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Secretos

Autor: Naira Black
last update Fecha de publicación: 2026-06-05 12:00:25

—Lo que yo haga con ese archivo no es de tu incumbencia, Kyler —sentenció Daniel, guardando el USB en el bolsillo interior de su saco de diseñador—. No lo quiero para mi disfrute personal, idiota. Eso es una herramienta para el futuro. Un seguro de vida corporativo. Si en algún momento Alissa intenta salirse del redil, si su familia intenta usar su posición para desestabilizar mis acciones en

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  • El Sustituto de mi Esposo: Secretos de un Gigoló   El archivo de las páginas blancas y el secreto de la tinta perpetua

    El calor del mediodía en Coro se sentía denso, casi palpable, haciendo que el aire sobre el asfalto del bulevar brillara con un temblor vaporoso. En el complejo de A2: Trazo Libre, las grandes puertas de vidrio esmerilado permanecían cerradas para proteger el interior del rigor caribeño, mientras los sistemas de aire acondicionado mantenían el sanctasanctórum de los talleres en una temperatura fresca y perfecta para el tratamiento del papel. Eran las dos de la tarde de un martes que amenazaba con ser interminable. Me encontraba en la planta baja, justo al lado del archivo histórico de la editorial, hojeando los volúmenes encuadernados de las colecciones que habíamos publicado durante los últimos quince años. A mi lado, Kyler revisaba las especificaciones técnicas de una nueva remesa de papel ecológico importado de Europa, con las mangas de su camisa blanca dobladas hasta los codos y el ceño fruncido en esa actitud de concentración absoluta que tanto le caracterizaba cuando se tr

  • El Sustituto de mi Esposo: Secretos de un Gigoló    El cuaderno de las pequeñas respuestas y la promesa del atardecer

    El sol de un sábado de finales de agosto caía sobre Coro con esa intensidad dorada y generosa que parecía fundir el cielo y la arena en una sola línea de fuego apacible. En el complejo de A2: Trazo Libre, los talleres permanecían cerrados por el descanso del fin de semana, pero el jardín de la casa principal —ese oasis de buganvilias, grama verde y sombra de algarrobos que habíamos cultivado con los años— bullía con una energía completamente distinta: la vida doméstica en su estado más puro y desordenado.Eran las cuatro de la tarde. Me encontraba sentada en la mecedora de mimbre del porche, con un cuaderno de espiral blanco sobre las piernas y un lápiz en la mano, intentando poner orden en la lista de encargos para el próximo curso escolar. Sin embargo, mi concentración duraba exactamente lo que tardaban Aiden y Cassia en inventar una nueva travesura a pocos metros de distancia.Aiden, con dieciséis años recién cumplidos y una altura que ya superaba la mía, intentaba enseñarle a uno

  • El Sustituto de mi Esposo: Secretos de un Gigoló    (Epílogo): El trazo que trasciende el tiempo

    El viento de agosto soplaba sobre la península de Paraguaná con esa misma fuerza indomable y salada que parecía desafiar cualquier intento de quietud, pero el paisaje que se extendía frente a la casa blanca frente al mar ya no guardaba el aspecto de un refugio improvisado en medio de la nada.Quince años habían transcurrido desde aquella época en que las resmas de papel bond, las cajas de cartón y la incertidumbre de una memoria fragmentada dictaban el pulso de nuestras mañanas. Ahora, el complejo de A2: Trazo Libre ocupaba una hectárea entera junto a la costa de Coro: un edificio moderno de líneas limpias, ventanales de cristal templado que reflejaban el azul intenso del Caribe, y talleres donde decenas de jóvenes diseñadores, impresores y artistas gráficos locales trabajaban con la misma pasión que Alejandro y yo habíamos impreso en la primera máquina encuadernada en un garaje alquilado.Eran las seis de la tarde. El sol comenzaba su descenso hacia el oeste, tiñendo el cielo de la p

  • El Sustituto de mi Esposo: Secretos de un Gigoló   Capítulo 173: El último trazo y el eco eterno de la marea

    El aire de la madrugada en Madrid tenía esa pureza cortante, casi metálica, que anunciaba los últimos coletazos de la primavera antes de que el verano castellano impusiera su ley implacable sobre los tejados de pizarra del barrio de Salamanca. Eran las cinco de la mañana. La ciudad entera dormía un sueño profundo y pesado, envuelta en la penumbra de las farolas que proyectaban sombras alargadas sobre las aceras adoquinadas.Dentro del piso señorial, el silencio solo era interrumpido por el murmullo lejano de algún taxi nocturno en la gran vía y por la respiración acompasada de Aiden y Cassia en su habitación del fondo.Yo no podía dormir.Me levanté de la cama con sumo cuidado, procurando no despertar a Kyler, cuyo brazo fuerte y pesado aún descansaba cruzado sobre mis sábanas, aferrándose a mí incluso en sueños como si temiera que el amanecer pudiera arrebatarme de nuevo. Me enfundé una bata de algodón suave, descalza sobre las alfombras persas, y caminé despacio hacia el estudio.La

  • El Sustituto de mi Esposo: Secretos de un Gigoló   Capítulo 172: El eco de los nombres recuperados y la promesa del alba

    El invierno en Madrid comenzaba a ceder tímidamente ante el empuje de una primavera anticipada que filtraba rayos de sol dorado a través de los grandes ventanales de nuestro piso en el barrio de Salamanca. Habían transcurrido ya varios meses desde nuestra llegada a España, y la vida se había estabilizado en un compás de trabajo intenso, risas infantiles y la calma profunda de sabernos resguardados en el hogar que habíamos construido ladrillo a ladrillo.La editorial Vanguardia Cultural se había consolidado como un referente del diseño independiente en Europa, y los cuadernos escolares y agendas docentes de A2: Trazo Libre ocupaban los escaparates de las librerías más prestigiosas de Madrid y Barcelona. Sin embargo, el verdadero milagro de aquella temporada no se encontraba en las cifras de ventas ni en los contratos internacionales, sino en los pasillos silenciosos de mi propia mente.Eran las siete de la mañana de un domingo luminoso. Me encontraba de pie frente al espejo del baño pr

  • El Sustituto de mi Esposo: Secretos de un Gigoló   Capítulo 171: Los hilos que regresan y el eco de los nombres perdidos

    El invierno en Madrid había avanzado lo suficiente como para teñir los tejados del barrio de Salamanca con una fina capa de escarcha matutina, pero dentro de nuestro piso señorial la atmósfera era cálida, densa y vibrante. Habían pasado ya varios meses desde nuestra llegada a España. El éxito de la sucursal europea de A2: Trazo Libre superaba con creces cualquier expectativa comercial: los catálogos escolares diseñados con nuestra identidad visual se distribuían ahora en más de cuarenta colegios bilingües de la península, y las agendas docentes ilustradas con dinosaurios Kawaii y girasoles se habían convertido en el objeto de deseo de bibliotecas y librerías independientes en Madrid y Barcelona.Sin embargo, para mí, el verdadero triunfo no se medía en contratos editoriales ni en euros depositados en cuentas bancarias, sino en las luces tenues que, muy de vez en cuando, comenzaban a encenderse en los pasillos oscuros de mi memoria.Eran las diez de la mañana de un sábado tranquilo. Lo

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