INICIAR SESIÓNDante Alencar
«El juez de la moral no tiene moral alguna».
Junto al titular, había una fotografía tomada por un paparazzi. Dante Alencar aparecía acompañado de dos «modelos», en una escena demasiado comprometedora para alguien que ocupaba el cargo de juez.
—¿Quién permitió que publicaran este artículo?
La voz áspera de Dante resonó por todo el despacho. Su mirada furiosa estaba fija en Bianca, su secretaria, y en Renner, su asistente personal.
—No lo sé, doctor. Ya había advertido al equipo de relaciones públicas que impidiera la publicación de cualquier artículo que intentara difamarlo —respondió Bianca.
—Ya veo que no fueron lo bastante eficientes —dijo, arrojando el periódico sobre el regazo de Bianca—. Mira esto. ¡Han conseguido convertir mi vida en un circo!
—Dante, sé que la situación se salió de control, pero no es culpa del equipo de relaciones públicas. Ya te había advertido que tu vida personal podía convertirse en un problema para ti.
—¿Por qué diablos les molesta tanto que un hombre soltero disfrute de su propia vida? —refunfuñó, irritado.
—Porque no eres un hombre cualquiera —replicó Renner—. Eres un magistrado importante y ahora estás aún más expuesto porque estás juzgando uno de los principales casos de corrupción del país.
—¿Acaso creen que no soy apto para juzgar este caso por culpa de mi vida personal?
—Por desgracia, Dante, van a utilizarlo todo en tu contra. Cualquier brecha que encuentren para manchar tu reputación e intentar apartarte de este caso, la explotarán sin piedad.
Dante soltó una risa fría, completamente irritado.
—Malditos. Si creen que van a conseguir derribarme, están muy equivocados. Antes de que eso ocurra, derribaré a cada uno de ellos.
—Dante, eres muy poderoso, pero no estás luchando contra una sola persona. Son varias. Y van a atacarte por todos los frentes.
—¡Lo sé! —gritó—. No fue fácil conseguir este caso. No voy a renunciar a él por culpa de media docena de oportunistas.
—Lo sabemos. Por eso ya he hablado con el equipo de asesores.
Inmediatamente, Dante levantó la mirada.
—¿Y qué han sugerido esos genios ahora? —preguntó con ironía.
Renner respiró hondo antes de responder.
—Que cambies la narrativa.
—¿Cómo dices?
—No pueden atacar tu trabajo, así que están atacando tu imagen. Intentan convencer a la gente de que eres irresponsable, impulsivo e incapaz de tomarte en serio ningún compromiso.
—Eso es ridículo.
—Tal vez lo sea. Pero está funcionando.
Dante apretó los puños.
—Ve directo al grano —pidió, impaciente.
—La única salida es mostrarle al público exactamente lo contrario.
—¿Y cómo haría eso?
—Iniciando una relación seria.
El silencio se apoderó del despacho antes de que Dante pusiera los ojos en blanco y soltara una risa contenida.
—Debes estar bromeando.
—No lo estoy. A partir del momento en que aparezcas junto a la misma mujer, asistas a eventos con ella y demuestres estabilidad, esa imagen de mujeriego irresponsable comenzará a perder fuerza.
—¿Entonces la solución para salvar mi reputación es conseguir una novia?
—No cualquier novia. Una mujer discreta, inteligente y con una imagen impecable. Alguien que les demuestre a todos que esa etapa de los titulares ha quedado atrás.
—Esto es absurdo.
—Tal vez. Pero es exactamente lo que la opinión pública quiere ver. Necesitan creer que eres un hombre comprometido, estable y centrado. Que esa es tu realidad ahora.
Dante caminó hasta la ventana del despacho y observó la ciudad allá abajo.
—No voy a comprometerme con nadie solo para complacer a la opinión pública —refunfuñó mientras contemplaba el paisaje.
—No tiene que ser una relación de verdad. Solo necesitas encontrar a alguien dispuesto a desempeñar ese papel.
En ese mismo instante, Dante se volvió y miró fijamente a Renner.
—¿Me estás diciendo que contrate a una novia?
—Algo por el estilo.
—No conozco a ninguna mujer que aceptaría una propuesta así.
Renner arqueó una ceja.
—¿Cómo que no? Sales con muchas.
—Salgo con ellas una sola noche. Jamás reconocería públicamente a ninguna. Además, siendo tan interesadas como son, después terminarían extorsionándome para no contar la verdad.
—Entonces encuentra a alguien manipulable. Alguien a quien puedas tener en tus manos.
Dante soltó una breve risa por la nariz.
—¿Y dónde crees que encontraría a una mujer lo bastante estúpida como para aceptar algo así?
Justo en el instante en que Bianca iba a abrir la boca para ofrecerse como voluntaria, unos suaves golpes resonaron en la puerta.
—Adelante —autorizó Dante.
La puerta se abrió lentamente.
Una joven entró en la sala sujetando una carpeta contra el pecho. Tenía el cabello negro y ondulado hasta los hombros, ojos color miel y un pequeño lunar cerca del ojo izquierdo que le daba cierto encanto. Su mirada parecía perdida, casi asustada, mientras que su postura delataba el nerviosismo que intentaba ocultar.
—Buenos días. —Su voz salió temblorosa.
Dante la observó durante unos segundos.
—¿Quién eres? —preguntó, sin ninguna ceremonia.
—Me llamo Fabiane Alvarez. Soy la nueva pasante.
—¿Pasante de qué? —replicó, ya irritado.
Antes de que ella pudiera responder, Renner intervino.
—Olvidé avisarte. Ya salió la lista de aprobados y ella fue asignada para trabajar directamente en tu despacho.
Claramente sin paciencia, Dante cerró los ojos durante un instante.
—No tengo tiempo para esto —refunfuñó, volviéndose de nuevo hacia la ventana.
Fabiane apretó la carpeta entre los dedos.
—Sé que no quieres hacerlo, pero al menos tienes que seguir el protocolo —declaró Renner.
Suspirando sin la menor paciencia, Dante caminó hasta el escritorio. Apartó la silla, se sentó y apoyó uno de los brazos en el respaldo.
Su mirada recorrió a Fabiane de arriba abajo antes de detenerse en su rostro.
—Muy bien. —Su voz sonó fría—. Déjame ver tu carta de convocatoria.
El corazón de ella se aceleró.
Con las piernas temblorosas, Fabiane se acercó al escritorio. Abrió la carpeta y sacó la carta de convocatoria cuidadosamente remendada con cinta adhesiva. Le temblaban tanto las manos que estuvo a punto de dejar caer el papel antes de entregárselo.
Dante tomó el documento y bastó una rápida mirada para que su semblante se ensombreciera.
Frunció el ceño.
—¿Qué diablos es esto?
Fabiane tragó saliva.
—Doctor, hubo un imprevisto y, como no era posible obtener otra copia, intenté arreglarlo.
—¿Arreglarlo? —repitió él, incrédulo—. ¿Qué clase de persona irresponsable eres para no ser capaz de cuidar un simple documento?
Su voz resonó por todo el despacho, haciendo que Fabiane se estremeciera.
—Sal de aquí —ordenó.
El corazón de ella pareció detenerse.
—Por favor… —suplicó, sintiendo que los ojos le ardían—. Por favor, deme una oportunidad.
Dante permaneció impasible.
—Haré cualquier cosa para demostrar que soy apta para esta plaza. Cualquier cosa. No me defina por un pedazo de papel. He estudiado durante años para llegar hasta aquí.
El silencio se apoderó de la sala y, en aquel momento, Dante no respondió de inmediato.
Simplemente la observó.
Su mirada recorrió el delicado rostro de la joven, su ropa, sus manos todavía temblorosas y la carpeta apretada contra el pecho.
Los segundos parecían no pasar. Hasta que algo cambió.
Renner lo percibió en el mismo instante y entrecerró los ojos, desconfiado.
—¿Has dicho cualquier cosa? —preguntó Dante, mientras una lenta sonrisa aparecía en la comisura de sus labios.
Preocupada, solo quería llegar al apartamento y preguntarles a Júlia o a Gabriela si tenían noticias de él. Salí de la universidad casi corriendo, pero me detuve en seco cuando vi un coche que conocía muy bien aparcado frente a mí. Dante estaba apoyado en él, sosteniendo un enorme ramo de rosas rosas.No podía creer que estuviera allí.Durante unos segundos, me quedé inmóvil, mirándolo, intentando comprender si aquello era real. Él, que hasta aquella mañana había estado en otro estado, ahora estaba justo delante de mí, con una sonrisa preciosa en el rostro y un ramo de flores entre las manos.—¿No vas a venir a darme un beso? —preguntó, esbozando una sonrisa todavía más amplia.Me llevé una mano a la boca, sintiendo que los ojos se me llenaban de lágrimas.—¿Dante?Corrí para cruzar la calle y abrazarlo. Algunas personas se detuvieron a observar la escena y reconozco que, aunque todavía no estaba acostumbrada a aquel tipo de atención, no me importó. Lo único que importaba en aquel mom
Tenía un novio perfecto.Preocupado por mis estudios, Dante insistió en que no fuera a trabajar durante los días que necesitaba para organizar los últimos detalles de mi trabajo de fin de grado y prepararme para la defensa. Sabía que aquello no estaba del todo bien; al fin y al cabo, él era mi jefe y yo no debería recibir ningún tipo de privilegio solo por mantener una relación con él. Pero, por primera vez en mi vida, alguien estaba haciendo algo por mí, cuidándome e intentando facilitarme un poco las cosas para que pudiera dedicarme a algo tan importante.Había pasado tanto tiempo teniendo que resolverlo todo sola, preocupándome por mi madre, mis hermanos, la universidad, el trabajo e incluso el dinero, que reconozco que fue agradable tener a alguien diciéndome que, aquella vez, no tenía que preocuparme por nada más que por mí misma. Así que, aunque sabía que tal vez no fuera lo más correcto, simplemente lo acepté.Durante aquellos días, mi rutina se redujo prácticamente a estudiar,
Dos días después, estaba haciendo las maletas para volver.Para mi sorpresa, Gabriela decidió regresar conmigo. Le pregunté el motivo de su decisión y se limitó a responder que sería aburrido quedarse allí sin compañía durante el día. Su respuesta me hizo feliz, porque sentí que realmente nos llevábamos muy bien y que, durante aquellos días, habíamos aprendido a disfrutar de la compañía de la otra.Dante insistió en acompañarnos hasta el aeropuerto y, antes de que subiera al avión, me abrazó con tanta fuerza que, por un instante, pensé que no me dejaría marchar.—Voy a echarte muchísimo de menos —confesó, poniendo una expresión que me dio pena.—Yo también.—Te llamaré todas las noches.—Esperaré impaciente para escuchar tu voz.Lo abracé con fuerza y después lo besé. Sin embargo, en aquel momento sentí una extraña opresión en el pecho y unas ganas repentinas de llorar. No entendía el motivo, pero los ojos se me llenaron de lágrimas y Dante se dio cuenta al instante.—Eh, no te pongas
Estaba tumbada en la cama, mirando al techo de la habitación del hotel, con Dante a mi lado. Como todavía dormía plácidamente, decidí no molestarlo. Llevaba ya más de una semana allí con él y, por lo visto, todavía no sabíamos cuándo volveríamos a casa.Quería pasar todo aquel tiempo a su lado, pero la entrega y la defensa de mi trabajo de fin de grado se acercaban y necesitaba regresar.Durante los días que había pasado allí, Dante había conseguido que pudiera seguir algunas clases a distancia para no quedarme atrás, pero ahora era diferente. Se acercaba el momento de entregar mi trabajo y prepararme para defenderlo. Después de tantos años estudiando, por fin estaba muy cerca de terminar la carrera y graduarme.Solo de pensarlo, sentía un cosquilleo en el estómago.Volví a mirar a Dante. Dormía de lado, con una mano debajo de la almohada, completamente tranquilo. Después de una semana despertándome a su lado, la idea de volver a casa sin él empezaba a molestarme más de lo que me habr
Me desperté cuando la luz del sol empezaba a entrar por la ventana. Abrí los ojos lentamente y vi a Dante abrazado a mi cuerpo, durmiendo plácidamente. Cuando me di cuenta de que los dos seguíamos desnudos, sentí que se me sonrojaban las mejillas y todos los recuerdos de la noche anterior, que se había prolongado hasta la madrugada, volvieron de golpe, haciendo que me sintiera todavía más avergonzada.Con cuidado, me aparté de sus brazos e intenté levantarme, pero sentí un dolor intenso en las caderas y tuve que detenerme durante unos segundos. La noche anterior, con el cuerpo caliente y toda la adrenalina, prácticamente no había notado nada, pero ahora, con el cuerpo ya frío, parecía que se empeñaba en recordarme todo lo que había ocurrido.Apoyé una mano en la cama y volví a intentarlo, esta vez con más cuidado. Conseguí ponerme de pie, pero hice una mueca al sentir las molestias. Empecé a caminar hacia el baño y, cuando entré, mis ojos se dirigieron directamente a la sábana que hab
Nunca imaginé que mi primera vez sería en un lugar tan perfecto como aquel, con un hombre tan guapo y cariñoso como Dante. La manera en que tocaba mi cuerpo, cómo me ayudaba a quitarme el vestido y, sobre todo, cómo se preocupaba por hacerme sentir cómoda, no hacía más que reforzar la certeza de que estaba tomando la decisión correcta al entregarme a él.Reconozco que mi falta de experiencia me hizo dudar un poco e incluso sentir vergüenza en algunos momentos. Todo era nuevo para mí y, por mucho que deseara aquello, no conseguía hacer desaparecer los nervios sin más.Dante se dio cuenta de que temblaba un poco.—Eh —me acarició el rostro—. Mírame.Obedecí.—No tienes por qué estar nerviosa.—Es fácil decirlo.Sonrió y me besó la frente.—Entonces iremos a tu ritmo. No tenemos ninguna prisa.—¿Y si hago algo mal?—Eso no existe, Fabi. —Su mirada permaneció fija en la mía—. No hay nada que tengas que saber ni demostrarme. Solo quiero que te sientas bien conmigo.Aquellas palabras disipa







