INICIAR SESIÓN*—Cassadee:
Cuando tus propios padres no creen en ti ni en nada de lo que haces, llega un punto en que intentar demostrarles lo contrario deja de tener sentido. Así que, ¿por qué no seguirles la corriente y vivir la vida sin preocupaciones? Justo en ese momento, Cassadee McKay estaba haciendo exactamente eso. Tenía los auriculares inalámbricos puestos y escuchaba a todo volumen una lista de reproducción en su Spotify. Para cualquier adulto funcional aquello probablemente sería catalogado como ruido, pero Cassie no podía evitar que la música del artista del momento la hiciera vibrar, llenándola de energía y buen humor. Además, siempre escuchaba música cuando necesitaba organizar cosas, y eso era justo lo que estaba haciendo. Sentada frente a su cómoda, rodeada de frascos, paletas y brochas, tomó un bote de spray fijador de maquillaje completamente vacío y lo lanzó al pequeño bote de basura que había colocado junto a la mesa. No era el primero. Llevaba ya un buen rato deshaciéndose de productos vencidos, envases vacíos o cosméticos que simplemente habían pasado a mejor vida. Necesitaba una renovación completa de su maquillaje y de su rutina de skin care, y para Cassie, aquello sí era importante. Sus padres, en cambio, pensaban que era una completa pérdida de tiempo. Decían que era un caso perdido, que no mostraba interés por nada que realmente valiera la pena, pero vamos, su cuenta de TikTok, llena de videos de maquillaje y cuidado de la piel, también valía algo, ¿no? Quizá no tuviera muchos seguidores. De hecho, prácticamente nadie veía sus videos, pero era algo que disfrutaba hacer, algo que le gustaba. Claro, a sus padres no. Cassie frunció el ceño al pensar en ello. Solo tenía dieciocho años y estaba recién salida de la escuela. Según sus padres, no tenía metas, ni ambiciones, ni ningún plan claro para su futuro. Y, a diferencia de sus hermanas mayores, parecía no destacar en absolutamente nada. Y sí, tal vez, muy en el fondo, ella misma lo admitía. No era especialmente buena en nada. Tenía varias obsesiones, amante de la cultura asiática, de series juveniles, obsesionada últimamente con el maquillaje y el skin care, y siendo honesta, ni siquiera estaba segura de ser buena en eso. A veces se deprimía pensando que no servía para nada, que era una decepción para su familia, pero luego se recordaba a sí misma que ya había tomado una decisión: aceptarlo. No era la hija perfecta. No era una esposa ejemplar como Antonella, su hermana mayor, que le llevaba cuatro años y parecía tener la vida completamente bajo control. Tampoco era como Brianna, la segunda hermana, dos años mayor que ella, siempre amable, siempre servicial, siempre correcta. Ni mucho menos como Shanna, la tercera hermana y gemela de Brianna, hermosa, vivaz y naturalmente encantadora con todo el mundo. Cassie estaba fuera de esa liga, de cualquier liga más bien. Levantó la mirada y observó su reflejo en el espejo de su cómoda. Sus amigas siempre le decían que era bonita, que tenía un rostro delicado, rasgos suaves y una presencia que llamaba la atención, sin embargo, siendo completamente sincera consigo misma… Cassie no veía nada de eso. Sus ojos eran verdes, igual que los de sus hermanas y heredados de su madre, pero mientras los de ellas parecían brillar con vida y seguridad, los suyos se veían apagados, opacos… como si siempre estuvieran un poco cansados del mundo y de lo que le deparaba. Su cabello era castaño claro, con las puntas teñidas en un intenso degradado rosa que ya comenzaba a deslavarse. Brillaba gracias a los productos que podía comprar con la generosa mesada mensual que recibía, pero aun así no tenía nada de especial. No era tan llamativo como el cabello rojizo natural de Antonella, ni tan elegante como el castaño oscuro de Brianna, y menos tan perfectamente rubio como el tinte de la farmacia que Shanna defendía con orgullo. Y luego estaba su cuerpo. Cassie se puso de pie y lo observó con atención en el espejo de cuerpo entero. Sus senos eran demasiado grandes para su complexión, lo que hacía que su figura se viera extraña, desproporcionada. La mayor parte del tiempo optaba por usar ropa holgada para disimularlos. Y para empeorar las cosas, era demasiado alta para una chica de su edad, pues medía un metro setenta y seis. Su madre siempre decía que debía estar orgullosa, que había heredado esa altura de su abuela irlandesa y que algún día los hombres se volverían locos por una mujer alta y elegante. No obstante, Cassie solo sentía que aquello la hacía ver torpe, desgarbada… y definitivamente poco atractiva para los chicos de su edad. ¿Quién quería salir con una chica que parecía más grande que ellos? Siendo honesta, su suerte en el amor era inexistente. El chico que le gustaba ni siquiera parecía notar su presencia. Y, en general, no llamaba la atención de nadie de su edad. Así que, en ocasiones, pensaba que lo mejor que podría pasarle sería que algún hombre viejo y ridículamente rico se fijara en ella y la sacara de ese infierno familiar. Ser una esposa trofeo no sonaba tan terrible, ¿verdad? Aunque, siendo realistas, antes de que eso ocurriera su padre probablemente intentaría casar primero a Brianna o a Shanna. Ellas sí eran el tipo de hijas que se podían presumir. Cassie suspiró profundamente y decidió apartar esos pensamientos de su mente. No tenía sentido darle tantas vueltas. Lo único que quería en ese momento era seguir organizando sus productos de maquillaje, tirar los viejos y grabar una pequeña reseña de los nuevos. No ganaba dinero con ello, ni tenía seguidores más que Brianna y sus amigas, pero al menos la hacía feliz.*—Chris:Cuando finalmente se separaron y Cassie permaneció mirándolo con evidente anhelo, respirando un poco más rápido que antes.—¿Y si me quedo contigo esta noche? —preguntó de repente.Chris se quedó petrificado.Durante un segundo, su mente traicionera recordó lo ocurrido entre ellos en la oficina y todas las veces que habían estado peligrosamente cerca de cruzar límites que todavía intentaban mantener. La imaginación hizo el resto, ofreciéndole demasiadas posibilidades de lo que podría suceder si realmente se la llevaba a su apartamento aquella noche.Chris negó ligeramente con la cabeza para expulsar aquellos pensamientos, echándole la culpa al vino que tomaron, al deseo que sentía y claro, a la intensidad de una noche que había salido demasiado bien.—No estás preparada para el hombre en el que me convierto en la cama, Cassie —murmuró, recurriendo a la provocación para quitarle seriedad a la situación.Quizá sería mejor asustarla un poco y recordarle que jugar con él podía te
*—Chris:Se sentía bastante orgulloso de los avances que había conseguido y, sobre todo, de cómo había resultado la velada. Todo había salido exactamente como esperaba.Clarence se merecía un extra por aquello. Desde la reserva del restaurante hasta las flores, la comida, el cuarteto, el fotógrafo y cada pequeño detalle que Chris había exigido, todo había sido ejecutado a la perfección. Él solamente había tenido que dar las órdenes y explicar lo que quería; Clarence se había encargado de convertir sus indicaciones en realidad.Chris desvió la mirada hacia Cassie, sentada a su lado en el vehículo y completamente cautivada por el anillo que ahora adornaba su dedo. Lo movía de vez en cuando bajo las luces que atravesaban las ventanillas, observando cómo los diamantes destellaban, y una pequeña sonrisa aparecía en sus labios cada vez que lo hacía.No había esperado semejante reacción de su parte, aunque, pensándolo mejor, debería haber imaginado que todos aquellos detalles afectarían a Ca
*—Cassie:Estaba anonadada, sin creer lo que sus ojos veían ni lo que sus oídos escuchaban.Movida por la impresión, Cassie miró hacia el restaurante y entonces descubrió a varios miembros del personal observándolos discretamente desde cierta distancia. Entre ellos había un hombre con una cámara profesional tomando fotografías y otra persona grabando el momento.¿Cuándo habían salido todos ellos? ¿De dónde demonios había aparecido aquel fotógrafo?Volvió rápidamente la mirada hacia Chris. Él continuaba allí, sobre una rodilla, esperando pacientemente su respuesta, aunque ahora que Cassie prestaba verdadera atención podía notar la tensión en su mandíbula y la forma en que sostenía la caja con demasiada firmeza.Estaba nervioso, así como se escuchaba, Christopher Bryant estaba nervioso esperando que ella aceptara casarse con él.Durante años, las pocas veces que Cassie se había permitido imaginar cómo sería recibir una propuesta de matrimonio, todo había sido mucho más sencillo. No exis
*—Cassie:Los platos de la cena comenzaron a llegar poco después y, para sorpresa de Cassie, no se trataba de ninguna de esas preparaciones extravagantes que habría tenido que mirar durante varios minutos antes de decidir si se atrevía a probarlas. Chris había elegido un menú italiano elegante, pero bastante familiar: después de los crostini de burrata llegaron unos ravioli rellenos de ricotta y espinaca bañados en mantequilla de salvia y parmesano, luego, como plato principal, un filete de res acompañado de papas pequeñas asadas al romero y vegetales glaseados. Incluso había pequeños detalles que coincidían sospechosamente con algunos de sus gustos favoritos.Cassie miró a Chris con curiosidad varias veces, preguntándose de dónde demonios había sacado tanta información.¿Se lo habría preguntado a su madre? ¿A su padre? ¿Tal vez había contactado con Hayley? Su amiga era una bocazas cuando quería, pero dudaba que hubiera sido ella. Fuera quien fuera el responsable de proporcionarle la
*—Cassie:Gracias a Dios, alguien se acercó a interrumpirlos antes de que la conversación pudiera seguir por caminos peligrosos. Un camarero apareció con las entradas y colocó frente a ellos unos platos, comenzando a describir cada cosa. Un plato de entrada era de crostini de burrata con tomates cherry confitados, albahaca fresca y un ligero toque de reducción balsámica.Cassie tomó uno y le dio un pequeño mordisco. El pan estaba crujiente, todavía tibio, y contrastaba deliciosamente con la cremosidad de la burrata y el dulzor de los tomates. Definitivamente, si toda la comida era así, Chris había elegido muy bien.—Entonces, háblame de tus planes —dijo Chris, acomodándose nuevamente en su asiento.—¿Planes? —preguntó Cassie, confundida.—Ya sabes, estudios, carrera, cosas que quieras hacer en el futuro —explicó Chris, encogiéndose de hombros—. Recuerda que durante la cena con mis padres di mi visto bueno para apoyarte en lo que quisieras hacer, pero primero tendría que saber qué dese
*—Cassie:Al llegar a la mesa, Chris, siendo el caballero que siempre demostraba ser con ella, apartó la silla para que Cassie pudiera sentarse. Ella se lo agradeció con una sonrisa y tomó asiento, acomodando su pequeño bolso sobre el regazo antes de cubrirlo con la servilleta de tela para evitar cualquier accidente que pudiera ensuciar su vestido.Chris ya había tomado asiento frente a ella y se encontraba colocando su propia servilleta sobre el regazo. Cuando terminó, levantó la mirada y le dedicó una sonrisa.Cassie sintió que el corazón le daba un pequeño vuelco y, de repente, los nervios regresaron con más fuerza. Se humedeció los labios y respiró lentamente, intentando controlar aquel extraño revoloteo que sentía en el estómago.Era absurdo. Habían estado juntos otras veces, se habían besado e incluso habían compartido momentos mucho más íntimos, pero aquello era diferente, era una cita de verdad.Chris extendió una mano sobre la mesa y Cassie, después de mirarla durante un segu







