FAZER LOGINEl teléfono seguía sonando. Pensé que era él, pero se trataba de Lucía.
—Dime…
—Sofi, por fin. Estaba preocupada. Pensé que él… que te podría haber hecho algo malo. Mi amiga Lucrecia lo vio todo y me contó lo de su hijo. Estuve a punto de llamar a tus padres.
—Tranquila, estoy bien…
—¿Estás con él? Dime que no, por favor.
—Estoy en un hotel. Lo nuestro se acabó, Luci. De forma definitiva…
Comencé a llorar con fuerza.
—Lo siento, amiga —se hizo una pausa—. En realidad no lo siento. ¿Sabes por qué? Porque siempre he pensado que te mereces algo mejor.
—Gracias… gracias por abrirme los ojos.
—Descuida. Siempre será un placer ayudar a mi mejor amiga… por cierto, ya sé cómo te ayudaré mucho más.
—¿Dejándome tranquila? —pregunté sabiendo que aquella no era la respuesta. No era su estilo.
—¿Te acuerdas de aquella excursión al resort que planeamos desde hace un mes? La que conociste en hacer senderismo y acampar. Podemos ir juntas. Será como cuando ambas estábamos solteras.
—No sé, amiga. Creo que no estoy de ánimos para eso…
—Sofía, escúchame. No puedes permitir que ese imbécil arruine tu vida. Lo digo en serio. La mejor forma de vengarte será pasando página lo antes posible.
Cerré los ojos con fuerza unos segundos y tras meditarlo un poco llegué a una conclusión que cambiaría mi vida para siempre.
—¿Sabes qué? —me limpié las lágrimas—. Tienes razón. No pienso quedarme sola en este hotel de mala muerte. Él no merece mis lágrimas. Iré contigo, nos reiremos, fingiremos que nada sucedió y lo pasaremos de maravilla. Será como antes.
La vida se encargaría de demostrarme que estaba equivocada. Nada sería como antes.
Pasaron tres días en los que no supe nada de Armando. En todo ese tiempo permanecí con el teléfono apagado. La única que tenía el número del teléfono del hotel en el que me encontraba era Lucía y sabía que no se lo iba a dar a nadie. Aproveché todo ese tiempo a solas para dedicarme a pensar, a salir de compras y tratar de poner mi vida en orden. Incluso pedí permiso en mi trabajo para poder ir al resort. Ser una de las mejores restauradoras de obras de arte del museo nacional tiene sus ventajas y que me dieran permiso de tomarme unos días era una de ellas.
Pasadas las cinco de la tarde llegué al resort. Quedé en encontrarme con Lucia en recepción pero había transcurrido mucho tiempo y no acababa de llegar. Llamarla no era una opción, prefería no encender mi teléfono. Cansada de esperar, decidí dar un paseo por las instalaciones. Aquel lugar era realmente hermoso. Se encontraba completamente alejado de la ciudad y el aire puro te llenaba de vida. Las instalaciones estaban rodeadas por un espeso bosque cuya vegetación aportaba un tono verde realmente fascinante. Iba bordeando una pequeña pradera cuando escuché una voz que me paralizó. —Sabía que me ibas a buscar, pero no imaginé que fuera tan pronto. Era Armando. Iba vestido de traje y corbata. Fue al verlo que recordé que semanas atrás me había comentado que iba a ir a un resort por cuestiones de trabajo. —No sé de qué me hablas. No estoy aquí por ti. Me alejé unos pasos pero se interpuso en mi camino. —Sofía, por favor. No te hagas la desinteresada. ¿Ya te diste cuenta de que no puedes vivir sin los lujos que te daba? Es entendible, de la miseria que te pagan en ese museo mugriento, nadie puede vivir. —Prefiero mil veces esa miseria que trabajar engañado a la gente. Armando sonrió negando con la cabeza. —Resulta que antes no te quedabas de mi trabajo. Venga, di la verdad. Seguro viniste con la esperanza de verme y fingir que era un encuentro casual. Si quieres puedo fingir que te creo. —Armando, por favor. No quiero nada contigo. Sigue con tu vida que yo seguiré con la mía. —Me maravilla ver que dices que no quieres nada conmigo cuando traes esos pendientes que te di. Los de esmeraldas… Me dieron ganas de quitarme un zapato y lanzárselo a la cara, pero me contuve. Lo que sí hice fue quitarme los pendientes y lanzárselos a la cara. —Toma. Para que veas que hablo en serio. Te enviaré todo lo que me diste… —¿Qué hay del amor? Ese no me lo podrás devolver. Me eché a reír. No lo pude evitar. —¿En serio me vas a hablar de amor después de todo lo que me has hecho? Se empezó a acercar a mí peligrosamente. —Hablo en serio. Yo te amaba, Sofía. Aún te amo. Podemos estar juntos si quieres. Podemos adoptar un niño o… o criar a mi hijo… —¿Te estás escuchando? —grité—. Estás enfermo. ¿Qué te pasa? Nunca haría algo así. Me tomó por los brazos. —Ven aquí. Te voy a demostrar que hablo en serio. Intenté soltarme de su agarre pero no pude. Era demasiado fuerte. —Suéltame o empezaré a gritar. —No seas estúpida, este lugar pronto será mío. ¿A quién crees que le van a creer? En ese momento me empecé a asustar de verdad. Aquel hombre que tenía delante era un completo desconocido para mí. No sabía de lo que era capaz y realmente no quería descubrirlo. —¡Que me sueltes te dije! —lo empujé con fuerza y cayó al suelo tras soltarme. Aproveché ese momento para correr. Para mi mala fortuna él se incorporó y empezó a sentirme por el bosque mientras me lanzaba insultos. Con el corazón en la boca, esquivé unos cuantos matorrales hasta que lo dejé de escuchar. Supuse que se había perdido. Y en verdad, tras media hora caminando, me di cuenta de que existía una posibilidad de que estuviera perdida. Los últimos rayos de sol abandonaban el cielo y cada vez era más difícil ver con claridad. Desesperada encendí mi celular pero no tenía cobertura. Una hora después me di cuenta de que lo que tanto temía había sucedido. Era de noche, me encontraba en un bosque y estaba completamente perdida. Me quería morir, pero antes quería arrastrar conmigo al idiota de mi exmarido. No podía creer que había estado casa con alguien como él. Fui una estúpida al pensar que alguien así se merecía mis lágrimas. Los últimos rayos de sol apenas dejaban ver la claridad leve del día y mi teléfono seguía sin dar señales de vida. Por si fuera poco unas nubes negras empezaron a apoderarse del cielo dejando claro que estaba a punto de formarse una tormenta. Solo me faltaba que empezara a llover. Angustiada, cansada y a punto de empezar a llorar del miedo, continué caminando con la esperanza de encontrar el camino de vuelta. Imaginé lo que estaría pensando Lucía al ver que no aparecía en el resort. Si tenía suerte alguien vería mi pequeño equipaje y me buscaría. Lamenté en ese momento no haber ido más seguido a aquellos campamentos de verano a los que siempre me quiso enviar mi padre cuando era niña, en los que enseñaban supervivencia en casos como esos. Como si el clima estuviera en mi contra comenzó a llover y por ende yo comencé a correr. No sabía a dónde, pero buscaba algún refugio o el frío de la noche me iba a provocar un resfriado y eso era lo menos que quería.Capitulo 94 final.Sofía:Lo primero que vi al despertar fueron los ojos azules de Marcelo. Estaba al lado de mi camilla y me observaba con evidente preocupación.—Estás vivo… —murmuré con dificultad.Recordaba lo ocurrido como si no fuera real, como si todo hubiera sido una de esas pesadillas que son tan intensas que parecen recuerdos. Pero todo era real. Armando, aquel hombre y Laila habían perdido la vida. Todo había terminado, de la peor forma posible, pero había acabado.Una sonrisa se esparció por el rostro de mi esposo. Tomó mi mano, la llevó hasta sus labios y me besó. Parecía muy cansado y me fijé en que llevaba barba de varios días, cosa me hizo dame cuenta de que no llevaba poco tiempo en el hospital.—Llegaste muy mal al hospital —me contó como si hubiera estado leyendo mi mente—, respiraste demasiado humo. Por el bien tuyo y del bebé decidieron entubarte y mantenerte sedada hasta que los niveles de oxígeno de tu cuerpo regresaran a la normalidad. Llevas aquí dos semanas.
Capitulo 93Sofía:Aquel hombre que le acababa de disparar a Laila cayó al suelo ante el disparo de Marcelo. Al ver que no se movía nos acercamos a Laila. Ella estaba en el suelo. De su espalda brotaba un enorme charco de sangre. Mis ojos fueron hasta los del niño. Favio no debía haber visto una atrocidad como esa, no debía haber presenciado algo así. Sus pequeños e inocentes ojos la observaban aterrados. Estaba llorando. Al parecer entendía lo que estaba ocurriendo. Quizás él lo entendía mejor que nadie, había perdido ya a alguien importante para él incluso antes de ser consciente de ello. —Lo siento —nos dijo Laila con la voz débil y la piel pálida—. Armando llegó hace unos días, me propuso vengarnos de ustedes… —miró a Marcelo con unos ojos cristalinos—. Él creía que porque te amaba iba ser capaz de traicionarte. Mientras ella hablaba tomé su celular y le envié un mensaje de texto a Lucía con nuestra ubicación. Estábamos demasiado lejos del hospital más cercano pero lo debíamos
Capitulo 92Marcelo:La casa de los padres de Laila, seguía prácticamente igual. La diferencia era que ahora, en lugar del jardín bien cuidado que la caracterizaba, ahora había maleza por doquier. Ni siquiera sabía que aquel lugar seguía siendo propiedad de los Benedict, pensé que tras mudarse la habían vendido. Imaginé que fue Laila quien le ofreció el lugar como escondite a Armando. Como el cerco se le estaba cerrando, seguro que sus propiedades estaban siendo vigiladas por la policía, había tenido que acudir a su ayuda. Mi pregunta era, ¿desde cuándo lo estaba ayudando? ¿Por qué había decidido ponerse del lado de un delincuente como él sabiendo que lo único que lograría con eso era ir a la cárcel?Aquella casa alguna vez fue una joya de la arquitectura, pero ahora solo era un esqueleto que se aferraba a vivir de los vestigios de la belleza del pasado. En la pared de atrás, una hiedra trepadora comunicaba el suelo con una de las ventanas del segundo piso. Decidí intentar subir por a
Capitulo 91Sofía:Confiaba en Marcelo con los ojos cerrados. Sabía que si pensaba que lo mejor era ir por nuestra cuenta a rescatar al niño, entonces debía hacerle caso y seguir su plan. Por eso, tras cambiarnos por fin de ropa y dejar atrás nuestra vestimenta de casados, nos marchamos en el auto de Marcelo antes de que Dusol y los demás policías se dieran cuenta.Mientras avanzábamos por la carretera pensé en todo lo que había ocurrido últimamente. De estar casados y previamente pensar que estábamos a punto de resolver nuestros problemas, habíamos pasado a estar completamente sumergidos en una pesadilla. No entendía a Marcelo, no podía saber el dolor que debía estar sintiendo puesto que aún no era madre, aún así imaginaba toda la tormenta que debía estar pasando por su cabeza, en muy poco tiempo Favio se había ganado mi cariño y ahora que estaba lejos de nosotros me daba cuenta de lo mucho que lo quería. —Hay un pasadizo por la parte de atrás —me contó Marcelo mientras conducía con
Capitulo 90Marcelo:Lo sentía de nuevo. Era como una pesadilla pero la diferencia es que todo era real. El miedo a perder a mi hijo, a perderme de nuevo en la angustia, el dolor, la soledad… me estaba volviendo loco. El tiempo pasaba y aquellos policías no hacían nada, sentía que nadie estaba haciendo nada, que a nadie le dolía el secuestro de mi hijo, tanto como a mí. Nunca me sentí tan pequeño e insignificante como en ese momento, estando en un país tan grande sin saber en dónde estaba mi hijo. Sin saber si se sentía solo, si tenía miedo, si estaba llorando o si pensaba que lo habíamos abandonado. En ese momento Sofía, Dusol y yo estábamos debatiendo cuál era la mejor opción, pero mi teléfono comenzó a sonar y nos quedamos paralizados unos segundos. Fue Sofía la primera que habló:—Déjame hablar con él —repitió lo que llevaba rato diciendo—. Tengo que convencerlo de devolver a Favio.Para mí aquello era una mala idea, aún así prefería no arriesgarme. Ella tenía razón en que Armand
Capítulo 89Sofía:La imagen era insólita, Laila trabajando con un criminal psicópata como Armando. Imaginaba lo que estaba sintiendo Marcelo en ese momento, viendo como una mujer que conocía desde que estaban en el instituto, amiga de su familia, se aliaba con su mayor enemigo para secuestrar a su hijo. Más insólita aún fue la imagen que estaba viendo en ese momento al mirar una de las ventanas de cristal frente a nosotros. La casa plagada de policías, Marcelo de traje arrugado y corbata deshecha con las manos en la cabeza, apretando su cabello mientras caminaba de un lado a otro, yo aún vestida de novia, con el maquillaje corrido y mi vestido de novia que lejos de traerme suerte, sucedió todo lo contrario. Fue viendo esa imagen que lo comprendí. Marcelo había dicho en el altar, frente al cura que nos casó y a todos nuestros seres queridos, que yo había llegado para destruir la barrera que lo había aislado por tanto tiempo tras la pérdida de su primera esposa. En ese momento no lo v







