Share

Tres

Penulis: Carlay
last update Tanggal publikasi: 2026-07-23 19:56:35

La habitación seguía envuelta en un silencio asfixiante. Ni el aire parecía atreverse a moverse, la luz gris del amanecer caía sobre la escena como un juicio silencioso: la cama desordenada, las prendas dispersas, los billetes esparcidos sobre el suelo pulido, la mancha carmesí que aún marcaba las sábanas como una prueba imposible de negar.

Loren Fabre permanecía inmóvil sobre el borde de la cama, el cuerpo cubierto apenas por una manta que abrazaba con dedos temblorosos. Sentía el frío filtrarse por su piel, aunque sabía que no provenía de la mañana londinense, sino de las miradas clavadas sobre ella.

Frente a la puerta, David Harts se erguía como una figura de autoridad absoluta.

A su lado, Isidora Harts conservaba una serenidad glacial, la clase de calma que solo poseen quienes han vivido demasiado tiempo en el mundo del poder.

Sus ojos no mostraban sorpresa.

Solo cálculo.

Solo consecuencias.

Damian fue el primero en reaccionar.

—Padre, esto no es lo que parece.

David alzó una mano, tajante, cortando la explicación antes de que naciera.

—No necesito explicaciones.

Su voz fue baja, profunda, cargada de un peso que hizo vibrar el ambiente.

Damian apretó la mandíbula.

Sabía lo que ese tono significaba.

Lo había escuchado toda su vida.

Era la voz del patriarca. La voz que no admitía réplica.

David avanzó dos pasos dentro de la habitación, observando la escena con una severidad implacable.

—Conoces las reglas, Damian. Conoces nuestro presente, hacia donde apuntamos.

Las palabras fueron simples, una sentencia, nada más. Pero bastaron para endurecer por completo el rostro de su hijo. Porque en la familia Harts siempre hubo reglas. Reglas escritas no en papel, sino en sangre, reputación y deber.

Un heredero no protagonizaba escándalos. Un Harts no manchaba el apellido. Un error no se explicaba, se corregía.

Damian desvió la mirada hacia Loren, y en sus ojos volvió a aparecer aquella dureza acerada que a ella ya comenzaba a dolerle como una herida física.

Loren sintió que el aire le faltaba. Seguía sin comprender del todo cómo había terminado allí, pero sí entendía algo mucho más terrible: nadie quería saber la verdad. Aquella habitación no era un lugar para respuestas.

Era un tribunal.

Y ella era la acusada silenciosa. Isidora avanzó con una elegancia impecable, sus tacones apenas susurrando sobre el suelo.

Se detuvo frente a la cama.

Sus ojos grises, idénticos a los de Damian, se posaron en Loren con una mezcla de frialdad y desaprobación.

—Cubran mejor a la señorita Fabre —ordenó con voz serena, sin apartar la mirada.

La frase, tan aparentemente compasiva, solo logró aumentar la vergüenza de Loren.

Apretó con más fuerza la manta alrededor de su cuerpo, deseando desaparecer.

No podía mirar a nadie, ni al padre ni al hijo, mucho menos a Isidora, cuya presencia imponía más que cualquier grito, entonces el sonido de pasos precipitados en el pasillo rompió la tensión, eran voces y evidentemente más de una.

La puerta, que seguía abierta, permitió la entrada abrupta de dos nuevas figuras.

Felix Fabre irrumpió primero.

Alto, severo, con el rostro endurecido por la furia y la humillación.

Detrás de él entró Vivienne Fabre, impecable incluso en medio del desastre, aunque sus ojos delataban el horror.

Loren levantó la mirada y sintió que el corazón se le desplomaba, su padre, su madre, la habían visto así enemas condiciones, desnuda bajo una manta. En la cama de un hombre. Frente a dos de las familias más poderosas del país.

La vergüenza la atravesó con una violencia insoportable.

—¡Loren! —la voz de Vivienne salió entrecortada.

Pero Felix no se acercó a su hija.

Sus ojos recorrieron la escena con precisión brutal.

La cama. La mancha. Damian. Los billetes. La expresión pétrea de David Harts, todo fue entendido en un segundo y la furia explotó.

—Esto no quedará así.

Su voz retumbó en la habitación con la fuerza de una exigencia irrevocable.

Loren se encogió. No por miedo a su padre, sino por la humillación de ser convertida en el centro de una negociación sin siquiera tener voz. Felix dio un paso al frente, clavando la mirada en David.

—Su hijo debe responder por esto.

El silencio se tensó aún más. David no se inmutó. Felix continuó, cada palabra impregnada de orgullo herido.

—Mi hija ha sido encontrada en la cama del heredero Harts, y la prueba de que su honor ha sido manchado está frente a todos nosotros.

Loren cerró los ojos, la palabra honor cayó sobre ella como una cadena, sentía el rostro arder, quería hablar, quería decir que nada tenía sentido. Que no recordaba. Que jamás planeó aquello. Pero el peso de las miradas y la rigidez de la situación la dejaron muda. Era como si su vida hubiera dejado de pertenecerle. Felix señaló la cama con una mezcla de rabia y autoridad.

—No permitiré que el nombre Fabre sea arrastrado por el lodo. Damian Harts debe cumplir con Loren.

La frase cayó como una piedra. Damian giró de inmediato, la furia estallando otra vez.

—Ni lo piense.

—¡Damian! —la voz de Isidora fue cortante.

No gritó.

No le hizo falta.

La sola entonación bastó para inmovilizarlo. Felix avanzó un paso más, implacable.

—Mi hija no será reducida a un capricho de una noche. Si su hijo tomó lo que le pertenecía a Loren, deberá asumir la responsabilidad.

Loren sintió que el pecho le dolía.

Todo estaba ocurriendo demasiado rápido, no había consuelo. No había defensa. Solo decisiones tomadas sobre su destino.

Vivienne finalmente se acercó a ella, acomodando mejor la manta sobre sus hombros con manos temblorosas. Ese gesto materno, pequeño y silencioso, fue lo único cálido en medio de aquel juicio.

David permaneció inmóvil unos segundos, como si midiera todas las variables del desastre.

La candidatura de Isidora. La sucesión empresarial de Damian. La reputación de ambas familias. La prensa. Los enemigos políticos, cada posibilidad terminaba en la misma conclusión, su mirada fue a Damian.

—Ya sabes lo que esto significa.

Esta vez la frase fue aún más pesada, no era una amenaza, era una orden Damian apretó tanto la mandíbula que un músculo se marcó en su mejilla, sus ojos fueron hacia Loren y en ellos no había ternura. Ni duda. Ni siquiera compasión, solo resentimiento, como si cada segundo de aquel escándalo reforzara la idea de que ella había planeado todo. Loren sostuvo la manta con fuerza, tragando la humillación como si fuera veneno. No era solo la vergüenza de estar allí.

Era la impotencia de comprender que nadie estaba preguntando qué quería ella.

Todos hablaban de apellido. De deber. De honor. Pero nadie le preguntaba a la mujer cuya vida acababa de romperse. El silencio final se volvió insoportable.

David miró a Felix.

Felix sostuvo la mirada.

Dos patriarcas. Dos voluntades. Una sola salida. Y en medio de ellos, Loren entendió con una claridad devastadora que su futuro estaba siendo decidido en aquella habitación, sobre unas sábanas arrugadas y bajo el peso de una mancha roja que se había convertido en sentencia. Solo estaba allí, envuelta en una sábana rodeada de lobos feroces buscando su beneficio y no de buscar la verdad.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Encadenada a su odio, ataduras del corazón    Esta casado

    La mañana había comenzado con una intensa actividad en uno de los principales hoteles de Londres, donde empresarios, inversionistas y figuras pertenecientes a las familias más influyentes de la ciudad se habían reunido para participar en una importante reunión empresarial. El salón estaba decorado con elegancia, las cámaras se movían de un lado a otro y numerosos periodistas esperaban obtener alguna declaración de los invitados más relevantes. Entre ellos se encontraba Damian Harts, impecablemente vestido con un traje oscuro que acentuaba su porte imponente, y a pocos metros estaba Frida Montclair, quien parecía disfrutar particularmente de aquella atención.Frida sonreía ante los fotógrafos con una seguridad cuidadosamente estudiada, acomodándose el cabello mientras las cámaras capturaban cada uno de sus movimientos. Había aceptado participar en aquella sesión porque la revista había decidido colocarlos juntos en la portada de su próxima edición, presentándolos como dos importantes f

  • Encadenada a su odio, ataduras del corazón    Investigación completa

    El nuevo día llegó a la casa Fabre con una quietud engañosa. La luz grisácea de Londres se filtraba por los ventanales del dormitorio de Laura, iluminando apenas los muebles elegantes y las fotografías familiares que decoraban las paredes. Ella permanecía sentada frente al espejo, con una mano apoyada sobre la cabeza y una expresión cuidadosamente construida de dolor.Había pasado la noche pensando en Damian, en sus palabras y, sobre todo, en la manera en que la había mirado antes de marcharse. Aquellos ojos grises no habían mostrado compasión; habían mostrado una advertencia. Por eso, antes de que alguien pudiera preguntarle qué había sucedido, Laura tomó su teléfono y llamó a su padre.—Papá, necesito hablar contigo porque ayer ocurrió algo horrible —murmuró, dejando que su voz temblara mientras bajaba la mirada hacia sus manos— Loren vino a la casa y comenzó a tratarme mal, a insultarme y a decirme cosas que no tenía derecho a decirme. Perdí el control porque ya no podía soportarlo

  • Encadenada a su odio, ataduras del corazón    No vuelvas a tocarla

    La Villa Tulipanes permanecía sumida en una calma casi irreal cuando Loren abrió los ojos aquella tarde. Durante unos segundos no supo dónde estaba ni cuánto tiempo había pasado desde que había cerrado los ojos en aquella habitación de hospital.El techo blanco que había visto horas antes había desaparecido y ahora reconocía el delicado tono marfil de su dormitorio, las cortinas que dejaban entrar una luz tenue y el perfume de las flores que alguien había colocado sobre la mesa junto a la ventana. Intentó incorporarse y una punzada recorrió su cabeza, obligándola a llevarse una mano hasta la zona del golpe.Sus dedos encontraron una pequeña venda y el recuerdo regresó de inmediato: la voz de Laura, sus insultos, aquella discusión que se había transformado en violencia y, después, el suelo acercándose demasiado rápido. Loren cerró los ojos con fuerza, sintiendo que la humillación dolía casi tanto como la herida.Había vuelto a caer en una trampa. Otra vez había confiado en alguien que

  • Encadenada a su odio, ataduras del corazón    Esta en el hospital

    Las horas pasan y el cielo de Londres había comenzado a cubrirse de nubes cuando un hombre que caminaba por una calle cercana a la Mansión Fabre distinguió una figura inmóvil junto a la entrada trasera de la propiedad, al principio pensó que podía tratarse de alguien que necesitaba ayuda, pero cuando se acercó unos pasos comprendió que había algo terriblemente extraño en aquella escena.Una joven estaba tendida sobre el suelo frío, con el cabello rubio desordenado y una pequeña cantidad de sangre seca alrededor de la herida de su cabeza, su rostro estaba pálido y sus ojos permanecían cerrados, completamente ajena al mundo que la rodeaba, el hombre se arrodilló inmediatamente a su lado y llamó a emergencias, explicando con voz alterada que había encontrado a una mujer inconsciente que parecía haber sido agredida, mientras esperaba la llegada de la ambulancia, intentó comprobar si respiraba y sintió un alivio enorme al notar que todavía lo hacía Loren no sabía cuánto tiempo había perman

  • Encadenada a su odio, ataduras del corazón    Siempre eres tonta

    La mañana había transcurrido con una tranquilidad engañosa en la Villa de Tulipanes. Después de la discusión de la noche anterior, Loren había dormido poco y mal, despertándose varias veces con las palabras de Damian repitiéndose dentro de su cabeza como una sentencia que no conseguía silenciar. Nunca voy a desearte. Nunca serás la mujer que yo ame. Jamás serás la madre de un hijo mío. Había intentado convencerse de que no debía permitir que aquellas palabras determinaran su estado de ánimo, pero era imposible fingir que no dolían. Por eso, apenas terminó de arreglarse, se marchó al refugio de animales, buscando en aquel lugar el único espacio donde sentía que podía respirar sin tener que fingir quién era. Allí, entre ladridos, maullidos, recipientes de comida y el movimiento constante de las voluntarias, Loren lograba olvidar durante algunas horas que su vida había cambiado de manera irreversible. Sin embargo, poco antes del mediodía, mientras ayudaba a una de las cuidadoras a organi

  • Encadenada a su odio, ataduras del corazón    Cundo sepas la verdad, vamos a divorciarnos

    La noche había terminado, pero la tensión de la cena parecía haber regresado con ellos dentro del Rolls-Royce. Durante todo el trayecto hacia la Villa de Tulipanes, Loren permaneció junto a la ventanilla, contemplando las luces de Londres deslizándose sobre el cristal mientras intentaba ordenar las emociones que aquella velada había despertado en ella. Había sido extraño tener que fingir delante de todos que eran una pareja normal, mucho más extraño aún sentir las manos de Damian sobre su cintura, soportar la cercanía de su cuerpo y descubrir que, a pesar de todo el odio que existía entre ambos, su propia piel parecía recordar cosas que su mente deseaba olvidar. No quería pensar en aquella noche, pero cada vez le resultaba más difícil impedir que ciertos recuerdos regresaran. Los ojos de Damian, la firmeza de sus manos, la proximidad de su rostro; todo parecía haberse quedado atrapado en algún rincón de su memoria. Y, sin embargo, lo que más la atormentaba era saber que para él todo a

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status