INICIAR SESIÓNLa pregunta me sorprendió, aunque llevaba varios minutos deseando que lo hiciera. Había pasado demasiado tiempo recordándome que enamorarme de Ethan era peligroso. Pero aquella noche casi habíamos muerto y no quería seguir rechazando cada momento agradable por miedo a un futuro que ya no parecía conocer. Asentí. Ethan se inclinó lentamente y rozó mis labios con los suyos. El beso fue suave al principio; después, su mano se deslizó hasta mi nuca y me acercó un poco más. Apoyé los dedos sobre su mejilla y cerré los ojos. Cuando nuestros labios se separaron, permanecimos muy cerca. Ethan apoyó su frente contra la mía. —¿Estás bien? —preguntó. —Sí —respondí con una sonrisa. Su pulgar volvió a acariciar mi mejilla. —Me alegra. Lo observé durante unos segundos. Sin su habitual expresión autoritaria, parecía dispuesto a esperar todo el tiempo que necesitara. Me acerqué y lo besé nuevamente. Esta vez no esperé a que él tomara la iniciativa. Ethan correspondió al beso y me abrazó c
ARIAEl estruendo fue ensordecedor.Un segundo antes, Ethan me sostenía de la cintura mientras intentábamos escapar del incendio. Al siguiente, me empujó contra el suelo y cubrió mi cuerpo con el suyo.La enorme estructura de madera se desplomó sobre nosotros.El impacto hizo temblar el suelo. Algo se rompió sobre nuestras cabezas y una lluvia de astillas cayó a nuestro alrededor. El polvo me llenó la boca, mezclándose con el humo que comenzaba a invadir el salón.Intenté incorporarme, pero Ethan me mantuvo inmóvil.—¡Ethan! —grité.—No te muevas —respondió con la voz tensa—. Todavía no.Abrí los ojos y descubrí que tenía una mano apoyada junto a mi cabeza, mientras con el otro brazo sostenía parte de la estructura que había caído. Una viga descansaba sobre su hombro y la sangre comenzaba a extenderse por la manga de su camisa.—Estás herido —susurré.—Escúchame, Aria. Hay espacio a tu izquierda. Necesito que salgas por ahí.Miré la viga que amenazaba con desplomarse sobre él.—No voy
—No sabemos todavía qué pretendía esa persona.—Lo sé. Pero yo quería acompañarte esta noche, Ethan, y todavía quiero hacerlo.La observé unos instantes. Parecía más tranquila, aunque tenía los ojos enrojecidos y las manos lastimadas.—Está bien. Si quieres marcharte en cualquier momento, me avisas.—Lo haré.Llamé a una doncella para que la ayudara a arreglarse y curara los rasguños de sus manos. Mientras esperaba en el corredor, el capitán de la guardia regresó con las primeras noticias de la investigación.—Hablamos con la señora Morris, mi señor. Asegura que no recibió ninguna nota destinada a su esposa y que tampoco le pidió a nadie que entregara un mensaje en su nombre. Estamos buscando a la muchacha que se lo dio a la doncella de la señora Aria para averiguar quién le indicó que dijera eso.—Quiero que hablen con las dos y reconstruyan el recorrido de esa nota —ordené—. También necesito que la encuentren. Podría ayudarnos a identificar a quien la escribió.El capitán asintió y
ETHANCorrí hacia el extremo del corredor en cuanto reconocí la voz de Aria. El sonido provenía de una de las últimas habitaciones, cuya puerta permanecía cerrada. Intenté girar la manija y, al comprobar que no se movía, examiné la cerradura. Alguien había colocado el cerrojo desde afuera.—¡Aria, estoy aquí! —grité, golpeando la madera—. ¡Voy a sacarte!—¡ETHAN! ¡POR FAVOR, SÁCAME DE AQUÍ! —respondió entre sollozos—. ¡NO QUIERO SEGUIR AQUÍ!Nunca la había escuchado hablar así. Su voz se quebraba entre una palabra y otra, muy distinta del tono desafiante con el que acostumbraba responderme.—Necesito que te alejes de la puerta —le indiqué—. Voy a derribarla.—Está bien… ¡Pero date prisa, por favor!Esperé hasta que me confirmó que estaba junto a la pared. Entonces retrocedí y embestí la puerta con el hombro. El primer golpe hizo crujir el marco; el segundo aflojó el cerrojo y, al tercero, la cerradura cedió.Entré de inmediato. La galería estaba tan oscura que apenas distinguía los mu
POV: ETHAN Mi esposa llevaba cuarenta minutos de retraso. Y yo estaba empezando a perder la paciencia. Los invitados ya habían ocupado sus lugares en el salón de banquetes. Los músicos afinaban sus instrumentos y los representantes de las manadas aliadas aguardaban nuestra entrada oficial. Pero Aria no aparecía. Había enviado a dos sirvientes a buscarla y ambos habían regresado con la misma respuesta. No estaba en sus habitaciones. Aquello me irritaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. Le había pedido que me acompañara porque quería pasar la noche con ella. Por primera vez desde nuestro matrimonio, esperaba con interés asistir a uno de aquellos eventos interminables. Incluso había ordenado que prepararan algunos de sus platos favoritos. Y ahora mi esposa había desaparecido. —Alfa. Me volví al escuchar la voz de Camille. Llevaba un vestido rojo oscuro y el cabello recogido sobre la nuca. Se había arreglado con el mismo esmero de siempre, pero había algo diferente e
Comencé a irritarme. ¿Qué clase de broma era aquella?—Muy gracioso —dije, golpeando la madera—. Ya puedes abrir.Al no escuchar respuesta, volví a girar el picaporte con más fuerza y empujé la puerta varias veces, hasta que un ruido metálico al otro lado me hizo detenerme. Alguien había echado el cerrojo desde fuera.La irritación que sentía comenzó a transformarse en inquietud. Aquello ya no parecía una simple broma.—¿Hola? ¿Hay alguien ahí?Golpeé la puerta varias veces, esperando que alguien escuchara el ruido y viniera a ayudarme, pero el corredor permaneció en silencio. Intenté tranquilizarme, repitiéndome que no había motivos para asustarme. Ethan terminaría notando mi ausencia y vendría a buscarme. Solo tenía que ser paciente.Sin embargo, cuando miré hacia las ventanas, descubrí que el sol estaba desapareciendo detrás de los árboles. La poca luz que iluminaba la galería comenzó a desvanecerse, dejando los rincones sumidos en sombras cada vez más profundas.Busqué instintivam







