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Sensación Ardiente

Penulis: Hushy
last update Tanggal publikasi: 2026-07-15 18:10:50

POV de Rena

—No, gracias. Yo… ya pedí un taxi —balbuceé con nerviosismo.

—Vamos, no muerdo. Puedes cancelar el taxi y yo te llevaré a casa sana y salva.

El tono grave y aterciopelado de su voz hizo que un escalofrío recorriera mi vientre, pero traté de ignorarlo. Una parte de mí sabía perfectamente lo excitada que acabaría si permanecía demasiado tiempo a su lado… aunque, siendo sincera, no me importaba.

Con resignación, subí a su coche como una niña obediente y permanecí en silencio hasta que él decidió romperlo.

—¿Qué tal tu primer día de trabajo?

Me lanzó una rápida mirada de reojo y noté que medía cuidadosamente cada palabra.

—No fue exactamente lo que esperaba, pero tampoco estuvo mal. Todos parecían muy amables conmigo y, además, disfruté revisando toda la documentación.

Él asintió con una leve sonrisa.

Excepto por el pequeño detalle de que había pasado la mitad del día pensando en él… y en todo lo que esos deliciosos dedos largos podrían hacerme antes de obligarme a concentrarme en el trabajo.

Lo observé de reojo mientras conducía. Se veía tan atractivo e impecable con aquel traje que solo contemplarlo hacía que una dulce sensación empezara a extenderse por todo mi cuerpo, arrastrándome una vez más hacia mis fantasías.

“Dame un pequeño espectáculo. Quiero ver toda la sensualidad que escondes debajo de esa ropa.”

Su voz resonó en mi imaginación y yo obedecí con timidez.

Cerré los ojos con fuerza.

—Sí…

—Sí, señor. Dilo.

Le sostuve la mirada, perdida en sus ojos seductores, mientras me mordía el labio inferior.

Mis pezones se endurecieron, suplicando ser tocados sin piedad.

—Sí, señor…

Deslicé lentamente las manos sobre mis pechos mientras me quitaba la delicada blusa de encaje, dejándola caer sobre mi regazo.

—Joder…

Reprimió un gemido antes de atrapar uno de mis pezones entre sus labios y morderlo.

—Ah… sí…

Le sujeté la cabeza, empujándolo con más fuerza contra mi pecho, deseando más. Con la otra mano amasaba mi otro seno mientras yo sentía un cálido flujo escapar entre mis piernas cada vez que recorría mi piel.

—Abre esas piernas.

Separó mis muslos, dejando al descubierto mis braguitas completamente empapadas. Sin apartar la boca de mi pecho, deslizó sus gruesos dedos hasta la entrada de mi sexo y presionó con fuerza.

—Joder… Estás empapada por mí, ¿verdad? Qué putita más sucia.

Con los ojos cerrados, perdida en un placer insoportable, dejé escapar un gemido lo bastante alto para que pudiera oírlo.

—Sí… ah…

—¡RENA!

El eco de su voz pronunciando mi nombre me arrancó bruscamente de aquella fantasía.

Abrí los ojos y me encontré con su expresión confundida.

M****a…

Sentí su mano sobre mi regazo y me estremecí.

No podía creer que ya hubiéramos llegado a casa.

—Debes de estar realmente agotada. Te quedaste profundamente dormida durante todo el camino.

¿Dormida?

Ni hablar.

Si tan solo supiera qué era lo que realmente había mantenido mis ojos cerrados durante todo el trayecto… Supongo que el placer había sido tan intenso que ni siquiera habría escuchado el ruido más fuerte del mundo.

—Gracias por traerme.

Él bajó del coche para abrirme la puerta y, por un instante, me sentí como una reina descendiendo de su carruaje.

—Te acompaño hasta la entrada.

Asentí con una sonrisa.

Una parte de mí deseaba quedarse a solas con él en un lugar cerrado, pero sabía que quizá todavía no era el momento.

Me acompañó hasta la puerta y se detuvo.

—Ve a dormir temprano. Yo ya me voy.

Se dio la vuelta casi de inmediato, sin dedicarme una sola mirada más antes de subir al coche y marcharse.

Toda la noche no pude dejar de pensar en él.

Lo imaginé conmigo bajo la ducha.

Movía el pulgar lentamente sobre mis labios antes de presionarlo con suavidad dentro de mi boca, separándolos de la forma más provocativa imaginable.

Sus fríos ojos marrones permanecían clavados en mi boca mientras dejaba escapar un gruñido grave.

Yo me derretía bajo su contacto, succionando su pulgar mientras deseaba que fuera su polla la que llenara mi boca.

—Buena chica… Chúpalo así.

Su elogio hizo que quisiera hacerlo todavía mejor.

Abrí los ojos de par en par mientras seguía chupando lentamente su pulgar, dejando escapar suaves gemidos. Un cálido líquido brotaba entre mis piernas, suplicando ser acariciado.

Su otra mano recorría mi piel desnuda con el hambre de un actor porno completamente excitado, y yo sentía que las piernas empezaban a fallarme.

Sus dedos encontraron mi clítoris y comenzaron a acariciarlo con una presión exquisita.

—Sí… por favor…

Para impedir que siguiera haciendo ruido, se apoderó de mis labios en un beso feroz.

Dios…

Fue el mejor beso de toda mi vida.

Gemía directamente en su boca mientras su lengua se enredaba con la mía.

Entonces me giró bruscamente, presionando mis pechos contra el frío cristal del baño, y atrapó mi sexo entre sus dedos, apretándolo con fuerza.

—¿Por favor qué…? Mmm… ¿Qué es exactamente lo que estás suplicando, gatita?

Su voz salió en un susurro ronco que hizo arder cada rincón de mi cuerpo.

—Por favor… haz que me corra…

Su gemido vibró dentro de mi boca en cuanto escuchó esas palabras.

Hundió dos de sus largos y gruesos dedos profundamente en mi interior y empezó a follarme con ellos a una velocidad que me hizo perder completamente la razón.

Grité mientras sentía que el orgasmo estaba cada vez más cerca. Respiraba con dificultad.

—Sí… sí… más… por favor… quiero más…

Aumentó aún más el ritmo mientras mis pezones endurecidos se aplastaban contra el cristal helado de la mampara de la ducha.

El contraste del frío sobre mi piel hizo que todo explotara.

Me corrí con violencia, desplomándome contra el cristal mientras intentaba recuperar el aliento.

—Eso ha sido una locura.

¿Una locura?

No…

Había sido muchísimo más que eso.

Había sido absolutamente alucinante.

Literalmente solo me había tocado imaginando que era Raymond quien lo hacía… y, de algún modo, había sido increíblemente bueno.

El resto de la noche transcurrió en calma.

Me acosté con la mente llena de recuerdos de mis padres, hasta que finalmente conseguí quedarme dormida.

El insistente zumbido de mi teléfono me arrancó de un sueño profundo.

—Joder… ¿quién demonios puede ser a estas horas? —gruñí, intentando abrir mis obstinados ojos todavía cerrados.

—¿Dónde demonios estás?

Una voz furiosa gritó al otro lado de la línea y mis ojos se abrieron de golpe.

¡Mierda!

Son las diez de la mañana.

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