Compartir

Capítulo 3

Autor: Rashy
last update Fecha de publicación: 2026-07-13 22:31:18

                                                                         Alexander

Caminé por los lujosos pasillos de la mansión familiar, sintiendo que el nudo de la corbata me asfixiaba más de lo normal. Había conducido hasta allí con la mente hecha un caos, pero al acercarme a la sala de estar, el eco de unas voces conocidas me obligó a detener el paso. Estaban hablando de mí. Mi querida y ruidosa familia ya estaba haciendo control de daños a mis espaldas.

—¡Te lo advierto, Richard! Si Alexander pretende volver con esa mujerzuela, será sobre mi cadáver —sentenció la voz afilada y llena de veneno de mi madre, Eleanor. La vi caminar de un lado a otro, agitando las manos con furia —. ¡No voy a permitir que se siga burlando de nuestro hijo!

—Eleanor, cariño, cálmate. Alexander ya es un hombre adulto, déjalo que haga lo que quiera —respondió mi padre con un suspiro pesado.

Richard Miller era un hombre grande, imponente y de pocas palabras, el antiguo pilar de nuestro imperio corporativo. Pero frente a mi madre, toda esa rigidez se ablandaba; seguía profunda y ciegamente enamorado de ella, dispuesto a complacer sus crisis con tal de mantenerla feliz. Aunque me pareciera una debilidad, en el fondo los amaba; mi familia era lo único real que tenía, y precisamente por eso cuidaba nuestro legado con un pragmatismo feroz.

—¿Qué lo deje hacer lo que quiera? ¡Jamás! —replicó mi madre, con los ojos encendidos—. No voy a sentarme a ver cómo arrastra nuestra dignidad por el fango otra vez.

Cerré los ojos, sintiendo un amargor pastoso en la boca. La sola mención de ese asunto me revolvía las entrañas. Zara. Recordar su nombre era recordar el día exacto en que decidí enterrar mi capacidad de amar bajo siete llaves. Me había prometido a mí mismo que jamás volvería a creer en el amor, ni a caer en la red de ninguna mujer. Las mujeres eran expertas en vender fantasías románticas para luego apuñalarte por la espalda, y Zara había sido la maestra suprema en ese arte. O al menos, eso era lo que me había jurado durante años.

Pero esa noche, todo el maldito suelo bajo mis pies se había vuelto inestable.

Haberla tenido frente a mí en el jardín, con los ojos empañados en lágrimas reales, me había descolocado por completo. No podía negar, por mucho que mi orgullo se resistiera, que todavía quedaban cenizas calientes de los sentimientos que alguna vez tuve por ella. Pero lo que realmente me estaba carcomiendo la cabeza eran sus palabras desesperadas mientras se aferraba a mi pecho: «Todo lo que creías, todo lo que viste no era verdad, Alexander. Yo nunca te traicioné, te lo juro por mi vida».

¿Una mentira para recuperarme o una verdad enterrada por mis enemigos? Necesitaba tiempo. Tiempo para investigar a fondo qué había pasado realmente en el pasado, rastrear las pruebas y descubrir si su supuesta infidelidad había sido un montaje. Y era precisamente por eso que la presencia de Zoe en mi oficina en ese momento era una pieza matemática perfecta.

Aprovecharía el trato con Zoe. Al presentarla ante el mundo y ante mi familia como mi novia, crearía la distracción perfecta. Mantendría a la prensa alejada, calmaría las exigencias moralistas de mi madre y, sobre todo, me daría el escudo y el tiempo necesario para investigar la verdad sobre Zara sin levantar sospechas. Zoe era leal, transparente y eficiente; la coartada ideal mientras yo resolvía el caos de mi pasado.

Por eso me servía tanto la ingenuidad de Zoe; ella creía en los cuentos de hadas y estaba perdidamente enamorada de mí. Lo sabía perfectamente. Lo notaba en cómo le brillaban los ojos en las juntas, en los detalles que recordaba de mis gustos y en cómo se le cortaba la respiración si me acercaba demasiado. Ella no me conocía en realidad, solo amaba la máscara idealizada de su jefe exitoso, pero yo no tenía escrúpulos en usar esa ilusión a mi favor. Su adoración real iba a ser el escudo perfecto frente a las cámaras de la prensa; actuaría tan bien que convencería a todos sin necesidad de guiones.

Antes de que la discusión en la sala continuara, un jadeo emocionado rompió mi hilo de pensamientos. Zeus, mi imponente pastor alemán, apareció trotando por el pasillo y se detuvo frente a mí, moviendo la cola. Me agaché levemente en la entrada, acariciando el pelaje del animal con suavidad, encontrando en su lealtad un respiro de la falsedad del mundo.

—¡Alex! ¡Llegaste! —saludó una voz alegre.

Mi hermana menor, Vanessa, apareció en el umbral con una sonrisa curiosa y los ojos brillantes de emoción. Se acercó a mí de inmediato, incapaz de contener el chisme del momento.

—Dime que no es verdad... ¿De verdad volviste con Zara?

El nombre golpeó el aire como un latigazo. Me tensé por completo, enderezando los hombros mientras mi postura se volvía rígida. Intentó abrir la boca para responder, pero mi madre apareció en la entrada de la sala, interrumpiéndome con una mirada cargada de autoridad.

—¡Te lo prohíbo, Alexander! ¡Te prohíbo terminantemente volver a ver a esa mujer! —exclamó, cruzándose de brazos—. Bastante tuvimos con aceptar a una actriz de mala muerte en esta familia.  ¿y para qué? Para que en cuanto pusiera un pie dentro, te engañara con cuanto hombre pudo. 

Se me endureció la mandíbula. Odiaba con cada fibra de mi ser que me recordaran esa traición, el engaño que me abrió los ojos y me enseñó que el amor era solo una debilidad.

Vanessa, al notar cómo mi expresión se oscurecía y mis ojos se volvían gélidos, intentó suavizar el ambiente. Me puso una mano en el brazo en un intento de consuelo.

—Ya, mamá, déjalo en paz —murmuró.

Fastidiado por la lástima y el contacto, le di un golpe seco en la mano para que me soltara y dejara de molestarme. Vanessa solo soltó una pequeña risita, demasiado acostumbrada a mi frío temperamento.

—Si vuelves con ella, Alexander, me demostrarás que eres un imbécil sin un gramo de dignidad —remató mi madre, barriéndome con la mirada.

—¡Ya basta! —la interrumpí,—. No he vuelto con Zara, ni volveré con ella jamás. No soy tan estúpido como para tropezar dos veces con la misma piedra.

Mi madre me miró con desconfianza, alzando una ceja.

—¿Ah, no? ¿Y quién era la mujer de la fotografía del hotel? 

—La mujer con la que salí es otra —sentencié, sosteniendo la mentira —. Mañana mismo la presentaré formalmente a la familia.

Un silencio pesado cayó en la sala. Mi padre me observó con duda, Vanessa entrecerró los ojos y mi madre soltó un bufido de incredulidad. Nadie en esa habitación parecía creerme una sola palabra; todos asumían que estaba inventando una pantalla para encubrir a mi antiguo y tóxico error del pasado.

No me inmuté ante sus miradas de escepticismo. Mientras caminaba hacia mi habitacion para dejarlos atrás, una sonrisa se dibujó en mis labios. Mi plan, al igual que todos mis negocios, era puramente transaccional y sin fisuras. Mañana, cuando trajera a Zoe a esta casa, sus ojos ridículamente enamorados se encargarían de borrar el nombre de Zara de las cabezas de mi familia sin que yo tuviera que esforzarme en fingir.

Y cuando este circo mediático terminara, le pagaría una enorme suma de dinero por sus servicios, le pediría amablemente que firmara su renuncia y la sacaría de mi empresa y de mi vida para siempre.

Sirviéndome un trago de whisky en mi vaso de cristal, corté el hilo de mis pensamientos mientras pensaba con total desdén hacia su recuerdo en la oficina:

«Qué mujer tan estúpida».

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • El amor irresistible de mi jefe   CAPÍTULO 153

    ZOEConduje durante varios minutos antes de cambiar de dirección. Necesitaba hablar con Alexander.Ya sabía que era el padre de mi hijo. Christopher acababa de confirmar que nunca había estado conmigo aquella noche y no existía ninguna otra posibilidad. Pero precisamente por eso necesitaba encontrar a Alexander antes de que el embarazo decidiera por nosotros.Él había dejado claro que no quería recuperarme gracias a un hijo. Yo tampoco quería regresar de esa manera. Quería decirle que seguía amándolo y que, después de todo lo que habíamos roto, todavía quería intentarlo con él. No porque fuera el padre de mi bebé, sino porque era Alexander.Le envié un mensaje preguntándole dónde estaba y detuve el auto cerca de su oficina. Mientras esperaba su respuesta, otro vehículo se estacionó detrás del mío.Reconocí a Zara en el retrovisor y bajé del automóvil.—¿Me seguiste? —le pregunté.Zara cerró la puerta de su vehículo con fuerza.—Necesitaba hablar contigo.—Pues yo no tengo nada más que

  • El amor irresistible de mi jefe   CAPÍTULO 152

    ZOE—Entonces este bebé no puede ser tuyo —dije, todavía con una mano sobre mi vientre.Christopher bajó la mirada y negó lentamente.—No, Zoe. No es mío.La confirmación terminó de romper algo que llevaba semanas sosteniéndose apenas por costumbre. Christopher me había dejado creer que habíamos pasado la noche juntos porque sabía que la verdad podía llevarme de regreso a Alexander. Mientras yo intentaba comprender mis recuerdos y cargar con la culpa, él había tenido todas las respuestas.—Se acabó, Christopher —dije.Él levantó los ojos hacia mí, pero no intentó acercarse.—Lo sé.—¿Lo sabes? Me mentiste durante semanas.—Y no tengo ninguna excusa —admitió Christopher—. Cuando te vi salir de la habitación de Alexander, entendí que estaba perdiéndote. Después despertaste confundida y tuve la oportunidad de decirte la verdad, pero tuve miedo.—Así que decidiste dejarme vivir una mentira.Christopher asintió con evidente vergüenza.—Pensé que si conseguía que te quedaras suficiente tiem

  • El amor irresistible de mi jefe   Capitulo 151

    ZOENo conseguí dormir.Llevaba más de una hora acostada, mirando el techo y repitiendo mentalmente la conversación de aquella tarde. Había descubierto que estaba embarazada, Eleanor había reaccionado de una manera sorprendentemente humana y, aun así, ninguna de esas cosas era la que me mantenía despierta.Era la cara de Alexander cuando escuchó que estaba de aproximadamente tres semanas.Y, sobre todo, la de Christopher cuando Alexander lo miró.Christopher dormía a mi lado. Después de semanas manteniendo cierta distancia, aquella noche había insistido en quedarse conmigo porque, según él, no quería que estuviera sola después de descubrir el embarazo.Lo observé durante unos segundos.Había intentado preguntarle nuevamente qué había significado aquel intercambio con su hermano, pero Christopher se había limitado a repetir que Alexander probablemente estaba sorprendido.No le creía.Me levanté con cuidado para no despertarlo y salí de la habitación. Necesitaba agua, despejarme y, sobr

  • El amor irresistible de mi jefe   Capitulo 150

    ZOETres semanas después de la gala, el olor del café me hizo correr hacia el fregadero antes de que pudiera probarlo.Me incliné justo a tiempo, con una mano apoyada sobre la encimera mientras esperaba que las náuseas disminuyeran. Era la tercera mañana consecutiva que me ocurría, aunque hasta ese momento había conseguido convencerme de que se debía al estrés, a las pocas horas de sueño o incluso a algo que había comido.—¿Otra vez? —preguntó Christopher al entrar en la cocina.Me enjuagué la boca antes de responder.—Estoy bien. Creo que algo me cayó mal.Christopher abrió uno de los gabinetes, sacó un vaso y lo llenó de agua.—Llevas varios días diciendo lo mismo, Zoe. Deberías ir al médico.—No necesito un médico por unas náuseas.—También estás agotada.—Porque duermo fatal.Christopher dejó el vaso delante de mí y no discutió. Durante las últimas semanas había aprendido a medir cada palabra conmigo, probablemente porque nuestra relación se encontraba en un punto extraño desde la

  • El amor irresistible de mi jefe   Capitulo 149

    ZoeUna ducha, dos vasos de agua y una taza enorme de café consiguieron aliviar un poco la resaca, pero no hicieron nada por ordenar mis recuerdos. Christopher había estado pendiente de mí durante toda la mañana y, aun así, cada vez que intentaba acercarme a lo ocurrido la noche anterior, encontraba alguna manera de cambiar el tema.Finalmente decidí que necesitaba estar sola.Salí de su habitación y avancé por el pasillo en dirección a la mía, pero apenas había recorrido unos metros cuando Alexander apareció al doblar la esquina.Los dos nos detuvimos.Alexander tenía el cabello desordenado y parecía haber dormido tan poco como yo. Lo extraño fue que, cuando me vio, su expresión se suavizó inmediatamente. No era la mirada hostil de los últimos días ni esa indiferencia calculada que había mantenido durante la gala. Me observaba con una cercanía que no entendí.—Buenos días, Zoe —saludó Alexander.—Buenos días —respondí con cautela.Él recorrió mi rostro con la mirada y una pequeña son

  • El amor irresistible de mi jefe   Capitulo 148

    ZOE —¡¿Qué haces aquí?! —grité mientras me incorporaba de golpe. Christopher abrió los ojos sobresaltado y se levantó sobre un codo, mirándome como si mi grito hubiera estado a punto de provocarle un infarto. —¡Zoe! ¿Qué demonios pasa? —preguntó él. Intenté alejarme, pero el movimiento hizo que una punzada brutal me atravesara la cabeza. Cerré los ojos y me llevé una mano a la frente mientras esperaba que la habitación dejara de dar vueltas. —Dios… siento que me va a explotar la cabeza —murmuré. —No me sorprende. Anoche bebiste demasiado —respondió Christopher, aunque había algo extraño en su voz. Cuando el mareo disminuyó, abrí los ojos y finalmente presté atención a mi alrededor. Estaba en la habitación de Christopher, cubierta únicamente por una sábana y con mucha menos ropa de la que recordaba haber llevado durante la gala. Mi vestido descansaba sobre una silla y uno de mis zapatos estaba tirado cerca de la cama. Sentí que el estómago se me cerraba. —Christopher,

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status