LOGINSiete años después…Los días de verano en Costa Amalia suelen ser agradables para todos, especialmente para los visitantes de otras ciudades que no tienen playas para disfrutar.Carlo e Iñaki están sentados en tumbonas, atentos a sus mujeres, mientras cuidan a los dos pequeños de Carlo, de cuatro y dos años.—Es increíble esa mujer, ya pasó de los cincuenta y esos buitres de veinte la miran para hincarle el diente —gruñe Iñaki.—Y espera a que Isidora tenga ocho años más —se burla Carlo, peor Iñaki le pone sal en la herida.—Estaré igual que tú, que también tienes una hija y tu esposa es más joven que tú. Anda que no te funcione lo que tienes y te deje por uno más joven.Carlo le pone mala cara, pero regresa a vigilar a sus mujeres, solo que dos de ellas les falta. Salta de la tumbona, mira a todos lados e Iñaki hace lo mismo.—¡¿Dónde están las niñas?!Toman a sus hijos, comienzan a caminar por la playa para buscarlas, pero no las encuentran por ninguna parte. Sus esposas se salen de
Cuando les dan el alta el a sus mujeres, la vida de esos hombres cambia radicalmente. Incluso para Ian, porque tener dos hijos no es sencillo, pero no deja de lado a su princesa y se desvive por atender a su hijo.Andrea, esta vez, no se siente mal ni desplazada, porque comprende que Ian lo hace porque quiere protegerlos de todo, y porque considera que ella ya hizo mucho teniéndolo en su vientre por nueve meses.Para Iñaki, las cosas no son tan malas. Carlota se tardó en recuperarse un poco, pero con los cuidados de Iñaki, no tuvo mayores consecuencias. Ahora, los tres viven una vida familiar que a él lo llena por completo. Sabe que debe ser un buen padre para su nena, para que en el futuro elija un buen hombre que la haga feliz, tanto como él a su madre.Y Carlo…Esta es su segunda oportunidad, y la está aprovechando al máximo. Para él no hay nada más importante que su mujer y si hija, por lo que ha buscado, con ayuda de Iñaki, a una persona que se haga cargo de la empresa por los pr
Iñaki presiona la herida, mientras que Ian solo mira a su esposa. Rebeca salta de la silla, a pesar de que le duele el vientre y suelta a Andrea primero, mientras que Carlo intenta soltar a Carlota. Dina ató a las tres con diferentes amarras, a Andrea con una cuerda y a Carlota con bridas.Andrea, en cuanto se ve libre, corre para ver a su esposo, se arrodilla como puede y le toma el rostro.—No te puedes morir —le susurra y él se ríe con debilidad.—Claro que no moriré…, no puedo dejar sola a mi esposa para que los buitres la ronden.—¿Solo por eso?—Es la principal razón, porque te amo con locura, mujer. Además, tenemos un hijo que criar, tengo que enseñarle a ser un caballero íntegro.En el fondo oyen las patrullas y no se sorprenden de que lleguen después que ellos. En cuanto entra uno de los oficiales, pide que llamen una ambulancia adicional, porque hay dos heridos.—Esa se murió —le dice Carlo y extiende sus manos para que lo esposen—. Yo lo hice.—No será necesario esposarlo,
Un día cualquiera, Andrea se detiene frente a una tienda de helados, porque se le antoja uno. Le quedan pocos días para dar a luz, así que está aprovechando de comer todo lo que se le antoje, porque en cuanto nazca su pequeño hijo, hay muchas cosas que dejará de comer.Sale de la tienda con un enorme cono de helado, con tres sabores diferentes y decide sentarse en una discreta banca que está a un costado de la tienda, en un callejón bastante lindo.El equipo de seguridad vigila por los alrededores, excepto por un lugar…Andrea está disfrutando de cada sabor, cuando alguien le cubre la boca, tira el helado y la meten dentro de un auto que se ve nuevo. Y no sabe nada más de ella.Cuando despierta, está atada a una silla, en un lugar sucio, que huele a moho y aceite quemado. Mira a todos lados y ve a cada lado tiene a Rebeca y a Carlota, las que está atadas de la misma manera.—¿Quién hizo esto? —pregunta ella con el ceño fruncido, hasta que aparece Dina de la oscuridad.—Yo lo hice, mal
El doctor llama al neurólogo, quien evalúa a Carlo y le dice a Rebeca que puede estar tranquila, porque parece ser amnesia temporal. Solo le queda ser paciente, ayudarlo poco a poco, sin agobiarlo, y en cuestión de días debería recuperar todos sus recuerdos.El traumatólogo les dice que en tres meses Carlo podría volver a ponerse de pie, si todo marcha bien, ya que las fracturas fueron tratadas con placas. Para cuando se quedan solos, Carlota ha llegado también y está a su lado, tomándole una mano como cuando era pequeño y sonriéndole.—Nos diste un susto enorme, amor…, pero no es tu culpa, lo sabemos.—¿Cómo te has sentido? —pregunta de manera pausada—Bien, Iñaki y Rebeca no dejaron que me estresara. Tu hermanita está perfectamente.Carlota le cuenta algunas cosas que se ha perdido, entre ellas la investigación que hay contra los Norambuena, y que el jefe nacional de la policía se involucró, puesto que sus atentados son los siguientes, luego del que sufrió ella.Carlo le pregunta po
Iñaki tiene que pedir que internen tanto a Rebeca como a Carlota, porque ambas comienzan a sentirse mal cuando llegan al hospital y les dan el reporte de lo que ha pasado.En el trayecto sufrió un paro cardiaco, el que costó revertir, pero finalmente lograron estabilizarlo y lo ingresaron a un quirófano para intentar contener hemorragias internas.Un oficial se acerca a él, le entrega las cosas que Carlo tenía en el auto y también las que cargaba con él en su traje.Se debate entre entregarle los regalos a Rebeca o no, pero decide que eso podría ayudarla a calmarse un poco con todo lo que está pasando.Ambas mujeres están juntas en un cuarto, para que se hagan compañía, Carlota ve a Iñaki entrar con los regalos y le dice molesta.—No es momento para regalos…—Lo siento, amor, pero no son para ti —camina hacia Andrea y se los deja en el regazo—. Son para ti…, tu esposo pasó por estos regalos para ti.—¿En serio? —abre la tarjeta, que está algo sucia y arrugada, pero lee el mensaje que







