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209: CONFESIÓN

last update Data de publicação: 2026-10-07 21:17:54

Creo que se dio cuenta de mi incomodidad porque, en ese mismo instante, se apresuró a corregirse.

—Perdona, he dicho una tontería, ¿verdad? Por eso no quería decirlo.

—No te preocupes.

Me aparté un poco y volví a acomodarme mejor en el asiento.

—No has dicho nada malo. Es solo que… —Me mordí el labio, sin saber exactamente cómo continuar—. La verdad es que los dos tenemos una visión un poco diferente sobre estas cosas.

—¿Qué cosas?

Lo miré.

—Ya sabes.

—No, no lo sé.

—Dante…

—Te lo pregunto en s
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  • En las garras del juez   220: SOSPECHAS

    Mi habitación estaba completamente revuelta. Las puertas del armario estaban abiertas, había ropa esparcida por el suelo, habían sacado los cajones y algunos estaban volcados sobre la cama. Mi bolso estaba abierto, mis libros fuera de su sitio e incluso parecía que habían movido el colchón.Me quedé inmóvil en la puerta, sintiendo cómo se me aceleraba el corazón. Aquello no era desorden; alguien había estado buscando algo en mi habitación y, por mucho que no quisiera sacar conclusiones precipitadas, sabía perfectamente quién había sido.Fui directamente al armario, a la parte donde guardaba algunas cosas de valor. En cuanto abrí el compartimento, el corazón casi se me salió del pecho. Todas las joyas que había traído habían desaparecido. Todas. No quedaba ni una sola pieza.—No me lo puedo creer…Los nervios se apoderaron de mí y unas ganas enormes de llorar me atenazaron la garganta, pero contuve las lágrimas. No podía perder el control en aquel momento. Necesitaba pensar.Volví a mi

  • En las garras del juez   219: PREOCUPACIÓN

    Escuchar aquello me hizo tan feliz que no pude contener la sonrisa. Saber que, poco a poco, Gabriela estaba derribando sus propias barreras y permitiendo que me acercara a ella me hacía realmente feliz.—¿Debo considerar eso un sí? —pregunté.—No me hagas repetirlo —respondió, apartando la mirada, visiblemente avergonzada.—Está bien. Lo consideraré un sí.—Considera lo que quieras.Sonreí todavía más. Aquella forma un tanto reservada de expresar lo que quería ya era suficiente para mí en aquel momento.—Entonces, en cuanto mi madre esté mejor, volveré.Volvió a mirar la carta, como si no le importara mi respuesta.Fue en ese momento cuando Dante regresó llevando a Vinícius de la mano. En cuanto se acercó a la mesa, miró primero a su hija y después a mí antes de preguntar:—¿Ya habéis elegido?—Todavía no —respondí.Los dos se sentaron a la mesa y terminamos de elegir los sabores de las pizzas. Unos minutos después, el camarero nos trajo el pedido.Comimos mientras charlábamos de cosa

  • En las garras del juez   218: CAMBIOS

    No sé qué ocurrió, pero, en cuanto hice la pregunta, Flávio cambió por completo. Dio unos pasos hacia atrás y empezó a negar con la cabeza, como si se hubiera dado cuenta de que había hablado más de la cuenta.—No. No vas a pillarme con eso.Fruncí el ceño, todavía intentando entenderlo.—¿Pillarte con qué? ¿De qué estás hablando?No respondió. Se dio la vuelta y salió de casa apresuradamente, dando un portazo tras él.Me quedé paralizada durante unos segundos, sin entender lo que acababa de ocurrir. El cambio repentino en su comportamiento me dejó una sensación extraña, sobre todo porque parecía haber huido de la conversación en cuanto se dio cuenta de que iba a empezar a hacerle preguntas.Quería pensar mejor en aquello, intentar entender por qué había reaccionado de esa manera, pero el llanto desesperado de Vinícius me devolvió a la realidad.—Eh, cariño… tranquilo. —Me agaché delante de él y lo cogí en brazos—. Ya ha pasado. Todo está bien.El pequeño se aferró a mi cuello, solloz

  • En las garras del juez   217: RUIDO EN LA CASA

    Aparté un poco el rostro para mirarlo.—¿Hablas en serio?—Muy en serio.—¿Desde cuándo?Se quedó pensando durante unos segundos.—No sabría decirte exactamente cuándo ocurrió. Creo que fui dándome cuenta poco a poco. Solo sé que llegó un momento en el que ninguna otra mujer me interesaba.El corazón se me aceleró al escuchar aquellas palabras, pero intenté no demostrarlo demasiado.—Eso, viniendo de ti, es casi una declaración histórica, teniendo en cuenta la fama que tienes —bromeé.—Tenía —corrigió.—Ah, ¿ahora es cosa del pasado?—Si por mí fuera, sí.La seriedad con la que respondió hizo que mi sonrisa fuera desapareciendo poco a poco. Me llevó una mano al rostro y me acarició suavemente la mejilla con el pulgar.—¿Puedo besarte ahora o sigo castigado?Me mordí el labio para contener una sonrisa.—Yo no te he castigado.—Has girado la cara cuando he intentado besarte. A mí me ha parecido bastante parecido a un castigo.—Estaba confundida.—¿Y ahora?Miré su boca antes de volver a

  • En las garras del juez   216: OJOS PARA TI

    Vi vacilar sus ojos, claramente confundido porque no esperaba aquella pregunta. Confieso que yo también me moría de vergüenza por preguntarle algo tan íntimo, pero necesitaba saberlo. Si quería que lo nuestro funcionara, necesitaba entender hasta dónde habían llegado él y mi hermana.—Fabi… —Susurró mi nombre, como si todavía estuviera intentando asimilar lo que acababa de preguntarle.—Solo necesito que me digas la verdad, sea cual sea —insistí.—No.Parpadeé, sorprendida por una respuesta tan directa.—¿Qué?—La respuesta es no. Nunca me he acostado con tu hermana.Tragué saliva, buscando en sus ojos cualquier señal de vacilación, pero no encontré ninguna.—¿Nunca?—Nunca.—Pero…—¿Qué? —preguntó—. Dímelo, sin vacilar. ¿Qué dudas tienes?Respiré profundamente.—Es que habéis salido juntos.—Y tú cancelaste nuestra cita de una pedrada —ironizó.—Sí, lo sé. —Hice una mueca, avergonzada—. Pero me refiero a después de aquello. O incluso antes. ¿No hubo nada más entre vosotros?El tono b

  • En las garras del juez   215: DUDA SINCERA

    Cuando llegué al juzgado, me senté a mi mesa y empecé a trabajar. Poco después, la puerta del despacho de Dante se abrió y el corazón casi se me salió por la boca al pensar que podía ser él. Sin embargo, solo era la limpiadora, que estaba terminando de limpiar el despacho, señal de que todavía no había llegado.—Dios mío, tengo que controlarme —susurré.Volví a concentrarme en el trabajo, pero, al cabo de un rato, levanté la mirada y me di cuenta de que Bianca me estaba observando. Me extrañó, pero intenté ignorarlo. Sin embargo, cuando nuestras miradas se encontraron y ella apartó rápidamente la suya, no pude resistirme.—¿Ha pasado algo, Bianca?—No, nada —respondió, volviendo la mirada al ordenador.Retomé lo que estaba haciendo, pero no tardé mucho en darme cuenta de que volvía a observarme.—¿Estás segura? —pregunté.Esta vez pareció vacilar. Miró rápidamente a su alrededor antes de levantarse y acercarse a mi mesa.—¿Es verdad que unos ladrones entraron en la mansión de Dante? —

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