de salir, pero no respondió. Cuando llamé a Fhad, dijo que estaba en una reunión con su gente y cuando logré que Omar respondiera, se ofreció a tomar el maldito mensaje como si fuera su asistente y no el mío. Pero después de una hora seguía sin hacerlo. Solo guardé el teléfono hasta que Khalid avisó que el transporte ya esperaba, y me dije que una tarde de protocolo no necesitaba su aprobación, pero eso no aplacó mi ansiedad.Por la cantidad de medios en la entrada, supe que Saleh había diseñado todo esto para que el emirato entero estuviera atento a mis siguientes pasos. Ese era el acuerdo, y yo entré al salón de la embajada de Bakr dispuesto a pagar el precio sin quejarme: una hora de fotografías, un brindis, la mano de Reem sobre mi brazo el tiempo justo y la narrativa que ambos queríamos dejar sellada. No habría ojos sobre Ely y eso valía cualquier sacrificio.Khalid me indicó con la mirada que ella ya venía desde la entrada lateral, y me prep
ElyLe clavé el codo en las costillas antes de que la risa de Marlén llegara a oídos de los demás. Nuestro equipo ya la conocía, pero me negaba a pasar vergüenza en ese lugar por su culpa. Pero ella se dobló fingiendo un ataque de tos tan exagerado que me obligué a sonreírle a Tariq, y este me miró como si estuviera loca. Claro, después de echarlo anoche debía estarlo. —Compórtate —susurré entre dientes, mientras ellos se acercaban.—Me estoy comportando. De lo contrario, te diría que ese hombre te está mirando como si quisiera comerte el zócalo, te lo juro. ¡Qué calor!—¡Marlén!—Ya. Mi lado de arquitecta profesional. Lo tengo.Tariq vio al grupo e hizo un gesto para que fuéramos juntos hacia ellos y esperó a que le presentara a cada uno usando ese encanto diplomático que parecía tan natural en él. Cuando llegó el turno de Marlén, ella hizo una reverencia tan exagerada que a mí me dieron ganas de empujarla, pero él ni siquiera pareció inmutarse. —La recuerdo. Estuvo en la fiesta d
ElyNo sé cuánto tiempo estuvimos así, con el mundo reducido al calor de su pecho contra el mío, pero en algún momento mi espalda tocó el colchón, y mis piernas se abrieron solas mientras le quitaba la camisa con una urgencia que ya no podía disimular. Él se apartó apenas lo suficiente para mirarme, con la respiración alterada y los ojos tan oscuros que sentí un tirón en el estómago.—Me dijiste que no renunciabas a mí —murmuró contra mis labios.—No estoy renunciando —susurré, aunque no pude sostenerle la mirada, porque a pesar de que mi cuerpo lo ansiaba, mi cabeza no dejaba de calcular el precio—. Pero, Tariq… no sé si deberíamos…—No me pidas que pare, Eliany.Su mirada suplicante me desarmó y, en lugar de pedirle lo que era más sensato, lo atraje a mí, disfrutando que su mano bajara por mi costado y acariciara mi muslo. Dibujó un camino con sus labios por mi cuello, jadeando, aferrado a mí. Sentí la forma en que sus dedos se cerraban en mi cintura y cómo su cuerpo respondía al m
TariqMe arrepentía de haberme movido de su lado, pero el emirato también era mi prioridad. Ahora iba camino a buscarla y asegurarme de que el veneno de esa maldita serpiente no hubiera dejado secuelas y de que el miedo en sus ojos había desaparecido.Faltaban escasos cinco minutos para llegar cuando la vibración insistente de mi teléfono rompió el silencio del habitáculo. Al leer el nombre de Omar en la consola, descolgué con un golpe seco. —Te dije que solo me llamaras en una emergencia. —Y lo es, Alteza —susurró a través del altavoz—. Saleh Al-Hadid giró la orden de que el puerto cerrará hasta nuevo aviso, y está aquí ahora. Dice que no se irá hasta que pueda aclarar ciertas cláusulas con usted… en persona.—Lo entiendo —Apreté los dedos contra el cuero del asiento—. ¿Qué más sabemos?—En el diwan empiezan a mencionar… inquietudes sobre la estabilidad institucional de la transición. Según Hattan, si no respondemos hoy y esto se convierte en una decisión formal…—Llegará al consej
ElyDesperté con la boca seca y la pierna ardiendo debajo de la venda. La luz atravesaba la celosía en franjas doradas sobre la cama y, por un momento, no supe si seguía en el hospital o no. Pero el olor a jazmín mezclado con café me despertó del todo y recordé que Omar me trajo de regreso hacía unas horas.Solté una risa sin ganas al recordar también lo tonta que me sentí al esperar a Tariq en su lugar, porque no lo veía desde que el médico llegó a darme los resultados del laboratorio. Pensé que había aprendido la lección con Harry, pero no era así.Miré mi nueva habitación, mucho más grande que mi apartamento de Londres y la mitad de otro y sin poderlo evitar, alcancé el teléfono y empecé a fotografiar el techo dorado, la cama blanca, y las mandé al grupo de Candela Pura que teníamos mi familia y mi mejor amiga antes de que el dolor me hiciera arrepentirme.Yo: Esto es un palacio. Confirmo que no hay cafetera, pero hay un timbre para llamar a alguien que te traiga café.Marlén: ¿Y
TariqEsperaba encontrar a Reem en el salón, pero solo estaba mi madre de pie frente al balcón, mirando al horizonte. —Reem se fue, pero acordamos que mañana hablaré con Whitmore para que la arquitecta culmine esta fase hasta que venga su sustituto. —¿Intentas aleccionarme? —pregunté con diversión.Ella giró y elevó el mentón antes de sonreír.—Si es lo que necesitas… —Eso no va a ocurrir, madre. —Tu padre y yo te educamos para ser un hombre de honor, Tariq. Si esto se sabe, tu imprudencia no solo afectará a esa chica en más sentidos de los que comprenderías, sino que a nosotros… Dos golpes precipitados la interrumpieron cuando uno de sus guardias entró sin esperar autorización. Llevaba una mano pegada al auricular en su oreja y una urgencia en los ojos que decía que algo iba mal aún antes de abrir la boca. —Alteza, emergencia en el ala de invitados. La arquitecta sufrió una mordedura de serpiente.Salí corriendo sin percatarme cómo llegué hasta el pasillo donde la música amorti







