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Pronto saldré de acá.

Autor: Giulian Hoks
last update Fecha de publicación: 2023-02-05 12:14:25

No recuerdo cuanto tiempo pasó desde que salí de casa, a veces parecen semanas y otras solo horas. Me imagino levantarme de esta cama, caminar a la salida e ir a mi casa; pero exactamente no sé dónde está esta base. aparentemente es en San Lorenzo. como a seis o 7 kilómetros de mi residencia. no sé lo que hago ni tengo propósito acá, solo sobrevivo.

dentro de la habitación de aislamiento estamos los del camión 2, los que estuvimos en el enfrentamiento. junto a mí se encuentra el señor Jomby, la
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  • El verdadero virus   Capítulo 40: El Guardián del Abismo

    A medida que se internaban hacia el puente de mando, el sonido de un bombeo mecánico se hizo más ensordecedor. Cada golpe del motor hundía el terreno bajo sus pies unos milímetros.—Frank, mira los contadores —advirtió Aris, mostrando su monitor de pulso electromagnético—. Si esta máquina completa el ciclo de ignición, el impulso térmico derretirá las capas freáticas. El agua de la cuenca se convertirá en vapor a presión y la montaña entera saltará por los aires. La colonia no sobrevivirá.Antes de que Frank pudiera responder, una sombra se desprendió del techo del pasillo. No era una Quimera salvaje, sino un dron de defensa biomecánico, una unidad cuadrúpeda de blindaje gastado cuya cabeza era un escáner óptico alimentado por la masa raíz.El dron emitió un chasquido metálico y cargó directamente contra Aris.Frank reaccionó por instinto. Levantó el fusil de Willis y disparó una ráfaga corta a las articulaciones de las patas delanteras. Los proyectiles rebotaron en el metal reforzado

  • El verdadero virus   Capítulo 39: Las Raíces del Titán

    La selva biotecnológica que cubría la antigua cuenca industrial no era un jardín. Aunque a simple vista el resplandor cobalto de la vegetación evocaba un Edén recobrado, bajo el follaje la lucha por la supervivencia seguía regida por la misma crueldad primitiva que Frank había conocido en los túneles de la Fundición. Las plantas de mercurio competían por el oxígeno, las raíces de cristal drenaban el hierro del suelo y el aire, cargado de esporas pesadas, requería que los pulmones se adaptaran o colapsaran bajo el esfuerzo.De regreso en el valle tras el enfrentamiento en la Ciudad Alta, el triunfo sobre Silas duró poco. Nico se hallaba febril en el refugio central. El pulso de energía que había canalizado para salvar el escudo orbital no solo había sobrecargado la antena de la metrópoli; había despertado algo en la profundidad de la litosfera, justo debajo del Gran Nodo.Frank permanecía en la entrada del laboratorio de contención biológica, limpiando los residuos de aceite sintético

  • El verdadero virus   Capítulo 38: El Salto de los Cinco Inviernos

    El tiempo en la Tierra Renacida no se medía por meses, sino por la expansión del azul. Habían pasado cinco años desde que la Cosechadora se estabilizó en la órbita alta como un ojo vigilante. Cinco años desde que el último Segador de las Colonias fue desmantelado para convertirse en arados y sensores de riego. El mundo que Frank una vez conoció, aquel páramo de ceniza y asfixia, era ahora un recuerdo borroso sepultado bajo kilómetros de selva biotecnológica.Frank se encontraba en el porche de una casa construida con madera de pino y vigas de duraluminio recuperado. Estaba situada en la falda de la montaña, justo donde la zona industrial de la vieja fundición se encontraba con el Bosque de los Nodos. A sus cuarenta y cinco años, las canas habían invadido sus sienes, y las cicatrices de la llave de Willis en su mano derecha habían adquirido un tono plateado permanente que brillaba suavemente cuando se acercaba a una fuente de energía.—Papá, los sensores de la zona norte están detectan

  • El verdadero virus   Capítulo 37: El Protocolo de la Sangre Antigua

    La onda expansiva de la detonación del limitador no fue un estallido de fuego, sino una distorsión de la realidad misma. El aire en la rotonda de mando de la Cosechadora se volvió denso, saturado de una estática que hacía que la piel de mis brazos se erizara y el sabor a metal inundara mi boca. El Archivista Valerius se deshizo en una cascada de píxeles negros y dorados, un grito digital que se extinguió cuando la conciencia de Nico, amplificada por el núcleo de la nave, barrió su existencia como un huracán.Nico estaba suspendido en el aire, a tres metros del suelo. Su cuerpo ya no era el de un niño; era un nexo. Cables de fibra óptica y filamentos de energía pura brotaban de las paredes de la rotonda, conectándose a sus muñecas, a sus sienes y a la columna vertebral de cristal que ahora brillaba con una luz blanca insoportable.—¡Nico! —gritó Clara, intentando correr hacia él, pero Vesper la sujetó con fuerza por los hombros.—¡No te acerques! —advirtió Vesper—. Si tocas ese campo d

  • El verdadero virus   Capítulo 36: El Vientre de la Bestia

    El hangar secundario de la Osiris era una caverna de sombras y ecos metálicos. La luz de emergencia, un parpadeo rítmico de color ámbar, bañaba las tres barcazas de desembarco que habían sobrevivido al impacto. Eran naves toscas, diseñadas para el transporte de mineral y suministros, carentes de la elegancia aerodinámica de los cazas coloniales. Pero tenían algo que las naves de ataque no: blindaje ablativo pesado y motores de combustión de respaldo.—Si los sistemas electrónicos fallan por la interferencia de la Cosechadora, estos motores nos mantendrán en el aire —dijo Vesper, mientras conectaba una batería de celda de combustible al panel de mandos de la barcaza central—. Pero seremos un ladrillo volador. Si nos detectan antes de llegar al anillo interno, no tendremos maniobrabilidad para esquivar sus defensas.Frank cargaba cajas de munición y granadas de pulso, cada movimiento era un recordatorio del peso que llevaba en el alma. Clara estaba a su lado, revisando su propio equipo

  • El verdadero virus   Capítulo 35: La Sombra del Segador de Mundos

    El cielo se oscureció no por la llegada de la noche, sino por la magnitud de lo que descendía. La Cosechadora no era una nave en el sentido convencional; era una ciudadela orbital, un anillo de metal y obsidiana de varios kilómetros de diámetro que giraba lentamente, proyectando una sombra que devoraba valles enteros. Desde su vientre, miles de puntos de luz empezaron a desprenderse: cápsulas de desembarco, enjambres de drones y barcazas de transporte de infantería pesada.—Ya no están recolectando muestras —dijo Vesper, su voz apenas un susurro mientras observaba el despliegue desde la fractura del casco de la Osiris—. Esto es una ocupación total. Van a asegurar los Nodos manualmente ya que no pueden controlarlos a distancia.Nico estaba sentado en el suelo, apoyado contra una consola destrozada. Su piel seguía teniendo ese tinte plateado, pero sus ojos eran humanos, cargados de un cansancio que ningún niño debería conocer. Se sujetaba la cabeza con las manos, respirando de forma ent

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