INICIAR SESIÓNCapítulo 2
Entramos a una habitación. Yo estaba temblando. Era un lugar lujoso, decorado con rosas y una botella de champán sobre la mesa. Con gentileza, me sirvió una copa.
—¿Por qué vienes a este tipo de lugares? Es pecaminoso —le dije con la voz temblorosa mientras bebía un sorbo.
—Pecado es lo que te hace tu esposo —sonrió—. ¿Alguna vez te pregunta qué te gusta? ¿Cómo te sientes?
Tomó una fresa de la mesa. Todo parecía preparado para una noche de romance, para una noche pasional, con juguetes sexuales en la habitación, estaba muy asustada.
—No... Él solo... No quiero hablar de eso. —Me senté en la cama. Él tomó asiento a mi lado.
Se quitó el saco y me puse nerviosa, sin saber qué iba a pasar. Sin embargo, en lugar de acercarse, lo colocó sobre mis hombros para cubrirme del frío. Entonces vi el imponente tatuaje de un dragón que recorría su brazo, tan majestuoso como él.
—No va a pasar nada que tú no quieras. Te quité la manilla para que fueras tú quien eligiera. Pero, si estás arrepentida, podemos simplemente aprovechar la habitación para conversar.
No podía creer que un hombre como él, con ese porte y esa elegancia, pudiera ser tan gentil. Creo que hacía mucho tiempo nadie me hablaba de esa manera.
—Gracias. No sé si está bien que esté aquí. Diego me hizo mucho daño, pero no sé si yo sería capaz de hacer lo mismo. —Suspiré.
Me sentía como una estúpida, intentando encajar en un lugar al que claramente no pertenecía, mi madre siempre me enseñó que el sexo era pecado, cuando murió y quede a cargo de papá, ese tipo de temas no se tocaban, yo era su niña.
—No eres estúpida. Solo quieres abrir una puerta que nunca te permitieron cruzar. Hay dos posibilidades: puede ser algo maravilloso o puede ser aterrador. Pero la única que decide si vale la pena correr el riesgo eres tú. —Sonrió.
Durante varios minutos hablamos del lugar, de mi matrimonio y de lo desgraciados que podían llegar a ser ellos. En ese corto tiempo, aquel desconocido del tatuaje de dragón logró comprenderme mucho más que mi propio esposo en meses.
—¿Quieres que nos vayamos? Puedo llevarte a casa. —Se disponía a quitarse el antifaz cuando ambos fuimos interrumpidos.
Desde la habitación contigua se escuchaban los intensos gemidos de una mujer. Casi parecían gritos. Reconocí su voz de inmediato, al igual que la risa. Era Clara, suplicándole a Diego que no se detuviera.
Me paralicé cuando escuché la voz de otra mujer. Los malditos estaban haciendo un trío con alguien más.
Pensé en todas las veces que me había acostado con él sin protección porque era mi esposo. ¿Y si ni siquiera se cuidaba? ¿Cuántas veces había puesto en riesgo mi salud?
—Vámonos. No tienes por qué escuchar esto. —Él tomó mi mano y me sacó de la habitación.
Seguía temblando. De rabia. De impotencia, eran unos malditos infelices.
¿Qué había ganado siendo la esposa perfecta? ¿Esforzándome por ser una mujer intachable?
Lo detuve antes de que llegáramos a la puerta y lo besé.
—Quedémonos. Ellos ya no me importan. Si ellos pueden hacerlo, yo también tengo derecho a vivir esto. —Tomé una copa de champán y la bebí de un solo trago antes de volver a besarlo.
Él me miró con seriedad.
—¿Estás segura? No quiero que mañana despiertes arrepentida.
Lo sostuve de la mirada.
—Me voy a arrepentir mucho más si no sigo adelante.
Él me miró con una intensidad que me derritió por dentro. Sus ojos, oscuros y profundos bajo el antifaz, parecían leer cada uno de mis deseos. Respondió a mi beso con lentitud. Me sentí segura, deseada de una forma que nunca había experimentado.
Me guio de nuevo hacia la cama y se arrodilló frente a mí. Sus manos subieron por mis piernas con caricias, mientras levantaba mi vestido.
—¿Estás segura? —susurró, mirándome a los ojos—. Dime qué quieres esto una vez más.
Asentí, con el corazón latiéndome con fuerza.
Cuando su boca bajo entre mis muslos, contuve la respiración. Su lengua me rozó con una delicadeza que me hizo temblar. Un gemido escapó de mis labios. Era una sensación nueva, cálida, húmeda y electrizante.
—¿Te gusta así? —murmuró contra mi piel, sin detenerse—. Dime cómo lo quieres.
—Sí… justo así —logré responder, arqueándome ligeramente—. Es… increíble, sigue así... Suave...
Nunca había sentido algo parecido. Con Diego, todo era frío y mecánico; yo nunca alcanzaba el orgasmo. Pero este desconocido me exploraba con paciencia, alternando caricias con movimientos más intensos. Sus manos sostenían mis caderas con ternura.
—Dime todo lo que sientes —pidió, levantando la mirada un segundo.
—No pares… por favor —supliqué, perdida en el placer que crecían dentro de mí.
Me moje una y otra vez, hasta que un orgasmo suave me lleno, haciéndome temblar. Pero él continuó.
Cuando se incorporó, se quitó la camisa lentamente, revelando su cuerpo de Adonis, Se acostó a mi lado y me abrazó, besando mi cuello.
—Ahora… voy a continuar —dijo con voz ronca—, ¿quieres que use protección?
Lo miré, aún recuperando el aliento. Sentía una confianza absoluta en él.
—¿Puedo confiar en ti? —pregunté en un susurro.
—Sí. No tengo ninguna enfermedad. Y es la primera vez en mi vida que lo hago sin condón con una desconocida. Pero contigo… quiero sentirte, si tú también lo deseas.
—Quiero sentirte. Todo de ti —respondí, atrayéndolo hacia mí.
Me penetró con una delicadeza, entrando poco a poco, dándome tiempo para adaptarme. La sensación de plenitud fue espectacular, tan diferente a todo lo que había conocido. Sus movimientos eran suaves y profundos, sus manos recorrieron mi cuerpo.
—¿Estás bien? ¿Quieres que vaya más lento? —preguntó, besándome con ternura.
—Así… está perfecto —susurré.
Pero algo se despertó en mí. El placer creció hasta volverse una droga. Empecé a moverme contra él con más fuerza. Mis caderas se encontraron con las suyas en un ritmo cada vez más salvaje. Lo besaba con pasión, mis uñas recorrian su espalda.
Esto es lo mejor que he sentido en mi vida, estaba perdida en el éxtasis, me sentía volando… como si mi cuerpo entero estuviera vivo por primera vez.
Mis gemidos se volvieron más duros. Me sentía poderosa, salvaje, disfrutando como nunca había disfrutado. Él respondía a cada uno de mis impulsos, sosteniéndome con fuerza.
—Voy a… no puedo más —jadeé, sintiendo cómo el orgasmo estaba por llegar.
—Liberate —susurró contra mi oído—. Quiero sentirte.
Explote en un orgasmo tan intenso que me hizo arquearme y gritar de placer. Mi cuerpo se contrajo alrededor de él, llevándolo al límite, toque el cielo.
—Dentro… por favor —supliqué, mirándolo a los ojos mientras temblaba
Con un último movimiento, se derramó dentro de mí, gimiendo contra mi cuello. Nos quedamos abrazados, respirando agitados.
Pero el momento no duró mucho, escuché golpes en la puerta, me cubri con la sabana al escuchar la voz de Diego.
—¡Abreme Alejandra! Ya te escuché, conozco tus gemidos.
—Mi esposo —titubee mientras el cuerpo me temblaba de placer y miedo.
El desconocido me pidió que me ocultara en el baño, abrió la puerta mientras yo escuchaba todo.
—¡Vete de aquí! —le dijo a Diego furioso.
—¡¿Dónde está mi mujer!? —le dijo Diego fuera de sus cabales.
—¿Tu sabes quién soy yo? —le dijo el desconocido —Soy, Vicent Salvatore, Don de la cosa Nostra en Nueva York ¿Quieres está pelea?
Abrí los ojos, el desconocido, el hombre que me llevo al placer infinito era el jefe de la mafia.
Capítulo 72Pasé buena parte de la noche mirando las fotografías que el detective me había enviado. Camila entrando a la propiedad. Anastasia llegando poco después. Las dos en el mismo lugar, un día antes de mi parto. Cada vez que intentaba convencerme de que podía existir una explicación, volvía a recordar todo lo que ocurrió después y las coincidencias dejaban de parecer inocentes.A la mañana siguiente decidí que no podía seguir investigando únicamente desde lejos. Necesitaba mirar a Anastasia a la cara y escuchar lo que tenía que decir cuando le hiciera las preguntas correctas. No pensaba mostrarle las fotografías ni acusarla de nada. Solo quería comprobar si su versión podía sostenerse cuando no tuviera tiempo para preparar una respuesta.Utilicé a Dante como excusa para regresar a la mansión Salvatore. Aún quedaban documentos médicos y algunas pertenencias suyas allí, así que nadie podía cuestionar mi presencia. Cuando llegué, uno de los empleados me hizo pasar y me informó que
Capítulo 71Permanecí allí hasta que la enfermera entró para revisar sus medicamentos.Después regresé a casa.El detective me llamó cuando acababa de llegar.Respondí inmediatamente porque llevaba todo el día esperando información nueva sobre la visita de Camila a aquella propiedad.—Encontramos algo relacionado con la fotografía que le enviamos —explicó mientras su tono dejaba claro que no se trataba de un dato menor—. Conseguimos revisar otros fragmentos de las grabaciones del lugar y pudimos identificar a la persona con quien Camila se reunió ese día.Me quedé quieta en medio de la habitación mientras sentía que el corazón comenzaba a acelerarse. —Quiero saber quién fue y cuánto tiempo estuvieron juntas. No quiero suposiciones ni nombres basados en una imagen borrosa. Necesito que estén seguros antes de decírmelo —pedí mientras apretaba el teléfono entre los dedos.El investigador respiró antes de responder. —La reunión duró aproximadamente una hora. Camila llegó primero y la otra
Capítulo 70Dos días después, el ataque de Camila llegó por otro lado.Mi secretaria entró a la oficina con una expresión seria y colocó una tableta frente a mí.—Hay varias publicaciones y comentarios circulando entre algunos contactos de las familias —explicó mientras señalaba diferentes mensajes—. Dicen que usted está utilizando el estado del señor Dante para presentarse nuevamente como su esposa y ganar reconocimiento dentro de la organización.Sentí que la rabia apareció de inmediato.Seguí leyendo.Afirmaban que había trasladado a Dante únicamente para utilizar su apellido y su condición frente a las familias. Algunos incluso insinuaban que mi interés en entrar a los negocios de la organización dependía de seguir presentándome como la mujer de un Salvatore.Dejé la tableta sobre el escritorio.—¿Sabemos de dónde salió? —pregunté mientras intentaba mantener la voz tranquila y repasaba mentalmente quién conocía detalles del traslado.Mi secretaria negó con la cabeza. —Todavía no.
Capítulo 69Camila abrió los labios, pero tardó en responder.—Lo dijiste mirándome de esa forma porque querías provocarme —se defendió mientras recuperaba parte de su arrogancia—. Sé perfectamente cómo funcionan tus juegos desde que regresaste.Me acerqué un poco más, cuidando que nadie pudiera escuchar con facilidad. —Entonces no deberías caer en ellos tan rápido. Te estás poniendo nerviosa por una fotografía que supuestamente no tiene ninguna relación contigo —respondí mientras sostenía su mirada—. Quizá deberías aprender a controlar mejor tus reacciones.Camila tomó su bolso de la barra y me lanzó una mirada llena de odio. —No sabes con quién estás jugando, Alejandra. Entraste en un mundo que no entiendes y sigues creyendo que el dinero de tu padre va a protegerte de todo —advirtió mientras intentaba pasar junto a mí.Me hice a un lado.—Durante mucho tiempo no tuve dinero, poder ni aliados y aun así sobreviví. Ahora tengo las tres cosas —respondí mientras la veía alejarse—. Eso d
Capítulo 68Apreté el teléfono contra mi oído y miré el cajón del escritorio donde guardaba el documento del recién nacido. —Envíame la fotografía, la transferencia y todo lo que tengan. No permitan que nadie relacionado con Camila sepa que recuperaron esos registros y no se acerquen a ella todavía. Si estuvo involucrada en esto, quiero que siga creyendo que no sabemos nada —ordené mientras sentía que las dudas que había intentado contener durante días empezaban a convertirse en algo mucho más serio.Cuando terminé la llamada, no me moví de la silla. Permanecí mirando el teléfono durante varios minutos, esperando los documentos que el detective acababa de prometerme, y me obligué a respirar despacio. Quería prepararme antes de ver la fotografía porque sabía que, si realmente mostraba a Camila entrando a aquella propiedad, ya no podría seguir diciéndome que su relación con todo aquello era una simple coincidencia.El primer archivo llegó pocos minutos después.Abrí la fotografía y ampl
Capítulo 67León también lo vio y revisó nuevamente los monitores antes de hablar. —Eso sí parece una respuesta dirigida. No significa que vaya a despertar ahora ni quiero que lo interpretemos de esa forma, pero es una señal que debemos registrar y estudiar. Voy a llamar al especialista para que lo revise hoy mismo —explicó mientras intentaba mantener la calma profesional, aunque su expresión mostraba sorpresa.Apreté con cuidado la mano de Dante y me incliné un poco más hacia él. —Estoy aquí y no pienso dejarte solo otra vez. No tienes que esforzarte más por ahora, pero sigue luchando porque esta vez vamos a darte todas las oportunidades que necesites —murmuré mientras las lágrimas recorrían mis mejillas.Por primera vez desde que lo encontré nuevamente, sentí que Dante podía estar intentando regresar.Salí de su habitación varias horas después, cuando los especialistas terminaron la primera evaluación. León me acompañó hasta el pasillo y me detuvo con suavidad antes de que me marcha







