登入La frustración y los cigarros se habían vuelto sus únicos acompañantes constantes.Habían pasado casi dos semanas desde que Maya lo había echado de su departamento.No de mala manera. Ella nunca haría nada de mala manera; había sido sumamente dulce, incluso al momento de botarlo de su casa.Vaya cosa.Javier expulsó el humo por la boca, con la mirada perdida más allá del perímetro del campamento, justo cuando los cuchicheos de los soldados comenzaron a hacerse demasiado audibles a sus espaldas.El gran día había llegado.Pero la novia no se presentó a su propia boda.—Dicen que la chica no apareció —murmuró uno ellos—. El viceministro está que echa fuego en el salón de honor con toda la plana mayor esperando.—¿Te imaginas todo el dinero que invirtieron en esta boda? —respondió el otro, soltando una risita incrédula—. Alquilaron toda la comandancia, la decoración traída de afuera, los medios de comunicación en la entrada... Toda la prensa se quedó con los micrófonos en la mano.—Eso t
Maya tampoco quería poner distancia, pero tenía miedo. Miedo porque no sabía qué sentía él por ella y tampoco pensaba preguntárselo.Necesitaba aclarar sus ideas, pero con él cerca, respirando su mismo aire y sintiendo este magnetismo insano, le iba a resultar imposible. La distancia no era un mero capricho; era, a la vez, una forma de supervivencia.Hasta la fecha había tenido tres novios. Amores pasajeros… romances que no supieron esperarla con la debida paciencia. Con ninguno había sentido tanto. Jamás había experimentado un nivel de intensidad como con Javier, y ni siquiera eran pareja. Tampoco albergaba expectativas de que eso cambiara; sentía que una amistad entre ellos era mucho mejor.Por eso, la idea de pedirle ayuda para superar su trauma había sido pésima.Porque si esto salía mal —lo que sea que tuvieran ahora—, en el futuro ni siquiera podrían ser amigos.—¿Entonces? —presionó él un poco más, recorriendo con besos el cuello que ella había dejado expuesto sin proponérse
Javier ladeó levemente la cabeza, observándola con los ojos fijos en los de ella, como si las palabras que acabara de pronunciar hubieran sido dichas en un idioma extranjero que su cerebro se negaba a descifrar.Sonrió de medio lado antes de enderezar el rostro y estirar la mano hacia ella. Maya se apartó antes de que pudiera llegar a tocarla.La sonrisa en los labios de él se borró al segundo siguiente, adoptando una expresión mortalmente seria.—Creo… creo que lo mejor sería que no vinieras en un tiempo. Bueno —bajó la voz, mordiéndose ligeramente el labio inferior antes de continuar—, no digo que debamos terminar nuestra amistad, pero… hemos cruzado tantos límites que necesitamos un poco de distancia para trazarlos de nuevo.—Te juro que lo siento. Quería venir y no pude —dijo él con más tensión que antes, apretando los dientes. —No es por eso. —¿Entonces por qué? —soltó, dando un paso al frente.Ante su repentina cercanía, Maya retrocedió de forma instintiva, tratando de aclara
Al despertar, Maya vio los mensajes de Javier:«Perdón. Se me complicaron las cosas y no pude avisarte ni usar el teléfono»«Espero que hayas descansado bien. Hablamos luego»Su dedo se detuvo sobre la pantalla, acariciándola con suavidad antes de pulsar la foto de contacto.Al observar el rostro serio y distante del hombre que aparecía allí, una sensación extraña le encogió el pecho.Recordó la noche anterior: la comida intacta y esa punzada de decepción que no pudo evitar.Ella nunca había sido buena con los apegos.Apegarse a alguien era abrirle la puerta al dolor.A lo largo del día, Maya no pudo dejar de pensar en eso.Estuvo distraída, arrastrando una tristeza inexplicable que no lograba quitarse de encima.Al anochecer, ya no albergaba ninguna expectativa.Se preparó unas palomitas de maíz, puso una película y terminó quedándose dormida en el sofá.Unos golpes insistentes en la puerta la despertaron.A Maya le tomó un instante comprender que era su propia puerta la que estaban
Las palabras de Valeria brotaron como veneno, aunque no era a él a quien estaba envenenando: se estaba destruyendo a sí misma.—¿Tienes idea de lo que estás diciendo? —le espetó, apartando con brusquedad las manos que ella tenía aferradas a las solapas de su uniforme para empujarla contra la pared—. ¿Por qué a ti, con tu vida perfecta y tantos años sin verme, te importaría una m¡erda lo que estuviera haciendo? ¿De verdad no has podido olvidarme en todos estos años? Si ni siquiera tuvimos nada.—No te des tanta importancia —se recompuso ella, soltando un bufido de desprecio—. Siempre has sido y serás un pobre diablo. ¡No eres nadie para importarme!Javier no pudo evitar esbozar una sonrisa llena de crueldad.—Y sin embargo, aquí estás, montando este show. En verdad eres patética.—¡Maldito miserable! —chilló, abalanzándose sobre él para golpearlo con los puños cerrados—. ¡Te mereces que te llenen el cuerpo de balas y te mueras! ¡Te odio tanto!Javier la empujó hacia atrás, liberándose
En la mañana, Maya preparó desayuno para ambos, probando apenas bocado antes de tomar su bolso y apresurarse.—Tengo que irme ya —lo miró con un poco de súplica, como si lo estuviera echando y a la vez no—. Olvidé que tenía una excursión con los niños y que tenía que estar media hora antes.Javier se puso de pie con un gesto tranquilo.—Vamos, te llevo —ofreció.—No es necesario —negó ella de inmediato—. El autobús pasará exactamente en diez minutos. Deberías ir a tu casa a cambiarte; tienes la misma ropa de ayer y seguro también tienes trabajo.—En realidad, todavía no tengo casa —admitió él, encogiéndose de hombros con calma mientras la seguía hacia la salida—. Sigo viviendo en la base... Y en mi caso no será problema si llego media hora tarde.Maya se detuvo un segundo y lo miró un poco extrañada, ladeando la cabeza mientras ambos salían por fin al pasillo.—¿No tienes casa? ¿Cómo que no tienes casa?—No se suponía que iba a demorarme aquí demasiado tiempo.—¿Y ahora? —inquirió ell







