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Capitulo 18

Autor: Makirini
last update Fecha de publicación: 2026-01-13 22:09:47

El despertar en la finca de Bedford trajo consigo una claridad dolorosa, una de esas mañanas donde la luz del sol parece demasiado brillante para los ojos que han llorado en la oscuridad. Isolde se despertó con una sensación de pesadez en las extremidades, una consecuencia directa del cóctel hormonal que la Dra. Sterling le había administrado la noche anterior. Su cuerpo se sentía extraño, una vasija que empezaba a desbordarse de sensaciones ajenas: una náusea persistente, un calor inusual en l
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Último capítulo

  • El silencio entre dos latidos   Capítulo 67: El Tejido del Destino y la Tierra Roja

    Capítulo 67: El Tejido del Destino y la Tierra RojaLa influencia de las palabras del ermitaño quedó suspendida en el aire de la casa como el aroma del incienso viejo, obligando a Alaric a observar su realidad con ojos nuevos. La primavera avanzaba con una voracidad hermosa; el Valle Rojo ya no solo despertaba, sino que rugía de vida. Las laderas, antes desnudas, se cubrían de un manto de flores carmesíes que parecían alimentarse del hierro de la tierra y del sol que ahora permanecía más tiempo sobre ellos.Alaric pasó la mañana trabajando en el exterior, reforzando los muros de piedra que flanqueaban la entrada de la casa. Sus manos, endurecidas por el trabajo y las batallas pasadas, se movían con una precisión rítmica. Sin embargo, su mirada se desviaba constantemente hacia la ventana donde Isolde se encontraba sentada. Ella había comenzado a tejer una manta pequeña, una labor que realizaba con hilos de lana teñidos con pigmentos naturales del valle. Había algo en su concentración,

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    Capítulo 66: El Susurro de las Cumbres y el Viejo SabioLa primavera en el Valle Rojo no era un evento, sino una conquista. Cada día, el sol ganaba una batalla más contra las sombras de los desfiladeros, y el murmullo del agua al correr se volvía el latido constante de su nueva existencia. Alaric, impulsado por una inquietud que no era miedo sino curiosidad, decidió que era hora de explorar los senderos más altos, aquellos que el invierno había mantenido vedados con su puño de hielo.—No te alejes demasiado, Alaric —le pidió Isolde desde el umbral, mientras el viento jugaba con su cabello plateado. Su vientre, ahora una curva prominente y hermosa, era el centro de gravedad de la casa—. Siento que la montaña tiene ojos hoy.Él regresó sobre sus pasos solo para besarla. Fue un beso largo, cargado de la promesa de un retorno rápido, uno que sabía a la miel que habían compartido y a la frescura de la mañana.—Solo iré hasta la cresta del águila. Necesito ver si el paso del sur está realme

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    Capítulo 65: El Despertar de la Sangre y el HieloEl sol de marzo, aunque todavía pálido y castigado por los vientos de la alta montaña, logró lo que parecía imposible apenas una semana atrás: abrir una grieta dorada en el cielo de plomo que había cubierto el Valle Rojo durante meses. El deshielo no llegó con un estruendo, sino con una música delicada y constante; el goteo del agua cristalina desprendiéndose de los carámbanos de piedra, el murmullo de los arroyos que recobraban su cauce y el suspiro de la tierra húmeda que, por fin, volvía a respirar.Alaric fue el primero en notar el cambio. Al abrir la pesada puerta de madera de la casa, el aire que entró no fue la daga gélida del invierno, sino una caricia fresca que olía a pino mojado y a vida latente. Se quedó un momento en el umbral, dejando que la luz bañara su rostro, borrando las últimas sombras de la lectura del diario de Valeran. Su pecho, antes una fortaleza cerrada, se expandió con una libertad que le resultaba abrumadora

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    Capítulo 64: El Eco de las Voces de PiedraLa paz que siguió al festín de miel y harina fue una de esas calmas que parecen tener peso propio. Mientras Isolde dormitaba con la cabeza apoyada en su hombro, Alaric observaba las llamas morir lentamente en la chimenea. Su mente, sin embargo, no lograba entregarse por completo al descanso. Sus dedos, todavía marcados por el roce de la madera y el calor de la cocina, buscaban inconscientemente el pequeño bulto que guardaba bajo su túnica: el diario de cuero agrietado que había encontrado días atrás tras una losa suelta en el sótano.Esperó a que la respiración de Isolde fuera profunda y rítmica antes de moverse con la agilidad silenciosa que nunca lo abandonaría. Se acomodó en un rincón cerca del ventanal, donde la luz de la luna, reflejada en la nieve exterior, bañaba las páginas amarillentas con un resplandor fantasmal. El diario no contenía mapas ni estrategias, sino el corazón desnudo de un hombre llamado Valeran, el primer Vance que se

  • El silencio entre dos latidos   Capítulo 63: El Aroma de la Memoria y la Miel

    Capítulo 63: El Aroma de la Memoria y la MielEl invierno en el Valle Rojo se había vuelto un compañero silencioso, una presencia que envolvía la casa de piedra con un abrazo gélido pero protector. Aquella mañana, el aire dentro de la estancia principal estaba impregnado de un aroma que Alaric no lograba identificar del todo, pero que le provocaba una extraña punzada de nostalgia. Era una mezcla de harina tostada, canela y una fruta dulce que parecía desafiar la esterilidad del hielo exterior.Isolde estaba en la cocina, un espacio de techos bajos y vigas de madera oscura donde el calor del horno de piedra creaba una atmósfera casi primaveral. Tenía las mangas de su túnica recogidas, revelando unos brazos cuya blancura competía con la nieve, y sus mejillas lucían un suave rubor provocado por el esfuerzo y el calor de las brasas. Sus manos, las mismas que podían tejer la paz con hilos invisibles, estaban ahora cubiertas de harina mientras amasaba con una determinación que a Alaric le r

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    Capítulo 62: El Latido bajo la PielLa quietud que siguió a la tormenta de nieve no era un vacío, sino una presencia viva que envolvía la casa de piedra como una mortaja de seda. Dentro, el mundo se reducía a lo esencial: el aroma de la madera quemada, el calor de las pieles y el sonido rítmico de la respiración de Isolde. Alaric se había acostumbrado a despertar mucho antes que el sol, disfrutando de ese espacio de tiempo donde el pasado de sangre y fuego no lograba alcanzarlo. En la penumbra dorada de la habitación, observaba cómo la luz de las brasas acariciaba el rostro de su esposa, encontrando en su serenidad la única redención que su alma buscaba.Esa mañana, el frío parecía haber retrocedido ligeramente, dejando tras de sí un aire cristalino que invitaba a la quietud absoluta. Isolde despertó con un suspiro profundo, pero no se movió. Permaneció de espaldas a Alaric, sintiendo cómo él la rodeaba por la cintura, estrechándola contra su calor.—Alaric… —susurró ella, y su voz te

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