Início / Romance / El sabor del pecado / #1 Perdóname, Padre

Compartilhar

#1 Perdóname, Padre

last update Data de publicação: 2025-12-16 20:53:52

ANTES DE LEER

Perdóname, Padre, porque estoy por pecar.

Contenido: Romance prohibido, cura, sacrilegio, diferencia de edad.

Este relato explora la delgada línea entre la salvación y la condenación. Si temas religiosos mezclados con lo erótico te incomodan, entonces esta confesión no es para tí.

(***)

Serena

El sonido de mis tacones resonó con un eco sacrílego en el vacío de la iglesia. Era tarde, el sol ya se había puesto y las únicas luces que quedaban encendidas eran las velas que proyectaban sombras largas y danzantes sobre los bancos de madera antigua.

El aire olía a incienso quemado, cera derretida y a ese silencio pesado que solo existe en la casa de Dios. Pero yo no estaba allí buscando paz. Mi cuerpo ardía con una fiebre que ninguna oración podía curar.

Caminé directo hacia el confesionario de madera oscura al fondo del pasillo. Sabía que él estaba ahí. Siempre se quedaba hasta tarde, castigándose a sí mismo con el silencio, cumpliendo sus deberes con esa rigidez militar que lo caracterizaba.

El padre Emerson.

Solo pensar en su nombre evocaba todas las fantasías que habían invadido mis pensamientos desde la primera vez que lo ví. Era tan atractivo que parecía un pecado forjado en el cielo. Tenía el cabello negro, siempre peinado pulcramente hacia atrás, contrastaba con sus ojos azul oscuro. Y estaba demasiado segura de que su cuerpo era firme bajo su atuendo de cura.

Los escenarios perversos y la anticipación hicieron que mi vientre se apretara. Una pequeña oleada de excitación empapó la tela de mi ropa interior. Llevaba todo el día así, húmeda, palpitante, caminando con los muslos apretados para contener la necesidad que él me provocaba.

Y sabía que era mutuo. Podía intentar ocultarlo, incluso negárselo a sí mismo, pero no era ajena a su manera de buscarme entre las demás personas, a esos pequeños detalles cuando su mirada se encontraba con la mía, cómo relamía sus labios rosados o tiraba ligeramente del cuello de su camisa oscura.

Abrí la puerta de mi cabina y me arrodillé en el reclinatorio. La madera crujió bajo mi peso. A través de la rejilla tupida, apenas podía distinguir su silueta. El perfil recto de su nariz, la línea tensa de su mandíbula y esa sotana negra que cubría un cuerpo que yo había desnudado mil veces en mi mente.

—Ave María Purísima —susurró él. Su voz era grave, profunda, una vibración que sentí directamente en el pecho y que bajó hasta mi vientre.

—Sin pecado concebida —respondí.

Hubo un silencio, un instante de reconocimiento. Aclaró su garganta.

—¿Qué pecados has venido a confesar hoy, Serena? —preguntó. Su tono intentaba ser pastoral, distante, pero noté la tensión. Noté cómo se detenía su respiración un segundo antes de decir mi nombre.

Me acerqué más a la rejilla, tanto que mis labios casi rozaban la madera. El olor a jabón limpio y hombría que emanaba de su lado de la cabina me embriagó.

—Lujuria, Padre —susurré—. No puedo dejar de tener pensamientos impuros. Son constantes. Me consumen.

—La carne es débil, hija. Debes rezar para alejar la tentación.

—No quiero alejarla —confesé, dejando que la verdad saliera cruda—. Me gusta. Me toco pensando en eso.

Sentí cómo Emerson se tensaba al otro lado.

—¿En qué, Serena?

—En él, Padre.

—¿Él? —preguntó, con la voz más ronca, perdiendo esa compostura de acero.

—Sí... —cerré los ojos, visualizando sus manos—. Imagino que sus manos, esas manos grandes y pulcras me sostienen con firmeza. Imagino que me levanta la falda y desliza sus dedos dentro de mi vagina, que está tan mojada y necesitada que goteo solo de verlo. Imagino que me llena, Padre. Que me abre y me reclama.

—Basta —siseó. No fue una orden piadosa, sonó estrangulado.

—Ahora mismo estoy empapada, Padre —continué, implacable, guiada por el deseo—. Mi ropa interior es un desastre. Siento que mi piel arde. Necesito que él lo sepa.

A través de la penumbra, vi cómo Emerson giraba la cabeza bruscamente hacia la rejilla. Sus ojos brillaron en la oscuridad, fijos en los míos.

—Hija, estás confesando pecados de lujuria en la casa de Dios —dijo, con la voz cargada de una advertencia oscura—, pero la forma en que me miras me dice que no buscas absolución, sino condenación.

—Busco lo que usted puede darme, Emerson —respondí, rompiendo el protocolo, llamándolo por su nombre.

Levanté mi mano y, con un atrevimiento que me aceleró el corazón, deslicé dos dedos a través de los agujeros de la rejilla de madera. Busqué su espacio. Inmediatamente, mis yemas rozaron el dorso de su mano, que descansaba apretada en un puño sobre su Biblia.

Su piel era cálida, suave.

Esperé a que se apartara. Esperé a que me reprendiera y me echara de la iglesia. Pero no se movió. Su respiración se volvió pesada, errática, llenando el pequeño espacio. Durante cinco segundos eternos, permitió que mi toque profanara su santidad.

De repente, se apartó como si le hubiera quemado.

Escuché el sonido violento de la puerta de su lado del confesionario abriéndose de golpe, chocando contra la madera. Pasos firmes y rápidos resonaron en el exterior.

El pánico me golpeó.

«Me va a echar. Lo he arruinado.»

Pero la puerta de mi cabina no se abrió para dejarme salir.

La cortina pesada de terciopelo que me separaba del mundo se abrió de un tirón y Emerson entró. Su figura alta y ancha llenó por completo el diminuto espacio, bloqueando la salida, consumiendo todo el oxígeno. Cerró la cortina detrás de él, sumergiéndonos en una oscuridad casi total, donde solo existía su calor y el aroma de su deseo reprimido.

Miré hacia arriba, hacia la sombra imponente que se cernía sobre mí. El Padre Emerson hundió sus dedos en mi cabello e hizo que me levantara. Se inclinó apenas, su boca rozando la piel sensible de mi cuello, absorbiendo mi aroma, y su aliento cálido me hizo estremecer.

—Dios puede perdonarte —susurró, y su voz era una promesa de destrucción—, pero esta noche tus pecados serán míos.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • El sabor del pecado   #4 La obsesión del jefe

    LandonEmpujé dentro de ella. La punta de mi polla se abrió paso entre sus pliegues resbaladizos con una lentitud deliberada que me costó cada gramo de control. Estaba tan apretada, tan caliente, tan jodidamente mojada que gruñí contra su cuello. Su coño era el maldito paraíso.Seguí entrando centímetro a centímetro, sintiendo cómo sus paredes envolvían mi grosor, cómo se estiraban para recibirme dentro de su canal. Cuando por fin estuve dentro hasta la base, me quedé quieto un segundo. Solo respirando. Solo sintiendo el pulso de su coño alrededor de mi miembro.—Mírame —ordené. Su mirada encontró la mía en el espejo—. Siente cómo te lleno. Este coño es mío ahora, Avery. Toda tú me perteneces. Solo a mí.Empecé a moverme. Despacio al principio, sacando casi toda la longitud y volviendo a hundirme hasta el fondo con una embestida profunda. El sonido fue obsceno, húmedo, pesado, perfecto. Cada vez que entraba, su cuerpo temblaba. Cada vez que salía, su cremosidad me empapaba la poll

  • El sabor del pecado   #3 La obsesión del jefe

    LandonMe arrodillé frente a ella como había fantaseado tantas noches.Su pesada respiración llenaba el estrecho espacio, el aroma de su perfume se fundía con el de su excitación en una mezcla embriagadora y adictiva.Levanté una de sus piernas y la apoyé sobre mi hombro, abriéndola para mí. Su coño estaba hinchado, brillante, todavía latiendo por el orgasmo que le había arrancado con los dedos. El olor me golpeó directo en la polla. Dulce, mío.Acerqué la boca y di la primera lamida larga, desde su entrada hasta el clítoris, recogiendo su cremosidad con mi lengua.El sabor me hizo gruñir de placer.Era como lo había imaginado: intenso, adictivo. Volví a lamer, más despacio esta vez, abriendo sus pliegues con la lengua, empujándola dentro de su agujero para sacar más de su dulce néctar. Ella gimió y sus dedos se enredaron en mi cabello. Quería que me apretara y que usara mi cara para darse placer y venirse en mi boca como tanto anhelaba.Desde ese momento, me convertí en el único hom

  • El sabor del pecado   #2 La obsesión del jefe

    Avery—Mis ganas de ti están acabando conmigo. Sus palabras quedaron suspendidas entre nosotros. Mi pecho subía y bajaba lentamente mientras el corazón me golpeaba con fuerza contra las costillas. Tenía la espalda contra la pared del ascensor, estando acorralada por el hombre que tenía un lugar en mi mente desde hacía tanto tiempo.Landon no se movió. Solo me miraba con esos ojos oscuros que ya no intentaban esconder nada.—Llevo meses mirándote cuando crees que nadie lo hace —continuó, su voz ronca por la lujuria la misma que oscurecía su mirada—. Cada vez que te inclinas sobre mi escritorio. Cada vez que te muerdes el labio concentrada. Cada vez que sonríes… y odio cada una de esas sonrisas que no son para mí. Odio que otros te miren. Odio que respiren el mismo aire que tú.Su mano grande bajó por mi costado. Lenta. Segura. Me sujetó la cadera y me atrajo un poco hacia él. Sentí el calor de su cuerpo, la dureza que ya presionaba contra mi vientre. Mi coño se apretó solo de senti

  • El sabor del pecado   #1 La obsesión del jefe

    AveryPodía sentirlo.Aunque no me mirara directamente, podía sentirlo. Su presencia difícil de ignorar. Al igual que la sensación constante que me seguía por la oficina como una sombra.Landon. Mi jefe. El hombre que nunca alzaba la voz y sin embargo todos guardaban silencio ante él.Yo llevaba dos años siendo su secretaria y todavía no había aprendido a ignorar la forma en que mi cuerpo reaccionaba cada vez que él entraba en una habitación.Me odiaba un poco por eso.Por estar enamorada en secreto de él. Y él… era demasiado serio, demasiado inaccesible, demasiado Landon para mirarme de esa forma. Yo era solo Avery. La chica eficiente que le preparaba el café como le gustaba, que organizaba su agenda, que sonreía cuando hacía falta. Nunca la mujer que él desearía.Esa mañana lo noté más tenso de lo normal. Cada vez que yo hablaba con alguien, su mandíbula se marcaba. Cada vez que reía, aunque fuera por educación, la pluma entre sus dedos golpeaba la mesa con un ritmo corto y con

  • El sabor del pecado   #4 El secreto del padre

    AnnelisseKaleb no se movió durante un segundo eterno. Seguía dentro de mi coño, la polla gruesa y dura. Sus ojos azules fijos en los míos. Yo estaba temblando debajo de él, anhelando que me diera la liberación que tanto ansiaba.Entonces empezó a moverse otra vez.Más lento al principio, casi cruel. Sacaba casi toda la longitud y volvía a hundirse hasta el fondo con una embestida profunda que me arrancaba el aire. —Kaleb… por favor…Cada vez que entraba, el roce contra ese punto dentro de mí me hacía ver blanco. Finalmente tuvo un poco de piedad y comenzó a moverse más fuerte. El ritmo se volvió constante, pesado, inevitable. El sonido de su polla entrando y saliendo de mi coño llenaba la habitación junto al choque de su pelvis contra la mía.—Kaleb… —gemí, aferrándome a sus hombros, sintiendo mi coño tan sensible que iba a llorar de placer—. No puedo…—Sí puedes —gruñó contra mi boca—. Vas a correrte otra vez para mí.Su mano bajó entre nuestros cuerpos y encontró mi clítoris. Lo

  • El sabor del pecado   #3 El secreto del padre

    AnnelisseSu lengua se deslizó sobre mis pliegues y un dulce estremecimiento me recorrió el cuerpo entero, curvando mi espalda.Era caliente, húmeda, lenta. —Oh, dios…Separó mis pliegues con los pulgares y lamió desde abajo hasta el clítoris con una pasada larga y deliberada. Gemí, y él lo tomó como un sonido de aprobación. Kaleb gruñó contra mi coño y volvió a hacerlo, más despacio, saboreándome.—Joder… —murmuró contra la piel húmeda—. Sabes como pensé que sabrías. Tan jodidamente dulce.Me chupó el clítoris entre los labios y lo succionó con fuerza. Mis caderas se elevaron y él me sujetó los muslos con más fuerza, abriéndome todavía más.Metió la lengua dentro de mi agujero. La empujó profundo, la sacó y la volvió a meter mientras yo me retorcía en la cama. Mi cremosidad le cubría la boca y el mentón. Y si antes se veía como la tentación hecha hombre, en ese jodido momento no era más que puro pecado. Metió un dedo. Luego dos. Los curvó hacia arriba y encontró ese punto que me

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status