LOGINAhhhh... mira tú por donde la Raisa
Capítulo extra —RomRom, como le decían al pequeño Román, tenía la risa de Dante y la mirada de Ivanka.Eso decía Aylin cada vez que lo veía correr por los pasillos de la casa Volkova con las mejillas coloradas, el cabello oscuro revuelto y esa seguridad peligrosa de los niños que todavía no saben que medio mundo se arrodillá ente ellos .Ivanka fingía molestarse.—¿Tiene mi mirada? —preguntóAylin, sentada junto a la chimenea con una taza de té entre las manos, observaba a su nieto perseguir una pelota pequeña entre los muebles.—Sí, y la usa igual que tú cuando quiere salirse con la suya.Rom se detuvo en seco, como si hubiera entendido que hablaban de él, aunque apenas tenía la edad suficiente para pronunciar ciertas palabras sin mezclarlas con un balbuceo ruso-español.—Abuela —dijo, señalando la pelota.Aylin dejó la taza a un lado y abrió los brazos.—Ven aquí, mi amor.Rom corrió hacia ella con toda la violencia amorosa de un niño pequeño. Aylin lo recibió en su regazo, y por u
Capítulo 150 — El milagro improbableDante no trasladó su vida a Rusia para vivir a la sombra de Ivanka.No ocupó un lugar prestado en la casa Volkova ni metió las manos en la Bratva como si el matrimonio le diera derecho a tocar una corona que no era suya. Rusia tenía dueña. La Bratva tenía una glava. Ivanka había recuperado su nombre con sangre, fuego y una voluntad que ningún hombre de la mesa podía volver a discutir.Dante tenía lo suyo.Antes de Nueva Jersey, antes de tomar aquel territorio en nombre de los Adler, había estado Chicago. Una empresa de seguridad informática como pantalla, limpia en la superficie, con contratos, empleados, auditorías impecables y clientes corporativos. Debajo, sin embargo, respiraba otra cosa: servidores ocultos, cuentas invisibles, rutas digitales, información robada y entradas abiertas en esa parte de la red donde los hombres peligrosos creían que esconderse detrás de una pantalla los volvía intocables.Dante solo movió el centro.Cambió la logíst
Capítulo 149 —La noche compartidaLa casa Volkova no parecía la misma, esa noche tenía música. Tenía voces. Tenía copas levantadas, velas encendidas y un murmullo extraño, casi imposible, de hombres que en otro momento se habrían apuntado antes de compartir una mesa.Los rusos observaban a los Adler con una mezcla de recelo y curiosidad.En el centro de todo, Dante e Ivanka bailaban.No era un vals perfecto, no intentaba serlo.Ivanka llevaba una mano sobre el hombro de Dante y la otra entrelazada con la suya. Él la sostenía por la cintura con una firmeza que no tenía nada de exhibición y todo de pertenencia elegida.—Están mirando —murmuró Ivanka.Dante bajó apenas la boca hacia su oído.—Que miren.Ella levantó la vista hacia él, con una ceja apenas arqueada.—Hace unas horas estabas midiendo quién respiraba demasiado cerca.—Sigo midiendo.Ivanka soltó una risa baja, y Dante sintió esa risa en el pecho como si algo terminara de acomodarse.—¿Te das cuenta? —preguntó ella, más suave
Capítulo 148 — Dos tronos, una camaDante no llegó a Rusia para sentarse en un trono.Eso fue lo primero que Ivanka dejó claro.Lo dijo en una sala llena de hombres que habían aprendido a escuchar solo cuando el poder tenía forma de amenaza. Estaban reunidos alrededor de la mesa larga de la casa Volkova: jefes viejos, aliados recientes, enemigos obligados a fingir neutralidad y algunos hombres que todavía miraban a Dante Adler como si fuera una enfermedad extranjera entrando por una puerta que no debió abrirse.—Adler no tiene sangre rusa —dijo Kirilenko, el viejo del bastón—. La Bratva no obedece a un extranjero.Ivanka apoyó la mano del anillo sobre la mesa.—Nadie le pidió que lo obedeciera.Dante no habló. No porque no tuviera respuesta, sino porque había entendido por fin que aquella batalla no se ganaba ocupando el espacio de Ivanka. Se ganaba permitiendo que todos vieran que ella no necesitaba que él hablara para que su presencia pesara.—Entonces ¿qué es Adler aquí? ¿Consorte?
Capítulo 147 —CelosLa casa Volkova por fin estaba callada.O al menos fingía estarlo.Detrás de las paredes seguía Rusia, con sus hombres de traje oscuro, sus armas escondidas, sus pasillos demasiado fríos y esa mesa de lobos que jamás terminaba de llenarse de problemas. Pero en el dormitorio, con las sábanas hechas un desastre y la chimenea encendida, Ivanka decidió que el mundo podía caerse durante unas horas sin pedirle permiso.Estaba desnuda, acostada boca abajo sobre Dante, con una pierna cruzada sobre las suyas y el cabello revuelto tapándole media cara. Dante le acariciaba la espalda con una lentitud que no tenía nada de inocente, aunque el cansancio de ambos ya había dejado la habitación en esa calma tibia de después.—Si mañana ese ruso vuelve a mirarte de esas forma, voy a matarlo —dijo él.Ivanka abrió un ojo contra su pecho.—Ese ruso tiene sesenta y dos años.—Puede morir igual.Ella soltó una risa ronca, todavía con la voz tomada por el cansancio y él.—Tiene problemas
Capítulo 146 —El extranjero en la nieveLa nieve caía sobre la propiedad Volkova cuando Grigori abrió la puerta de la sala sin anunciarse.Ivanka estaba de pie frente a una mesa cubierta de mapas, cuentas y nombres escritos en tinta negra. Tres jefes menores esperaban respuesta. Uno había llegado con excusas. Otro con una promesa demasiado limpia. El tercero con la clase de silencio que solo tenían los hombres cuando creían que una mujer no notaba las mentiras antes de escucharlas.Ivanka apoyó la mano del anillo sobre la madera.—El viernes —dijo—. Ni una hora después.El hombre frente a ella inclinó la cabeza.—Glava Bratvy, mover esa suma requiere...—Requiere obediencia —lo cortó.La sala quedó quieta. El hombre tragó saliva.—Sí, glava Bratvy.Grigori permanecía en el umbral.Ivanka giró hacia él con la paciencia al borde.—¿Qué ocurre?El administrador no miró a los hombres de la reunión. La miró solo a ella.—Dante Adler está en la propiedad.El mundo no se detuvo, fue peor. Si







