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Capítulo 31.

Autor: Emily Rose
last update Fecha de publicación: 2026-02-10 03:41:15

La villa de los Vontobel era una cachetada para cualquiera que supiera lo que cuesta ganarse la vida. Tenía hasta su propia cancha de golf privada, un césped tan perfecto que daba coraje pisarlo.

Allí, bajo un sol frío que no servía para nada, estaban Klaus y el tío Heinrich, lo más de relajados tomándose algo.

Dante llegó hecho un demonio. Sus hombros anchos parecían ocupar todo el pasillo y la rabia se le salía por los poros. Sin decir ni "hola", le tiró una revista de esas carísimas que solo
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  • Embarazada de mi Guardaespaldas   Capítulo 165.

    Epílogo.El vapor denso y caliente empañaba por completo los inmensos cristales de la ducha.El agua hirviendo caía en cascada, pero no era suficiente para apagar el fuego que consumía a Dante Vontobel.La acorraló contra la pared de mármol negro.El choque de la piedra helada contra la espalda desnuda de Elena la hizo soltar un jadeo agudo, arqueando la columna.Ese contraste brutal entre el frío del muro y el pecho ardiente de su esposo frotándose contra ella, le erizó cada centímetro de piel.Dante no le dio tregua.Atrapó ambas muñecas de su mujer con una sola de sus grandes manos y las fijó por encima de su cabeza, inmovilizándola contra el cristal resbaladizo.Sus ojos oscuros la devoraban bajo el chorro de agua. Era una mirada cargada de una lujuria oscura, hambrienta y completamente desatada.—Eres mi antídoto —ronroneó él contra su cuello mojado, dejando un rastro de besos húmedos que la hacían temblar—. Lo único que me mantiene cuerdo en este jodido mundo.Dante bajó el rost

  • Embarazada de mi Guardaespaldas   Capítulo 164.

    En el centro del salón principal, rodeado de críticos exigentes y magnates, estaba Gabriel Pierce.Lucía muy diferente. Mucho más maduro, relajado y con una paz que antes no tenía.A su lado, sostenida de su brazo con orgullo, estaba una joven hermosa de cabello castaño y sonrisa dulce que lo miraba con profunda admiración.Dante y Elena se acercaron a ellos a paso lento y seguro, abriendo un camino entre la multitud que los reverenciaba.Gabriel los vio llegar y, por una fracción de segundo, el grupo que lo rodeaba pareció guardar un tenso silencio.Atrás había quedado el tiempo oscuro en que Gabriel Jones intentó jugar con fuego y casi se quema.Él había decidido conservar para siempre el apellido Pierce, renunciando al legado tóxico de los Jones para forjar su propio destino limpio.Dante se detuvo justo frente a él. La antigua tensión y rivalidad de los viejos tiempos ya no existía en absoluto.El magnate le tendió la mano derecha con cortesía.—Felicidades, Pierce. La exposición

  • Embarazada de mi Guardaespaldas   Capítulo 163.

    Había pasado exactamente un año desde la boda del siglo.La inmensa mansión Vontobel, que alguna vez fue un templo de silencio absoluto y seriedad, ahora era un completo y maravilloso manicomio.—¡Klaus, atrápalo por la izquierda! —gritó el tío Heinrich, riendo a carcajadas desde su inmenso sillón de cuero.Klaus, el elegante hermano menor de Dante, se tiró al suelo sobre la costosa alfombra.Pero llegó una fracción de segundo tarde.Joshua, uno de los gemelos de dos años, pasó corriendo a toda velocidad con sus pasitos torpes y una galleta de chocolate en la mano.—¡Ven aquí, pequeño terremoto! —jadeó Klaus, levantándose con el traje lleno de migajas dulces—. ¡Dante, tus hijos son inalcanzables!Por el otro lado del inmenso salón, la escena de locura familiar no era mucho mejor.Don Leonardo, a pesar de su edad, corría con una energía renovada detrás de Aaron, el otro gemelo.El pequeño Aaron llevaba en la cabeza un costoso y enorme sombrero de diseñador que le tapaba los ojos, solta

  • Embarazada de mi Guardaespaldas   Capítulo 162.

    El sonido de la cinta adhesiva rasgándose rompió el silencio del pequeño departamento.Charlotte sacó un par de zapatos de una caja de cartón gastada.Eran unos tacones exclusivos de diseñador, con suelas rojas intactas.Los miró por un segundo, sintiendo una mezcla de extrañeza y lejanía, como si pertenecieran a otra vida.Y la verdad es que así era. Pertenecían a una vida que ya no existía.El departamento que ahora alquilaban en las afueras de Múnich era minúsculo comparado con las mansiones a las que estaba acostumbrada.No había techos altos, ni candelabros de cristal, ni un ejército de sirvientes dispuestos a cumplir sus caprichos.Solo estaban ella, su madre y el sonido rítmico del respirador artificial que venía de la habitación aledaña.Su madre, con el cabello recogido de forma descuidada y ojeras profundas, sacó un abrigo de piel blanco de otra de las cajas.—Charlotte, hija... —murmuró la mujer, acariciando la suave tela—. Este abrigo de invierno costó una pequeña fortuna

  • Embarazada de mi Guardaespaldas   Capítulo 161.

    El inmenso recinto de cristal estaba a reventar de invitados.Allí estaban sentados los empresarios más poderosos del planeta.Políticos influyentes, magnates y la verdadera socialité de Europa susurraban con expectación.Todos morían de curiosidad por ver a la mujer que había logrado domar al implacable magnate.Dante estaba de pie en el altar, con las manos entrelazadas a la espalda, proyectando un poder absoluto.Pero por dentro, su corazón latía a mil por hora.La majestuosa música clásica comenzó a resonar en las paredes de cristal.Todos los invitados se pusieron de pie en perfecta sincronía.Las enormes puertas de madera se abrieron de par en par.Los flashes de las cámaras de las revistas más exclusivas estallaron en la entrada.Pero Dante no vio a los fotógrafos. Ni vio a los millonarios, ni el lujo absurdo que los rodeaba.Solo la vio a ella.Elena caminaba del brazo de su padre, avanzando por el pasillo central como una verdadera diosa.Cada paso que daba silenciaba a los p

  • Embarazada de mi Guardaespaldas   Capítulo 160.

    Afuera de la inmensa propiedad, el ambiente era un caos total.Los paparazzis se empujaban contra las barricadas de seguridad, desesperados por conseguir la foto del siglo.Las luces de los flashes parpadeaban tan rápido que parecían relámpagos iluminando la nieve.Todo el mundo gritaba los nombres de los novios, intentando llamar su atención.Adentro, en un salón privado con vista a los jardines nevados, Dante Vontobel se ajustaba los gemelos de oro de su camisa.El esmoquin negro hecho a la medida lo hacía ver más imponente y hermoso que nunca.A su lado, su tío Heinrich sonreía ampliamente.El anciano lucía completamente recuperado, con un color saludable en las mejillas y lleno de vitalidad.—Quién diría que el gran lobo solitario, el hombre más frío de Suiza, terminaría así —bromeó Heinrich, dándole una palmada en la espalda.Dante sonrió de lado. Fue una sonrisa genuina, sin sombras del pasado.—Solo necesitaba encontrar a mi verdadero amor, tío.La pesada puerta de madera se ab

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