ログインPOV de Rena
Me quedé completamente inmóvil, intentando asimilar lo que acababa de hacer. Pero resultó que solo había inclinado el rostro para darme un beso amistoso en la mejilla. Con su cuerpo tan cerca del mío, podía sentir el calor que irradiaba su piel sobre la mía. El contacto de sus manos provocó un cosquilleo que recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mis pies, y por un instante sentí que iba a derretirme.
«Contrólate, Rena. Es el mejor amigo de tu padre.» Traté de convencerme, pero fue inútil.
He estado enamorada de Raymond desde que era una niña. Mi madre sospechaba de ese pequeño enamoramiento, aunque nunca le dio demasiada importancia. Jamás se lo conté a Jena.
Además, casi nunca tenía la oportunidad de verlo. Solo coincidíamos cuando papá decidía llevarme a la empresa, y eso era cuando yo aún era pequeña. Siempre esperaba con ilusión esos días solo para volver a verlo. Ahora tengo veinticinco años y, aun así, mis sentimientos por él no han cambiado en absoluto.
—Entonces, ¿cómo te sientes al empezar a trabajar hoy?
Me miró esperando una respuesta, pero yo seguía ahí, de pie frente a él, incapaz de pronunciar una sola palabra. Su beso y el roce de sus manos seguían grabados en mi mente, dejándome sin aliento.
—¿RENA…? ¿Estás bien?
Me rozó suavemente la mano, haciéndome volver a la realidad.
—No… quiero decir, sí. Estoy bien, gracias.
Sobresaltada, retiré mi mano de inmediato. Él arqueó una ceja con curiosidad y me indicó que me sentara en el sofá de cuero cubierto por una suave manta de pelo, junto a las enormes paredes de cristal que ofrecían una espectacular vista de la ciudad desde su oficina en lo alto del rascacielos. Luego tomó asiento detrás de su escritorio.
—Creo que deberíamos hablar de esto antes de enseñarte la empresa, Rena. Lamentablemente, no puedes asumir el cargo de directora ejecutiva todavía. Probablemente aún no estás preparada para ese puesto. Lo entiendes, ¿verdad?
Fruncí el ceño, confundida. No veía el sentido de lo que estaba diciendo, pero decidí dejar que terminara de explicarse.
—¿Puedo saber por qué? Se supone que esta empresa es el legado que me dejó mi padre. No debería haber discusión sobre eso.
Sentí cómo el estómago se me revolvía entre la rabia y la decepción, pero su respuesta me dejó sin palabras.
—Rena, créeme, te entiendo perfectamente. Pero los miembros de la junta no lo ven de la misma manera. Al menos no por ahora. Acabas de graduarte, acabas de perder a tus padres y todavía no tienes la experiencia necesaria para asumir un cargo así. Sería una carga enorme para ti. Por eso hablé con la junta y todos estuvimos de acuerdo en que lo mejor sería formarte durante un tiempo antes de nombrarte directora ejecutiva. Mientras tanto, yo estaré al mando.
Guardé silencio.
Por mucho que quisiera llevarle la contraria, no pude hacerlo. En el fondo tenía razón. Aún necesitaba tiempo para poner mi vida en orden. Además, había estudiado una carrera completamente distinta, así que probablemente no estaba preparada para dirigir una empresa. Y confiaba en Raymond. Había trabajado junto a mi padre durante muchos años y conocía el negocio mejor que nadie.
Sin darme cuenta, toda mi atención terminó fija en sus labios, esperando desesperadamente que pronunciara una palabra más. Mi imaginación comenzó a desbordarse, enviando escalofríos por todo mi cuerpo.
«Me pregunto a qué sabrán sus labios…»
Incliné ligeramente la cabeza mientras alimentaba aquella fantasía. Nunca un simple par de labios me había provocado semejante deseo.
Sentí un estremecimiento entre mis muslos y me mordí el labio inferior mientras él seguía hablando. Mi mente empezó a imaginar todas las cosas que esas manos de apariencia tan suave podrían hacerme.
«¿Qué se sentiría que esas manos acariciaran mis pechos? ¿Cómo sería cuando me tocara? ¿Con qué rapidez podría hacerme llegar al orgasmo con esos dedos largos y fuertes?»
Los pensamientos seguían apareciendo uno tras otro sin darme tregua. Sin darme cuenta, dejé escapar un leve gemido. Si tan solo supiera todo lo que estaba pasando por mi cabeza…
—¿Rena?
Su profunda y ronca voz me arrancó de golpe de mis fantasías.
—¿Estás segura de que no necesitas quedarte unos días más en casa?
Sus fríos ojos marrones me observaban con atención, y habría jurado que escondían un destello de preocupación.
—No, puedo hacerlo. Perdón… me distraje un momento, pero estoy bien.
Él asintió con comprensión y yo le devolví una tímida sonrisa.
—Si no te importa, voy a enseñarte tu oficina. Empezarás como becaria.
Hizo un gesto hacia la puerta.
—Sí, claro.
Lo seguí obedientemente, casi como una marioneta.
Raymond me presentó al resto de los becarios de la empresa.
—Rena se unirá al equipo a partir de hoy. Enséñenle las instalaciones y sean amables con ella.
Esperaba que les dijera que yo era la hija del antiguo director ejecutivo, mi padre. Pero decidió omitir ese detalle.
Todos me dieron la bienvenida al unísono, como un grupo de alumnos saludando a su profesor, y yo respondí con una sonrisa.
El resto del día transcurrió tranquilamente en mi nueva oficina. Conocí gente nueva, hice buenas migas con varios compañeros y, cuando llegó la hora de salir, esperé a que mi chófer viniera por mí.
Pero nunca apareció.
En ese momento, mi teléfono vibró. Era un mensaje de Jena.
“El conductor está enfermo, Rena. Lo llevamos al hospital esta tarde. No sabemos todavía qué tiene porque el médico aún no nos ha dicho nada, pero estoy segura de que no será nada grave, ¿de acuerdo? Tendrás que regresar por tu cuenta. Por favor, ten mucho cuidado.”
Solté un suspiro de frustración.
Justo cuando estaba a punto de pedir un taxi, un coche se detuvo bruscamente frente a mí. Al levantar la vista, me encontré con un rostro demasiado familiar.
—¿Necesitas que te lleve?
POV de RenaEl resplandor de la luz de las velas destelló en mis ojos cuando entré al jardín privado en la azotea de uno de los hoteles más prestigiosos de París. El suave murmullo de la música flotaba en el aire.Pensé que sería solo una cena tranquila con Jena y Raymond, una velada para relajarnos tras meses de altibajos emocionales. Pero la escena frente a mí era Sencillamente deslumbrante.Miles de rosas cubrían el suelo en alfombra, guiándome hacia una mesa bellamente montada bajo un dosel de luces centelleantes. Elegantes lirios blancos y rosas de un tono rosa pálido perfumaban el ambiente con una fragancia pacífica, mientras un cuarteto de cuerdas tocaba suavemente en un rincón del jardín.Me giré despacio, totalmente confundida, hasta que mi mirada se cruzó de pronto con la sonrisa de Jena.—¿Qué es todo esto? —susurré.Jena sonrió sin decir palabra y se hizo a un lado solo para revelar a Raymond, parado al final del camino de pétalos de rosa.Llevaba un traje negro sin corbat
POV de RenaA la mañana siguiente, me senté en silencio en la banca de madera bajo el viejo árbol del viñedo, mi rincón favorito para pensar desde que era niña. Mis dedos tecleaban sin parar en la laptop mientras sostenía la taza de café con la otra mano. Intentaba concentrarme en asuntos de la empresa; era fin de semana, pero el trabajo nunca se detiene.Escuché pasos que se acercaban detrás de mí.Al levantar la mirada, vi a mi padre caminando hacia mí con paso firme, la mirada serena y una carta doblada en la mano.—Papá —lo saludé, incorporándome en el asiento.—Buenos días, princesa —dijo, con una voz tan suave que casi sonaba dócil.Se detuvo a pocos pasos y se quedó mirando la banca, como si estuviera dudando en sentarse, pero yo estaba tan metida en lo mío que ni cuenta me di. Al final, decidió tomar asiento.Pasaron unos segundos de absoluto silencio; me observaba beber mi café y trabajar sin interrumpirme. Sabía que quería decirme algo, pero tal vez no encontraba la manera d
POV de RenaLos dos volamos de regreso a París y el viaje fue pura gloria; él mandó traer su jet privado para recogernos. La travesía fue suave y deliciosa. Hicimos el amor en el jet; fueron momentos muy divertidos e inolvidables.Llegamos a París en un abrir y cerrar de ojos y me fui directo al penthouse de Raymond. Su casa olía a ausencia, pero aun así se sentía acogedora.Saqué mi teléfono solo para encontrarme con un mensaje de mi papá:«¿Cómo está Raymond? ¿Se encuentra bien?»Me quedé helada al ver que ni siquiera preguntó por mí.—Papá pregunta si estás bien —dije.Se le desencajó el rostro de la sorpresa antes de que por fin pudiera hablar.—Mmm, iré contigo a verlo.Más tarde ese mismo día, manejamos de vuelta a casa.Me senté en la sala familiar con las manos entrelazadas, sintiéndome nerviosa sin entender bien por qué. Papá estaba de pie de espaldas a mí, contemplando el ventanal.Raymond esperaba afuera; yo había insistido en hablar primero con mi padre. Todavía sentía el
POV de RenaMe puse de rodillas despacio y me recogí el cabello en un chongo bien peinado. —Sí, señor —dije. Sus ojos buscaron los míos mientras me contemplaba antes de volver a hablar.—La ropa... quítatela, despacio —ordenó de nuevo, y obedecí. Me desnudé lentamente de cada prenda y accesorio que llevaba, sin apartar ni un segundo mis ojos de los suyos. La manzana de Adán de él subía y bajaba constantemente mientras tragaba saliva al admirarme. Su miembro se abultaba con tanta fuerza bajo el pantalón, suplicando ser liberado, que no podía dejar de mirarlo.—Chúpamela.—Sí —dije, abalanzándome hacia él y bajándole el pantalón con rapidez.—Con calma —dijo.—Sí —respondí, y le saqué el miembro despacio. Había estado privada de él por mucho tiempo y mi cuerpo temblaba con solo verlo.Se me hizo agua la boca y mi vagina empezó a gotear tanto que empapó mi ropa interior y me resbaló por el muslo. Estaba demasiado hambrienta de él, demasiado ansiosa por metérmelo dentro de mi apretada vag
POV de RenaNo esperé ni un segundo más. Reservé mi vuelo a Hawái y, en menos de lo que canta un gallo, ya estaba desembarcando en el aeropuerto hawaiano. Una brisa fresca me dio la bienvenida mientras el sol del atardecer se ocultaba tras las montañas; mi corazón estaba lleno de esperanza, latiéndome desbocado en el pecho.Me abroché más el abrigo al bajar las escaleras del avión para subir directo al auto con chofer que había organizado antes de aterrizar. Papá y Jena no pudieron impedirme venir, aunque lo intentaron. Tras largas conversaciones y muchas lágrimas, él finalmente lo entendió. Papá me puso una mano en el hombro y solo me dijo tres palabras:—Ve por él.El auto avanzó por las calles conocidas, dejando atrás el tranquilo paisaje rural, pero apenas me fijé en nada. Solo tenía a Raymond en la cabeza: su rostro, su voz, la forma en que antes me sostenía como si el mundo fuera a detenerse si me soltaba, y la manera en que planeaba besarlo devoradamente cuando lo tuviera enfre
POV de RenaTodos se habían congregado en la sala del tribunal. El aire adentro se sentía denso y pesado, como si todo el peso de las mentiras, traiciones y desamores causados por Kayla y Lucas se hubiera concentrado en un solo lugar.Me quedé inmóvil en la primera banca, con las manos fuertemente entrelazadas sobre el regazo. Mi padre estaba sentado a mi lado. Jena también me acompañaba y me dio un apretón cariñoso en el hombro, un gesto que se sintió como una muestra de respaldo. Este era el momento que todos habíamos estado esperando: el día en que la justicia hablaría, y esta vez no solo con las pruebas que obtuvimos por la fuerza, sino con evidencias contundentes respaldadas por la ley.Al otro lado de la sala, Lucas permanecía rígido, con una expresión fría e indescifrable. A su lado estaba Kayla, con los ojos echando chispas por un temor amargo. Habían intentado parecer indiferentes, pero el daño ya estaba hecho y, finalmente, daba una enorme satisfacción verlos perder.Vi a Ka







