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Autor: HET
last update Fecha de publicación: 2024-04-23 21:53:13

FAITH

Helen era una buena amiga. La había conocido tras la ruptura con Nate cuando me mudé al apartamento porque, aparte de ser mi mejor amiga, era mi vecina. Vivía en el piso de arriba y debíamos ser las más jóvenes de todo el edificio.

El sábado se quedó con Alan. Bajó en pijama y se acopló en mi sofá.

—No me importa dormir aquí si quieres pasar la noche entera fuera —dijo.

—No sé... creo que volveré pronto.

—Estás muy guapa como para que no dejes que Zed lo disfrute.

Le lancé un cojín. Zed me escribió a los pocos segundos:

ZED: estoy abajo

Llevaba toda la tarde corriendo de un lado a otro y no me había puesto el vestido hasta el último minuto para no arruinarlo. No tenía muchas más opciones de vestimenta. Cogí el pequeño bolso de hombro del sofá y le repetí a Helen lo que ya sabía sobre Alan.

—Dile a tu madre que estaremos bien —le dijo y mi hijo me miró—. ¡Te quedas con tu tía favorita!

Me incliné sobre el respaldo y le di un beso en la mejilla tersa y suave. Alan me lo devolvió. A Helen le revolví el pelo y la escuché quejarse.

—¡Adiós, mamá!

—Adiós. Os quiero.

Bajé sujetándome al pasamanos para no caerme con los tacones de aguja. Era la primera vez en años que iba a un lugar tan formal, no asistía a nada parecido desde que Nate me llevaba a sus cosas de empresa. Había sacado del fondo del armario el único vestido acorde: negro y largo hasta los tobillos, sin tirantes y con un escote recto. Para mi, un vestido de lo más normal.

—Estás muy guapa —dijo Zed nada más verme.

Estaba trajeado, apoyado en su coche y tocándose los botones de la camisa. Muy guapo para poder decir que era mi pareja.

—Tú también estás muy guapo.

Estiró el brazo y enganchó sus dedos en la tela de mi vestido acercándome a él. Abrí la boca mucho antes de recibir la suya, ansiosa por el contacto de sus labios sobre los míos. Zed me rodeó con fuerza y lo estreché también los segundos necesarios para darme ánimos el resto de la noche.

—Helen se ha ofrecido a estar con Alan toda la noche —susurré contra su boca.

Me dio un beso casto y se alejó. Me abrió la puerta de su coche.

Cuando llegamos vi que era una especie de salón de actos reservado para la cena de empresa. Y, como temía, los vestidos de las demás mujeres eran mucho más extravagantes que el mío. Las personas se paseaban de un lado al otro, salían al jardín y fumaban y se saludaban como si fueran amigos de toda la vida. Zed saludó a unos cuantos y me presentó como su novia. Luego, me cogió de la mano y me llevó a la barra a por algo de beber.

—¿Se hacen tantos amigos trabajando de contable? —bromeé.

—Uy sí, los números dan mucha conversación en la oficina.

Nos reímos aunque Zed se puso recto de un segundo al otro, toqueteándose las mangas de la americana carraspeó.

—¿Pasándolo bien? —preguntó una voz tan conocida y familiar que todavía me provocaba un sentimiento de seguridad

Me puse recta yo también. Con la piel de gallina di media vuelta. Sentí la mano de Zed buscar mi cintura y acercarse a mí, pero lo único en lo que pude fijarme fue en Nate. En el dichoso Nate. Con sus pantalones de traje y la camisa y unas zapatillas relucientes, porque usar zapatos nunca fue lo suyo. ¿Qué hacía Nate ahí? ¿Es que estaba metido en todos los negocios de la ciudad? ¿En cuántas empresas estaba involucrado?

—Sí... Disfrutando de la fiesta —respondió Zed.

Para sus treinta años, Zed era un mandado. Con tal de no discutir o meterse en el más ligero problema, me di cuenta de que era un hombre que pasaba por la vida en silencio.

—Ya veo —musitó Nate sin quitar sus ojos de mi, seguramente preguntándose qué diablos pintaba yo allí con alguien en lugar de estar con Alan en casa.

—Ella es mi pareja, Faith... —Zed hizo el intento, pero con Nate había cosas imposibles.

—Lo sé —le cortó, podía oír casi la burla en su voz—. Es la madre de mi hijo así que debo saber mucho mejor que tú quién es.

¿Por qué tenía que ser tan gilipollas tantas veces? ¿Qué le costaba sonreír y largarse?

Resoplé. Recuerdo notar como Zed me soltó la cintura y los ojos arrogantes de Nate me miraron, ya ni siquiera sabía leerlos y eso que existía un tiempo en el que cada vez que lo miraba, yo sabía exactamente lo que pensaba. No quedaba nada de eso. Nathaniel no era mi Nate.

Me debatí unos segundos entre si mandarle a la m****a y discutir, o pasar de él. Elegí la segunda y di media vuelta.

—¿Vamos por ahí? —le pedí.

Zed asintió y dejó su refresco en la barra.

—¿Dónde está Alan? —escuché a mis espaldas. No fue una pregunta, fue un reclamo. ¿Dudaba de mi?

Zed volvió a mirarme, me preguntó con la mirada muchas cosas.

—Vámonos —insistí.

Ya no me rodeó la cintura, pero me cogió de la mano y esperé que aquello me disolviera las ganas que tenía de confrontar a Nate. Quería darme la vuelta y gritarle que no me hiciera esas preguntas pretenciosas que ocultaban algún tipo de duda de mi maternidad. Quería repetirle lo gilipollas que era.

Cuando nos alejamos, el corazón dejó de latirme desbocado. Le solté la mano a Zed y me aparté el pelo liso de la cara (había tardado casi cuarenta minutos en alisármelo).

—Es mi jefe —dijo Zed—, o algo así.

—Es el padre de Alan —dije yo.

Caminamos juntos hasta la barra al otro lado de la estancia, lejos de Nate aunque no de sus miradas que me persiguieron toda la noche.

Zed se recostó contra la barra con un brazo y me miró. Me acarició la mejilla y como si no importara, me besó. Zed era bueno, demasiado bueno. Quería que me gustara, enamorarme de él y esas cosas.

—No me importa, Faith. Si vas a estar incómoda podemos irnos o...

—No, no pasa nada —le aseguré. No me había arreglado tanto para volver a casa—. Voy a pedirme otra copa.

—¿Segura que quieres que nos quedemos?

Nate no iba a influir en mi vida. Ni él ni su gilipollismo.

Me encorvé sobre la barra para pedirle la copa al camarero. Miré a Zed y él me devolvió la mirada con una mueca en los labios. Casi ni le había contado de mi historia con Nate porque pintarlo de malo delante de otras personas no era algo que quisiera hacer. Me limité a decirle: << No funcionaron las cosas >>

—Estoy bien —sonreí—. Terminamos bien por Alan. Ahora estoy contigo.

Por fin sonrió. Y por cómo era Zed, supe que no indagaría en el tema.

Un par de horas después habíamos hablado con tanta gente que ya ni me acordaba del nombre del señor que se reía con Zed. Estaba abrumada por muchas cosas: la música, las risas y conversaciones, el dolor de los tacones... Nate. Solté a Zed y me abaniqué.

—¿Estás bien? —se preocupó.

—Sí. Voy a salir un rato fuera y llamaré a Helen.

—¿Quieres que te acompañe?

—No hace falta —sonreí—. Sigue con tus cosas de contable —bromeé.

—Ten cuidado —me pidió. Era tan protector y bueno...

Di una última sonrisa y me arremangué la falda del vestido para evitar tropezarme. El jardín era amplio y precioso, envuelto en un manto de brisa y humo de tabaco de las personas que salían a fumar. Los tacones se me hundían en el césped mientras deambulaba entre los farolillos hacia la fuente de delfines que escupían agua. Planté el culo en el cemento aunque el agua me salpicara al caer.

FAITH: ¿estáis bien?

FAITH: Nate está aquí. Casi monta el numerito

FAITH: es un gilipollas

—¿Ese rubio oxigenado se ha cansado de pasearte por ahí?

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Último capítulo

  • El padre de mi hijo   EXTRA 8

    FAITHVolví a mirar el reloj. Era tarde. Alan se había quedado dormido en mis brazos y una parte de mi no quería llevarlo a su cuna para no quedarme sola esperando. Al final, viendo que eran casi las doce y media de la noche, me levanté del sofá y lo tumbé en su lugar. Era tan pequeño, se parecía tanto a Nate... ¿Qué le costaba haberse quedado allí con nosotros? ¿Tan importante era salir de fiesta para regodearse con sus colegas?Volví al sofá. Desde que Nate compró esta casa tan gigante el mundo se me caía encima. Sentía que me estaba encerrando. Que salíamos juntos a lugares caros y que me adornaba con sus regalos. Que otros días me quedaba cuidando sola de nuestro hijo porque le gustaba regodearse de lo que tenía con gente a la que no le importaba. Ya me había dicho que quería que dejara de trabajar, que él podría mantenerme a mi y a nuestra familia. ¿Quería más hijos? ¿Iba a quedarme en casa cuidando de dos, tres hijos mientras él salía de fiesta y se codeaba con gente de dinero?

  • El padre de mi hijo   EXTRA 7

    FAITHEn tantos años juntos no recordaba haber visto a Nate enfermo, o por lo menos no tanto. Era algo gracioso verlo con la nariz roja y estornudando, echado en el sofá con una manta hasta el cuello. Estaba adorable.—Esto es una puta mierda —se quejaba.Me reí y seguí derritiendo el chocolate. Cuando estuvo, se lo serví en una taza.Nate me miró con una sonrisa medio torcida, su pelo desordenado y su piel ligeramente pálida por el resfriado. Me acerqué y le di un beso en la frente. Sentí el calor que emanaba de su piel.—Estás ardiendo, ¿seguro que no quieres ir al médico?—Que no, que no.—Cómo vaya a peor... —empecé a amenazar.—Si voy a peor te tendré más tiempo de enfermera —le restó importancia—. Estás super sexy con el pijama de renos. Muy follable la verdad.Se puso a estornudar y me entró la risa ligera.—Eso te pasa por reírte de mi pijama. —Me puse de puntillas y le di otro beso, Nate se quejó algo reticente por si me pegaba el resfriado—. Anda bébete eso, voy a prepararte

  • El padre de mi hijo   EXTRA 6

    NATHANIELVeía los esfuerzos de Faith, veía su sacrificio cada día cuando se levantaba temprano para trabajar y lo cansada que llegaba. Mientras, estaba intentando colarme en el mundo de los negocios. Haría mucho dinero y nos sacaría de esa caja de cerillas en la que vivíamos. Nos compraría buenos coches y seríamos más felices. Faith dejaría de madrugar, se le quitarían las ojeras y sería el triple de feliz.—¿Qué son todos esos papeles? —cotilleó.Se dobló sobre el respaldo del sofá y me besó.—Cosas de una reunión a la que iré el sábado. No te importa quedarte sola por la noche, ¿verdad?—¡Qué va! —sonrió y me volvió a besar. Al final terminó tirándose sobre el respaldo para sentarse en mi regazo—. Tengo un par de películas guardadas que quiero ver. Son de amor, de esas que no te gustan. Aprovecharé las horas.—Qué planazo.Sonrió más. Pese a todo, Faith siempre sonreía por lo mismo por lo que yo lo hacía: porque estábamos juntos. Joder. Era preciosa. Era como si todo en el mundo gi

  • El padre de mi hijo   EXTRA 5

    FAITH—¡No puedes hacer esto! ¡Estás castigadísima!El sonido de la puerta cerrándose con un golpe resonó en toda la casa, y sentí cómo la tensión en mi pecho se acumulaba a niveles insoportables. Mis padres estaban echando humo y yo temblando de rabia y emoción. Era mi cumpleaños, cumplía 18 años, y una parte de mi esperaba disfrutarlo un poco con mi "familia" antes de huir.No estaba siendo así.—No puedes simplemente abandonar todo lo que has construido aquí para irte con ese… ese chico.—Sí que puedo, miradme. ¡Y qué narices! ¡Esto es culpa vuestra!Mi padre, que siempre había sido el más callado de los dos en estas discusiones, finalmente alzó la voz.—Vuelve a tu cuarto, Faith. Deja esta niñatada. ¡Suelta la maleta! —Intento quitarme el asa y al final la maleta terminó cayendo escaleras abajo.—¡Que no! —chillé.Corrí por las escaleras para salvar las pocas cosas que me habían cabido en la maleta. La mochila se me resbaló por el hombro y fue todo un desastre.—¡¿Y qué hay de tu

  • El padre de mi hijo   EXTRA 4

    NATHANIEL—¿Y si nos quedamos aquí hasta que cumpla dieciocho? Total, mis padres no pueden enfadarse más.Su voz consiguió sonar más fuerte que el agua de la ducha cayendo y que el sonido de los coches pasando de refilón por el hostal. Había algo especial en pasar las noches allí aunque fuera un sitio de mala muerte, y aunque tuviera que llevarla a casa antes de que se hiciera de día para fingir que no se había escapado. Por unas horas podíamos ser simplemente nosotros, conviviendo a solas anticipando lo que vendría dentro de poco. En cuanto Faith cumpliera los dieciocho nos largaríamos. Yo ya había cumplido los dieciocho, y aunque la libertad que venía con la mayoría de edad era emocionante, también me hacía sentir impotente porque sabía que hasta que Faith no alcanzara esa misma edad, todavía estábamos atrapados en ese limbo.Escuché el sonido de la mampara del baño y el chapoteo de sus pies descalzos en el charco que siempre se formaba en el suelo. Me asomé lo justo para ver su cue

  • El padre de mi hijo   EXTRA 3

    FAITH—¡Hoy voy a llegar algo tarde! —grité para salir escopetada de casa cuanto antes y librarme de una bronca—. ¡Adiós!—Eh eh, espera.Frené a un paso de la puerta y giré ligeramente el cuello para ver a mi padre.—¿Qué pasa?—Que ya hemos hablado de esto, Faith. Ese chico no nos gusta.Y de nuevo el tema. Ellos no lo entendían pero gracias a Nathaniel el instituto era mucho más llevadero y la vida era mucho mejor. ¿Qué pasaba? ¿Qué había llegado tarde un par de veces? ¿Que las matemáticas se me daban peor que en el colegio y sacaba peores notas en álgebra?—Pero a mi sí... Llegaré antes de las once, lo prometo. Sólo voy a ver su partido de baloncesto y estaré de vuelta.—A las diez aquí —sentenció.—¡Guay! ¡Adiós!Seguramente le hubieran aceptado menos sabiendo que solía esperarme un par de casas calle abajo con su coche, y que era un año mayor, y que era un desastre en las clases y aprobaba porque yo le hacía muchos trabajos extra y le dejaba copiarse en algunos exámenes. Y aún a

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