LOGINCinco bocados. Eso fue lo máximo que pude comer.
Sabiendo que Dylan jamás se negaba a un buen plato de comida caliente, se lo llevé a la sala. Recogí el plato usado que dejara en la mesita y lo reemplacé con el que yo apenas tocara y una cerveza.
Él me obsequió otra gran sonrisa y me sujetó una mano antes que me apartara, jalando para que me inclinara hacia él.
Su beso sólo me hizo sentir peor, aunque l
Hola chicas!Malas noticias.Mi salud me está jugando malas pasadas y me impide sentarme a escribir, así que no voy a poder actualizar la historia, al menos por unas semanas.Tan pronto me sea posible, continuaré trabajando, con todo lo que tengo en mente para los protagonistas.Por si no tengo oportunidad de saludarlas en fecha, les deseo las mejores Fiestas, y que empiecen el año con todo.Dios mediante, nos reencontraremos en enero.Muchísimas gracias por su paciencia, su apoyo y su constancia!
Esa noche me costó dormirme.Sal se había bajado del auto para caminar conmigo hasta la casa de huéspedes, y me había despedido con uno de esos besos que me dejaban sin aliento y con mariposas en el estómago. Pero no había aceptado mi invitación a entrar.—No quiero distraerte —había dicho con una sonrisa cálida, deslizando un dedo por mi nariz—. Ve y sueña.El problema era que todo lo que me dijera seguía dándome vueltas en la cabeza, ahuyentando el sueño.Con la tranquilidad de quien trabaja por la tarde, opté por hacerme café con leche y me procuré un par de los deliciosos mantecados que preparaba Micaela, y que nunca faltaban en la despensa.Acabé corriendo el sillón del dormitorio para ubicarlo frente a la ventana abierta, las cortinas recogidas. Me acurruqué allí con mi tazón y mis mantecados, envuelta en una manta liviana, no porque hiciera frío, sino por la sensación de contención que me proporcionaba.Desde mi nido podía ver unas pocas estrellas por encima de la copa de los á
—Entiendo que hayas rechazado el apartamento, pero ahora es tu turno de entenderme a mí —terció, su tono tan grave y sereno como su expresión—. Hasta ahora, hemos estado los dos demasiado ocupados enfrentando crisis, primero lo de tu novio, luego lo de tu suegro. Pero ahora que las aguas se han calmado, es momento de que pienses qué harás de ahora en adelante. Quiero que estés bien y quiero darte lo que te mereces. Y no volveré a aceptar negativas, ¿de acuerdo?Hizo una pausa para darme oportunidad de asentir. Lo hice por puro reflejo, no porque pensara ahorrarle tantas negativas como creyera necesarias, sino porque su actitud reflexiva, casi paternal, había capturado mi curiosidad.—Necesitas un lugar para vivir, Vera. Un lugar que sea tuyo, donde puedas rodearte de las cosas que te gustan y te hagan sentir bien. Un lugar para dejar atrás lo que te ocurrió y mirar hacia adelante. Si ese lugar resultara ser la casa de huéspedes, por mí, perfecto. Me encanta tenerte al otro lado del ja
El pañuelo de seda negra me impedía ver absolutamente nada.Permanecí muy quieta, regulando mi respiración para controlar mi curiosidad.Su mano cubrió la mía, su pulgar acariciando el dorso de mis dedos.Cuando me soltó, advertí que el auto giraba a la izquierda y avanzaba un poco más antes de detenerse.Sal apagó el motor y lo oí quitarse el cinturón de seguridad y abrir su puerta. Un momento después abría la mía desde afuera. Sus labios rozaron mi pelo cuando se inclinó para soltar mi cinturón de seguridad. Entonces tomó mi mano de nuevo, apoyó la otra en mi cabeza y me ayudó a apearme.Sin soltar mi mano, rodeó mi cintura con su brazo para conducirme varios metros antes de detenernos. Oí un zumbido electrónico y pronto comprendí que habíamos tomado un elevador.No sé si era muy lento o mi ansiedad me jugaba una mala pasada, pero me pareció que tardaba una eternidad en detenerse.El suelo que pisamos al salir del ascensor estaba alfombrado. El aire era fresco, con un vago perfume f
Sal atendió en altavoz, situando el teléfono entre nosotros.—Andrew —dijo solamente.Al otro lado de la línea, la voz del CFO sonaba clara y profesional, aunque no lograba disimular del todo su entusiasmo.—Sal, estoy con Peter y sus dos mejores hombres de Legales. Confirmaron que la información es correcta.—Peter es mi Asesor Legal Principal —me susurró Sal, y alzó la voz para preguntar: —¿Qué tan serio es?Otro hombre respondió, e imaginé que se trataba del tal Peter. Sal se incorporó para pasearse detrás de la mesa, las manos en los bolsillos.—La demanda colectiva está sellada en el Condado de Orange, pero la conexión con la disolución de Atlas Capital es innegable. Las pérdidas que causó Sterling fueron catastróficas. No se trató de una mala inversión, sino de negligencia total. Y todo indica que no devolvió más que el cuarenta por ciento de las pérdidas.—Pero entre los documentos encontré otras cosas —intervino Andrew.—Empresas fantasmas y evasión de impuestos —completó Sal.
Llevé los cafés y ocupé la silla que quedaba vacante frente al escritorio. Sal encontró mi mirada un instante al tomar su tazón. No logró sonreír y no me molestó. Comprendía que mi descubrimiento debía tenerlo en ascuas.—¿De dónde proviene esta información? —preguntó Andrew entonces.El gesto de Sal lo obligó a enfrentarme por primera vez.—Vera lo halló, así que hazle a ella cualquier pregunta que tengas al respecto.Pasé la siguiente media hora explicándoles paso a paso cómo había descubierto el secreto del perfectísimo Richard Sterling y respondiendo sus dudas, precisas y puntuales.—Necesito estudiar esto con Legales —dijo al fin el CFO, que llevaba varios minutos meneando la cabeza lentamente de pura incredulidad.Sal abrió un cajón de su escritorio y me tendió un pendrive.—Cópiale los archivos —indicó, y se volvió hacia Andrew—. Nada de esto pasará por internet, ¿comprendido?—Lo saqué de internet —objeté, preparándome para copiar los archivos al pendrive.—Nadie se preocuparí







