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5: AMENAZA

last update Fecha de publicación: 2026-08-28 21:57:53

La expresión de Dante era demasiado intimidante.

Fabi nunca había hablado con él antes, pero ya había escuchado suficientes historias como para saber que estaba frente a uno de los hombres más poderosos del país. No hacía falta conocerlo profundamente para entender que aquel tipo de hombre destruía a cualquiera que se atreviera a ir en contra de su voluntad.

Aquello la asustó de una forma tan intensa que se sintió sin salida. Por eso, su única reacción en aquel momento fue hacer lo que él le había ordenado. Miró hacia las cámaras que apuntaban en su dirección y sonrió.

Sus manos comenzaron a sudar de inmediato, sobre todo cuando Dante la atrajo aún más hacia él, intentando dejar claro ante todos que existía intimidad entre ellos.

Los flashes no se detenían.

Los periodistas comenzaron a hacer preguntas al mismo tiempo.

—¿Cuándo se comprometieron?

—¿Quién es ella?

—¿Cuánto tiempo llevan juntos?

—¿Cómo lleva su prometida su fama de mujeriego?

La última pregunta llamó la atención de Dante.

Giró lentamente el rostro hacia el reportero que la había formulado y respondió con la mayor tranquilidad del mundo:

—Todo lo que dicen sobre mí en los medios con respecto a ese asunto no pasa de ser una mera especulación. Soy un hombre íntegro y serio, que siempre se ha preocupado por mantener separada su vida personal de la profesional.

Mientras él hablaba, Fabiane observaba el rostro de Dante con una mirada confusa y asustada.

—Siempre he mantenido discreción con respecto a mi vida personal, pero, ya que han llegado hasta este punto… —continuó, lanzando una mirada fría a los periodistas—. Sepan que mi prometida…

Al decir aquello, miró a Fabiane y apretó su mano con más fuerza, haciendo que ella se estremeciera.

—…conoce perfectamente al hombre que soy y no da crédito a ninguna de esas especulaciones. Así que quiero dejar muy claro que ningún intento de difamación promovido por personas de mala fe será capaz de afectarnos.

El corazón de Fabi se aceleró.

—En este momento, puedo garantizarles dos cosas. Primero: ella es la única mujer en mi vida. Y segundo: todos aquellos que están intentando desacreditar mi imagen tendrán que responder judicialmente por ello.

Los periodistas comenzaron a lanzar aún más preguntas, pero Dante las ignoró todas.

Sin dar ninguna otra explicación, simplemente tiró de Fabiane y salió de allí junto a ella, como si todo estuviera perfectamente resuelto.

Apenas capaz de ordenar sus propios pensamientos, ella volvió a seguirlo, sin saber siquiera adónde iban.

Todo estaba sucediendo demasiado rápido.

Todavía tomados de la mano, atravesaron el auditorio bajo las miradas curiosas de todos a su alrededor hasta llegar al estacionamiento, donde estaba aparcado el coche de Dante.

En cuanto se dio cuenta de que ya estaban lejos de las cámaras y de los periodistas, Dante soltó su mano y respiró profundamente, claramente irritado por toda la situación.

A continuación, abrió la puerta del coche y ordenó:

—¡Entra!

Fabi permaneció inmóvil. Su corazón latía con tanta fuerza que apenas conseguía pensar en una salida para aquella situación.

—Yo… yo no voy a hacer esto. —Su voz salió baja y temblorosa, dejando en evidencia lo mucho que todo aquello la asustaba.

Dante giró lentamente el rostro hacia ella. Su mirada fría hizo que las piernas de Fabiane se debilitaran aún más.

—No voy a pedírtelo otra vez —dijo sin paciencia.

Fue entonces cuando ella tragó saliva y dio un paso hacia atrás.

Quería decir que no y exigir explicaciones. También quería preguntarle por qué había inventado aquella mentira absurda delante de la prensa y decirle que no aceptaría participar en aquello. Pero, frente a aquel hombre, todas las palabras parecían morir antes siquiera de salir de su boca.

Resignada, bajó la cabeza y entró en el coche.

Dante hizo lo mismo. En cuanto cerró la puerta, arrancó y salió de allí.

Apretando las manos sobre el regazo, Fabiane vio cómo el coche se alejaba del juzgado.

Dante conducía sin decir una sola palabra y el silencio dentro del coche no hacía más que aumentar su nerviosismo.

Cuando se dio cuenta de que él no parecía dispuesto a explicar nada, finalmente reunió el valor necesario.

—¿Qué significa todo esto?

Dante permaneció en silencio durante unos segundos más. Solo cuando el coche se detuvo ante un semáforo en rojo decidió hablar.

—Es lo siguiente —comenzó, sin apartar los ojos de la calle—. Tengo un pequeño problema y voy a necesitar tu ayuda.

Ella abrió los ojos de par en par.

—¿Cómo que mi ayuda?

—Como ya habrás notado, mi reputación está siendo atacada.

—¿Y qué tiene eso que ver conmigo?

—Todo.

Ella frunció el ceño.

—No lo entiendo.

Impaciente, Dante soltó un pesado suspiro.

—No es tan complicado. La prensa está intentando arruinar mi imagen y tú vas a ayudarme a mantenerla. Así de simple.

Por primera vez, giró el rostro para mirarla.

—De ahora en adelante, vas a hacerte pasar por mi prometida hasta que yo considere que todo está bien.

Ella se quedó unos segundos sin reaccionar.

—Eso es absurdo. No voy a hacerlo —respondió, incluso en medio de su nerviosismo.

—Sí, lo harás.

—¡No lo haré!

Replicó mientras intentaba abrir la puerta del coche, pero estaba bloqueada.

—Por favor, desbloquee la puerta y déjeme salir —pidió, con el corazón en un puño.

—No vas a salir de aquí hasta que aceptes lo que te he dicho —respondió con la voz más grave.

—No puedo aceptar semejante absurdo. Usted ni siquiera me conoce.

—Eso es lo de menos —replicó—. Lo único que necesitas es hacer lo que yo diga. Será fácil, créeme. Te recompensaré muy bien.

—No quiero nada de usted. Por favor, vuelva al juzgado y deshaga lo que hizo. No estoy de acuerdo con esto.

—Escúchame bien.

Esta vez, Dante soltó el volante y levantó la mano, apuntándola con el dedo.

—No voy a deshacer nada. Vas a hacer lo que te he dicho y punto. No te lo estoy pidiendo, te estoy dando una orden.

Su mirada fue tan fría que ella sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Dante no estaba bromeando y mucho menos le estaba dando alguna opción.

Su actitud la asustó, porque no sabía de qué sería capaz.

—Por favor —lo intentó una vez más—. Líbreme de esta responsabilidad; no soy la persona adecuada para una farsa como esta.

—Eso lo decido yo.

—Lo que está haciendo está mal —insistió.

—No vas a ser tú quien me diga lo que debo hacer.

Cuanto más intentaba argumentar, más demostraba Dante que no le importaba nada más que sus propios problemas y su propia vida.

El semáforo se puso en verde y él volvió a conducir, prestando atención a la carretera. Cuando vio que Dante volvería a guardar silencio, Fabiane intentó enfrentarse a él una vez más.

—Tengo derecho a no querer formar parte de esto —declaró, intentando sonar más segura—. Usted no puede hacerme esto.

Al darse cuenta de que ella estaba poniendo dificultades, Dante llevó el coche hasta el arcén, se detuvo y soltó:

—Entonces baja —dijo, desbloqueando la puerta—. Pero ten presente una cosa. Tu sueño de ejercer como abogada o de hacer cualquier otra cosa en la vida morirá en el momento en que abras esa puerta.

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