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Dieciséis

Penulis: Carlay
last update Tanggal publikasi: 2026-07-29 19:36:02

CAPÍTULO

El reloj de pared de la pequeña oficina marcaba las once y veinte de la mañana cuando Evelyn Cross cerró con cuidado la carpeta donde había ido anotando cada detalle del relato de Loren. Durante los últimos cuarenta minutos no la había interrumpido más de lo necesario. Había preferido escuchar con atención, dejando que los hechos se acomodaran poco a poco hasta formar una línea temporal coherente.

Frente a ella, Loren permanecía sentada con las manos entrelazadas sobre su regazo. Hab
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    La mañana había comenzado con una intensa actividad en uno de los principales hoteles de Londres, donde empresarios, inversionistas y figuras pertenecientes a las familias más influyentes de la ciudad se habían reunido para participar en una importante reunión empresarial. El salón estaba decorado con elegancia, las cámaras se movían de un lado a otro y numerosos periodistas esperaban obtener alguna declaración de los invitados más relevantes. Entre ellos se encontraba Damian Harts, impecablemente vestido con un traje oscuro que acentuaba su porte imponente, y a pocos metros estaba Frida Montclair, quien parecía disfrutar particularmente de aquella atención.Frida sonreía ante los fotógrafos con una seguridad cuidadosamente estudiada, acomodándose el cabello mientras las cámaras capturaban cada uno de sus movimientos. Había aceptado participar en aquella sesión porque la revista había decidido colocarlos juntos en la portada de su próxima edición, presentándolos como dos importantes f

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    El nuevo día llegó a la casa Fabre con una quietud engañosa. La luz grisácea de Londres se filtraba por los ventanales del dormitorio de Laura, iluminando apenas los muebles elegantes y las fotografías familiares que decoraban las paredes. Ella permanecía sentada frente al espejo, con una mano apoyada sobre la cabeza y una expresión cuidadosamente construida de dolor.Había pasado la noche pensando en Damian, en sus palabras y, sobre todo, en la manera en que la había mirado antes de marcharse. Aquellos ojos grises no habían mostrado compasión; habían mostrado una advertencia. Por eso, antes de que alguien pudiera preguntarle qué había sucedido, Laura tomó su teléfono y llamó a su padre.—Papá, necesito hablar contigo porque ayer ocurrió algo horrible —murmuró, dejando que su voz temblara mientras bajaba la mirada hacia sus manos— Loren vino a la casa y comenzó a tratarme mal, a insultarme y a decirme cosas que no tenía derecho a decirme. Perdí el control porque ya no podía soportarlo

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    La Villa Tulipanes permanecía sumida en una calma casi irreal cuando Loren abrió los ojos aquella tarde. Durante unos segundos no supo dónde estaba ni cuánto tiempo había pasado desde que había cerrado los ojos en aquella habitación de hospital.El techo blanco que había visto horas antes había desaparecido y ahora reconocía el delicado tono marfil de su dormitorio, las cortinas que dejaban entrar una luz tenue y el perfume de las flores que alguien había colocado sobre la mesa junto a la ventana. Intentó incorporarse y una punzada recorrió su cabeza, obligándola a llevarse una mano hasta la zona del golpe.Sus dedos encontraron una pequeña venda y el recuerdo regresó de inmediato: la voz de Laura, sus insultos, aquella discusión que se había transformado en violencia y, después, el suelo acercándose demasiado rápido. Loren cerró los ojos con fuerza, sintiendo que la humillación dolía casi tanto como la herida.Había vuelto a caer en una trampa. Otra vez había confiado en alguien que

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    Las horas pasan y el cielo de Londres había comenzado a cubrirse de nubes cuando un hombre que caminaba por una calle cercana a la Mansión Fabre distinguió una figura inmóvil junto a la entrada trasera de la propiedad, al principio pensó que podía tratarse de alguien que necesitaba ayuda, pero cuando se acercó unos pasos comprendió que había algo terriblemente extraño en aquella escena.Una joven estaba tendida sobre el suelo frío, con el cabello rubio desordenado y una pequeña cantidad de sangre seca alrededor de la herida de su cabeza, su rostro estaba pálido y sus ojos permanecían cerrados, completamente ajena al mundo que la rodeaba, el hombre se arrodilló inmediatamente a su lado y llamó a emergencias, explicando con voz alterada que había encontrado a una mujer inconsciente que parecía haber sido agredida, mientras esperaba la llegada de la ambulancia, intentó comprobar si respiraba y sintió un alivio enorme al notar que todavía lo hacía Loren no sabía cuánto tiempo había perman

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    La mañana había transcurrido con una tranquilidad engañosa en la Villa de Tulipanes. Después de la discusión de la noche anterior, Loren había dormido poco y mal, despertándose varias veces con las palabras de Damian repitiéndose dentro de su cabeza como una sentencia que no conseguía silenciar. Nunca voy a desearte. Nunca serás la mujer que yo ame. Jamás serás la madre de un hijo mío. Había intentado convencerse de que no debía permitir que aquellas palabras determinaran su estado de ánimo, pero era imposible fingir que no dolían. Por eso, apenas terminó de arreglarse, se marchó al refugio de animales, buscando en aquel lugar el único espacio donde sentía que podía respirar sin tener que fingir quién era. Allí, entre ladridos, maullidos, recipientes de comida y el movimiento constante de las voluntarias, Loren lograba olvidar durante algunas horas que su vida había cambiado de manera irreversible. Sin embargo, poco antes del mediodía, mientras ayudaba a una de las cuidadoras a organi

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    La noche había terminado, pero la tensión de la cena parecía haber regresado con ellos dentro del Rolls-Royce. Durante todo el trayecto hacia la Villa de Tulipanes, Loren permaneció junto a la ventanilla, contemplando las luces de Londres deslizándose sobre el cristal mientras intentaba ordenar las emociones que aquella velada había despertado en ella. Había sido extraño tener que fingir delante de todos que eran una pareja normal, mucho más extraño aún sentir las manos de Damian sobre su cintura, soportar la cercanía de su cuerpo y descubrir que, a pesar de todo el odio que existía entre ambos, su propia piel parecía recordar cosas que su mente deseaba olvidar. No quería pensar en aquella noche, pero cada vez le resultaba más difícil impedir que ciertos recuerdos regresaran. Los ojos de Damian, la firmeza de sus manos, la proximidad de su rostro; todo parecía haberse quedado atrapado en algún rincón de su memoria. Y, sin embargo, lo que más la atormentaba era saber que para él todo a

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