تسجيل الدخول—Yo también lo espero. —Júlia respiró profundamente y su expresión cambió—. No consigo olvidar a aquellos ladrones dentro de la casa. A veces todavía recuerdo algunas cosas que dijo uno de ellos y me entran escalofríos.Me quedé en silencio, esperando a que continuara.—Gabriela también quedó muy afectada, no solo por lo que aquel hombre intentó hacerle, sino también por las cosas que le dijo. Como si lo ocurrido no hubiera sido suficientemente horrible, encima se empeñó en insultarla precisamente donde sabía que podía hacerle daño.Fruncí el ceño, sin entenderlo.—¿Cómo que dónde?Júlia vaciló antes de responder.—Habló de su vitíligo.—¿Qué?—Bueno, no lo mencionó directamente, pero la llamó por un apodo. No consigo recordar exactamente cuál fue. En aquel momento, todo era tan confuso que algunas cosas se me mezclaron en la cabeza. Solo recuerdo haberla mirado y darme cuenta de cuánto le había afectado aquello.—Qué desgraciado…Mi indignación aumentó todavía más. Sabía lo insegura
Me abrazó con fuerza y, acto seguido, me besó de una manera diferente. Sus suaves labios se apoderaron de mi boca con intensidad, dejándome prácticamente sin aliento. Le rodeé el cuello con los brazos y lo estreché todavía más contra mí, como si aquel gesto fuera suficiente para demostrarle que lo echaría de menos, aunque no supiera cuánto tiempo estaría lejos.Su móvil empezó a vibrar una vez más.—Por el amor de Dios, qué paciencia hay que tener… —murmuró contra mis labios.Me aparté y no pude contener una pequeña sonrisa al ver su irritación.—Ve a resolver tus problemas. Estaré bien.—No me quedo tranquilo dejándote sola.—Lo sé, pero te prometo que seré prudente.Continuó mirándome durante unos segundos, como si todavía estuviera buscando una excusa para no marcharse.—¿Prometes que no volverás a ir a buscar a tu hermano?—Lo prometo.—Y que no saldrás de este apartamento.—Dante, tengo trabajo y universidad.—Lo sé, y voy a poner a un guardaespaldas para que te acompañe de ahora
Por mucho que no me gustara que Dante me pusiera contra las cuerdas de aquella manera, sabía que solo estaba pensando en mi seguridad. Eso no le quitaba la razón, pero también necesitaba entender mi postura. Todo estaba ocurriendo a la vez y apenas conseguía pensar con claridad.Aquella situación era muy difícil para mí porque no estábamos hablando de una persona cualquiera. Estábamos hablando de mi hermano pequeño, alguien a quien había visto crecer y que formaba parte de mi familia. Por muy indignada y asustada que estuviera por lo que acababa de ocurrir, no era tan sencillo desconectar mis sentimientos y verlo únicamente como el hombre que me había agredido.Una parte de mí todavía intentaba entender en qué momento Flávio había llegado a aquel extremo.Respiré profundamente, intentando poner un poco de orden en todo lo que me pasaba por la cabeza. Tal vez Dante tuviera razón en una cosa: volver a aquella casa mientras Flávio estuviera así sería demasiado arriesgado. Después de lo q
—¿Fabiane? —dijo con voz sorprendida, sujetándome por los brazos.Creo que se dio cuenta de que estaba a punto de caerme, porque rápidamente me rodeó la cintura con uno de sus brazos, sosteniendo mi cuerpo.—¿Qué te ha pasado?Intenté responder, pero no me salió ninguna palabra. Después de toda la adrenalina que me había mantenido en pie mientras corría por las calles, parecía que mi cuerpo había llegado finalmente al límite. Me temblaban las piernas y apenas podían sostenerme.—Eh, mírame. —Acercó su rostro al mío, visiblemente preocupado—. Fabi, ¿qué ha pasado?Negué con la cabeza, sintiendo que los ojos se me llenaban de lágrimas.—Solo… necesito cambiarme de ropa.Su mirada recorrió mi rostro, bajó hasta mi ropa sucia y volvió a la marca rojiza de mi mejilla.La preocupación de su expresión dio paso a algo mucho más serio.—¿Quién te ha hecho esto?No respondí. Ni siquiera sabía si conseguiría hablar sin echarme a llorar. Simplemente permanecí allí, apoyada en él, intentando contr
El cambio en su expresión fue inmediato.—¿Me estás llamando ladrón?—Te estoy preguntando si has sido tú quien las ha cogido.—¡Hija de puta! —Se levantó de golpe—. ¿Subes hasta aquí, delante de los demás, para llamarme ladrón?—Deja de gritar. Solo quiero saber dónde están mis cosas.—¡Yo no he cogido una puta mierda!—Entonces, ¿por qué estás tan nervioso?Apenas terminé de hablar, se abalanzó sobre mí. Intenté retroceder, pero me agarró del brazo con fuerza y tiró de mí.—¡Repítelo! —gritó—. ¡Repite que soy un ladrón!—¡Suéltame, yo no he dicho eso!—¿Ahora te crees mejor que yo? ¿Solo porque te estás tirando a ese juez hijo de puta? ¿Vas con ropa bonita, joyas caras y te crees con derecho a subir aquí para humillarme delante de los demás?—¡Nadie está intentando humillarte! ¡Suéltame!Intenté apartar el brazo, pero apretó todavía más. Cuando por fin conseguí liberarme, Flávio me empujó con tanta fuerza que trastabillé hacia atrás. Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, vol
Mi habitación estaba completamente revuelta. Las puertas del armario estaban abiertas, había ropa esparcida por el suelo, habían sacado los cajones y algunos estaban volcados sobre la cama. Mi bolso estaba abierto, mis libros fuera de su sitio e incluso parecía que habían movido el colchón.Me quedé inmóvil en la puerta, sintiendo cómo se me aceleraba el corazón. Aquello no era desorden; alguien había estado buscando algo en mi habitación y, por mucho que no quisiera sacar conclusiones precipitadas, sabía perfectamente quién había sido.Fui directamente al armario, a la parte donde guardaba algunas cosas de valor. En cuanto abrí el compartimento, el corazón casi se me salió del pecho. Todas las joyas que había traído habían desaparecido. Todas. No quedaba ni una sola pieza.—No me lo puedo creer…Los nervios se apoderaron de mí y unas ganas enormes de llorar me atenazaron la garganta, pero contuve las lágrimas. No podía perder el control en aquel momento. Necesitaba pensar.Volví a mi







