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Capítulo 8

last update Fecha de publicación: 2026-01-11 01:19:35

Capítulo 8

Él suspiró al sentir el peso de su pecho en su mano. La piel caliente, suave y delicada lo incendió por completo. Un sonido ronco escapó de su garganta.

Inclinó el cuerpo sobre el de ella, hasta encajarse entre sus piernas.

Dolores deslizó las piernas por los costados del cuerpo de él, invitándolo, atrayéndolo, provocándolo para que siguiera adelante. Él sostuvo su cadera hasta alinear perfectamente sus cuerpos.

Bajó la cabeza y besó su cuello, devorando cada centímetro de piel expuesta.

—Ah… —arqueó la espalda cuando los labios de él descendieron por el valle de sus pechos, calientes y húmedos, dejando un rastro que hacía fallar su respiración.

Apartó con el índice la tela del sujetador y llevó uno de los pezones hinchados a la boca, succionándolo despacio, luego con más fuerza, mamándolo con ganas. El cuerpo de ella tembló por completo hasta sentir el líquido de la excitación entre las piernas.

—Eso… así… —susurró, hundiendo las manos en su cabello.

Él gimió contra su piel, el sonido grave vibrando directo dentro de ella. Con la otra mano, apretó su cintura y descendió hasta la curva de las caderas, hasta encontrar el borde del encaje fino de la braguita. Su pulgar rozó la piel sensible por encima de la tela y ella casi se quedó sin aliento.

—Ah, vaquero…

Se mordió el labio, pero no lograba callarse; era más fuerte que ella.

—Quiero sentirte.

Él deslizó la mano dentro de la prenda de encaje, encontrando su piel caliente, húmeda y palpitante.

Ella sujetó su mano y gimió al sentir los dedos tocándola, notando la humedad de su cuerpo.

—Estás lista —susurró él, con la voz grave como un trueno.

Otro gemido escapó de ella cuando él deslizó los dedos despacio, explorando la suavidad de la piel delicada y los pliegues sensibles.

Ella separó las piernas para recibirlo aún más, sin pudor, sin temores, solo deseo. Y cuando él introdujo dos dedos en ella, lentamente, todo su cuerpo vibró, un gemido alto escapando de sus labios.

—Eso… no pares…

Entonces comenzó a mover los dedos en un ritmo alucinante. El cuerpo de ella temblaba, los sonidos escapando de su garganta sin control. Él volvió a bajar la boca, succionando su pecho mientras la penetraba con los dedos, aumentando la presión y el ritmo.

Ella llevó la mano al rostro de él, intentando atraerlo hacia arriba; quería besarlo.

—Aún ni siquiera he empezado.

Se quedó sin aire.

La forma en que la miraba… aquella mirada de posesión, promesa y hambre… hizo que su cuerpo lo deseara aún más. Retiró los dedos lentamente de su interior, solo para oír el sonido involuntario que escapó de los labios de Dolores, casi una protesta.

Él sonrió.

—Tranquila… te lo daré todo. Pero a mi manera.

Sin romper el contacto visual, llevó los dedos a su propia boca y los lamió despacio, saboreándola.

Dolores gimió débilmente.

—Dios mío… —se excitó aún más con la visión. Nunca había tenido un hombre como él.

—Sí… —murmuró— ahora eres mía por completo.

Volvió a besarla sin control; la lengua invadió su boca con prisa, pura necesidad física.

Su cuerpo se encajó en el de ella. Abrió el pantalón y lo deslizó hacia abajo. Dolores volvió a sentir su erección presionando su vientre, y el aire le faltó otra vez.

—¿Lo quieres? —preguntó él, sosteniendo su rostro con la mano enorme.

—Lo necesito —corrigió ella, jadeante, sincera hasta lo más profundo del alma.

Él gruñó bajo. Aquella mujer lo enloquecía.

Bajó la mano y le quitó por completo la braguita de encaje, luego el sujetador. La observó completamente desnuda frente a él, y sus ojos se oscurecieron aún más.

—Hermosa —murmuró— hermosa de una forma que duele.

Abrió sus piernas despacio; la manera en que la miraba la hizo sentirse adorada.

Pateó el pantalón, dejando las piernas libres; sujetó su miembro y pasó el glande por su entrada, solo rozando, provocando, y ella jadeó alto.

—Zacky…

—Shh… —susurró, besando su garganta— voy a hacerte temblar incluso antes de tenerte por completo.

Y entonces, sin más aviso, solo con la certeza de que estaba lista, la penetró —lento, profundo, entero.

Dolores gritó su nombre sin darse cuenta, tan intenso fue el placer de la penetración.

Él se detuvo allí, dentro de ella, completamente inmerso, conteniéndose para no apresurarlo todo.

Dolores tenía los ojos cerrados; por muy mojada que estuviera, el vaquero era grande. Estaba ensanchando su cuerpo al límite. Pero no tuvo valor para detenerlo; estaba curiosa por saber si sería aún mejor en las embestidas.

—Mírame —pidió él, sujetando su mentón.

Ella abrió los ojos.

Él comenzó a moverse.

—¡Ah, Dios! —dijo ella, bajando las manos para sujetar su cadera, que se movía despacio, pero con el paso de los segundos iba más rápido—. Ah… —temblaba— …no pares…

—No lo haré… vas a saber lo que es estar con un hombre de verdad.

Sus caderas aceleraron, encontrando el punto exacto que hizo desaparecer su mundo. La tormenta se desvaneció; para ella solo existían los dos en ese momento inolvidable.

Ella gimió alto contra su pecho al sentir la primera ola de orgasmo apoderarse de ella.

Él la sujetó por las caderas, sintiendo cada contracción a su alrededor, e intensificó los movimientos, golpeando con fuerza sus caderas contra las de ella.

Al sentir los últimos suspiros de ella, solo entonces dejó que su propio placer tomara el control. Liberó hasta la última gota de su semilla dentro de ella. Sus gemidos eran roncos y graves. El placer que aquella mujer le proporcionó fue increíble.

—Ahora sí…

Dolores, exhausta y sonriendo, solo deslizó los dedos por su cabello y susurró:

—Fue perfecto, vaquero…

Él se movió hacia un lado sin desconectarse de su cuerpo y tomó un cojín para dejarlos más cómodos. Suspiró al traerla contra su pecho, cerrando los ojos, satisfecho.

No sabía qué actitud tomar con ella en ese momento, si debía alejarse o no. Pero, con la lluvia cayendo con fuerza y los truenos sacudiendo el cielo, decidió que era mejor mantenerla entre sus brazos. No quería que el pánico regresara, no después de todo lo que ella había enfrentado.

Y tal vez… solo tal vez… también fuera porque quería tenerla de nuevo.

Respiró hondo, intentando controlar su propio impulso, pero una única verdad se apoderó de él:

Necesitaba más.

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