MasukZoe es una brillante empleada de marketing de origen humilde que vive secretamente enamorada de su jefe, el implacable y frío magnate Alexander Miller. Para Alexander, las personas son solo piezas de negocios, pero cuando un escándalo mediático con su exnovia amenaza su reputación corporativa, encuentra en Zoe la coartada perfecta. Sabiendo que la mirada de adoración de la joven es real y genuina, le propone un trato: un romance falso ante las cámaras para limpiar su imagen pública. Cegada por la ilusión y la inocente esperanza de conquistarlo, Zoe acepta el trato y se esfuerza con dulzura por ganarse un lugar en su vida, logrando incluso encantar a la poderosa familia de su jefe. Aunque la química física entre ambos estalla con una pasión salvaje que empieza a tambalear las defensas del magnate, un doloroso recordatorio de que Alexander se juró a sí mismo jamás volver a amar a otra mujer termina por romper el corazón de Zoe. Al darse cuenta de que solo es un peón en su tablero, ella decide alejarse definitivamente. Es entonces cuando Alexander, tras perder lo único real que daba por sentado, tendrá que dejar de lado su orgullo y luchar con uñas y dientes para ganarse, por primera vez de verdad, el corazón de Zoe.
Lihat lebih banyakMeses después—Si vuelves a tocarte el cabello, voy a atarte las manos.Miré a Clara a través del espejo.—Estoy nerviosa.—Llevas meses viviendo con ese hombre, tienen un hijo y todavía consigues ponerte nerviosa porque vas a caminar veinte metros hacia él.—Gracias por tranquilizarme.—Para eso están las mejores amigas.Solté una risa mientras Clara acomodaba por última vez mi vestido.Habían pasado meses desde el accidente.Meses de recuperación, conversaciones difíciles y pequeños pasos. Alexander y yo no habíamos intentado fingir que todo lo ocurrido podía desaparecer. Habíamos tenido que aprender a discutir sin destruirnos, a confiar sin exigir pruebas y, sobre todo, a dejar de utilizar el pasado como un arma.Nuestro hijo había nacido sano.Y Eleanor había cumplido su promesa.Cuando salí de la habitación, la encontré sosteniéndolo contra su pecho mientras le hablaba con absoluta seriedad. Mi hijo la observaba como si realmente entendiera cada palabra.—No empieces a enseñarle
ZOELos días posteriores al accidente transcurrieron entre médicos, revisiones y una vigilancia constante que comenzaba a desesperarme. Mi cuerpo todavía llevaba las marcas del impacto, pero cada vez que escuchaba el latido de mi bebé durante una revisión, todo lo demás perdía importancia.Zara continuaba detenida y enfrentaría cargos por haber provocado deliberadamente el accidente. No pregunté por ella más de lo necesario. Durante demasiado tiempo había permitido que otras personas ocuparan espacio en mi relación con Alexander y no pensaba seguir haciéndolo.Christopher apareció el día antes de que me dieran el alta.Estaba sola cuando llamó suavemente a la puerta. Lo observé entrar y, por primera vez desde que lo conocía, no tuve la sensación de que estuviera allí para competir con alguien.—¿Cómo te sientes? —preguntó Christopher, permaneciendo a cierta distancia de la cama.—Mucho mejor. Probablemente mañana podré irme.Él asintió, pero no hizo ningún intento por acercarse.—Me a
ZOEConduje durante varios minutos antes de cambiar de dirección. Necesitaba hablar con Alexander.Ya sabía que era el padre de mi hijo. Christopher acababa de confirmar que nunca había estado conmigo aquella noche y no existía ninguna otra posibilidad. Pero precisamente por eso necesitaba encontrar a Alexander antes de que el embarazo decidiera por nosotros.Él había dejado claro que no quería recuperarme gracias a un hijo. Yo tampoco quería regresar de esa manera. Quería decirle que seguía amándolo y que, después de todo lo que habíamos roto, todavía quería intentarlo con él. No porque fuera el padre de mi bebé, sino porque era Alexander.Le envié un mensaje preguntándole dónde estaba y detuve el auto cerca de su oficina. Mientras esperaba su respuesta, otro vehículo se estacionó detrás del mío.Reconocí a Zara en el retrovisor y bajé del automóvil.—¿Me seguiste? —le pregunté.Zara cerró la puerta de su vehículo con fuerza.—Necesitaba hablar contigo.—Pues yo no tengo nada más que
ZOE—Entonces este bebé no puede ser tuyo —dije, todavía con una mano sobre mi vientre.Christopher bajó la mirada y negó lentamente.—No, Zoe. No es mío.La confirmación terminó de romper algo que llevaba semanas sosteniéndose apenas por costumbre. Christopher me había dejado creer que habíamos pasado la noche juntos porque sabía que la verdad podía llevarme de regreso a Alexander. Mientras yo intentaba comprender mis recuerdos y cargar con la culpa, él había tenido todas las respuestas.—Se acabó, Christopher —dije.Él levantó los ojos hacia mí, pero no intentó acercarse.—Lo sé.—¿Lo sabes? Me mentiste durante semanas.—Y no tengo ninguna excusa —admitió Christopher—. Cuando te vi salir de la habitación de Alexander, entendí que estaba perdiéndote. Después despertaste confundida y tuve la oportunidad de decirte la verdad, pero tuve miedo.—Así que decidiste dejarme vivir una mentira.Christopher asintió con evidente vergüenza.—Pensé que si conseguía que te quedaras suficiente tiem






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