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Capítulo 4

Autor: Dayrin
last update Data de publicação: 2025-03-25 05:27:06

Salgo del baño con su camiseta puesta. Él está sentado en la cama, tecleando algo en su teléfono de último modelo. Cuando me ve, deja el dispositivo a un lado y da unas palmadas sobre el colchón, invitándome a recostarme junto a él. Pero no lo hago. Me siento en el borde, nerviosa.

—Creo que no debería...—

No me deja terminar. Su mano firme envuelve mi brazo y en un instante me jala hacia su cuerpo. Me envuelve entre sus piernas, sus brazos. Siento su aliento cálido en mi cuello cuando inhala y exhala con lentitud, como si estuviera drogandose con mi olor. Mi cabello se derrama sobre su pecho.

—No te preocupes por nada —susurra en mi oído.

—¿Quieres un poco de alcohol? Para que te relajes... Si no quieres, no te obligaré. Haremos las cosas como desees—

—Sí, quiero un poco de alcohol—

¿Que más podía perder? Ya no había boda, ni compromiso, ni promesas vacías. Sé que no volveré a ver a este hombre. Tal vez siente lástima por lo patética que me veía en ese bar.

Se levanta, va por el whisky y me lo entrega. Me lo bebo de un solo trago. El líquido arde en mi garganta y no evito la mueca, un poco se desliza por mis labios.

—Se ha derramado un poco... Déjame limpiar—

Su pulgar recorre la comisura de mi boca con suavidad. Su mirada se cruza con la mía. Un escalofrío me recorre la piel. Me besa, lento y profundo. Su lengua busca la mía y siento el tirón cuando la succiona suave.

Siento su mano deslizarse por el borde de la camiseta hasta levantarla por encima de mi cabeza. Avergonzada intento cubrir mis pechos. Son pequeños y me incomoda que me vea, ningún hombre me había visto desnuda.

—Deja las manos a un lado, estorban mi trabajo—susurra con una sonrisa pícara.

—Me avergüenza que me veas desnuda— besa mi nariz.

—Todo lo que te haré conlleva que estés completamente desnuda, déjate llevar... disfruta—

Sus labios recorren mis mejillas, bajan por mi cuello hasta detenerse en mi clavícula. Atrapa mis muñecas y las sujeta sobre la cama, fijándome en esa posición. Su boca se desliza hasta mis pezones, endurecidos por los toques sutiles. Su lengua los acaricia antes de succionarlos con firmeza. Su otra mano aprieta mi cintura y siento la dureza de su erección a través de la tela del bóxer. Un jadeo escapa de mis labios.

La sensación en mi pezones era demasiado abrumadora, no sabía que podía ser así... tan delicioso.

Me suelta las manos y aprovecho el instante para tratar de cerrar las piernas cuando sus dedos intentan colarse entre ellas. Me aferro a la sábana, con la respiración entrecortada.

—¡No puedo...!— siento la punzada en mi vientre bajo.

Intento sentarme, pero me sostiene con firmeza y me desliza hacia abajo, dejándome en una posición en la que tiene la mejor vista de mí. Un gemido de vergüenza se ahoga en mi garganta. Quiero desaparecer.

—¿Todo esto es lo que voy a comer? —alardea con una sonrisa ladeada ¿se sentía orgulloso?

Agarro la almohada más cercana y la presiono contra mi cara.

quiero morirrrrrrrr.

—¡Cállate!— mi cara debe estar como un tomate.

Pero él me la arrebata y me atrapa por la nuca, reclamando mis labios en un beso hambriento. Su lengua se entrelaza con la mía mientras sus manos recorren mi cuerpo como si estuviese tomando las medidas de cada lugar.

Me pierdo en la sensación de su boca bajando por mi vientre, mordisqueando mi piel hasta llegar a mi ombligo. Mi espalda se arquea cuando sus labios rozan una parte delicada. Su lengua comienza a jugar con mi punto de placer y cada succión arranca de mi garganta un gemido más fuerte que el anterior.

¿Que era esa sensación? No tenía idea de que él sexo era así.

—¡Agh! ¡Por favor! ¡Sí!—

No sé qué carajos estoy diciendo, pero ya no me importa. Un calor abrasador me envuelve, expandiéndose desde mi vientre bajo. Mi cuerpo se tensa, las piernas se me abren aún más y él aprovecha para sostenerme de las caderas, elevándome un poco para tener un mejor acceso.

—¡Qué rico! —grito sin vergüenza.

La cama es amplia, él sostiene mis dos piernas hacia arriba y abro un poco los ojos, estaba sumergido entre mis piernas, su ancha espalda se veía mejor desde mi posición.

Movía la cabeza con deleite, como si estuviera comiendo el mejor manjar de todos. Me gustaba como su cabello caía y al levantar un poquito la cabeza, nuestros ojos se encontraron.

Pero esa mirada oscura fue tan seductora ¿Cómo podía mirarme de esa manera mientras me comía de esa forma tan vulgar?.

¿Por qué no aparté la mirada? no lo sé, en cambio la succión fue con más firmeza.

Mi cuerpo entero tiembla. Mis ojos se desenfocan por un instante mientras me pierdo echando la cabeza hacia atrás explotado en un placer que me hizo gritar.

Mi cuerpo tiembla unos segundos, abrumado por la sensibilidad, y él no se aparta hasta que, jadeante, llevo las manos a su cabeza y lo empujo suavemente.

Siento la humedad entre mis piernas y él lo disfruta jugando con sus dedos ahí. Sube buscando mi boca y me mete la lengua dentro, se aparta un segundo y me susurra.

—¿Te das cuenta lo rica que sabes? Lo tragué todo, todos tus fluidos— roza nuestras narices con desesperación y me vuelve a besar hambriento.

Ya no puedo pensar, necesito a este hombre esta noche.

—Más que lista para mí—susurra contra mi boca.

Se levanta de la cama sin apartar sus ojos de los míos. Mi mente está en otro mundo, apenas puedo procesar lo que pasa cuando se baja el bóxer y me deja verlo desnudo. Se acaricia suavemente, disfrutando de ver mis piernas separadas esperando por él.

Se posiciona sobre mí, sus ojos buscan los míos, y sus manos toman mi rostro con ternura.

—Abrázame —me pide con un tono profundo

—Voy a entrar... Podría doler un poco— su advertencia me eriza la piel.

¿Cuantas experiencias habrá tenido este hombre desconocido al que me le estoy entregando?

Las contradicciones vuelven a mi cabeza en este punto sin retorno.

Toma su miembro con la mano y lo desliza por mis pliegues antes de presionarlo contra mi entrada. Mi corazón late con fuerza ¿En serio iba a hacer esto? Nuevamente me cuestiono.

—No tengas miedo —su voz se suaviza.

Creo ha notado que estoy demasiado tensa.

—No voy a hacerte daño, ni nada que no vayas a disfrutar—

Cuando finalmente me penetra, me arqueo bajo su cuerpo, aferrándome a sus hombros. Me quedo sin aire. Es una sensación dolorosa, abrumadora. Me estremezco.

Se queda quieto, esperando que me acostumbre. Sus labios besan mi cuello, mi mandíbula, mi boca.

—Dime si quieres que me detenga— hay sudor en mi frente, y él lo limpia con su mano.

—No... Sigue— mascullo aguantando el dolor.

Él sonríe y se empieza a moverse. Lento al principio, con movimientos suaves y profundos. El dolor se convierte en placer poco a poco.

Mis piernas se enredan en su cintura y lo atraigo más hacia mí, necesitando sentirlo más profundo, más intenso.

—¡Ugh! ¡Más despacio!— por momentos punzadas de dolor me atacan.

Me acuna entre sus brazos y murmura contra mi oído:

—Qué honor es ser tu primer hombre, Georgina—

Acelerada las embestidas y gime jadeante de placer. Me aprieta y su cuerpo me deja claro que no está soportando mucho.

Con la voz pastosa le hablo.

—No te corras dentro de mí...Estoy ¡Ahhh!.

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