INICIAR SESIÓNLa mirada de Kai era tan furiosa, tan desquiciada, que Christopher se estremeció y retrocedió otro paso, con la garganta apretada, sin atreverse a decir nada más. Kai marchó directo hacia él, y Christopher se apartó rápidamente, pegándose a la pared mientras Kai pasaba a su lado sin una palabra. Salió furioso del dormitorio y bajó las escaleras con estruendo.De vuelta en la cocina, tomó la botella de whisky de la encimera y se la llevó directo a los labios, bebiendo de forma agresiva. Después de unos cuantos tragos largos, el ardor le golpeó la garganta con brutalidad, y tosió con fuerza, doblándose un poco, con una mano aferrada a la encimera para sostenerse. La cabeza le daba vueltas, pero no soltó la botella. En cambio, se tambaleó hasta la sala y se dejó caer pesadamente al suelo, con la espalda contra el sofá, el cuerpo desplomado pero la mano sin aflojar la botella. Siguió bebiendo, y el alcohol le bajaba por la garganta haciéndole arder el pecho, nublándole la vista y volviénd
El viento sopló con violencia a su alrededor mientras el vehículo desaparecía por la carretera, y el corazón de Miranda latía con fuerza mientras lo seguía con la mirada.—Ese coche... —frunció el ceño ligeramente—. ¿Por qué me resulta familiar?Intentó fijarse en la placa, pero ya estaba demasiado lejos para verla con claridad. Jack la soltó despacio, con las cejas ligeramente juntas, mirando hacia la dirección por donde el coche se había perdido, y luego se volvió hacia ella.—¿Tienes miedo de ir sola a Londres? —preguntó, estudiando su rostro—. Nunca has vivido sola en otro país, esta será tu primera vez, ¿verdad? ¿Estás nerviosa?Miranda forzó una pequeña sonrisa.—Estoy bien —dijo, sacudiéndose la inquietud que sentía en el pecho—. Estoy acostumbrada a estar sola.Jack asintió suavemente.—De acuerdo.Miranda dudó un momento, jugueteando con los dedos antes de volver a mirarlo.—Hay algo importante que tengo que decirte.—¿Qué es? —preguntó Jack con suavidad, observando su rostro
Era tarde por la noche cuando Kai por fin salió de su oficina, y el vestíbulo del edificio estaba casi vacío. Se subió a su coche, y el sonido del motor resonó dentro del silencioso estacionamiento. Encendió el teléfono y abrió la ubicación que Christopher le había enviado antes, y la línea azul de la navegación se reflejó en sus ojos afilados mientras ajustaba la ruta en la pantalla del coche. Entonces arrancó.Las luces de la ciudad pasaron como destellos por su ventanilla, y cuando el coche por fin se detuvo, Kai levantó la mirada. Sus dedos se tensaron ligeramente sobre el volante mientras observaba el edificio que se alzaba frente a él. Volvió a mirar el mensaje de Christopher y luego la dirección, y sus cejas se fueron juntando poco a poco.Era un edificio de apartamentos. No era barato, la fachada estaba limpia y era moderna, con las cálidas luces de los balcones brillando suavemente en la noche, pero ni de lejos era tan lujoso como su mansión.Apretó la mandíbula.—¿Se mudó aq
—Ay, por favor —dijo ella con orgullo—. Pensaste que yo iba a volver corriendo, a rogarte que fuéramos amigos otra vez, quizás incluso a aceptar tu propuesta.Sus labios se curvaron.—Pero yo no persigo hombres. No esperabas eso, ¿verdad? ¿Te herí el ego?Sus ojos brillaban de arrogancia.—Esperabas que suplicara, y cuando no lo hice, no lo pudiste soportar. Por eso rechazaste el trato de mi padre, por eso me estás atormentando: solo quieres que confiese que estoy enamorada de ti.Por un momento Kai se quedó sin palabras, llevándose la mano a la frente como si literalmente no pudiera procesar lo que ella estaba diciendo, y soltó un resoplido de incredulidad. Miró a Miranda, que no había dicho una sola palabra ni lo estaba mirando siquiera; ella observaba a Josephine en silencio, con una expresión fría y distante, y ese silencio lo frustró aún más.Se volvió de nuevo hacia Josephine, ya sin nada de paciencia.—Has perdido la puta cabeza —dijo con voz baja y áspera—. Nunca te amé, nunca
Josephine llevaba casi una hora esperando en la sala de juntas, caminando de un lado a otro con inquietud, y en cuanto la puerta finalmente se abrió y entró Kai, su rostro se iluminó de inmediato, dibujando una sonrisa aliviada en sus labios mientras se ponía de pie rápidamente.—Kai...Corrió hacia él, extendiendo la mano para tomar la suya, pero él dio un paso atrás bruscamente y ella se quedó paralizada. La vergüenza le cruzó el rostro por un instante, aunque enseguida se obligó a recuperar una expresión suave.Kai permaneció ahí con frialdad, su expresión indescifrable, los ojos distantes e indiferentes. Ella se colocó el cabello detrás de la oreja y volvió a acercarse, bajando la voz con dulzura.—Kai... ¿qué está pasando? No entiendo —dijo, con los ojos casi llorosos—. Por favor, deja esto ya. Sé que estás molesto conmigo, pero ¿por qué cancelaste el trato con mi padre?Kai no respondió; en cambio, sus ojos se dirigían hacia la puerta cada pocos segundos.—Kai —repitió ella, con
Miranda por fin salió a la sala de la casa de Evelyn esa tarde, después de haber pasado toda la mañana en cama, ya que llevaba días sin dormir bien y el agotamiento finalmente le había pasado factura. Cuando despertó por la mañana, su cuerpo se sentía pesado, como si los huesos le crujieran bajo presión, así que se quedó en la cama, mirando el techo, obligándose a descansar hasta sentirse un poco más humana.Ya vestida, entró en silencio a la sala.Evelyn estaba sentada en el sofá en medio de la habitación, revisando su teléfono, y en cuanto vio a Miranda se le iluminó el rostro; dejó el teléfono a un lado de inmediato y se enderezó.—Por fin —dijo Evelyn con una leve sonrisa—. Te tardaste bastante.Miranda esbozó una sonrisa pequeña y cansada y se sentó a su lado.—No me había dado cuenta de lo agotada que estaba —admitió.Evelyn se levantó y señaló hacia la mesa del comedor.—El almuerzo ya está listo. Ven, comamos juntas.Miranda asintió y la siguió. Ambas se acomodaron en la mesa







