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Capítulo 2

Autor: Luis
last update Data de publicação: 2026-01-13 15:27:16

Sofía

Aún estaba en shock. Acababa de ver cómo mi esposo le decía a otra mujer que el hijo de ambos estaría bien. Aquello tenía que ser una confusión. Un malentendido muy grande.

—¿Armando? —me sorprendió escuchar mi propia voz. 

Mi esposo me miró de golpe y me vio  como quien ve algo que no tiene el menor sentido. Su rostro palideció. 

—¿Qué haces aquí? —me preguntó tras sentar a la mujer en un sillón.

—Estaba en la consulta —respondí—. ¿En serio tienes la desfachatez de hacer esa pregunta? 

—¿Qué ocurre? —le preguntó la mujer—. ¿Quién es ella? 

No tuve las fuerzas de responder. Deseaba abrir la boca y decirle que era su esposa, que justo me encontraba en una consulta de infertilidad porque queríamos tener un hijo, quería preguntarle quién era ella y exigirles una explicación. Pero no me podía mover. No podía decir nada. Todo había ocurrido muy deprisa y aún lo estaba asimilando. 

Al ver que no decía nada, Armando me tomó del hombro y me dijo:

—Ven conmigo. Tenemos que hablar a solas. 

Sin que lo pudiera evitar me condujo hasta una habitación que estaba completamente vacía. Parecía un salón de clases. Supuse que ahí estudiaban los estudiantes de medicina.

—Amor —me dijo de pronto acercándose a mí—, ¿qué haces aquí? ¿Estás enferma y no me dijiste? 

Intentó abrazarme y lo aparté empujándolo con las manos. 

—No me toques y dime por qué dijiste que ese niño era tu hijo.

—¿Mi hijo? No, escuchaste mal. Ella es solo una compañera de trabajo…

Mi teléfono estuvo sonando todo ese tiempo, al ver la insistencia imaginé que debía ser algo importante. Era mi amiga. Supuse que estaría buscándome y decidí contestar.

—Ahora no puedo hablar. Estoy en medio de una discusión con Armando…

—Sofi, escucha lo que te voy a decir. Me duele tener que decir esto, pero ese mal nacido te mintió todo este tiempo. No sé cómo lo hizo pero falsificó los resultados de sus pruebas, tengo los verdaderos en mis manos. Armando es estéril desde que sufrió un accidente practicando deporte hace unos años. Por eso nunca quedaste embarazada…

Dejé de escuchar a mi amiga. No me podía creer lo que acababa de escuchar. Mis oídos pitaban mientras una secuencia de imágenes pasaban frente a mis ojos. Cada consulta, cada lágrima, cada nueva desilusión por no quedar embarazada. Todo me vino a la mente como ráfaga. 

Él me seguía hablando, me seguía viendo con aquella mirada de inocente y cuando me vine a dar cuenta ya estaba gritando.

—Me mentiste —espeté con los ojos llenos de lágrimas y él se quedó congelado—. Me mentiste todo este tiempo. Dejaste que me hiciera todas esas pruebas dolorosas, dejaste que llorara, que sufriera y creyera que la del problema de infertilidad era yo cuando todo este tiempo fuiste tú. 

—Sofía, cálmate por favor. Tengo algo que decirte. Las cosas no son como crees…

—¿Quieres que me calme? —grité tomándolo del abrigo para zarandearlo—. Sabías las ganas que tenía de tener un hijo, la ilusión que me hacía… eres un maldito imbécil. Un egoísta de mi…

Una bofetada me dejó en silencio. Me acababa de pegar. Acababa de cruzar el límite que nunca había cruzado. Con un ardor en el rostro, un ardor que latía a cada segundo que pasaba, lo miré sin poder creérmelo. 

—¿No lo entiendes? —dijo él como si no me acabara de pegar—. Te estoy haciendo un favor. Solo mírate. Si estoy contigo es por tu belleza, no tienes nada que ofrecer. Esa mujer que está ahí fuera viene de una familia adinerada, una familia con estatus, poder… una familia a mi altura. ¿De verdad creías que le iba a dar mi apellido a un hijo nuestro? No seas ingenua. 

No me podía creer lo que estaba escuchando. Por fin me daba cuenta de que el Armando que creí conocer no existía. Todo fue una ilusión, un montaje que creó para que sintiera la necesidad de estar a su lado. Todo fue una farsa.

—No entiendo cómo pude estar contigo… —murmuré con los ojos llenos de lágrimas.

Armando sonrió.

—No mientas. Estás conmigo porque me amas, me deseas tanto como yo a ti. ¿Sabes que? Podemos ser amantes, vernos a escondidas, satisfacer nuestro deseo…

Se acercó a mí e intentó besarme mientras acariciaba mi rostro con sus asquerosas manos. Sin poderme contener le di una patada en su entrepierna y emitió en el acto un grito de dolor.

—Nunca más se te ocurra ponerme una mano encima —lo miré con rabia mientras me quitaba el anillo de casada y se lo arrojaba al rostro—. Lo nuestro se acabó. 

De esa forma salí de aquella habitación. Ni siquiera tuve tiempo de despedirme de mi amiga. Salí por la puerta trasera del hospital y tomé un taxi hasta mi casa. Cuando entré tuve la sensación de estar en un lugar que no me pertenecía. Las fotos en las que aparecíamos juntos aparentemente felices, la alfombra roja que nos regaló Lucía, las decoraciones que compramos, nuestros cuadros, todo me pareció falso, una obra de teatro que interpretamos fingiendo que nos amábamos. Ahora me daba cuenta de todo.

Temiendo que apareciera en cualquier momento, corrí a la habitación y recogí todas mis cosas mientras lloraba de forma desconsolada. Las fotos de ambos las hice pedazos y las arrojé al suelo. Aquel era el final de un capítulo doloroso y lo iba a cerrar de forma definitiva.

Al salir con mi maleta, dejé mi copia de la llave en el suelo y me marché hacia un hotel. Fue cerrar la habitación, sentarme en la cama y estallar en lágrimas. No me podía creer lo que había ocurrido. Era demasiado para mi frágil cuerpo. En un par de horas mi vida, tal como la conocía, se había acabado para siempre.

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