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Cuarenta

Autor: naye's
last update Fecha de publicación: 2025-11-17 07:20:13

KYRION

—Es mejor que no lo sepas.

—No me trates como a una niña, que no lo soy. Quiero saberlo. No quiero estar ignorante en tus planes.

—Créeme, es mejor que no lo sepas. Solo debes saber que voy a solucionarlo.

Se recuesta con nuestro hijo en brazos. Lo alimenta una vez más antes de dormirse, con la mano sujetando la cuna a su lado. No quería alejarme, pero debí hacerlo en algunas ocasiones, aunque pasé las horas observando a mi hijo y a la familia por la cual estoy dispuesto a cambiar.

Llamo
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  • El capricho del jefe   Cuarenta

    KYRION—Es mejor que no lo sepas.—No me trates como a una niña, que no lo soy. Quiero saberlo. No quiero estar ignorante en tus planes.—Créeme, es mejor que no lo sepas. Solo debes saber que voy a solucionarlo.Se recuesta con nuestro hijo en brazos. Lo alimenta una vez más antes de dormirse, con la mano sujetando la cuna a su lado. No quería alejarme, pero debí hacerlo en algunas ocasiones, aunque pasé las horas observando a mi hijo y a la familia por la cual estoy dispuesto a cambiar.Llamo y me mantengo informado. Patricio aún no ha confesado nada, pero no importa. Ya lo hará. Y si no, igual será útil.Cuando amanece, tengo a Alekxer en brazos. Lo alimenté y, con ayuda de la enfermera, cambié su pañal. Ella se despertó, calmada, se organizó y esperamos la llegada de sus padres, quienes estaban en casa, organizando el espacio para su comodidad.Los evalúan una vez más para darles el alta, mientras su madre y su padre le ayudan, permitiéndole apoyarse en ellos. Yo camino adelante c

  • El capricho del jefe   Treinta y nueve

    KYRION—¿Tenemos otra opción?—No. Al menos hasta que esté seguro de qué hacer y contra quién.Besa a nuestro hijo y se disculpa por la vida que cree que tendrá.—Debí ofrecerte una vida mejor. Te mereces una madre mejor.—No hay nadie mejor que tú para ser su madre, Gema. Te prometo que voy a solucionarlo.—Esta vez voy a confiar en ti... porque él está en medio. Y si algo pasa, si nos separan, yo no podré sobrevivir. No a esto.No digo nada. He dicho mucho y hecho poco. Ella sigue esforzándose, pero no consigue que el bebé quede satisfecho.La doctora ingresa. Dice que debo comprar una fórmula. Por suerte, sus padres llegan antes de que salga. No voy muy lejos, consigo lo que pidieron y regreso de inmediato.Habla con sus padres. No se queja, pero parece lamentar muchas cosas, y molesta saber que estoy entre esas cosas... aunque no lo dice.Llamo antes de ingresar. La experiencia de darle a nuestro hijo la leche de fórmula me resulta inigualable. El modo en que se estira, sus gestos

  • El capricho del jefe   Treinta y ocho

    KYRIONEjerzo presión sin importar que la gente comienza a alarmarse.—Kyrion —insiste ella.—Lo arreglaré, Gema —digo sin medir mi tono.—Lo sé, pero... Alekxer va a nacer.Levanto la mirada y sigo la suya. Su fuente se rompió.Lo levanto y encuello.—¿Puedes caminar? —le pregunto.Asiente. Saco efectivo y lo dejo sobre la mesa. Nos dirigimos hacia el auto.—Lo siento. Son mi prioridad. Pero no permitiré que este imbécil haga una estupidez.Ella suspira. Sube al auto. Subo a Patricio, le arranco el cinturón, lo ato y paso atrás.—Llegaremos pronto. Pórtate bien —beso su vientre.Ella me sujeta del cabello.—Si no subes ya, se pondrá feo.Espero a que lo suelte y lo hago. No grita, solo hace gestos de dolor. Se inclina, se sujeta. Llamo a Oratio. Le pido apoyo para que envíe a alguien por Patricio.No digo nada, aunque tengo la mandíbula tensa con cada gesto suyo. Patricio ríe. Expone lo que sabe y surgen dudas: ¿cómo lo supo?, ¿quién se lo dijo? No revela su fuente.—Ambos irán a pri

  • El capricho del jefe   Treinta y siete

    KYRION—Cuando la confianza se rompe y se lleva consigo la esperanza, no hay acto de amor que valga —responde demasiado seria.Aprieto el volante por unos segundos. Pienso mi respuesta.—Toda persona debería tener derecho a por lo menos una oportunidad.—Eso asumimos cuando somos los del error. ¿Pero qué hay de las heridas del otro? ¿Qué si son tan profundas que ver a ese alguien no resulta aliviador, sino un tormento?Hago una maniobra y salgo de la vía. Me estaciono al lado, sin importar si se puede o no.Suspiro con pesadez, hondo.—Hay algo más. Dímelo, Gema. Estamos hablando, sé honesta y habla conmigo.Se soba el vientre.—Ya lo dije, Kyrion.Me giro y miro sus ojos.—¿Hay algo que pueda hacer?—Quiero que avancemos. No quiero quedarme en el pasado. Si te recuerdo esto, no es por no olvidar, es para tener en cuenta lo que no voy a permitirme. Podemos lograrlo, ser buenos padres, llevar vidas tranquilas y cumplir con nuestras responsabilidades.—¿Es un no rotundo a darme una opor

  • El capricho del jefe   Treinta y seis

    KYRION—No es para tanto —me dice cuando nota mi molestia.—Lo sé. Lo dice un ejemplo a seguir, la persona perfecta, la que sabe de dolor solo cuando de ella se trata.—No es lo que quise decir.—Lo sé. No te culpo, es como me muestro al mundo. Solo que tú, que la has pasado mal, deberías poder ver más allá de las pantallas. ¿Te has preguntado qué me hizo ser lo que soy? ¿Crees que nací así?Crecí rodeado de violencia, frialdad, de pérdidas y oscuridad. Puede que no justifique mi ser, pero no puedes evitar volverte parte del entorno en que vives, de quienes te rodean si quieres sobrevivir. Para ti fue una desgracia, para mí, el mundo en que crecí. No te preocupes, no voy a arruinar esto.Se queda en silencio, sin dejar de mirarme.—Vamos a necesitar una colchoneta —me las señala y me alejo por ella.Se acomoda y me pide hacerlo. No era momento de comenzar, pero lo hice. Deslicé mis manos por su vientre.—Se siente bien —dice de repente—. Gracias por aclarar lo de nuestra situación.—N

  • El capricho del jefe   Treinta y cinco

    GEMA—Buenos días —me dice con un tono amable que no suele usar—. Winston no pudo venir.—Claro… —respondo cortante—. No tienes que explicar. Es tu empresa. Es normal que quieras ver cómo anda todo.Se pone ambas manos en los bolsillos. Me sigue.—En realidad, quería comentarte que ya quienes están detrás de tu tragedia familiar han recibido su merecido. Podrás irte a tu país cuando quieras.No digo nada. No me genera nada. No es tan fácil. Además, mis padres están felices, quieren quedarse.—Comprendo —dice sin presunción—. Podemos comenzar con la reunión. Estarás libre más temprano.Me encojo de hombros. Nos sentamos. No parece interesado. No mira mi vientre, no pregunta nada. Solo se sienta y espera mirando cualquier punto de la oficina, menos a mí.—Los clientes han aumentado, supongo que Winston ya te lo mencionó. Por eso tengo una nueva estrategia. Quisiera que me des tu opinión. Si permites que la implementemos, es un incentivo para los clientes antiguos y captar la atención de

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