LOGINAl escuchar la palabra “ropa”, Ariadna miró el reloj en la pared. Eran las 7:30 a.m.
—Gracias por la oferta, pero ya debo irme —dijo, levantándose rápidamente de la silla.
Subió al dormitorio, recogió el dinero que le había dado Redsy y lo guardó en uno de los bolsillos del overol.
—Te devolveré esta ropa en el club —dijo, dirigiéndose a la puerta.
—¿Y cómo planeas usar el ascensor? —preguntó Redsy, riendo mientras le mostraba la tarjeta en su mano.
Ella se detuvo, dándose cuenta de que no podía salir sin esa tarjeta. Algo preocupada, se dio media vuelta y lo miró.
—No tengas miedo. Como te traje hasta aquí, yo mismo te llevaré a donde tú quieras —dijo Redsy, sonriendo.
—En ese caso... ¿me podrías llevar al club, por favor? —dijo ella, aliviada.
—Sí, claro que sí —respondió Redsy.
Ya en el auto, Redsy decidió hacerle algunas preguntas.
—Por cierto... ¿cuál es tu verdadero nombre?
—¿Qué? ¿Por qué quieres saberlo? Eso no es de tu incumbencia —respondió Ariadna, molesta.
—De hecho, sí lo es. Si trabajas en el club y yo soy el nuevo dueño... eso me convierte en tu jefe, ¿verdad?
Ella lo pensó unos segundos. Nunca le había dicho su verdadero nombre a un cliente. Decírselo a él se sentía extraño.
—Está bien... me llamo Ariadna —dijo ella algo incomoda.
—¿Te importa si te empiezo a llamar Ari? —dijo sonriendo.
—Eres mi jefe, así que llámame como quieras.
—Bien, Ari. Te voy a ser sincero. La razón por la que quiero comprarte ropa... es porque destruí tu lencería.
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué lo hiciste?! —dijo muy molesta.
—Odio la lencería de ese color —dijo Redsy algo molesto.
—¿Así que estuve toda la noche sin ropa interior porque la destruiste? Si fuiste a comprar ropa y traje de baño, ¿por qué no compraste ropa interior simple? Es vergonzoso estar así —dijo ella molesta, queriendo golpearlo, pero se contuvo porque era su jefe.
La razón por la que Redsy no compró ropa interior era simple: vergüenza. Años atrás, algo le había marcado. Si ya lo miraban raro por preguntar por ropa de mujer, comprar ropa interior habría sido aún peor.
—Lo siento mucho. Así que Ari... ¿qué ropa quieres? Y de paso aprovecho para comprar ropa para mis chicas.
—¿Tus chicas? —dijo algo confundida.
—Planeo expandir el club y traer a varias de ellas. Les gusta la lencería de lujo, y les prometí que les compraría lo mejor.
Ariadna, sorprendida, preguntó:
—¿Buscas una tienda de lencería y disfraces sexys?
—Sí. ¿Conoces alguna?
Ella se iluminó.
—Trabajo en una tienda así. Se llama SUCCUBUS ROSE. Yo puedo...
Redsy frenó de golpe. Por suerte, Ariadna llevaba el cinturón de seguridad.
—¡Oye! ¿Qué te pasa? Ya van dos veces que... —dijo ella molesta.
—Lo siento —dijo interrumpiéndola y disculpándose—. Es que me sorprende que una tienda como esa esté en este país. Dime... ¿su ropa es de buena calidad?
Ella dejó de estar molesta. Si Redsy compraba mucho, podría llevarse una buena comisión. Tenía que convencerlo.
—Sí. Tenemos gran variedad de tallas y diseños, con materiales como algodón, poliéster, lana, poliamida, elastano y seda. Incluso disfraces. Estoy segura de que a tus chicas les encantará. Puedo llevarte después de cambiarme —dijo ella sonriendo.
—Me parece bien —dijo Redsy sonriendo.
Al llegar al club, Ariadna se bajó.
—Espérame solo diez minutos. Me cambiaré rápido.
Pero en lugar de entrar al club, cruzó hacia el edificio de enfrente.
—¿Un momento...? ¿Ella vive ahí? —pensó Redsy, sorprendido.
Miró el edificio viejo y murmuró:
—Creo que se va a enojar cuando le diga que debe abandonar ese lugar...
En ese momento, Carolina apareció.
—Jefe Redsy, buenos días.
—¡No aparezcas de la nada! —dijo Redsy, sobresaltado.
—Lo siento. Tenemos un problema... Por cierto, ¿esa chica era Ari?
—¿Tú también la llamas así? Un momento... tú la conoces bien, ¿verdad?
Carolina dudó un momento.
—Podría decirse que sí.
—Entra al auto y cuéntame sobre ella.
Carolina se subió.
—¿Qué quiere saber?
—Tiene dos trabajos. ¿Tiene una deuda?
Carolina bajó la mirada, con pena.
—Lamentablemente sí. Ella... y casi todas las chicas tienen una deuda con Tony.
—¿Las otras también?
—Sí. Ese es el problema del que quería hablarle. Esta mañana, todas recibieron llamadas de amenaza. Tony les dijo que, aunque ya no es el jefe, aún tienen una deuda que pagar.
—¿Y cuál es el problema? —pregunto Redsy.
—Les exigió el pago completo para este fin de semana... o sus seres queridos serán lastimados.
Redsy apretó el volante, molesto.
—Eso es ilegal. Y poco ético.
—Lo sé. Pero ellas firmaron sin leer el contrato...
Carolina se aferró a Redsy, como suplicando.
—¿Usted no puede hacer algo para ayudarlas?
Redsy podría deshacerse de Tony y las deudas fácilmente. Pero por ahora, estaba más interesado en SUCCUBUS ROSE. Si era una tienda falsa, el dueño sería castigado. Si era la verdadera... también.
Entonces se le ocurrió una idea.
—Lo tengo.
Sacó su celular y llamó.
—Hola, Karma... no, no te llamo por eso... que no, no te llamo por ella. Ya lo superé... sí, ya lo superé. Necesito tu ayuda. Te enviaré su nombre y foto. Ya sabes qué hacer. ¿Cómo que no tienes tiempo? Me lo debes, ¿recuerdas?... Bien. Gracias.
Colgó y sonrió.
—Problema resuelto. Diles a las chicas que ya no deben preocuparse por la deuda.
—Ok. Muchas gracias —dijo Carolina, sonriendo.
Se bajó del auto y se fue feliz. Confiaba en Redsy por ahora.
Verónica, la última princesa de los Butterfly, estaba aterrada. Nunca pensó que tendría que gobernar el reino —o mejor dicho, el país llamado Eris. Se suponía que el puesto de reina lo tomaría su abuela, su madre o algún otro familiar. Ella había planeado desde un principio alejarse de las típicas peleas por la corona y vivir tranquilamente con la asignación real mensual: un monto de dinero que recibía cada mes para sus gastos. No era mucho, pero suficiente para una vida sin preocupaciones.Pero sus planes cambiaron. Todos sus familiares habían muerto. Solo quedaban la reina y ella. Y como la reina estaba por renunciar al trono, Verónica, por ser la única descendiente, automáticamente se convertiría en reina.—¿Por qué las cosas terminaron así? Yo nunca quise la corona… —decía Verónica, aterrada por las nuevas responsabilidades. Cualquier error que cometiera no solo sería expuesto al país, sino al mundo entero. Sentía que todas las miradas estaban puestas en ella. Cubierta con las sáb
Días atrás, cuando Redsy se fue dejando a su asistente personal llamada Angela, ella intentó disfrutar de sus vacaciones. Sin embargo, no pudo hacerlo: descubrió algo que la asustó.Después de terminar la última tarea que le había encomendado Redsy, Angela, sin saber qué hacer con el tiempo libre, decidió dirigirse a un resort con spa. Quería quedarse unos días allí y pensar qué hacer durante esos dos meses de descanso.—Buenos días, señorita Angela —dijo la recepcionista, emocionada de verla. Su presencia significaba que Redsy podría visitar el lugar, una oportunidad que no podía desaprovechar. Quería saber algo relacionado con la gran búsqueda o selección.La noticia de que Redsy se había divorciado de Delta se había esparcido entre todas las súcubos a través del sistema de mensajería diseñado solo para súcubos. Eso significaba que Redsy estaba disponible y, si tenían suerte, quizá volvería a llamar a todas las súcubos para elegir a una nueva esposa.—Buenos días —respondió Angela,
Después de unirse a sus otros yo, Redsy miró a Carolina con una sonrisa.—Buenas noticias, Carolina. Voy a concederte tu deseo. El club es todo tuyo —dijo, dejando un llavero con muchas llaves sobre la mesa—. Pero solo te pediré tres cosas.—Primero, quiero que hagas firmar estos contratos a todas las chicas del club —dijo, colocando un montón de hojas sobre la mesa.—Segundo, olvida todo lo que sabes de Ariadna y Yesica. Pase lo que pase, no digas nada sobre sus pasados.—Tercero, no despidas a mis chicas. O mejor dicho… no despidas a mis súcubos. Puedes castigarlas, gritarles, regañarlas… pero no despedirlas.—¿Aceptas? —preguntó Redsy, mirándola fijamente.—Claro que sí —respondió Carolina, tomando las llaves con entusiasmo.—Bien. En ese caso, nos vemos al mediodía para que conozcas a mis chicas —dijo Redsy, abriendo un portal y desapareciendo.Carolina dejó de pensar en todo lo demás. Estaba feliz. Por fin… el club era suyo.Redsy apareció en su portal personal del tesoro. En med
Redsy apareció en el nuevo club. Según el informe que Carolina le había enviado esa mañana, todo estaba listo: las reparaciones y remodelaciones de los edificios alrededor del club habían terminado. Aunque estaban vacíos, solo faltaba llenarlos con cocinas, catres, roperos, muebles nuevos… todo lo necesario para sus chicas.—Esos vampiros y duendes sí que trabajaron rápido. Les daré un bono en sus cheques —dijo Redsy, sonriendo mientras se dirigía al bar para celebrar su compromiso.Pero se sorprendió al ver a Carolina allí.Carolina lo miraba con los ojos abiertos. Dejó caer la copa que tenía en la mano: había visto cómo algo oscuro apareció de la nada… y luego Redsy salió de ahí.—Lo sabía. Mi intuición no me engañaba. Hay algo extraño en ti —dijo Carolina, molesta, señalándolo con el dedo.—Ya veo. A pesar de que te dije que volvieras a tu casa, decidiste quedarte a tomar unos tragos. Bueno… creo que esto facilita las cosas —dijo Redsy, sonriendo mientras se acercaba. Había leído s
Ariadna despertó en su cuarto. Una voz familiar la hizo girar la cabeza. A su lado, Natacha estaba sentada sobre Yesica, quien le ayudaba a leer un cuento, pues había faltado como 1 año a clases.—¿Natacha? —murmuró Ariadna, confundida y sorprendida.—¡Hermanaaa! —exclamó Natacha, saltando de Yesica para abrazarla con fuerza a Ariadna.—¿De verdad eres tú? —preguntó Ariadna, incapaz de creerlo. La última vez que la vio, Natacha estaba delgada, pálida, sin cabello… pero ahora irradiaba salud, como si nunca hubiera estado enferma.—Sí, soy yo —respondió Natacha con una sonrisa radiante.Ariadna la abrazó con fuerza, llorando de felicidad. Pero entonces, Natacha dejó de sonreír.—Lo siento mucho… perdón —susurró, llorando mientras se aferraba a su hermana.—No tienes por qué llorar, pequeña. Ya te dije que no fue tu culpa —intervino Redsy.—¿Redsy? ¿Desde cuándo estás aquí? —preguntó Ariadna, sorprendida. No lo había notado; toda su atención estaba en Natacha.—Natacha, ¿quieres ver algo
—Ahora lo entiendo todo… Tu forma extraña de actuar y la razón de ese contrato absurdo —dijo Ariadna, tocando el cuadro.—Por cierto, preguntaste qué era. Pues soy el Representante de la lujuria —respondió Redsy, guardando el cuadro.—¿Representante de la lujuria? ¿Eres un demonio? ¿Humano? —preguntó Ariadna, confundida y aún con algo de miedo.—No, no soy un demonio. Literalmente represento a la lujuria, aunque me considero humano. De hecho, existen muchos representantes más: la venganza, el amor, la gula, la promesa, la mentira, la avaricia, la ira, la desesperación… y otros —dijo Redsy, sonriendo.—Entonces… ¿realmente perteneces a la familia Butterfly? —preguntó Ariadna, preocupada al darse cuenta de algo terrible.—Sí. De hecho, tengo el rango de príncipe —dijo Redsy con una sonrisa traviesa, pues al leer su mente y notar su inquietud, quiso jugar un poco con ella.—¿Príncipe? —repitió Ariadna, sorprendida y aún más preocupada.—Por cierto, puedo leer tu mente. Así que no te preo







