FAZER LOGINAdrián Volkov
En el momento que abrí los ojos, pude sentir el aroma a sexo y aquel perfume avainillado que me acompañó toda la noche. Miro a mi lado y lo encuentro vacío, frunzo el ceño y agudizó mi oído tratando de localizar algún ruido en el interior de mi habitación, pero nada. El vestido y tacones de Valentina ya no estaban por la habitación. Suelto una leve risa. Bien, era la primera vez que una mujer se iba sin despedir. Siempre había una primera vez para todo, ¿No?. Me levanto de la cama y caminó desnudo al baño de mi habitación, cepillo mis dientes y lavo mi rostro, enciendo la regadera y me doy una ducha rápida. Al momento de salir del baño, una nota capta mi atención y me acerco para leerla. Gracias por los orgasmos ;) V. Niego mientras guardaba la nota en mi mesa de noche y relamo mis labios mientras veía a mi alrededor. La habitación estaba hecha un desastre. No solo la había follado en la cama, sino también sobre la alfombra, el sofá, contra el ventanal con la vista a la ciudad, en la encimera del baño y para finalizar la ducha. Había sido una gran noche, de eso no había duda. Pero era una gran decepción que solo fue por una noche. ••••••• Valentina De Rosa —No haré preguntas—sonrie Camila al verme entrar en la habitación que nos estábamos alojando—tu cara ya lo delata todo. Niego con una leve sonrisa mientras arrojaba los tacones sobre mi maleta que estaba abierta en una esquina de la habitación. —Solo preguntaré una sola cosa. —¿No era sin preguntas?---enarco una ceja —¿Qué tal fue? ¿Qué tal fue? Joder, había sido la mejor noche de mi maldita vida. Si tuviera la oportunidad de repetirlo, no dudaría en hacerlo. —Bien, no me contestes, tu sonrisa lo dice todo—ríe Camila —¿Qué tal tu noche? —Nada muy interesante, el chico prometía mucho y hacía poco. —Mhm, que mal. Conecto mi celular a cargar y busco ropa cómoda en mi maleta. Durante la madrugada íbamos a viajar de vuelta a Chicago y necesitaba descansar un par de horas antes de tener que afrontar mi realidad. —¿Qué tal la tenía? Rio mientras tomaba unos leggins con una camiseta de tirantes. —La verdad es que no solo tenía un muy buen miembro, sino que también sabía lo que hacía. —¡Joder mujer que maldita envidia!---rie Camila mientras se deja caer en su cama—. ¿Al menos tienes su número? —Solo fue una noche, Cam. —¡Por dios, Valentina! Hombres así no se dejan así como así. Niego mientras entraba al baño y enciendo la regadera para poder darme una ducha. Me desvisto y veo todo mi cuerpo marcado por los besos de Adrián. Muerdo mi labio inferior y me crítico mentalmente por no haber anotado mi número en la notita que deje antes de marcharme. Pero, todo sucede por algo, también. •••••••• A las primeras horas de la mañana, aterrizamos en Chicago. Suspiro mientras tomaba mi bolso y me colocaba unos lentes de sol. Tenía un nudo en mi estómago. No sabía a lo que tenía que enfrentarme. Había ignorado cada llamada y mensaje de mis padres, pero sobre todo de Alessandro. No entendía como aún tenía el descaro de llamarme después de todo lo que estado haciendo estos meses. Al momento de bajar del avión, veo a lo lejos a mi familia esperándome. Miro a Camila y ella hace una mueca. —Hablamos más tarde—le doy una breve sonrisa.m Camino a paso decidido hacia mi familia. Mi madre, Carlotta De Rosa, vestida de un elegante traje formal hecho a la medida, peinada perfectamente sin ningún mechón de su cabello estorbando en su vista. Sus ojos azules, fríos como un maldito cubo de hielo, me analizaba de pies a cabeza. Mi madre no era la típica madre amorosa y tuve eso claro desde que era una niña. Los primeros años, siempre lloraba ante su falta de cariño, siempre ví a las madres de mis amigos ser sumamente cariñosos con ella, pero la mía era una fría arpía que solo le importaba la reputación de mi familia. Pero mi padre era aún peor. Richard De Rosa, vestido con sus casuales trajes formales, vestido como si fuera a una importante reunión de trabajo, me analizaba con esa mirada fría y oscura que tenía. Sus ojos eran oscuros como la noche. Su cabello pelinegro perfectamente peinado. Mi padre solo le importaba los negocios y que la familia se mantuviera a flote con cada decisión tomada, su típica frase es “por el bienestar de la familia”. El nunca estuvo presente en mi infancia, siempre prefería ir de viaje de negocios por meses y volver a fechas importantes, así que, no tenía demasiados recuerdos con él. Si, mi vida podía verse perfecta desde afuera, pero tras las puertas de la Mansión De Rosa, todo era completamente diferente. —Padre—asiento hacia él como saludo—. Madre—miró a la mujer que me trajo al mundo. —Finalmente vuelves—habla mi madre de forma sería —Necesitaba aire fresco. —Sube al auto, Valentina. Hablaremos en casa—ordena mi padre Respiro profundamente y caminó tras de ellos, siguiéndolos hacia la camioneta que nos esperaba a unos cuantos metros de distancia. Mi equipaje es colocado en la maletera del auto y finalmente partimos hacia la Mansión De Rosa. El trayecto es silencioso, ninguno de los tres se esfuerza por establecer una conversación con el otro. En el momento que llegamos a la mansión, caminamos al interior de esta y nos dirigimos a la sala, dónde mi hermano menor, Matteo, de tan solo quince años, estaba revisando su celular con total aburrimiento. En el momento que nos oyó entrar a la sala, levanto la mirada y enarca una ceja con diversión. —Vaya, la prometida fugitiva se ha dignado aparecer—se burla Matteo —Cierra la boca—le ordenó —Vete a tu cuarto, Matteo—ordena mi madre sin darle una mirada —Como si no supiera lo que van a hablar—bufa Matteo —Obedece a tu madre, Matteo—habla mi padre molestó Matteo vuelve a buscar, pero está vez acata la orden y sube de manera perezosa a su cuarto. En el momento que se escuchó el clic de su puerta, mi padre me lanzó una mirada fría y llena de molestia. —Espero que tengas una buena explicación sobre tu ruptura de compromiso con Alessandro—espeta molestó —Lo encontré con otra en la cama, ¿Que esperabas que hiciera? —Que patético—bufa mi padre y enarco una ceja—. ¡Siempre haces drama por todo! —¡No voy a permitir eso!---alzo la voz —Tu solamente debes de casarte con el, lo que Alessandro haga o no es su problema—habla mi padre —¿Permites que Alessandro engañe a tu propia hija? —¿Acaso sabes lo que provocarías al cancelar la maldita boda a menos de dos meses?---se acerca a mi —Claro—rio sin ganas—la reputación de esta familia es más importante, ¿No?, pues dejame decirte que Alessandro se ha encargado de manchar la reputación que tanto ustedes han cuidado. —Lo que haga o no Alessandro no debe porque importante, serás su esposa. —Iba a ser su esposa—determinó mirando a mi madre. —Serás su esposa—declaró mi padre dejándome anonadada—. No vas a cancelar el compromiso, Valentina. La boda sigue en pie. —¡No puedes permitir tal humillación! —grito —Alessandro dijo que no iba a volver a suceder—habla mi madre —¿Estás permitiendo esto?---la miro ofendida —Es lo mejor para nuestra familia, Valentina. —Claro, la familia, siempre la reputación de la familia antes que todo, ¿No? Pues déjenme decirles una cosa, me niego a casarme con él. —No te estamos dando opciones, Valentina—habla mi padre—. Vas a hacerlo, te guste o no. —¡Me niego! —¡Entonces me veré en la obligación de desheredarte!---me grita dejándome callada—. No permitiré que humilles a nuestro futuro capo solo por un error momentáneo. Sabes lo que le sucede a las mujeres desheredadas. Y claro que lo sabía. Las mujeres desheredadas de la organización no eran expulsadas de la organización como tal, sino más bien eran entregadas a los prostíbulos bajo el mando del clan y eran forzadas a convertirse en prostitutas. Un castigo de por vida que te dejaba en constante humillación. No solo te olvidabas de tu familia y todos los lujos, sino también debías de ver todo desde una perspectiva totalmente humillante. Tuve amigas que fueron desheredadas, mujeres las cuales al día de hoy viven en un prostíbulo y siendo un vil juguete para los hombres de nuestra organización. M****a. No podía terminar ahí. Ese era el peor destino para una mujer de nuestro mundo. —No serías capaz—murmuro, mi voz tiembla —No me retes, Valentina—la determinación en su tono de voz me dejaba claro que no estaba bromeando. Para mí padre no era más que un cambio. Yo no le servía más que para realizar negocios que podían ayudarle a futuro, porque quien en verdad iba a heredar todo, era mi hermano Matteo. Él sería el siguiente en la línea de sucesión, no yo por más que era la primogénita de esta familia. Y si es que se podía llamar familia. Porque ni siquiera éramos una. —Ahora mismo, vas a volver a tu penthouse que compartes con Alessandro y si me entero que no llegaste, yo mismo te buscare por toda la maldita ciudad y me encargaré de que llegues a tu nuevo hogar, Valentina. Piensa bien lo que vas a hacer. Y así sin más, mi padre abandona la sala dejándome con mi madre. Las lágrimas amenazan con salir y deslizarse por mis mejillas, pero me trago el nudo de mi garganta. —Vete con tu futuro marido—habla mi madre —No porque tú toleres las constantes infidelidades de mi padre, yo voy a tolerar las de Alessandro—suelto el veneno y finalmente emprendo marcha hacia mi nueva cárcel. Bien, iba a casarme, pero si Alessandro iba a verse con otras mujeres, yo tenía el mismo derecho, ¿No?. Pero de lo que sí estaba segura, era que Alessandro jamás iba a tocarme un maldito pelo. Y no me importaba lo mucho que tendría que luchar para ello.Adrian Volkov Tras las felicitaciones de todos los invitados, finalmente pasamos a la fiesta de nuestra boda. Extiendo la mano hacia mi esposa y ella la recibe con una sonrisa radiante. Pasamos a la pista para nuestro primer baile como esposos. Por mi no haría esto, pero Valentina estaba tan ilusionada con el día de nuestra boda que fue inevitable no acceder. —¿Eres feliz, señora Volkova?—Muy feliz —responde —Te ves como una jodida reina —Mhm, ya lo sabia, pero gracias —rie —Eres increíble, mujer—ruedo mis ojos —Y asi me amas, Adrián. —Eso es cierto, malyshka —beso su frente —Yo también quiero bailar—habla Amelia y bajamos la vista. Ella nos veía con su hermosa sonrisa y esos ojos grisáceos brillando de emoción. Tomamos sus manos y comenzamos a bailar los tres juntos, haciendo que ella gire en medio de risas y salte emocionada. El resto de la fiesta se basó en bailes con mi hija, bailar con mi esposa y disfrutar de la velada mientras veía como Amelia correteaba por todo el
Valentina De Rosa16 de agosto, 2023—¡Mami! ¡Mami! Me volteo en el momento que Amelia entra corriendo a la habitación, sonriendo mientras sostenía su canasta de rosas y agitando la falda de su vestido. —¡Soy una princesa, mami! Ella da giros que me hacen sonreír y luego se tambalea en el momento que se detiene. Katya alcanza a sostenerla con una suave sonrisa y me arrodilló frente a ella. —Siempre has sido una princesa, mi amor —acaricio su mejilla —Lo sé—sonrie feliz—pero hoy parezco una princesa, ¿Me veo bonita? —Te ves preciosa—beso su frente Amelia me sonríe, mostrándome sus hermosos hoyuelos. Sus ojos grises, iguales a los de Adrián, se achinan en el momento que sonríe. —Es hora del vestido—habla Camila sonriendo Me levanto lentamente sintiendo un fuerte nudo en mi estómago. Hace cuatro años atrás no me sentía así, definitivamente no. —Vamos, muñequita—Katya toma la mano de mi hija, quien le sonríe—quizás podemos robar algún dulce de la mesa. —¡Si!—No le des tanta az
Adrian VolkovDos semanas. Eso llevaba Alessandro en el sótano de la casa de seguridad. Cada día y noche, al menos uno de nosotros bajaba a visitarlo y nos aseguramos que aún respiraba. Ni Valentina ni Katya habían vuelto al sótano, pero sabíamos que en un momento ambas iban a bajar para finalmente acabar con todo. Mi hija ríe en los brazos de Nevio, quien le hacía extrañas muecas mientras la sentía en sus brazos. Su risa hace eco en la sala, llenándola de aquel suave e inocente sonido. Desde que todos supieron que Amelia había aprendido a reír, al menos uno de nosotros se encargaba de hacerla reír solamente para poder escuchar esa risita que calmaba hasta las peores tormentas. Mi hija estaba a tan solo dos semanas de cumplir los cuatro meses de su nacimiento. Y yo no quería que siguiera creciendo. Valentina entra a la sala y se acerca a Nevio para tomar a nuestra hija, quien balbucea dándole una hermosa sonrisa a su madre. —Agradezco que entretengas a mi hija, Nevio, pero es
Narrador Omnisciente Todos en la mansión Volkov dormían profundamente. Vladimir y Ekaterina dormían en su habitación. Camila y Nevio dormían en la habitación de Camila. Cassio dormía en el sofá de la habitación de Katherina, según él, para asegurarse que Katya estuviera bien. Adrian y Valentina dormían en su habitación, con la pequeña Amelia durmiendo entre ambos. Pero la única que no estaba dormida era Katherina.Ella abandona la tranquilidad de su habitación y suspira mientras bajaba las escaleras, dirigiéndose a una zona exacta de la enorme casa de seguridad de la familia Volkov. Ingresa al sótano, sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo. —Dejame entrar—le pide al guardia —Tenemos que recibir autorización del jefe, señorita Volkova.—Déjame entrar. Ahora—exige El guardia suspira y abre la puerta de la habitación donde estaba Alessandro. Ella entra a paso lento, para encontrar al hombre de todo su infierno, amarrado a una silla y encadenado. Ya no era el mismo Alessand
Valentina De Rosa—¿Estás segura de esto?---pregunta Adrián —Si, lo estoy—terminó de arreglar mi cabello Me volteo a verlo y le sonrió. —Vas a estar ahí. —Lo sé, pero no te quiero cerca de el. —Se como tratar con él, déjame hacerlo, ¿Si? Adrian asiente y beso sus labio con una sonrisa. Le doy una última mirada a Amelia, quien dormía en medio de la cama. Ya se había recuperado casi por completo, lo único que quedaba ahora de su cuadro viral era tos. Katya entra a la habitación y nos sonríe, ella sería quien vería a Amelia mientras Adrian y yo íbamos al sótano para visitar a Alessandro. —Avisanos cualquier cosa —le pido—Enviaré a alguien a buscarlos si despierta Asentimos y salimos de la habitación dejándola sola. Bajamos juntos al sótano y caminamos hacia la celda en donde estaba Alessandro. Abro la puerta y entramos en la habitación. El olor a humedad, sudor, sangre y heces me golpea con fuerza y trato de evitar las ganas de vomitar, pero ver a Alessandro, amarrado a una si
Adrian VolkovDentro de la camioneta todo era silencioso. Habíamos llegado hace ya diez minutos y estábamos esperando el momento exacto para atacar. Cassio revisaba las entradas por su tablet. Nevio y Nikolay estaban revisando nuestras armas disponibles. Tamborileo mis dedos contra el volante mientras veía la lluvia caer frente a nosotros. Mi sangre hervía de forma violenta mientras esperaba el momento exacto para salir. Estaba a poco de atrapar al hombre que destruyó a mi hermana, el que marcó a Valentina para siempre y quien había convertido nuestras vidas en una guerra constante. —Cámaras caídas—informa Cassio a mi lado —Hombres posicionados —habla Nevio Alcanzó mi arma y reviso su cargador. —Solo heridas superficiales, nada que provoque su muerte—indico —¿En verdad Katya y Val serán quienes acaben con su vida? —habla Nikolay —Él arruinó sus vidas, es justo que ellas acaben con la suya —determino—. Es hora. •••••••El ataque fue rápido, violento y precioso. Las luces d





