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Capítulo 4

Author: Carla Cadete
last update Petsa ng paglalathala: 2026-01-08 09:31:17

Capítulo 4

Zacky caminó mientras Dolores intentaba seguirlo descalza, sosteniendo los zapatos rotos. Él abrió la puerta de una de las habitaciones de la casa principal y dio un paso a un lado, permitiéndole entrar.

El aire allí dentro era fresco, renovado de forma natural por el viento que atravesaba las ventanas abiertas. Nada de aire acondicionado artificial. El ambiente era amplio, luminoso y acogedor. Una alfombra suave ocupaba parte del suelo y, justo en el centro, había una cama tan grande que podría acomodar fácilmente a tres personas.

Ella se quedó parada en la puerta, sorprendida.

La vista desde la ventana daba directamente a las montañas teñidas de rosa por el atardecer. Era impresionante.

Zacky cruzó los brazos mientras observaba su reacción.

—Puedes quedarte aquí mientras tu engreído no venga a buscarte —dijo, con esa voz grave que parecía estar siempre al borde de la provocación.

Dolores torció los labios.

—Él tiene nombre.

—No me interesa. —Zacky señaló hacia una esquina de la habitación—. Allí hay un baño integrado. Bañera, ducha, toallas. Usa lo que necesites.

Ella dio unos pasos hacia dentro y tocó la madera rústica de la cómoda. Todo allí parecía natural, cómodo… distinto a cualquier lugar en el que hubiera estado.

—Es… bonito —admitió, casi a su pesar.

Zacky soltó una risa baja.

—Es funcional. —Miró el reloj de su muñeca—. Son las cinco de la tarde. Cenamos a las siete, en el área gourmet de afuera.

Ella alzó la mirada, dudosa.

—Yo… ¿puedo ir a la cena?

Él se encogió de hombros.

—Puedes hacer lo que quieras mientras estés en mi propiedad. Solo no esperes una alfombra roja.

Dolores entrecerró los ojos.

—Lo haces a propósito.

—¿Hacer qué?

—Irritar.

Él esbozó una sonrisa lenta, insolente.

—¿Yo? No. Solo estoy siendo honesto.

Zacky se dio la vuelta para salir, pero se detuvo en la puerta.

—Si quieres descansar, perfecto. Si quieres darte un baño, mejor aún. Pareces a punto de desmayarte.

—Gracias por la amabilidad —respondió ella con sarcasmo.

—No fue amabilidad. Fue una constatación —provocó, levantando una comisura de los labios—. Te veo en la cena… si no huyes antes.

Y salió, dejándola allí, entre el encanto del lugar y la rabia creciente por aquel vaquero insoportablemente atractivo.

La habitación era tan grande y acogedora que ella se sintió pequeña allí dentro. Se quitó la blusa y la falda, y dejó la ropa cuidadosamente doblada sobre el sillón. Necesitaba ese baño. Necesitaba recomponerse.

---

Mientras tanto, afuera, Zacky caminaba hasta su coche. Abrió el maletero, tomó la maleta y la llevó hasta la puerta de la habitación, dejándola allí sin llamar. No quería asustar a la chica ni hacer ninguna broma. Solo estaba siendo educado… o intentándolo, incluso siendo brusco.

Al salir a la galería, escuchó pasos que venían del corral. Maurício apareció secándose las manos en los jeans, con una sonrisa pícara.

—Hay una dama hermosa en la casa, patrón —comentó, sin ocultar la emoción.

Zacky soltó un bufido corto, ajustándose el sombrero en la cabeza.

—Huésped temporal —respondió, seco—. Y un problema seguro.

Maurício rió, negando con la cabeza.

—Si todo problema viniera así… que Dios me libre de la solución.

Zacky lo miró de reojo, pero la comisura de su boca amenazó con subir.

Por unos segundos, miró hacia la galería de la habitación donde había dejado la maleta y se preguntó por qué diablos una mujer como Dolores le alteraba tanto la cabeza, si ni siquiera la quería allí.

---

Dolores permaneció un buen rato frente al espejo, indecisa. No había llevado vestidos sofisticados, ni los necesitaba. Al final eligió el más simple de la maleta: un vestido ligero, de color neutro, que se deslizaba por su cuerpo sin marcar demasiado… pero tampoco ocultar sus curvas naturales.

Recogió el cabello de una manera delicada y se puso solo un toque de su perfume habitual. No quería llamar la atención.

Cuando bajó las escaleras de la casa grande, escuchó el sonido de las botas de Zacky sobre el suelo de madera. Venía desde el área gourmet, acomodándose los guantes de trabajo en el cinturón.

En cuanto alzó la vista y la vio, se detuvo.

Literalmente se detuvo, como si hubiera recibido un golpe invisible.

El vestido sencillo le quedaba a la perfección. Nada brillante, nada corto, nada escandaloso. Pero era justamente la forma suave en que la tela marcaba su cintura, sus caderas y el balanceo sutil al caminar lo que hizo que algo dentro de él fallara.

Y entonces sintió el perfume. Cuando la brisa ligera llevó el aroma hasta él, Zacky respiró hondo sin querer. El pecho se le llenó, el cuerpo se le tensó por completo y, por un segundo, casi perdió el equilibrio. Tuvo que apoyar la mano en el respaldo de la silla más cercana.

Dolores solo lo notó cuando lo vio tragar saliva.

—Yo… espero no llegar tarde —dijo ella, con una voz suave y tímida.

Él parpadeó dos veces.

—No… —se aclaró la garganta—. Llegaste justo a tiempo.

Ella sonrió. Y esa sonrisa golpeó a Zacky directo en el estómago.

Él giró el rostro, aspirando aire como si se hubiera quedado sin aliento.

—Vamos… —murmuró, abriendo espacio para que ella pasara—. La cena ya casi está lista.

Pero cuando Dolores pasó junto a él, el perfume volvió a llenar sus sentidos.

Zacky apretó la mandíbula.

Fue instintivo, una reacción que no logró controlar. Su mirada bajó por las curvas discretas del vestido, volvió a subir hasta su rostro y, por un instante, olvidó por completo que, horas antes, solo quería que ella se marchara.

Si esa mujer no dejaba la finca pronto… sería un problema. Un problema grande en su vida y en el autocontrol que siempre creyó tener.

Dolores percibió la tensión, pero no entendió el motivo.

—¿Todo bien?

Zacky parpadeó despacio, respiró hondo y dio un paso atrás, abriéndole paso.

—Todo bien —respondió, con la voz más grave de lo que pretendía—. Vamos a cenar antes de que la comida se enfríe.

Ella caminó hacia el área gourmet. Todo era completamente distinto a su vida en la ciudad.

Él la seguía de cerca. Demasiado cerca.

Dolores sintió su presencia incluso antes de oírlo arrastrar la silla.

—Puedes sentarte.

Dolores sonrió, sincera.

—Gracias… por dejarme quedarme. Aunque no quisieras.

Él la miró fijamente.

—No dije que no quisiera —cruzó los brazos, apoyando el hombro en el marco—. Solo dije que no necesito problemas.

Ella rió.

—¿Yo parezco un problema para ti?

—Lo pareces. Y mucho.

Dolores abrió la boca, sorprendida, pero antes de poder responder, el aroma de la comida llegó hasta ellos.

Zacky giró el rostro, recuperando la compostura.

—Vamos a comer —dijo con firmeza—. Antes de que empiece a pensar demasiado.

No lo admitiría, pero ya estaba pensando demasiado.

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