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Capítulo 15

Autor: Dalex Hache
last update Data de publicação: 2026-10-19 02:29:02

El frío húmedo del puerto de Palermo a las cuatro de la mañana era capaz de calar hasta los huesos. El olor a salitre, diésel quemado y pescado en descomposición se mezclaba en una brisa pesada que mecía suavemente las inmensas grúas industriales del Muelle 4. Excepto por el chirrido metálico de las cadenas y el rompeolas golpeando el hormigón, la zona franca parecía desierta. Sin embargo, en las sombras de los contenedores de carga azul marino, más de veinte hombres armados con subfusiles sile
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  • El escolta del Don de la Mafia   Capítulo 18

    El silencio de la medianoche dominaba el ala privada de la mansión cuando el mensaje llegó al teléfono de Diego: un texto breve ordenándole subir a los aposentos del Don.Al empujar la pesada puerta de roble de la habitación de Maximiliano, Diego encontró un ambiente sumido en la penumbra. Solo la luz cálida de la chimenea encendida iluminaba el amplio dormitorio, proyectando sombras alargadas sobre la madera noble y los muebles de cuero. Maximiliano estaba de pie junto a una pequeña mesa de centro, sin la chaqueta de su traje y con los primeros botones de su camisa blanca desabrochados. En la mano sostenía una botella de cristal de un ámbar intenso.—Entra, Diego. Cierra la puerta —dijo el Don, su voz grave y rasposa rompiendo la quietud del cuarto.Diego obedeció. Pasó el cerrojo con un chasquido sutil y caminó a paso lento hacia el centro de la estancia. Mantener la distancia profesional se volvía cada vez más difícil en un espacio tan marcadamente personal.Maximiliano sirvió dos

  • El escolta del Don de la Mafia   Capítulo 17

    El eco de los pasos de Maximiliano alejándose por el pasillo dejó a Diego solo en la penumbra de su habitación. Tenía la espalda apoyada contra la pared y el corazón latiéndole desbocado en el pecho. Se pasó una mano por los labios, sintiendo aún el ardor de ese beso que había estado a punto de dinamitar su misión.*«Casi lo arruinas todo»*, se reprendió en silencio, respirando hondo para calmar el temblor de sus manos.El rastreador GPS que había colocado en el chasis del contenedor en el Muelle 4 seguía emitiendo su señal con total discreción, oculto en las frecuencias estáticas del puerto. Ningún guardia lo había descubierto, y la fachada de Diego Santos seguía siendo tan sólida e impenetrable como el primer día. Para la *Cosa Nostra*, él seguía siendo el mecánico valiente y leal que se había ganado la confianza absoluta del Don.Al caer la tarde, la tensión de la noche anterior parecía haberse disipado en la superficie de la mansión, aunque el aire entre ambos hombres se había vue

  • El escolta del Don de la Mafia   Capítulo 16

    El regreso a la mansión antes del amanecer se sintió como una caminata directa hacia el ojo de un huracán que amenazaba con destruirlo todo. La lluvia había cesado, dejando los tejados de Palermo brillando bajo una luz violácea y fría que anunciaba la llegada de las primeras horas del día.En el asiento delantero de la SUV blindada, Diego mantenía los ojos fijos en la carretera de la colina, pero cada fibra de su ser estaba concentrada en la presencia de Maximiliano detrás de él. El rastreador GPS estaba instalado y emitiendo. La microcámara había registrado la transacción completa. El detective dentro de él debería haber sentido la euforia de la victoria inminente; sin embargo, la sensación que dominaba su pecho era un peso helado y sofocante.Al llegar a la propiedad, el convoy se dispersó. Salvatore asumió la custodia del primer traslado secundario, dejando a Maximiliano y a Diego solos en el vestíbulo principal. El silencio de la mansión a esa hora era denso, interrumpido únicamen

  • El escolta del Don de la Mafia   Capítulo 15

    El frío húmedo del puerto de Palermo a las cuatro de la mañana era capaz de calar hasta los huesos. El olor a salitre, diésel quemado y pescado en descomposición se mezclaba en una brisa pesada que mecía suavemente las inmensas grúas industriales del Muelle 4. Excepto por el chirrido metálico de las cadenas y el rompeolas golpeando el hormigón, la zona franca parecía desierta. Sin embargo, en las sombras de los contenedores de carga azul marino, más de veinte hombres armados con subfusiles silenciados custodiaban el perímetro.Un convoy de tres camionetas SUV blindadas de color negro avanzó sin luces hasta el centro del muelle, deteniéndose a escasos metros de un buque de carga con bandera de conveniencia.De la camioneta central descendió Maximiliano Martineli, impecable con un abrigo largo de lana oscura que ondeaba levemente con el viento marino. Inmediatamente detrás de él, manteniéndose a medio paso de distancia en una postura de alerta absoluta, bajó Diego Santos. Llevaba una ch

  • El escolta del Don de la Mafia   Capítulo 14

    La noche en el club privado terminó diluyéndose entre el cansancio de los soldados y el peso de las miradas furtivas. Para el resto de la organización, Diego Santos se había convertido en una anomalía intraducible; para Salvatore, en un peligro latente que amenazaba su influencia; pero para Maximiliano Martineli, el joven escolta era ahora el único punto de fascinación dentro de una vida gobernada por la rutina, el poder y la violencia.A las tres de la mañana, la mansión volvió a quedar en penumbra. Diego subió por las escaleras de servicio rumbo a su habitación en el ala de seguridad. El efecto del whisky se había evaporado, dejando en su lugar una fría y lacerante lucidez. Cada fibra de su cuerpo protestaba por la tensión acumulada, pero su mente no le daba tregua. Había revelado una parte fundamental de su verdad en medio de la guarida del enemigo. No por estrategia, sino por el puro agotamiento de vivir una mentira constante.Se adentró en su cuarto, cerró la puerta con pestillo

  • El escolta del Don de la Mafia   Episodio 13

    El silencio incómodo en torno a la barra comenzó a disolverse lentamente a medida que la música recuperaba su volumen y los guardias, bajo las severas miradas de los capos, regresaban a sus tragos y a sus mujeres, aunque los murmullos seguían flotando en el aire pesado del club.Maximiliano no apartó la vista de Diego. Con un sutil movimiento de su mano libre, le hizo una seña a uno de los hombres de los escalones para que le indicara al escolta que subiera.Diego dejó su vaso sobre el mármol, se acomodó los puños de la camisa y comenzó a subir los escalones hacia la exclusiva zona VIP. Desde el centro de la pista, Salvatore observó la escena. El veterano capo vio a Diego acercarse al Don con esa maldita seguridad que tanto le irritaba, y cuando el mecánico tomó asiento en el sofá individual de cuero, justo al lado del imponente sillón de Maximiliano, Salvatore apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. No toleraba que un aparecido del puerto ganara tan

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