Masuk—¡Deja de hacer eso, Valen! —le pedí, incómoda con el rumbo de la conversación.—¡No puedo parar! ¡Ya me inventé toda una historia romántica en la cabeza, y ese profesor tan sexy es el protagonista! —confesó, soltando una risita.Yo solo quería salir corriendo de allí, principalmente con Valen haciendo aquellos comentarios. Cada una de sus palabras aumentaba todavía más mi incomodidad, y lo único que deseaba en aquel momento era estar lo más lejos posible de Dante.El resto de la presentación pareció durar una eternidad. Dante explicó cómo se desarrollarían sus clases, habló sobre la importancia de la ética profesional y destacó que esperaba una dedicación absoluta por parte de los estudiantes.Con cada palabra, sentía una mezcla de admiración y resentimiento. Era imposible negar su competencia, pero también era imposible olvidar todo lo que había sufrido por su culpa.Cuando finalmente terminó su discurso, el auditorio se llenó de aplausos.—Les agradezco a todos su atención. Espero
—¡Dios mío, qué hombre tan guapo! —escuché comentar a Valen a mi lado.Sin embargo, no conseguí mostrar ninguna reacción. Seguía completamente inmóvil, todavía en estado de shock por verlo allí, tan cerca de mí, cuando creía que nuestros caminos nunca volverían a cruzarse.Los aplausos resonaban por el auditorio, pero apenas conseguía escucharlos. Mis ojos permanecían fijos en él, siguiendo cada uno de sus movimientos mientras saludaba al director y se colocaba frente al micrófono.Dante estaba exactamente como lo recordaba. Elegante, imponente y con aquella expresión seria que tantas veces me había intimidado. Llevaba un traje oscuro perfectamente ajustado al cuerpo y tenía el cabello cuidadosamente peinado.Dios mío, ¿qué estaba haciendo allí?Con tantas universidades repartidas por el mundo, en tantos países diferentes, ¿tenía que ser precisamente aquella?—Fabi, ¿estás bien? —preguntó Valen, tocándome el brazo.Parpadeé varias veces, intentando recuperar el control.—Sí, estoy bie
Una noche, finalmente reuní el valor suficiente y tomé el celular para llamar a Dante. Sin embargo, cuando estaba a punto de marcar su número, recibí un mensaje de Viviane. Era una fotografía.Por curiosidad, decidí abrirla, pero, en cuanto vi la imagen, sentí que mi mundo se derrumbaba. Mi hermana y Dante estaban juntos, semidesnudos, en una situación que no dejaba dudas sobre la intimidad entre ellos. Me quedé inmóvil, mirando fijamente la pantalla, sin conseguir creer lo que estaba viendo. Por mucho que ya no existiera nada entre nosotros, descubrir que él estaba involucrado precisamente con mi hermana fue demasiado doloroso.En aquel instante, todo el valor que había reunido para buscarlo desapareció.Apagué el celular y lo arrojé sobre la cama, intentando apartar aquella imagen de mi cabeza. Sin embargo, después de algunos minutos, comencé a pensar que todo podría no ser más que una provocación de mi hermana o incluso un montaje descarado.Decidida a descubrir la verdad, tomé nue
FABIANE ALVAREZLa noche en que llegué a casa de mi hermana con mi maleta, me di cuenta de que no podría quedarme allí por mucho tiempo. La manera en que intentaba humillarme dejaba claro que necesitaba salir de aquel lugar lo antes posible. Aun así, cuando me invitó a pasar la noche, decidí aceptar. No porque quisiera, sino porque, en aquel momento, simplemente no tenía adónde ir.Ya era de noche y estaba terminando de preparar la cena con la ayuda de mi madre cuando mi celular comenzó a sonar. Al mirar la pantalla, me di cuenta de que se trataba de un número desconocido. Pensé en ignorarlo, pero terminé contestando.—¿Hola?—¿Hablo con Fabiane Alvarez? —preguntó una voz desconocida al otro lado de la línea.—¿Quién habla?—No importa quién soy. Solo llamo para avisarte que tu querido prometidito acaba de sentenciar a muerte a tu hermano.—¿Qué? —pregunté, sin conseguir creer lo que había escuchado.—Exactamente lo que escuchaste, Fabiane. Tu querido juez decidió hacer justicia por s
—¿Justo? ¡Me drogaste y preparaste toda esta situación para perjudicarme!—¡Y tú te acostaste con mi esposa dentro de mi propia casa! —replicó, señalándome el rostro con el dedo—. La diferencia es que yo no voy a necesitar contarle a nadie lo que hiciste para conseguir mi venganza. ¿O quieres que lo haga?Me quedé mirándolo, intentando controlar mi rabia.—Si dices que esas fotografías son falsas, que te drogaron o que Viviane participó en una trampa, lo contaré todo sobre ti y Juliana —amenazó—. Y no voy a ahorrarme ningún detalle, Dante. Me aseguraré de que todos sepan cómo traicionaste la confianza de un amigo.Tragué saliva con dificultad.—Me estás obligando a aceptar una mentira.—Exactamente. —Esbozó una sonrisa fría—. Ese es tu castigo. Vas a saber lo que se siente al ser humillado y no poder hacer absolutamente nada para impedirlo.—¡Marcus, esto es absurdo!—¡Absurdo fue lo que me hiciste! —respondió, sin vacilar—. Ahora tendrás que elegir: o aceptas esta historia y mantiene
No sé exactamente qué ocurrió después. Estaba un poco aturdido, sin conseguir comprender bien lo que sucedía a mi alrededor, pero todavía podía escuchar perfectamente la voz de Marcus, que parecía venir de muy lejos.—Mira cómo son las cosas, Dante. Yo tratándote como a un hermano, mientras tú me apuñalabas por la espalda, dentro de mi propia casa, con mi esposa. Te juro que te subestimé. Esperaba que cualquiera me traicionara, menos tú.Intenté abrir los ojos, pero tenía los párpados demasiado pesados. Quería levantarme, preguntar qué estaba pasando, pero mi cuerpo simplemente no me obedecía.—Marcus… —murmuré, con dificultad.Escuché una risa burlona.—Ah, ¿entonces todavía puedes hablar? Qué bueno, porque quiero que escuches cada palabra que tengo para decirte.Sentí que alguien se acercaba y enseguida su voz se volvió más clara.—¿Sabes qué es lo que más me indigna, Dante? Ni siquiera es el hecho de que te hayas acostado con Juliana. Es recordar cuántas veces te recibí en mi casa,







