LOGINA Claire la traicionaron las personas que más amaba. Su propio esposo, Nathan Sterling, la metió a la cárcel para deshacerse de ella y meter a su amante a la casa. Y lo peor: su propio hijo testificó en su contra sin piedad. El día que Claire sale de prisión, Nathan tiene el descaro de exigirle que regrese, pero oculta, como una sombra y solo de nombre. Su hijo ni siquiera la puede ver a los ojos. ¿Perdonarlos? ¡Ni loca! Claire les pide el divorcio de inmediato y contrata a Carter Thorne, el peor enemigo de su ex. Carter no le tiene lástima; le da el plan perfecto para destruirlos. El divorcio destruye la reputación de Nathan. Claire lo deja en la calle, quitándole todo su dinero y el poder que creía tener. Libre de ese infierno, ella empieza desde cero, su carrera despega y su nombre vuelve a valer una fortuna por sí mismo. Mientras ella triunfa, la vida de Nathan se va al demonio. Su querida amante lo traiciona y su hijo se da cuenta, demasiado tarde, del error que cometió. Toda la familia que vendió a Claire se está cayendo a pedazos. Ahora, Nathan y su hijo van a buscarla, arrastrándose y pidiéndole perdón como si nada hubiera pasado. Claire solo sonríe. El juego cambió. Ahora es ella quien tiene el control, y no tiene ninguna prisa por verlos sufrir.
View MoreClaireEn la penumbra del coche, veía el perfil de Carter: tenso, con la mandíbula apretada. Sus ojos se cruzaron con los míos una fracción de segundo antes de fijarse de nuevo en los sujetos que nos perseguían.—Suban.Una orden. Sin pensarlo, arranqué la puerta y me tiré dentro, arrastrando a Leo conmigo. En el momento en que cerré la puerta de un golpe, una maza se estrelló contra el cristal, justo donde un segundo antes estaba mi cabeza. El vidrio blindado resistió con un "poc" sordo y asqueroso.Luego, el mundo exterior se convirtió en un torbellino. Carter pisó el acelerador y las siluetas de los hombres se hicieron pequeñas en el retrovisor hasta desaparecer.El silencio dentro del coche era ensordecedor, solo roto por la respiración agitada de Leo y los latidos de mi propio corazón, que amenazaba con estallar. El olor a cuero y el perfume discreto de Carter reemplazaron el hedor acre de la gasolina. Sentirme a salvo era extraño; casi me provocaba vértigo.Apreté a Leo aún más
ClaireA la mañana siguiente, tras la firma en Goldcrest, por fin pude respirar. Una batalla ganada. Ahora, camino a casa de Monica Reed para ocuparme de las cosas agradables.En el taxi, Leo era pura electricidad.—Mamá, ¿crees que le voy a caer bien a la señora Reed?Le acaricié el cabello con el corazón ligero.—¿Cómo podría no quererte? Llevas alegría a dondequiera que vas.Él era mi ancla. Todo sonrisas, sacó del bolsillo una rosa hecha de plastilina, algo aplastada pero muy roja.—La hice para ella. Para saludarla.Mi sonrisa era tan grande que casi me dolía.—Es perfecta, cariño. Le va a encantar.Ese momento de dulzura se hizo añicos.Una sacudida violenta. El taxi se desvió bruscamente. No me dio tiempo ni a pensar; mi cuerpo reaccionó por instinto. Me lancé sobre Leo para protegerlo justo antes de que saliéramos despedidos hacia adelante.Un chirrido de chapa contra chapa. Silencio.Mi corazón martilleaba en mi pecho. Estoy bien. Solo es un choque. Me incorporé, temblando.—
CarterClaire estaba en el umbral, con un dosier en la mano. Su sonrisa profesional se congeló al escanear la habitación.Sus ojos se posaron primero en Caspian, que estaba casi desplomado sobre mi escritorio, demasiado cerca. Caspian lucía esa sonrisa conspiradora que contrastaba con mi propia postura, rígida como una sentencia. El aire aún vibraba tras nuestra discusión; ella acababa de irrumpir en medio de la tormenta.Sus ojos se abrieron de par en par. Vi cómo sus pensamientos se atropellaban en su rostro: la proximidad, la sonrisa de Caspian, mi mirada intensa...Y entonces, el clic. La incomodidad. Oh.Mi reputación de tipo que no se interesa por las mujeres, el encanto de Caspian... Podía ver casi cómo se formaba el cuadro en su cabeza: una imagen completamente falsa, pero muy dramática.—¿Interrumpo algo?Su voz era neutra, forzada. Todo su cuerpo decía "estoy lista para salir huyendo".Antes de que pudiera decir nada, Caspian se movió. Se deslizó del escritorio y se giró hac
CarterSus palabras fueron simples, directas: No importa si te quiere o no. Ya eres el mejor.Algo se movió en mi pecho. Como una grieta en el hielo. Durante un segundo, ese viejo rencor que arrastro cada vez que pienso en esa casa, en ese hombre, se quedó callado. Me sentí… comprendido. No como el heredero, no como el rival, no como la decepción. Solo como un tipo que había sobrevivido.Fue desestabilizador. Parpadeé. Cuando miré a Claire, la luz cruda de la oficina iluminaba su determinación de otra forma.—Cierra el contrato con el departamento legal —me oí decir. Mi voz no era una orden; era… una invitación a colaborar—. Acompáñame mañana.Ella se tensó de inmediato. El modo profesional tomó el mando.—Eso no entra en mis competencias.Ella era diseñadora. Yo le estaba pidiendo que saltara a un campo de minas.—Considérelo una misión temporal —sentencié.La necesitaba. No solo por su instinto frente a mi familia; su presencia cambiaba las reglas del juego. De una forma que todavía
NathanHabía algo que no cuadraba en cuanto crucé la puerta.Me quedé un segundo en el recibidor, sintiendo el maletín de piel pesándome en el brazo. Normalmente, lo primero que te golpea al entrar es ese olor a limpio, una mezcla de cera cara y las orquídeas de Claire. Ahora, nada. El departamento
ClaireEl Uber arrancó a toda velocidad. A través del cristal polarizado, eché un último vistazo por el retrovisor. Nathan ni siquiera esperó a que el auto se perdiera de vista para darnos la espalda.Ya no podía escucharlos, pero me sabía el libreto de memoria. Vi a Ben saltar de alegría y jalar l
ClaireEl silencio que siguió fue glorioso. Isabella se quedó tiesa, con cara de muñeca rota. A Nathan se le borró la maldita sonrisa de superioridad de un golpe; se quedó ahí, con la boca abierta, completamente desubicado.—Estás loca, Claire —soltó por fin, pero su voz ya no sonaba tan firme—. No
Claire— ¡NO! ¡CON ÉL NO! ¡MAX!El grito me desgarró la garganta antes de que me diera cuenta de que era mi propia voz.Luego, un golpe seco. El sonido horrible del metal aplastando carne y un quejido ahogado que se apagó en un segundo.El deportivo rojo de Isabella frenó en seco, haciendo rechina






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