INICIAR SESIÓNNo había entendido el nerviosismo que le había entrado a Maximiliano. Me parecía un poco gracioso, de hecho, porque yo era una mujer loba, una de raza superior, y mi hija también sería de segunda generación. Sería fuerte al nacer y yo sería fuerte para soportar el parto, a pesar de que la enorme contracción que me atravesó me hizo doblar en dos. Pero Maximiliano estaba demasiado asustado y no entendía por qué.Ni siquiera tuvimos tiempo de llegar a la hacienda. Las mujeres más experimentadas de la manada me llevaron hasta el pequeñísimo centro de salud que había en el pueblo, donde atendían las heridas de los humanos y los casos extraños de los lobos. La verdad, no me imaginé en qué caso un lobo podría ir al hospital; su sanación acelerada lo arreglaba todo. Pero una de las mujeres me comentó, después de hacerle esta pregunta, que tenía que ver con esperma. — ¿De qué estás hablando? — le pregunté mientras apretaba el cuerpo con otra contracción. — Ya lo sabes: el esperma de los lobo
Se arrodilló ante mí y yo ni siquiera entendí por qué el Alfa de la manada estaría nervioso. Enfrentó guerras y batallas, frente a los peones que custodiaban el laberinto, se enfrentó con su propio hermano y en una pelea de muerte, y estaba ahí con la voz temblorosa mientras, arrodillado frente a mí, extendía el anillo. — ¿Serías mi Luna? ¿Mi Luna de verdad? Y esta vez para siempre.Yo me arrodillé a su lado mientras le daba un beso en los labios. — Siempre he sido tu Luna. Creo que desde el primer instante en el que crucé por la puerta de tu habitación, desde el primer instante en el que me dijiste que iba a tener que darte un heredero. Resulta que sí, voy a quedarme aquí para siempre.Iba a ser feliz. Era todo lo que necesitaba.Alguien tenía un teléfono y nos estaba grabando, cosa que me pareció graciosa. Habían grabado el momento.Evidentemente, justo como el Alfa había dicho, comenzamos a digitalizar la manada. Unos meses después de haber regresado, un grupo técnico que vino de
Ayudamos en todo lo que pudimos para que la nueva ciudad comenzara a asentarse. Pero después de un par de días, ya no podíamos estar un segundo más; debíamos regresar a nuestro hogar, a nuestro verdadero hogar, el que nos estaba esperando desde hacía muchísimo tiempo.Nos despedimos de Edison. El hombre nos despidió con abrazos muy fuertes. — Gracias por todo — nos dijo — . De verdad, gracias por todo, hermano — dijo cuando se despidió de Maximiliano — . Espero tenerte por aquí al menos una vez a la semana. Ahora eres un concejal; tu opinión cuenta, al igual que la de las gemelas del aquelarre. Vamos a crecer todos juntos, ya verás que sí. — Me alegra que hayas sido tú — le dijo el Alfa de Alaska — De verdad me alegra que hubieras sido tú el que los Primeros eligieron para liderar la Puerta de Hielo. No me imagino a nadie que hubiera podido hacerlo mejor.Se fundieron nuevamente en un abrazo muy fuerte y dimos la vuelta para marcharnos. Pero Isabel estaba ahí. La niña observaba e
El entierro de los Primeros fue lindo. Nadie tenían mucho que decir; no existía en ese momento alguien en vida que los hubiera llegado a conocer para comentar algo. Así que Franco fue el encargado de hablar sobre ellos, sobre el enorme sacrificio que habían hecho para que al fin su poder muriera. Mara desató el poder que había impuesto sobre aquel enorme ataúd de hielo, y los cuerpos desnudos de los Primeros fueron envueltos en mortajas de lino y oro, y enterrados en la tierra frente al enorme laberinto, con enormes lápidas de piedra con sus nombres verdaderos.Pero en ningún momento pusieron sobre las lápidas que eran los Primeros, porque no podían hacerlo. La idea de seguir conservando el laberinto es que cada Calipso y cada Bastian que existieran pensaran que los Primeros seguían ahí encerrados y no buscaran a los nuevos herederos del poder de la diosa Luna. Al menos aquello funcionará por unos años; después, ya veremos qué pasará. Esperemos que Mara, Franco y Francisco no fuesen f
La manada de Bastian había enviado a un representante. Era el lobo que el Alfa había dejado a cargo antes de emprender su misión hacia el laberinto junto con el Rey Cuervo. Cuando llegó con nosotros, fue invitado al interior del muro. Y cuando entramos, todos nos recibieron con fuertes aplausos. Recibieron a los Primeros como se lo merecían: con aplausos y abrazos y muchas señales de respeto.Yo me sentía extrañamente sobrecogida por lo que veía. Nos habíamos reunido en el enorme salón donde se había llevado a cabo el juicio. Cuando llegamos al muro, había humanos, vampiros, hombres lobo y gente del bosque, todos unidos. Y al parecer, Franco también había pensado lo mismo. Mara creó un pequeño atril chasqueando los dedos, de un metro de altura, donde Franco se posicionó. No necesitaba nada como eso para que su presencia resaltara por sobre los demás. — Hoy — comenzó, observándolos a todos — , los Primeros nos dieron sus poderes y gran parte del conocimiento de cómo usarlos. Pero lam
Una vez la Rey Cuervo dijo aquellas palabras, el muro frente a nosotros comenzó a temblar. No se derrumbó; más bien, como si comenzara a abrirse una puerta, comenzó a fundirse, creando una corriente de agua que pasó por nuestros pies empapándonos. El muro era demasiado ancho, pero al menos lo suficientemente ancho para que todos pasáramos al mismo tiempo.Cuando atravesamos el hielo, el frío nos invadió. Me solté del agarre de Franco para abrazar con fuerza a Maximiliano, que extendió su conciencia hasta nuestra pequeña hija. Cada vez se sentía más viva y más palpable. Imaginé que tendría que acostumbrarme a verlo haciendo eso para siempre, a sentir la presencia de su hija, a sentirla creciendo en mi interior.Cuando cruzamos al otro lado, nos encontramos con la pradera. No hacía 24 horas que la había visto por última vez, pero la recibí con alegría. ¿Íbamos a llevar una vida entera atrapada en aquel laberinto? Me arrodillé en el suelo y toqué con las palmas de mis manos el césped.Y







