Compartir

4

Autor: HET
last update Fecha de publicación: 2024-04-23 21:54:14

FAITH

A veces parecía que me tenía rencor.

—¿Vienes a molestarme?

Sus zapatillas pisaron el césped, crujió y se sentó en la fuente a mi lado.

—Sólo vengo a fumar —dijo como si nada, encendiéndose un cigarro.

Lo dejé pasar. Desde que dejamos, no habíamos pasado más de diez minutos juntos, ni siquiera hablamos nunca las cosas. Lo dejamos y fue como si aquello nos convirtiera en extraños.

El humo de su cigarro se entremezcló con el olor de su colonia.

—Alan está con Helen —dije—. Es mi mejor amiga, vive en el piso de arriba.

Era raro que no supiera quién era Helen. Antes, Nate sabía todo de mi vida, hasta los detalles más irrelevantes y tontos. Nate siempre había sido el primero para mi, la persona a la que corría por cualquier cosa. Entonces, ya ni siquiera sabía quién era mi mejor amiga, como tampoco sabía que mi hermana había vuelto a contactarme y que yo estaba pensando en responderle el correo electrónico que me mandó.

—Podrías haberme llamado.

—Ya... no sé. Estás muy gilipollas y cuestionable desde que nos separamos.

Asintió mirando al frente. Apretó la mandíbula y soltó el humo. Nate siempre era arrebatadamente atractivo, incluso esa noche y cualquier otra.

—¿Ya le has contado que me odias? —soltó. Su pregunta me pilló desprevenida.

—Yo no te odio, ¿de dónde sacas eso?

—No tienes que mentirme, sé que no me soportabas.

La risa me cosquilleó la garganta y Nate me miró. Fue raro volver a reírme por algo que decía y que sonaba tan loco.

—Te volviste un imbécil pero nunca te he odiado. Si te iba a dejar no era por eso.

Él no hizo ni una mueca, se encogió de hombros y siguió fumando.

—Tampoco estabas enamorada de mi así que si no era una cosa era la otra.

Pensaba que era obvio notar lo mucho que yo le quería. Había aguantado hasta el final escudando la realidad insostenible en que, quizás, quererle era suficiente para estar a su lado.

—En realidad iba a dejarte porque no quiero que nuestro hijo se críe con unos padres que solo discuten —admití. ¿Por qué nunca habíamos hablado de eso? ¿Llevaba años pensando que lo odiaba de verdad, que no lo quería? Era hasta ofensivo—. Y que sepas que me ofende que digas que no te quería cuando he estado desde los trece años dándolo todo por ti. Estaba enamorada y te amaba, Nate, pero no era suficiente.

Pese a que Nate era todo en base a lo que mi mundo giraba. Cuando empezaron los problemas lloré demasiado encerrada en el baño, horrorizada de tener el final que hemos tenido. Lo había dejado todo por él, literalmente todo, y parecía que se le había olvidado.

Una parte de mi esperaba que mis palabras le dieran un golpe de conciencia. Le miré esperando una reacción, una contracción de mueca, ¡lo más mínimo!, pero su gesto siguió siendo el mismo. Desvió sus ojos oscuros a los farolillos que alumbraban el jardín y le pegó otra calada al cigarro. << Nate, hazme caso, por favor >> Sonaba patética.

—¿Te gusta ese tío?

¿Eso era todo lo que iba a decir?

—Supongo, sí —musité desganada. ¿Qué esperaba de él? ¿Que me dijera que también me había amado hasta el final? ¿Un agradecimiento por todo? ¿Un lamento por haber sido un gilipollas?

Se pasó la mano por el pelo. Odiaba la gomina, ir repeinado y demasiado formal.

—¿Supones?

—Es un buen hombre, y debería volver con él.

Me levanté de la fuente, me alisé el vestido y di media vuelta. Tenía el corazón encogido por lo que fuera.

—Faith —me llamó.

Giré el cuello lo suficiente para descubrir cómo me miraba.

—¿Si?

—Estás preciosa.

Dos palabras. Dos palabras tuvo que soltar para recordarme el chico que era, el que me repetía a cada rato lo mucho que me quería y que haría cualquier cosa por mi, el que me repetía lo guapa que estaba en chándal, enferma, vomitando embarazada o bien vestida para una cita. El chico del que me enamoré.

Apreté los labios en una sonrisa y caminé dentro. No volví a ver a Nate en toda la noche.

—¿Nos vamos a mi casa? —me ofreció Zed no muy tarde.

—Vale —accedí.

Antes de salir por las puertas eché un último vistazo atrás. Zed me puso su americana sobre los hombros y me besó la cabeza.

—¿Está todo bien?

—Sí... sí. Todo bien —le sonreí.

---

NATHANIEL

Era consciente de que había cambiado, así como creía ser consciente de que Faith había dejado de quererme por lo que fuera, seguramente por el echo de que era el gilipollas que ella creía que era. Me había repetido tantas veces aquel insulto que parecía que había reemplazado mi nombre. Y yo era un egoísta de manual, el claro indicio estaba en Faith y en haberla arrastrado conmigo a todas partes; pero no fui un egoísta al dejarla, al pensar que si ya no me quería era mejor que tuviera otras oportunidades.

Sólo discutíamos. Se volvió insoportable volver a casa. Llegaba y ella estaba ahí, esperándome con las garras afiladas para increparme por cualquier tontería. Nos había sacado de la miseria. No teníamos nada y de un momento a otro podía darle cualquier cosa. Nos habíamos sacrificado para eso, no para que al final lo nuestro se fuera a la m****a. ¿Qué quería? ¿Seguir viviendo en un piso diminuto con Alan? ¿Deslomarse por el sueldo mínimo?

—¿Nueva conquista?

Regan se sentó a mi lado en la fuente. Era un buen colega, pero no estaba para que me jodieran esa noche cuando yo solito ya me la había jodido.

—No —respondí.

—Estaba buena.

Apreté los puños.

—Es Faith, así que no me toques los cojones con ella.

—¿Tu ex? —se sorprendió.

No hablaba casi nada de Faith porque si no hablaba de ella, no dolía. Fue jodido darme cuenta de que la chica a la que siempre había querido ya ni me miraba de la misma forma. ¿Y todo para qué? ¿Para que fuera y me dijera que yo estaba equivocado? ¿Que en realidad sí que me había seguido queriendo?

—Me largo —siseé.

Faith me había enfadado demasiado a lo largo de los años. Me enfadaba que fuera una estirada apara algunas cosas. Me enfadaba que siempre dudara de mi. Me enfadaba que me echara en cara las cosas que acordábamos. Me enfadaban cosas que al final del día no importaban porque nos queríamos. Discutir nunca me había importado si al final estábamos enamorados. El amor y sus chorradas.

—Venga no me jodas, ¿a dónde vas? Nos íbamos a ir a dónde sabes en un rato. ¿Te lo vas a perder?

—No me perderé mucho.

Tiré el cigarro a la fuente.

De camino a mi coche la vi dentro, sonriente con en el rubio oxigenado. << Menudo gilipollas >> ¿Qué le había visto? ¿Había estado saliendo con más tíos? De sólo pensarlo me entró un escalofrío. La sola idea de que Faith no estuviera a mi alcance me irritaba. Seguía obsesionado con ella de forma enfermiza.

La dejé para que buscara a otro pero siempre con la fe de que tarde o temprano volvería, porque sin mi, Faith no era Faith. Faith era la chica de trece años que me acogió en el instituo, la chica que creció conmigo, la chica que estaba tan cegada que me seguía a ciegas. Faith era la madre de mi hijo. Faith era mía y de nadie más. Nunca sería de otro. Sólo mía.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • El padre de mi hijo   EXTRA 8

    FAITHVolví a mirar el reloj. Era tarde. Alan se había quedado dormido en mis brazos y una parte de mi no quería llevarlo a su cuna para no quedarme sola esperando. Al final, viendo que eran casi las doce y media de la noche, me levanté del sofá y lo tumbé en su lugar. Era tan pequeño, se parecía tanto a Nate... ¿Qué le costaba haberse quedado allí con nosotros? ¿Tan importante era salir de fiesta para regodearse con sus colegas?Volví al sofá. Desde que Nate compró esta casa tan gigante el mundo se me caía encima. Sentía que me estaba encerrando. Que salíamos juntos a lugares caros y que me adornaba con sus regalos. Que otros días me quedaba cuidando sola de nuestro hijo porque le gustaba regodearse de lo que tenía con gente a la que no le importaba. Ya me había dicho que quería que dejara de trabajar, que él podría mantenerme a mi y a nuestra familia. ¿Quería más hijos? ¿Iba a quedarme en casa cuidando de dos, tres hijos mientras él salía de fiesta y se codeaba con gente de dinero?

  • El padre de mi hijo   EXTRA 7

    FAITHEn tantos años juntos no recordaba haber visto a Nate enfermo, o por lo menos no tanto. Era algo gracioso verlo con la nariz roja y estornudando, echado en el sofá con una manta hasta el cuello. Estaba adorable.—Esto es una puta mierda —se quejaba.Me reí y seguí derritiendo el chocolate. Cuando estuvo, se lo serví en una taza.Nate me miró con una sonrisa medio torcida, su pelo desordenado y su piel ligeramente pálida por el resfriado. Me acerqué y le di un beso en la frente. Sentí el calor que emanaba de su piel.—Estás ardiendo, ¿seguro que no quieres ir al médico?—Que no, que no.—Cómo vaya a peor... —empecé a amenazar.—Si voy a peor te tendré más tiempo de enfermera —le restó importancia—. Estás super sexy con el pijama de renos. Muy follable la verdad.Se puso a estornudar y me entró la risa ligera.—Eso te pasa por reírte de mi pijama. —Me puse de puntillas y le di otro beso, Nate se quejó algo reticente por si me pegaba el resfriado—. Anda bébete eso, voy a prepararte

  • El padre de mi hijo   EXTRA 6

    NATHANIELVeía los esfuerzos de Faith, veía su sacrificio cada día cuando se levantaba temprano para trabajar y lo cansada que llegaba. Mientras, estaba intentando colarme en el mundo de los negocios. Haría mucho dinero y nos sacaría de esa caja de cerillas en la que vivíamos. Nos compraría buenos coches y seríamos más felices. Faith dejaría de madrugar, se le quitarían las ojeras y sería el triple de feliz.—¿Qué son todos esos papeles? —cotilleó.Se dobló sobre el respaldo del sofá y me besó.—Cosas de una reunión a la que iré el sábado. No te importa quedarte sola por la noche, ¿verdad?—¡Qué va! —sonrió y me volvió a besar. Al final terminó tirándose sobre el respaldo para sentarse en mi regazo—. Tengo un par de películas guardadas que quiero ver. Son de amor, de esas que no te gustan. Aprovecharé las horas.—Qué planazo.Sonrió más. Pese a todo, Faith siempre sonreía por lo mismo por lo que yo lo hacía: porque estábamos juntos. Joder. Era preciosa. Era como si todo en el mundo gi

  • El padre de mi hijo   EXTRA 5

    FAITH—¡No puedes hacer esto! ¡Estás castigadísima!El sonido de la puerta cerrándose con un golpe resonó en toda la casa, y sentí cómo la tensión en mi pecho se acumulaba a niveles insoportables. Mis padres estaban echando humo y yo temblando de rabia y emoción. Era mi cumpleaños, cumplía 18 años, y una parte de mi esperaba disfrutarlo un poco con mi "familia" antes de huir.No estaba siendo así.—No puedes simplemente abandonar todo lo que has construido aquí para irte con ese… ese chico.—Sí que puedo, miradme. ¡Y qué narices! ¡Esto es culpa vuestra!Mi padre, que siempre había sido el más callado de los dos en estas discusiones, finalmente alzó la voz.—Vuelve a tu cuarto, Faith. Deja esta niñatada. ¡Suelta la maleta! —Intento quitarme el asa y al final la maleta terminó cayendo escaleras abajo.—¡Que no! —chillé.Corrí por las escaleras para salvar las pocas cosas que me habían cabido en la maleta. La mochila se me resbaló por el hombro y fue todo un desastre.—¡¿Y qué hay de tu

  • El padre de mi hijo   EXTRA 4

    NATHANIEL—¿Y si nos quedamos aquí hasta que cumpla dieciocho? Total, mis padres no pueden enfadarse más.Su voz consiguió sonar más fuerte que el agua de la ducha cayendo y que el sonido de los coches pasando de refilón por el hostal. Había algo especial en pasar las noches allí aunque fuera un sitio de mala muerte, y aunque tuviera que llevarla a casa antes de que se hiciera de día para fingir que no se había escapado. Por unas horas podíamos ser simplemente nosotros, conviviendo a solas anticipando lo que vendría dentro de poco. En cuanto Faith cumpliera los dieciocho nos largaríamos. Yo ya había cumplido los dieciocho, y aunque la libertad que venía con la mayoría de edad era emocionante, también me hacía sentir impotente porque sabía que hasta que Faith no alcanzara esa misma edad, todavía estábamos atrapados en ese limbo.Escuché el sonido de la mampara del baño y el chapoteo de sus pies descalzos en el charco que siempre se formaba en el suelo. Me asomé lo justo para ver su cue

  • El padre de mi hijo   EXTRA 3

    FAITH—¡Hoy voy a llegar algo tarde! —grité para salir escopetada de casa cuanto antes y librarme de una bronca—. ¡Adiós!—Eh eh, espera.Frené a un paso de la puerta y giré ligeramente el cuello para ver a mi padre.—¿Qué pasa?—Que ya hemos hablado de esto, Faith. Ese chico no nos gusta.Y de nuevo el tema. Ellos no lo entendían pero gracias a Nathaniel el instituto era mucho más llevadero y la vida era mucho mejor. ¿Qué pasaba? ¿Qué había llegado tarde un par de veces? ¿Que las matemáticas se me daban peor que en el colegio y sacaba peores notas en álgebra?—Pero a mi sí... Llegaré antes de las once, lo prometo. Sólo voy a ver su partido de baloncesto y estaré de vuelta.—A las diez aquí —sentenció.—¡Guay! ¡Adiós!Seguramente le hubieran aceptado menos sabiendo que solía esperarme un par de casas calle abajo con su coche, y que era un año mayor, y que era un desastre en las clases y aprobaba porque yo le hacía muchos trabajos extra y le dejaba copiarse en algunos exámenes. Y aún a

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status