Home / Romance / El peso de la corona / Derrocar al monarca

Share

Derrocar al monarca

Author: Liny D. Reina
last update Petsa ng paglalathala: 2022-04-05 02:41:07

Me sentía tan confundida, todos avanzaban en esta carrera, muchos ya estaban casados y yo… iba a morir soltera y sin propósitos, más aún que a las mujeres no se nos permitía opinar, una mujer que no se casaba, era tomada como alguien con un problema.

Había tenido demasiados pretendientes, pero mi padre los rechazaba a todos, decía que merecía algo mejor, apreciaba sus esfuerzos, pero los años no se detenían, no era tan mayor, pero a mis veintiún años, se suponía debería estar comprometida, esas eran las costumbres.

—¿En qué piensas ahora?— Me preguntó acariciando mi cabeza.

—¿Por qué las cosas son así?— Me miró confundida.

—¿A qué te refieres Emma?— No sabía si debería hablar de eso.

Mi madre era de ese tipo de persona que era muy cariñosa, pero a su vez era tan… ¿Cómo decirlo? A ella no le gustaba el cambio, creía que las cosas estaban bien así como estaban.

—Siento que somos menospreciadas por el simple hecho de ser mujeres— Ella me observó algo sorprendida.

—Todos tenemos un lugar, y el nuestro es en casa, cuidando de nuestros esposos e hijos— No estaba tan de acuerdo.

—Sé que es nuestra responsabilidad, los hombres y las mujeres tenemos características diferentes, cada uno tiene una función, pero… no por eso deben tratarnos como un objeto— Ella asintió.

—Pero eso es lo que nos tocó— Una triste sonrisa se formó en sus labios ¿Había algo que no sabía?

No le dije nada a mi madre, no quería preocuparla o hacerle recordar algo que le dolía del pasado. Lo que recordaba era que ella había vivido con mi padre casi toda su vida, ella era demasiado joven cuando se casó, tenía catorce años, mi padre, en ese tiempo, tenía veinticuatro. Diez años de diferencia, era algo normal aquí, pero no me sentía muy cómoda con esa idea.

—No quiero que me toque vivir por vivir, quiero estar satisfecha con lo que sea que haga— Dije de manera firme.

Había ido al mercado, hay muchas cosas que ver y quería despejar mi mente, observaba cada detalle a mi alrededor, todos veían un lugar tranquilo. Yo solo veía personas que robaban a otras, el más rico humillando al pobre, el pobre intentando sobrevivir con lo poco que tenía ¿Eso acaso era vida? ¿A quién le gustaría vivir así? Tenía una gran reunión con algunos de las aldeas. Aunque no lo crean, estaba en medio de algunas discusiones para derrocar al monarca, por supuesto debíamos actuar en secreto, de lo contrario, nuestra cabeza había quedado colgada o separada de nuestros cuerpos. Ese rey, era realmente reconocido por su crueldad, todos estábamos insatisfechos con él, si la violencia era horrible en las manos de los demás aldeanos ¿Cuánto más lo era en manos del rey? Esperaba que pudiéramos hacer algo para mejorar la situación, no perdíamos la esperanza.

—¿Creen que es necesario hacer esa protesta ese día?— cuestionó uno de los ancianos.

—No estoy segura, deberíamos buscar la manera de aliarnos con alguien del palacio— dije intentando hallar una manera de hacerlo.

—¿Quién del palacio querría estar en contra del rey? ¡Eso es un suicidio!— Exclamó uno de nuestros compañeros.

Sí, tenía razón, si hubiesen llegado a descubrir a esa persona, de seguro terminaría muerta.

—Yo soy una de las criadas del palacio, creo que podría darles información valiosa respecto a los nobles— Dijo una joven con una bella sonrisa.

Patuloy na basahin ang aklat na ito nang libre
I-scan ang code upang i-download ang App

Pinakabagong kabanata

  • El peso de la corona   Máquina de bebés

    Esa misma tarde le dimos las buenas noticias al pueblo, hicimos la debida representación de nuestros representantes, sus nuevos gobernadores. Esperaba que de ahora en adelante todo fuera calma para ellos y para nosotros y más que nada, la seguridad de que Isabel será una gran ayuda para mi hermano.—Vamos a casa— susurró Esteban dándome un enorme abrazo.—Volvamos con nuestro hijo— sonreí emocionada.¡Había extrañado tanto a Maxi! Y lo que más ansiaba era el momento en el que lo volvería a ver, sin duda alguna el momento había llegado y no había nada que se interpusiera en mi camino, él era un regalo inigualable que la vida me había concedido.En todo el camino de regreso a casa recibí los cariños de mi esposo, me contaba acerca de lo que había sucedido en el tiempo de mi ausencia en el campamento, de la mism

  • El peso de la corona   ¿Emmaline?

    Después de un par de copas la sobriedad lo abandonó por completo, estaba bastante risueño y la diferencia que había con su «versión sobria» estaba a un abismo de distancia.—¿Le he dicho lo bella que se ve con ese vestido?— se acercó a mí.Sus movimientos eran bastante torpes, denotaban con facilidad que el efecto de aquella bebida y su combinación con aquella medicina estaba comenzando a manifestarse.—Su majestad… es la quinta vez, pero no me canso de escucharlo— sonreí.—No es correcto que una dama esté a solas en la habitación de algún hombre… sin importar si es o no su prometido… Sin embargo, usted tiene claridad en eso ¿No es así princesa?— acarició mi cabello,Si Esteban lo observara de esta manera le habría bajado una mano.—Conozco perfectament

  • El peso de la corona   En la habitación del príncipe

    —¡Esa es la razón por la que la reina habla tan bien de ti! El ejemplo de una verdadera princesa— exclamó con orgullo.—Podríamos sacarles información— añadió el príncipe.—Conozco una buena manera para hacerlo… pero, no puedo decirles aún, no pueden saberla… el matrimonio aún no se ha efectuado así que por la tradición de mis padres tengo prohibido dar detalles sobre ella— sentencié.—Eso tiene sentido— Aclaró la reina —Ve con ellos y nos declaras qué lograste sacarles— asentí con una reverencia y junto a los guardias llevamos a Esteban con mi hermano.—Ya pueden irse— ordené.Ellos hicieron como les ordené y ya en un ambiente más intimo pude hablar con mi familia.—Veo que hiciste un gran trabajo hermana— me despe

  • El peso de la corona   Participaré en la ejecución

    La reina pareció quedar complacida con mis palabras. Su gesto de sorpresa fue lo que me aseguró mi paso directo con el rey, dos días después ya estaba en un paseo con el príncipe, su apariencia era callada, pero por lo que me dijo Lilian sería fácilmente manipulado por la reina.—El clima es bastante agradable ¿No es así?— musité mientras intentaba ir a la par de su caminar.Él asintió en silencio y disminuyó el paso, era bastante extraño ve a alguien que casi no habla.Luego de resignarme a hacer que hablara, comencé a observar a nuestro alrededor. Había una gran diferencia entre la clase «Alta» y la clase «humilde». Contemplar en ellos el deseo de sobrevivir mientras en el palacio estaba lleno de oro y riquezas, realmente me sentía impotente en este lugar.—¿Se encuentra bien?— preg

  • El peso de la corona   ¿Cómo ganarías la guerra?

    —Creo que ese es un plan muy arriesgado, recién tengo nueva consejera y ella ya quiere correr a la muerte— comentó el rey.—Pero si no hacemos nada, ni el rey, ni su hijo, nuera y reino existirá más, es un sacrificio que es necesario hacer, además no puedo quedarme cruzada de brazos mientras mi hermano está en una mazmorra— argumenté.—Emma… ¿Estás segura de esto?— preguntó Esteban tomando mi mano.—Sí, estoy más que segura que es la elección correcta para el reino. Sugiero que el rey se quede y vayan Esteban y los generales del ejército a la guerra, claro está que debemos exceptuar al que comandará al que quedará aquí en este lugar.—Eres muy testaruda, así que mejor te hacemos caso, no se me ocurre nada más— dijo el General.—¿Có

  • El peso de la corona   Tus ojos dicen que me amas

    Él asintió repetidas veces, había tragado muy grueso.—Lo siento— rio por lo bajo, aunque también estaba temblando.Gracias a Esteban, pude hablar un poco más acerca de las cosas que me preocupaban, daré todo de mí para garantizar el bienestar de nuestro hijo.—¿Crees que es hora de volver a casa?— pregunté regresando a mi posición original.—No, aún hay algo que quiero hacer contigo— respondió Esteban mientras se colocaba de pie y extendía su mano.Volvimos al caballo, después de un momento llegamos a un lugar que no había llegado a ver, bueno, ya son dos.—Emma, cierra los ojos— susurró.Asentí e hice como me pidió, él me guio con cuidado por un tiempo, no sé realmente cuánto fue, porque me pareció un siglo.—&iques

Higit pang Kabanata
Galugarin at basahin ang magagandang nobela
Libreng basahin ang magagandang nobela sa GoodNovel app. I-download ang mga librong gusto mo at basahin kahit saan at anumang oras.
Libreng basahin ang mga aklat sa app
I-scan ang code para mabasa sa App
DMCA.com Protection Status