LOGIN“¿Estás sorda? Ya te dije que el matrimonio ha terminado.” Su voz se elevó, firme y definitiva. “A partir de este momento, yo, Damon Cross, te rechazo a ti, Amber Smith, como mi compañera.” *************** Amber Smith es la esposa de Damon Cross, el poderoso alfa de la Manada Luna Plateada y un rico y carismático director ejecutivo. Para el mundo exterior, ella es la mujer afortunada que se casó con el rico y apuesto director ejecutivo. Pero, detrás de puertas cerradas, no era más que una completa desconocida para él. El día en que iba a revelarle que estaba embarazada, Amber regresa a casa y lo encuentra en la cama con su exnovia. En un intento por escapar del dolor, toma la decisión de abandonar el país, enterrando sus sentimientos en lo más profundo de su corazón. Seis años después, regresa al país, ya no como la tímida omega que una vez fue, sino como una de las directoras ejecutivas más prestigiosas del mundo. Y esta vez, no será ella quien persiga el amor.
View MoreEn las bulliciosas calles nocturnas de Duskdale, Amber Cross regresaba a casa desde el hospital, con una brillante sonrisa extendiéndose por su rostro mientras sostenía un sobre marrón fuertemente contra su pecho.
Las palabras del médico resonaban alegremente en su mente.
“¡Felicidades, señora Cross! ¡Tiene dos semanas de embarazo!”
Amber dejó escapar un suave chillido de felicidad, con los dedos temblando de emoción mientras acariciaba delicadamente su vientre.
Como Luna de la Manada Luna Plateada, la humillación siempre había sido parte del paquete. Casada con el Alfa Damon, heredero de un imperio de miles de millones de dólares y líder de una de las manadas más poderosas de la región. Sin embargo, ante los ojos de los miembros de la manada, ella seguía siendo solo una humilde omega que se había casado por encima de su posición.
¿Y Damon?
Él nunca la había amado de verdad.
La única razón por la que aceptó el matrimonio fue el vínculo de compañeros.
No había afecto.
Ni calidez.
Solo deber.
Pero ahora, con este embarazo en camino, Amber no podía evitar esperar que todo pudiera cambiar.
Su corazón latía con fuerza mientras llegaba a la casa de la manada.
Con un suave empujón, abrió la puerta principal y entró, solo para ser recibida por el inconfundible sonido de gemidos provenientes del piso de arriba.
Un nudo se formó en su pecho, y sus piernas apenas podían sostenerla.
Apretó el sobre con más fuerza contra su pecho, con los dedos temblando.
¿Damon? ¿Teniendo sexo?
No… eso no podía ser cierto.
Pero, en el fondo, ella ya lo sabía.
Los sonidos que resonaban por toda la casa dejaban muy poco espacio para la duda.
Aun así, como una tonta aferrándose a la negación, comenzó a subir las escaleras, cada paso más pesado que el anterior, cada respiración más difícil de dar.
Por favor, deja que esté equivocada. Por favor, que todo esto sea un terrible malentendido.
Oró en silencio.
Pero cuanto más se acercaba, más fuertes se volvían los gemidos.
Crudos.
Inconfundibles.
Su corazón golpeaba como un trueno dentro de su pecho.
Llegó a la puerta del dormitorio.
Y entonces lo escuchó, tan claro como la luz del día.
Carne golpeando contra carne.
Gruñidos entrecortados.
“¡Ah…! ¡Más rápido!” gritó una voz femenina.
“¡Fóllame, Damon!” volvió a gritar la misma voz.
“¡Lo quiero más fuerte!”
Incapaz de soportarlo un segundo más, Amber empujó la puerta de golpe. Sus manos volaron hasta su boca, horrorizada por la escena que tenía delante.
Sobre la cama estaba su esposo, el Alfa Damon, completamente desnudo, embistiendo con fuerza a la rubia que gemía ruidosamente debajo de él.
Sus manos sujetaban con fuerza sus suaves pechos, completamente ajeno al hecho de que Amber estaba allí, de pie junto a la puerta, observándolo.
“Oh… ¡Me encanta tanto, Bel!” gimió Damon mientras embestía con más fuerza.
Amber sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
Cada embestida era una puñalada dolorosa en su corazón.
“¿Da… Damon?” consiguió decir, mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.
“Amber…”
Damon siseó al posar la vista sobre ella.
Con un gruñido, salió bruscamente de la chica y la apartó de un empujón antes de ponerse los pantalones.
“¿Por qué te detuviste, Damon? ¡Te dije que lo quería fuerte!” preguntó la chica, sin entender por qué Damon se había detenido justo cuando estaba a punto de alcanzar el clímax, mientras se levantaba de la cama.Los ojos de Amber se abrieron de par en par al verla.
Bella Blaine.
La exnovia de Damon.
Había abandonado la manada en el mismo momento en que descubrió que Amber era su compañera destinada.
Entonces… ¿qué estaba haciendo allí ahora?
La voz de Amber tembló mientras el dolor y la traición inundaban su pecho.
“¿Cómo pudiste hacerme esto?” susurró, sintiendo cómo su corazón se hacía pedazos con cada palabra.
¿Era realmente este el hombre del que se había enamorado? ¿El mismo hombre por el que había sacrificado todo?
El rostro de Damon permaneció indiferente, frío.
“Oh, ahórrate ese acto de lástima, Amber. Siempre supiste que nunca te amé”, se burló. “Tres años y ni siquiera un beso, ¿verdad? ¿Eso no te dijo nada?”
Bella soltó una risa aguda y cruel.
Se inclinó hacia delante con una sonrisa maliciosa.
“Eres una simple sanguijuela, Amber. ¿De verdad pensaste que Damon alguna vez estaría satisfecho con una omega tan patética como tú?”
Escupió aquellas palabras con amargura mientras se ponía una camisa demasiado grande… la camisa de Damon. Era obvio por la forma en que le quedaba.
Amber no pudo hablar.
Tenía la garganta cerrada.
Sus manos temblaban mientras apretaba el sobre con más fuerza contra su pecho.
“Verás, Amber…” comenzó Damon, con un tono impregnado de frialdad mientras caminaba hacia Bella y rodeaba posesivamente su cintura con los brazos.
“Bella siempre ha sido la única para mí. La única razón por la que permanecí en este matrimonio fue porque te necesitaba para asegurar mi posición en el Consejo Alfa. Ahora que ya conseguí lo que necesitaba, ya no tengo ningún uso para ti.”
Sus palabras fueron como cuchillos.
Lágrimas frescas llenaron los ojos de Amber.
Apretó el sobre con más fuerza.
Siempre había sabido que él no la amaba.
Pero aun así, estaban casados.
Eran compañeros destinados, unidos por la propia Diosa Luna.
Tragándose su orgullo, dio un paso al frente y le tendió el sobre, con la voz apenas por encima de un susurro.
“Mira esto… Yo estoy…”
“El matrimonio termina aquí”, la interrumpió Damon con frialdad.
Amber parpadeó, completamente atónita.
“¿Q… qué?”
Su voz se elevó, firme y definitiva.
“¿Estás sorda? Ya te dije que el matrimonio ha terminado.”
Luego, sin la menor vacilación, gruñó:
“A partir de este momento, yo, Damon Cross, te rechazo a ti, Amber Smith, como mi compañera.”
El dolor la golpeó como una ola devastadora.
Amber se llevó una mano al pecho mientras el vínculo de compañeros se desgarraba violentamente en su interior. Sus piernas cedieron y cayó al suelo, jadeando en busca de aire.
El rechazo dolía mil veces más que su traición.
Extendió la mano hacia él, rezando por la más mínima muestra de compasión.
Pero Damon la miró con desprecio, luego se dio la vuelta y se marchó sin decir una sola palabra.
Bella lo siguió, pero se detuvo al notar el sobre tirado en el suelo.
Lo recogió y lo abrió antes de que Amber pudiera detenerla.
Su rostro se llenó de sorpresa al leer su contenido.
“¿Estás… embarazada?” preguntó, completamente atónita.
Amber no respondió.
No podía.
No en el estado de debilidad en el que se encontraba.
La expresión de Bella cambió rápidamente de incredulidad a furia.
“¿Cómo te atreves a intentar sabotear nuestra relación con este documento falso?” siseó, rompiendo el informe en pedazos y dejándolos caer como confeti alrededor del cuerpo destrozado de Amber.
Luego se inclinó hacia ella, con los ojos llenos de desprecio.
“No te atrevas a decirle una sola palabra de esto a Damon. Si lo haces, te juro que te arrepentirás.”Después se incorporó,
echó su cabello hacia atrás con arrogancia y salió de la habitación, cerrando la puerta de un portazo.
Amber permaneció en el suelo, en silencio.
Con el corazón hecho pedazos.
Su mundo… destruido.
Dana permanecía en medio de la habitación, hundiendo los dedos en sus rizos mientras contemplaba a Marcus, quien ahora dormía plácidamente en la cama.Él no se había movido en mucho tiempo desde que se quedó dormido sobre su hombro, justo después de alejarse del beso.Su corazón se aceleró ante el recuerdo. Apenas podía creer que realmente hubiera besado a su Alfa, algo con lo que había soñado hacer durante tanto tiempo.Aún podía recordar el tacto de sus labios sobre los suyos, el sabor de su boca y el roce cálido de su aliento contra su cuello.Su mirada permanecía fija en él... en sus largas pestañas, su mandíbula marcada y el suave subir y bajar de su pecho al respirar. Su corazón palpitaba desbocado mientras trazaba la curva de sus labios, la forma de su nariz y, finalmente, se detenía en el rostro del hombre del que se había enamorado perdidamente. Una sonrisa asomó a sus labios por un instante, antes de desvanecerse rápidamente al recordar la razón por la que él se encontraba e
Los últimos días habían sido los peores para Marcus. Ninguna cantidad de trabajo o reuniones nocturnas lograba evitar que su mente volviera a dar vueltas en torno a Amber.Desde su último encuentro, le había enviado decenas de mensajes de texto, la había llamado sin cesar y, aun así, ella no le había devuelto la llamada.Se pasó una mano cansada por los rizos y se quedó mirando fijamente la laptop abierta frente a él.Titulares. Cifras. Informes. Distracciones sin sentido destinadas a mantenerla fuera de sus pensamientos. Y, sin embargo, nada parecía funcionar ya.Su teléfono vibró en el escritorio a su lado, sacándolo de su estupor.Drax, su investigador privado, era quien llamaba.Marcus lo tomó y respondió con voz baja: —¿Hola?—Jefe, tengo noticias sobre Amber, como pidió.El pecho de Marcus se detuvo al escuchar su nombre. —Adelante.—Alguien entró a robar en su casa la semana pasada y secuestró a Jason.La mandíbula de Marcus se tensó y se puso de pie de un salto. —¿Qué? ¿Secues
Amber permaneció junto a la puerta incluso después de que Jessie se hubiera marchado.Tenía demasiado miedo de volver a entrar…Demasiado miedo de quedarse a solas con él.Pasaron diez minutos antes de que por fin reuniera el valor suficiente para regresar al interior.Lo primero que la recibió fue el sonido de unas risas que llegaban desde la sala.Damon estaba de pie en medio de la habitación, con las mangas arremangadas hasta debajo de los codos, sosteniendo una almohada mientras reía a carcajadas, esquivando los ataques de los niños con las suyas.No se parecía en nada al Alfa frío y despiadado que en otro tiempo había matado sin mostrar la menor compasión.Ahora parecía…Un hombre común.Humano.Un padre disfrutando de un momento feliz junto a sus hijos.Los niños vieron a su madre de pie en la entrada y dejaron de reír de inmediato.Jessie fue la primera en hablar.—¿Puede mamá jugar con nosotros también, papi?—Sí, papi. ¿Puede unirse mamá? —preguntó Jason con entusiasmo.Damon
UNA SEMANA DESPUÉS—Dios mío, Damon se ve tan bien cuando está con los niños. Mira lo fácil que les saca una sonrisa —dijo Jessie, con una enorme sonrisa extendiéndose por su rostro mientras observaba a Damon jugar con los pequeños en la sala.Amber siguió su mirada.—Sí, ¿verdad? No puedo creer lo fácil que conecta con ellos. A este paso, hasta se van a olvidar de que existo.Jessie se volvió hacia ella.—Ay, deja de ser tan dramática, Bree. Sabes perfectamente que eso nunca va a pasar. Los niños te quieren tanto como quieren a su padre.Amber suspiró.—Lo sé… Solo me preocupa lo mucho que se han encariñado con él. A este paso, podrían empezar a sugerir que se mudara con nosotros.Jessie sonrió con picardía.—¿Y eso sería realmente tan malo?Amber puso los ojos en blanco.—Sé lo que estás intentando hacer, Jess… y no va a funcionar.—¿Por qué no?—Porque Damon tiene su propia vida que vivir y una manada que dirigir. Y yo tengo la mía… y a los niños, de quienes debo cuidar. Así que no












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