LOGINLos ojos de Fabiane vacilaron por un instante y tuvo que tragarse el nudo que se le había formado en la garganta antes de asentir.
—Sí. Haré cualquier cosa para demostrarle lo útil que puedo ser.
—Está bien. —Dante se recostó en la silla y suavizó la expresión—. Hábleme de usted.
El cambio en su comportamiento había sido demasiado rápido. Sin embargo, Fabiane no estaba allí para pensar demasiado. Necesitaba aquella plaza y haría lo que fuera necesario para conseguirla.
—Bueno… —reflexionó, respirando hondo—. Estoy en el último año de la carrera de Derecho y me he dedicado principalmente a las asignaturas relacionadas con el Derecho Penal y Procesal Penal.
Él permaneció en silencio, observándola.
—Siempre he estado entre los mejores alumnos de mi clase. También he participado en grupos de investigación y en proyectos de asistencia jurídica para personas de bajos recursos.
—¿Y por qué eligió Derecho? —preguntó él.
Fabiane dudó por un momento.
—Porque crecí viendo cómo muchas personas eran perjudicadas sin tener a nadie que las defendiera. Pensé que, si entendía las leyes, tal vez podría marcar alguna diferencia.
Dante arqueó una ceja.
—¿Entonces quiere cambiar el mundo?
Ella soltó una pequeña risa nerviosa.
—No. Solo quiero hacer mi trabajo de la mejor manera posible.
—¿Y cuáles son sus planes después de graduarse? —continuó.
—Quiero construir una carrera sólida. Aprender de profesionales experimentados, adquirir experiencia y convertirme en una buena abogada.
—¿Buena abogada?
—Sí.
—¿No jueza? ¿Fiscal? ¿Procuradora?
—Tal vez algún día.
Dante tamborileó los dedos sobre el escritorio mientras la observaba. La verdad era que apenas prestaba atención a lo que ella decía. Su mente estaba demasiado ocupada analizando a la mujer que tenía delante. Su forma sencilla de ser, la ropa discreta, el evidente nerviosismo y, principalmente, la ausencia de cualquier rastro de ambición interesada hacían que pareciera una persona fácil de manipular.
Cuanto más la observaba, más comenzaba a surgir una idea en su cabeza. Una idea tan absurda que, en circunstancias normales, jamás la habría considerado.
Pero las circunstancias estaban lejos de ser normales y necesitaba actuar rápido.
—Perfecto —dijo, juntando las manos sobre el escritorio—. Creo que puedo considerar la idea de tenerla a mi lado.
Los ojos de Fabiane se iluminaron de inmediato. Por un instante, apenas pudo creer lo que estaba escuchando. Tal vez la insistencia de su madre para que fuera hasta allí había sido una señal de que las cosas todavía podían salir bien.
—Le prometo que me esforzaré todos los días.
—Y algunas noches también —la interrumpió Dante.
—¿Cómo? —Ella frunció el ceño.
En un rincón del despacho, Renner y Bianca abrieron los ojos de par en par.
—Soy un hombre con muchas responsabilidades —continuó Dante—. Hay días en los que trabajo hasta tarde, reuniones inesperadas, viajes y procesos urgentes. Si quiere esta plaza, tendrá que estar dispuesta a seguir el ritmo.
Fabiane enderezó la postura.
—No tengo ningún problema con el trabajo duro.
Una leve sonrisa apareció en los labios de él.
—Espero que realmente no lo tenga, porque voy a exigirle mucho.
—Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario.
—Quiero comprobar si de verdad es tan buena como dice ser —concluyó.
A continuación, se volvió hacia Renner.
—Hay algunos periodistas ahí fuera, ¿verdad?
—Sí, están esperando que hagas alguna declaración sobre las noticias recientes.
—Bien. Reúnelos a todos en el auditorio ahora mismo. Tengo un comunicado que hacer.
Renner abrió la boca, pero no salió ninguna palabra.
Conocía a Dante desde hacía años. Conocía aquella mirada y aquel tono de voz.
Y sabía exactamente lo que su jefe estaba planeando.
El problema era que aquello era una completa locura.
—Dante… —comenzó Renner con cautela.
—Haz lo que te he dicho —lo interrumpió.
—¿Estás seguro? —insistió.
—¿Parezco alguien que tenga dudas?
Renner se pasó una mano por el rostro.
—Ni siquiera la conoces.
—¿A quién le importa? Sé que hará lo que yo le ordene.
Fabiane miró de uno a otro sin entender absolutamente nada, pero no se atrevió a interrumpir la conversación.
—¿No crees que deberían hablar primero? Necesitan llegar a un acuerdo antes —sugirió Renner.
—Créeme, algunas personas solo funcionan bien con un poco de presión —respondió Dante, sonriendo descaradamente.
—Estás loco —comentó Renner, incrédulo.
—Que así sea… —comentó, poniendo los ojos en blanco.
—Dante… —insistió una vez más.
—No vuelvas a cuestionarme —advirtió.
Derrotado, Renner soltó un suspiro. En el fondo, sabía que aquello tenía todos los ingredientes para terminar mal, pero su jefe era demasiado terco como para detenerse y escuchar la opinión de alguien.
—De acuerdo, pero no digas que no te lo advertí.
Así, Renner salió de la sala con una expresión de desaprobación.
En el despacho quedaron Dante, Fabiane y Bianca, que permanecía en silencio en un rincón, sin entender lo que estaba ocurriendo. Entonces, Dante miró a la secretaria con expresión seria.
—Déjanos un minuto a solas —pidió.
Bianca lo miró con desconfianza, pero no dijo nada. Simplemente asintió y salió del despacho.
A solas con Fabiane, él se levantó lentamente. Rodeó el escritorio y caminó hasta ella.
En aquel momento, Fabiane sintió que el corazón se le aceleraba. Estaba completamente perdida, sin entender lo que estaba sucediendo.
—¿Cuál es su estado civil? —preguntó con voz de depredador.
—Soy soltera.
—¿Algún novio?
La pregunta le pareció extraña, pero consideró que aquello formaba parte de la entrevista, así que respondió:
—No.
—Perfecto. A partir de ahora, va a hacer exactamente todo lo que yo le diga. —Habló mientras se acercaba con una expresión intimidante.
El cuerpo de Fabiane se estremeció de inmediato.
Sin pensarlo, dio un paso hacia atrás y levantó los ojos para mirarlo, todavía confundida por aquel repentino cambio de comportamiento.
—Doctor… ¿A qué se refiere?
Dante mantuvo los ojos fijos en ella.
—Señorita Alvarez, ¿cómo se sentiría al descubrir que acaba de conseguir no solo unas prácticas…?
Ella frunció el ceño, cada vez más confundida.
—¿Cómo que no solo unas prácticas?
—Voy a darle la oportunidad de cambiar de vida. —Su voz sonó tranquila y premeditada—. Pero, para eso, tendrá que aceptar todo lo que yo diga.
Cuanto más hablaba Dante, más incómoda se sentía Fabiane.
Todo aquello comenzaba a parecer demasiado extraño. Ya había oído hablar de varios casos de acoso en el trabajo y, en aquel momento, sintió que estaba a punto de pasar por algo así.
—No lo entiendo…
Una leve sonrisa apareció en los labios de él.
—Lo entenderá ahora mismo.
Al decir aquello, Dante la tomó de la mano y tiró de ella para sacarla del despacho.
Todo sucedió tan rápido que Fabiane ni siquiera tuvo tiempo de razonar.
Todavía aturdida, se limitó a seguirlo por el pasillo.
Tomados de la mano, caminaron hasta el auditorio principal del juzgado, que estaba repleto de periodistas. En cuanto Dante apareció a su lado, decenas de cámaras se volvieron inmediatamente hacia ellos. Los flashes comenzaron a dispararse sin parar mientras varios reporteros intentaban acercarse.
Fabiane sintió que el corazón se le disparaba.
—Señoras y señores, me alegra que hayan venido. —Dante habló con la mayor naturalidad del mundo—. Quiero presentarles oficialmente a mi prometida.
En cuanto escuchó aquellas palabras, Fabiane abrió los ojos de par en par. Su cerebro simplemente dejó de funcionar.
Dante levantó la mano de ella delante de todos, acercándola aún más a su cuerpo.
En el mismo instante, Fabiane intentó retirar la mano, pero él apretó discretamente sus dedos, impidiéndoselo.
Entonces se inclinó ligeramente hacia ella.
—Solo sonríe —murmuró entre dientes.
Ella se quedó paralizada, lo que hizo que él se acercara aún más.
—O cooperas conmigo… o te garantizo que ninguna puerta volverá a abrirse para ti —amenazó.
Preocupada, solo quería llegar al apartamento y preguntarles a Júlia o a Gabriela si tenían noticias de él. Salí de la universidad casi corriendo, pero me detuve en seco cuando vi un coche que conocía muy bien aparcado frente a mí. Dante estaba apoyado en él, sosteniendo un enorme ramo de rosas rosas.No podía creer que estuviera allí.Durante unos segundos, me quedé inmóvil, mirándolo, intentando comprender si aquello era real. Él, que hasta aquella mañana había estado en otro estado, ahora estaba justo delante de mí, con una sonrisa preciosa en el rostro y un ramo de flores entre las manos.—¿No vas a venir a darme un beso? —preguntó, esbozando una sonrisa todavía más amplia.Me llevé una mano a la boca, sintiendo que los ojos se me llenaban de lágrimas.—¿Dante?Corrí para cruzar la calle y abrazarlo. Algunas personas se detuvieron a observar la escena y reconozco que, aunque todavía no estaba acostumbrada a aquel tipo de atención, no me importó. Lo único que importaba en aquel mom
Tenía un novio perfecto.Preocupado por mis estudios, Dante insistió en que no fuera a trabajar durante los días que necesitaba para organizar los últimos detalles de mi trabajo de fin de grado y prepararme para la defensa. Sabía que aquello no estaba del todo bien; al fin y al cabo, él era mi jefe y yo no debería recibir ningún tipo de privilegio solo por mantener una relación con él. Pero, por primera vez en mi vida, alguien estaba haciendo algo por mí, cuidándome e intentando facilitarme un poco las cosas para que pudiera dedicarme a algo tan importante.Había pasado tanto tiempo teniendo que resolverlo todo sola, preocupándome por mi madre, mis hermanos, la universidad, el trabajo e incluso el dinero, que reconozco que fue agradable tener a alguien diciéndome que, aquella vez, no tenía que preocuparme por nada más que por mí misma. Así que, aunque sabía que tal vez no fuera lo más correcto, simplemente lo acepté.Durante aquellos días, mi rutina se redujo prácticamente a estudiar,
Dos días después, estaba haciendo las maletas para volver.Para mi sorpresa, Gabriela decidió regresar conmigo. Le pregunté el motivo de su decisión y se limitó a responder que sería aburrido quedarse allí sin compañía durante el día. Su respuesta me hizo feliz, porque sentí que realmente nos llevábamos muy bien y que, durante aquellos días, habíamos aprendido a disfrutar de la compañía de la otra.Dante insistió en acompañarnos hasta el aeropuerto y, antes de que subiera al avión, me abrazó con tanta fuerza que, por un instante, pensé que no me dejaría marchar.—Voy a echarte muchísimo de menos —confesó, poniendo una expresión que me dio pena.—Yo también.—Te llamaré todas las noches.—Esperaré impaciente para escuchar tu voz.Lo abracé con fuerza y después lo besé. Sin embargo, en aquel momento sentí una extraña opresión en el pecho y unas ganas repentinas de llorar. No entendía el motivo, pero los ojos se me llenaron de lágrimas y Dante se dio cuenta al instante.—Eh, no te pongas
Estaba tumbada en la cama, mirando al techo de la habitación del hotel, con Dante a mi lado. Como todavía dormía plácidamente, decidí no molestarlo. Llevaba ya más de una semana allí con él y, por lo visto, todavía no sabíamos cuándo volveríamos a casa.Quería pasar todo aquel tiempo a su lado, pero la entrega y la defensa de mi trabajo de fin de grado se acercaban y necesitaba regresar.Durante los días que había pasado allí, Dante había conseguido que pudiera seguir algunas clases a distancia para no quedarme atrás, pero ahora era diferente. Se acercaba el momento de entregar mi trabajo y prepararme para defenderlo. Después de tantos años estudiando, por fin estaba muy cerca de terminar la carrera y graduarme.Solo de pensarlo, sentía un cosquilleo en el estómago.Volví a mirar a Dante. Dormía de lado, con una mano debajo de la almohada, completamente tranquilo. Después de una semana despertándome a su lado, la idea de volver a casa sin él empezaba a molestarme más de lo que me habr
Me desperté cuando la luz del sol empezaba a entrar por la ventana. Abrí los ojos lentamente y vi a Dante abrazado a mi cuerpo, durmiendo plácidamente. Cuando me di cuenta de que los dos seguíamos desnudos, sentí que se me sonrojaban las mejillas y todos los recuerdos de la noche anterior, que se había prolongado hasta la madrugada, volvieron de golpe, haciendo que me sintiera todavía más avergonzada.Con cuidado, me aparté de sus brazos e intenté levantarme, pero sentí un dolor intenso en las caderas y tuve que detenerme durante unos segundos. La noche anterior, con el cuerpo caliente y toda la adrenalina, prácticamente no había notado nada, pero ahora, con el cuerpo ya frío, parecía que se empeñaba en recordarme todo lo que había ocurrido.Apoyé una mano en la cama y volví a intentarlo, esta vez con más cuidado. Conseguí ponerme de pie, pero hice una mueca al sentir las molestias. Empecé a caminar hacia el baño y, cuando entré, mis ojos se dirigieron directamente a la sábana que hab
Nunca imaginé que mi primera vez sería en un lugar tan perfecto como aquel, con un hombre tan guapo y cariñoso como Dante. La manera en que tocaba mi cuerpo, cómo me ayudaba a quitarme el vestido y, sobre todo, cómo se preocupaba por hacerme sentir cómoda, no hacía más que reforzar la certeza de que estaba tomando la decisión correcta al entregarme a él.Reconozco que mi falta de experiencia me hizo dudar un poco e incluso sentir vergüenza en algunos momentos. Todo era nuevo para mí y, por mucho que deseara aquello, no conseguía hacer desaparecer los nervios sin más.Dante se dio cuenta de que temblaba un poco.—Eh —me acarició el rostro—. Mírame.Obedecí.—No tienes por qué estar nerviosa.—Es fácil decirlo.Sonrió y me besó la frente.—Entonces iremos a tu ritmo. No tenemos ninguna prisa.—¿Y si hago algo mal?—Eso no existe, Fabi. —Su mirada permaneció fija en la mía—. No hay nada que tengas que saber ni demostrarme. Solo quiero que te sientas bien conmigo.Aquellas palabras disipa







