INICIAR SESIÓNDescubrí que mi esposo me era infiel y le pedí el divorcio, y él se negó. Según la cláusula de nuestro matrimonio, antes de separarnos debía darle un hijo. Y ahora está decidido a hacerme cumplir el acuerdo, aunque tenga que obligarme a permanecer a su lado. Lo que no esperaba era que también quiere que lo ame. El problema es que quizá no sabía que ya lo amaba...
Ver másSebastiánEsa mañana el aire se sentía extrañamente ligero, como si el peso constante que llevaba en los hombros se hubiera disipado durante la noche. Al cruzar el vestíbulo principal, me detuve a saludar con un asentimiento breve a dos de los cirujanos de guardia que discutían sobre un expediente en la recepción y, por primera vez en meses, les dediqué una sonrisa franca antes de continuar por el pasillo hacia mi despacho.Mi secretaria, Andrea, alzó la vista del monitor al verme pasar. Se quedó inmóvil un segundo, con la carpeta en la mano a medio abrir, observándome con una mezcla de desconcierto y curiosidad que me hizo sonreír aun más.—Buenos días, señor Montenegro —dijo, poniéndose de pie para seguirme hasta la puerta de mi oficina con la agenda del día—. Veo que la reunión con los accionistas de ayer no fue tan desastrosa como esperábamos. Se le ve bastante alegre hoy.—Buenos días, Andrea. Los accionistas siguen siendo igual de tediosos que siempre —respondí, rodeando el escr
MargothCon el paso de los días, la tensión y la anticipación me estaban consumiendo todo de mí hasta el punto de perder toda concentración incluso en el trabajo. No había segundo en el día que no estuviera alerta, esperando que Sebastián cruzara la línea y exigiera acostarse conmigo.Pero cada noche, después de que cenábamos en tensión y me daba una ducha para intentar relajarme —e inconscientemente preparándome—, él se acostaba a mi lado y me daba la espalda, dejándome desconcertada y aun más a la expectativa.No tenía ni idea de cuando daríamos ese paso y empezaríamos a tener relaciones sexuales. Aun cuando me repetía que no estaba lista para entregarle mi cuerpo, mi rutina nocturna ya me había traicionado y me odiaba por ello.No me había dado cuenta de que me estaba esforzando cada noche para estar perfecta, poniéndome ropa interior combinada, perfumándome aun cuando ya íbamos a dormir, aplicándome cremas suaves y olorosas a vainilla por toda la piel y poniéndome un poco de labia
Sebastián Entré a mi despacho, cerré la puerta con fuerza y me fui directo a servirme un trago de whisky. Necesitaba un poco del calor del licor para dejar de sentirme tan ansioso y no regresar con mi esposa, tomarla en brazos, subirla a esa mesa y hacerla mía en medio del comedor sin importar que los empleados nos vieran.Me serví el primer trago y me lo bebí de golpe, sintiendo que el calor iba en aumento.Había firmado la sentencia de muerte de mi propio matrimonio sin oponer la menor resistencia; sin embargo, mientras contemplaba la botella, no pude sentir un ápice de derrota o temor a perderla. Ella creía haberme ganado la partida, pensaba que, con ese documento, me había arrinconado contra la pared. Lo que Margoth no comprendía —lo que nunca había alcanzado a ver en estos dos años de convivencia silenciosa—, era que yo jamás he jugado a perderla.Me acomodé en el sillón de cuero, dejé el contrato sobre el escritorio y me recliné hacia atrás, llevándome dos dedos al puente de la
Al siguiente día contacté a primera hora a un abogado externo de la familia, que fuera de confianza y pagándole lo suficiente para que no abriera la boca. No podía darme el lujo de que mi situación con mi esposo saliera a la luz.Había hecho un trato con Sebastián y no pensaba dejarlo solo en palabras, así que me aseguraría de que firmara este nuevo contrato, donde, apenas tuviéramos al heredero, firmaría el divorcio.—Señora Montenegro, lamento ser el portador de malas noticias, pero lo que me pide no es legalmente viable bajo los términos de su acuerdo inicial —dijo el abogado, ajustándose los anteojos mientras examinaba con minuciosidad la copia del documento sobre su escritorio.—¿A qué se refiere, licenciado? —pregunté, esforzándome por mantener un tono firme y tranquilo, aunque la voz me tembló ligeramente—. Sebastián aceptó la inseminación artificial. Es solo cuestión de formalizarlo en esta nueva cláusula para proceder con la clínica.El abogado suspiró, deslizó el contrato ma












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