FAZER LOGINCapítulo 2
La noticia del testamento de Fernando Soto había sacudido los cimientos de la familia. Gabriel debía asumir la empresa, pero la sombra de sus hermanos lo acechaba. La calma aparente del pueblo contrastaba con la tormenta que se gestaba en la mansión Soto.
Lucía, la hermana mayor, no ocultaba su desprecio. Una tarde se acercó a María en la feria del pueblo.
—No creas que tu sencillez te abrirá las puertas de esta familia. Aquí todo se compra con poder.
María sostuvo su mirada, sin retroceder.
—El amor no se compra, Lucía. Y eso es lo que tu hermano y yo compartimos.
Andrés, pragmático y calculador, buscaba acercarse a María con un tono más amable.
—El campo necesita inversión. Tú podrías ser la llave para expandir nuestros negocios. Piénsalo bien, María.
Diego, en cambio, explotaba de celos. En una reunión familiar golpeó la mesa con violencia.
—¡Una campesina no puede ser parte de los Soto! ¡Esto es una vergüenza!
Gabriel intentaba mantener la calma, pero la presión lo desgastaba. María, entre lágrimas, le confesó:
—No sé cuánto tiempo podremos resistir. Tu familia no me acepta.
—Entonces tendremos que demostrarles que nuestro amor es más fuerte que su odio —respondió Gabriel con firmeza.
Los días siguientes se llenaron de rumores y miradas hostiles. María comenzó a recibir mensajes anónimos que advertían que debía alejarse de Gabriel. En silencio, guardaba cada papel como prueba de la conspiración.
Una noche, mientras caminaban juntos por el parque, Gabriel le dijo:
—Siento que mis hermanos están tramando algo. No confío en ellos.
María lo miró con valentía.
—Si quieren destruirnos, tendrán que enfrentarse a mí también. No pienso huir.
El segundo capítulo de su historia no era repetición, sino el inicio de una guerra silenciosa entre María y los hermanos Soto. La tormenta apenas comenzaba, y cada palabra, cada gesto, se convertía en un arma en la batalla por el amor y el poder.
Las paredes de la mansión Soto parecían escuchar cada secreto. Lucía, con su sonrisa helada, decidió cambiar de táctica. Una noche se acercó a María con un tono casi maternal:
—No quiero verte sufrir, querida. Si renuncias a Gabriel, yo misma me aseguraré de que tengas una vida cómoda. Una casa, dinero… todo lo que quieras. Solo debes dejarlo ir.
María, con el corazón encendido, respondió con firmeza:
—¿Crees que puedes comprar mi voluntad como compras voluntades en este pueblo? No soy tu sirvienta, Lucía.
Lucía se inclinó, susurrando como una serpiente:
—Entonces prepárate para perderlo todo. El amor no sobrevive cuando se le arranca la paz.
Andrés, calculador, jugaba un juego más sutil. Invitó a Gabriel a su despacho y desplegó documentos falsos que mostraban supuestas deudas de la empresa.
—Hermano, si insistes en mantener a esa mujer a tu lado, los inversionistas se retirarán. El campo se hundirá. ¿Estás dispuesto a sacrificar el legado de nuestro padre por una campesina?
Gabriel apretó los puños, consciente de la trampa.
—No voy a negociar mi amor como si fuera una acción en la bolsa.
Andrés sonrió con calma, dejando caer la frase como un veneno:
—Entonces verás cómo todo se derrumba… y ella será la culpable.
Diego, incapaz de controlar sus celos, buscó otra vía: sembrar dudas en María. Una tarde la interceptó en el parque.
—¿De verdad crees que Gabriel puede protegerte? Él es débil. Siempre lo ha sido. Cuando llegue el momento, te abandonará para salvarse.
María lo miró con rabia, pero sus palabras quedaron clavadas como espinas. Diego lo sabía: la manipulación no necesitaba pruebas, solo miedo.
Las cartas anónimas se volvieron más crueles. Ya no eran advertencias, sino amenazas veladas: “Si no te alejas, alguien saldrá herido.”
María las escondía, pero cada palabra era un golpe en su espíritu. Gabriel, al descubrirlas, juró enfrentarse a sus hermanos.
—No permitiré que te destruyan. Si quieren guerra, la tendrán.
María, con lágrimas que brillaban como fuego, respondió:
—Entonces que sepan que no me doblegarán. Si quieren manipularme, tendrán que romperme primero.
La mansión Soto se convirtió en un tablero de ajedrez donde cada hermano movía piezas invisibles. La manipulación era el arma más afilada, y María estaba en el centro de la tormenta. El amor y la traición ya no eran simples palabras: eran la estrategia de una guerra silenciosa que apenas comenzaba.
9 Meses Después...Mazamitla – El Hospital AbandonadoEl aire en el viejo hospital era gélido y olía a humedad, pero una de las salas había sido transformada en una clínica clandestina de lujo. Lucía gritaba de dolor y rabia, aferrada a las sábanas de seda que Iván había traído para ella.—¡Haz algo, Iván! ¡Sácala ya! —rugía Lucía entre contracciones.Afuera del cuarto, en el pasillo sombrío, Iván caminaba de un lado a otro, con el arma en la cintura y el sudor frío recorriendo su frente. Estaba aterrado de que el FBI irrumpiera en cualquier momento, pero la ansiedad de ser padre lo consumía.—¡Ya casi, Lucía! ¡Sé fuerte, por el imperio que le vas a entregar! —le gritaba Iván desde la puerta, con la voz temblorosa por los nervios.De repente, un llanto agudo y potente rompió el silencio del hospital. El médico salió con una pequeña envuelta en una manta amarilla. Iván la tomó en sus brazos con una mezcla de adoración y miedo.—Aquí está tu heredera, Iván. Es Sol... —susurró Lucía, exh
Puebla – El Asalto a la MansiónEl comando de élite del FBI, bajo las órdenes del agente Liam, rodeó la hacienda de Nancy García al amanecer. El estruendo de los helicópteros y las granadas aturdidoras rompió la calma de Puebla. Dentro, Nancy disparaba sus últimas municiones desde detrás de un pilar de mármol.—¡Nancy, no tienes escapatoria! —gritó Liam a través de un megáfono—. Entrégate y dime dónde están Lucía e Iván. Sabemos que viven aquí.—¡Prefiero morirme a que ustedes me atrapen, par de imbéciles! —rugió Nancy con una risa demencial—. No voy a decir nada. ¡Prefiero estar en el infierno que en una cárcel!—Última vez, Nancy... ¡baja el arma! —advirtió Liam mientras avanzaba con su equipo táctico.Nancy se paró del rincón, gritando un insulto final mientras apretaba el gatillo. El intercambio fue feroz. Una bala de Nancy hirió a un agente en el hombro, pero Liam fue más rápido: un disparo preciso de su fusil traspasó la frente de la patrona. Nancy cayó hacia atrás, con los ojo
Madrid – El Rescate en las SombrasKarl, apoyado contra la pared de un callejón oscuro, logró sacar su teléfono con la mano temblorosa. La herida en su costado no dejaba de sangrar. Mia, a su lado, intentaba presionar su propio brazo herido con un trozo de su camisa.—Gabriela... por favor, contesta —susurró Karl cuando el teléfono dio tono.—¿Karl? ¿Qué pasa? Suenas fatal —respondió Gabriela desde el ático.—Nos emboscaron... Mia y yo estamos heridos en el callejón detrás del hotel. No podemos ir a un hospital, los hombres de Iván vigilan las entradas. Por favor, necesitamos ayuda.—No digas más. Li-Wei ya está rastreando tu señal. Vamos para allá en la camioneta blindada. Aguanten —sentenció Gabriela con firmeza.Veinte minutos después, Li-Wei subía a los heridos al vehículo. Ya en el departamento, Li-Wei sacó un kit médico avanzado de su empresa.—Karl, esto va a doler, pero tengo que cerrar esa herida ahora mismo —dijo Li-Wei con calma profesional—. Están a salvo aquí. Mi segurida
México – Mansión de Nancy GarcíaNancy García veía las noticias de España en una pantalla gigante mientras fumaba con nerviosismo. Las imágenes del hotel rodeado por la policía española la pusieron en alerta máxima.—¡Fabián, mira la noticia! —gritó Nancy, lanzando su copa de whisky contra el suelo—. No podemos permitir que los atrapen. Lucía e Iván son aliados demasiado importantes para nuestras rutas en Europa ¡Llama a Iván ahora mismo! Dile que en México los espero, que mi mansión es territorio seguro y pueden quedarse aquí el tiempo que necesiten.—Entendido, patrona. Lo contacto de inmediato por la línea encriptada —respondió Fabián, marcando el número mientras los motores de los jets privados de Nancy empezaban a calentarse.Los Ángeles – El Fin de un CapoEn un almacén abandonado cerca del puerto de Los Ángeles, la transacción de Carlos Hernández se convirtió en una carnicería. Justo cuando el colombiano abría un maletín, las luces tácticas del FBI cegaron el lugar.—¡Federale
El Ático de Gabriela y Li-Wei – Una Noche de PazTras la compra del lujoso departamento, la primera noche en el nuevo hogar de Gabriela y Li-Wei no se sintió como una huida, sino como un renacimiento. El ruido de Madrid era un susurro lejano desde el balcón que daba al Retiro.Li-Wei encontró a Gabriela mirando las luces de la ciudad, con una copa de vino que no bebía, solo sostenía. Él se acercó por detrás y la rodeó con sus brazos, hundiendo su rostro en el cuello de ella.—Sé que tienes miedo de que este sueño se rompa —susurró Li-Wei con ternura—. Pero quiero que mires mis manos. Estas manos construyeron un imperio en Taiwán, y ahora estas manos son tu escudo. Nada te va a pasar mientras yo respire.Gabriela se giró, con los ojos húmedos, y acarició el rostro de su esposo.—Nunca pensé que alguien me amaría después de la oscuridad en la que viví con Lucía. Siento que no merezco esta felicidad.—El amor no se merece, Gabriela, se elige. Y yo te elijo a ti cada mañana —respondió Li-
Moscú, Rusia – El Frío de la TraiciónVladimir aterrizó en una Moscú cubierta de nieve. Se dirigió de inmediato a la sala de juntas de su bufete de abogados, donde los inversionistas lo esperaban con rostros de piedra.—Vladimir, agradecemos que vinieras tan rápido —dijo Yuri, el líder del grupo—. Pero los rumores corren rápido. Dicen que tu nueva inversión en la Textil Soto está manchada de sangre y deudas con gente peligrosa en México.—Escúchenme bien —respondió Vladimir con voz de mando—. Esas deudas son el rastro de basura que dejó Lucía Soto. Yo estoy saneando la empresa. Mi palabra en este país vale más que cualquier rumor. Si retiran su apoyo ahora, se arrepentirán cuando la empresa sea el imperio más grande de América.—Tu palabra es fuerte, Vladimir, pero queremos garantías de que esa mujer, Lucía, no interferirá con nuestros dividendos —sentenció Yuri, mientras Vladimir firmaba los documentos con una mirada gélida.Madrid, España – La Nueva Base de GabrielaGabriela, decidi







